4. TAMBIÉN EL DÍA EN QUE LO SALVÓ

Cuando abrió los ojos, la luz que entraba suavemente a través de la ventana le cegó por unos instantes. Tardó todavía unos segundos a acostumbrarse a aquella claridad. Los mismos que necesito para darse cuenta de que se encontraba tumbado en una cama de sábanas blancas, en una habitación desconocida. Oyó un pitido, que le confundió al darle la sensación de que iba con los latidos de su corazón.

-Era ella…-fue lo que consiguió decir con una voz algo pastosa. Pero aquellas palabras fueron suficientes para que las dos personas que estaban en esa habitación levantaran la mirada y la clavaran en el recién despierto joven.

Yamato se levantó apresuradamente de la silla, tras levantar el rostro que llevaba escondido en sus manos desde que llegara allí. Por su lado, Sora se volteó desde su posición en la ventana. Ambos se acercaron hacia la cama del joven rubio.

–Era ella- repitió él esta vez más claro mientras sus ojos azules se abrían del todo. -¡Siempre fue ella!- gritó con energía antes de soltar un quejido al sentir un intenso dolor en uno de sus hombros.

-Takeru, al fin- suspiró Yamato mientras ponía una de sus manos sobre la cabeza del menor –No vuelvas a hacerme esto- le regañó el mayor para luego apoyar su frente en la del confuso rubio.

Takeru frunció el entrecejo, solo para darse cuenta de que se encontraba en una cama del hospital, con unas vendas cubriéndole parte del hombro y las costillas. Enchufado a una máquina de monitorización y a un suero de color transparente.

-Has estado durmiendo algunas horas de más, cielo- le explicó suave Sora mientras acercaba su mano al cabello rubio de su cuñado, viendo la expresión confusa de él. –El atentado en el centro comercial… quedaste atrapado en los escombros… ¿no te acuerdas?- le recordó ella. Ante aquello él abrió sorprendido la boca.

-Oh- solo pudo decir, a lo que Yamato se golpeó la cabeza.

-¿Oh?- le preguntó con cierto tono irónico. Fue a decirle algo más, a desahogar todo aquel miedo que le había invadido desde que le llamaran el día anterior para decirle que habían ingresado al menor de urgencia en el hospital. Sin embargo, la mirada de su esposa lo detuvo. Él tomó aire y asintió y ella volvió a acariciar la cabeza del menor, sintiendo alivio al verle despierto, y con más energía de las que hubiera esperado.

Takeru recorrió la habitación, aún confuso. Vio algunas flores apoyadas en la mesa junto a la ventana, al igual que algunas tarjetas de "recupérate", incluso una foto de su mejor amigo. Finalmente unos dibujos hechos con rotuladores de colores. Sonrió.

-¿Ai-chan?- preguntó señalando el dibujo. Sora sonrió.

-Éste sí- le dijo mientras señalaba el de la derecha. Luego señaló el de la izquierda. –Éste es de la niña a la que ayudaste- le explicó ella, con cierto orgullo en sus palabras. Sonrió aun más al ver el sonrojo en las mejillas del rubio.

-Aunque la próxima vez que quieras hacerte el héroe… debes pensar mejor tus planes- le reclamó su hermano mayor. Otro golpe así no soportaría.

Luego, los recuerdos pasados volaron a la mente de Takaishi y entonces recordó lo que estaba pensando al despertarse.

-¡Ella!- volvió a decir casi gritando. Ante aquello los presentes fruncieron el entrecejo. Él se golpeó la cabeza, soltando un quejido ante aquella. –Ahora lo entiendo. Fue ella Yamato- le dijo a su hermano como si fuera lo más evidente del mundo. Pero él le miró confuso. Takeru rodó los ojos. –La chica de mis sueños, Hikari- tuvo que clarificar él, y luego vio, con sorpresa, la mirada cómplice que compartió el matrimonio. Se apuntó el preguntarles sobre aquello, pero antes quería acabar su discurso. –Ella fue quien me salvó del pozo. Los ojos rubíes que vi eran de Hikari- les explicó él. –Y yo tenía que devolvérselo…

-¿Devolvérselo?- le preguntó el mayor frunciendo el entrecejo, recordando que no era la primera vez que Takeru decía aquello. La sonrisa en el rostro de su hermano menor solo se ensanchó.

-Devolvérselo… ella me salvó. Y yo debía salvarla, por eso no podía dejar de soñar con ella. Por eso sentía que debía estar cerca, hasta el momento de que pudiera devolvérselo- habló él, siendo totalmente consciente de que sus palabras eran ciertas. Sin saber muy bien porqué. Él sabía que eran ciertas.

Pero luego el corazón se le encogió.

-Porque ella está bien… ¿verdad?- les preguntó con cierto temor a sus dos acompañantes. Sora se apresuró a asentir.

-Sí, ella está bien- dijo con una suave risa. Y quiso seguir hablando, pero Takeru la interrumpió.

-Bueno… igualmente no creo que vuelva a verla- ante aquello el matrimonio Ishida abrió los ojos sorprendido. –Esto ha sido una locura, no puedo hablarle de esto… no… ahora se cierra el círculo. Y ya no la veo más. No querrá verme tampoco…

-Takeru, ¡Takeru!- lo llamó Yamato al ver como el menor seguía divagando en sus palabras. En sus noes. Éste levantó la cabeza solo para ver como su hermano le golpeaba la frente suavemente. –Tienes visita- le dijo.

Y cuando él levantó el rostro, se quedó petrificada al verla allí.

Hikari tragó saliva al ver de nuevo los ojos del cielo delante de ella. Aquellos ojos que no habían dejado de aparecer en sus sueños.

Justo debajo del brazo llevaba unas flores que iban a juego con las que ya había cerca de la ventana.

Sora sonrió burlona ante el rostro estupefacto de su cuñado así que se acercó a él y le sacó de su ensoñación.

-¿Decías?- le susurró al oído. Pero Takeru la fulminó con la mirada, tragando saliva. –Bueno, ¿vamos a tomar un café Yamato?- le preguntó a su marido, el cual simplemente asintió antes de levantarse de la silla. Ahora se sentía más liviano.

La profesora de la hija de ambos los despidió con una sonrisa tímida cuando ambos pasaron por su lado. A Takeru le sorprendió la familiaridad con la que lo hicieron. Y entonces ella se quedó a cierta distancia de la cama de él, antes de atreverse a acercarse. Luego clavó su mirada dudosa en él.

-Te esperé- sólo le dijo ante los ojos de él. Le vio confuso. –Pero como no viniste… volví a por ti- le explicó ella. Ante aquello Takeru tragó saliva.

-¿Volviste? ¿Quiere decir que tú me salvaste?- le preguntó recorriéndola con la mirada, notando un rasguño en su mejilla y unas vendas alrededor de su muñeca libre.

Ella asintió. Y ante su sorpresa, le vio golpearse el rostro.

–Ah no, ahora vuelvo a estar en deuda- se quejó él, a lo que Hikari alzó una ceja. Sin embargo negó al cabo de unos segundos.

-No creo, tú me salvaste la vida aquel día en la cafetería… ¿recuerdas?- le hizo ver ella mientras se giraba y dejaba las flores de tono rosa que llevaba en el florero que ya había.

-Eso no cuenta- dijo él rememorando aquello. –Eran solo unas copas…-le dijo él. Hikari soltó una carcajada.

-Bueno, entonces eso es media vida- le contestó algo burlona. Y entonces Takeru se giró hacia ella, sorprendido de que ella entendiera de que le estaba hablando.

-¿Lo sabías? ¿Sabías qué estaba pasando?- le preguntó totalmente confuso. Hikari se encogió de hombros.

-Al principio no… pero poco a poco, yo también lo sentí. Cuando te ví en el centro comercial, no sé… quizás cobró aún más sentido. Y luego al final todo encajó. Soñé contigo- ella se ruborizó al decir eso. –Cuando era pequeña… y luego también- y él también lo hizo cuando terminó de decir aquello. –No me importa lo que sea, si el destino, o coincidencia, o cualquier cosa que quieras creer… pero estamos aquí gracias a eso, y es lo importante- le sonrió ella. Takeru no pudo más que estar de acuerdo.

-Entonces me debes media vida- le dijo en tono burlón él. Hikari asintió.

-A partir de ahora, todos los días que me quedan.

FIN


Y esto ha sido. No quería escribir ninguna historia larga, aunque la idea hubiera dado para ello. Siempre me ha encantado imaginar que Takeru & Hikari están destinados a estar juntos. Sea cual sea el motivo. En todos y cualquiera de los universos que se me ocurran.

Espero que os haya gustado, y que la hayas disfrutado igual que yo me he divertido escribiéndola durante una tarda que me ha sabido a añoranza. ¡RR y comments are welcome!

Nos leemos,

Kyo*4.