—Rápido Kushina, tenemos que empacar, en unas horas nuestro avión partirá— dijo su esposo arreglando las maletas.

—Lo se, lo estoy haciendo tan rápido cómo puedo!— dijo ella haciendo un puchero.

—Si no nos hubiéramos quedado dormidos después de esa fiesta, hubiéramos arreglado las maletas ayer en la noche!— dijo Minato enfadado.

—Kushina, Minato, los esperamos en el restaurante del hotel para comer antes de irnos— dijo Kizashi a través de la puerta.

—Sí, ya vamos!— contestaron los dos en coro.

Luego de arreglar las maletas cómo pudieron bajaron al restaurante y se encontraron con sus queridos amigos. El menú ya estaba en la mesa.

—¡Quisiera pedir la langosta por favor!— dijo Mebuki.

—Lo mismo para mi por favor— dijo Kushina.

—Yo quiero el Filete miñón— dijo Minato.

—Yo también— dijo Kizashi—

El mesero anotaba todo lo que le pedían y rápidamente se fue para traer la comida.

—Bueno hoy volvemos a casa— dijo Kizashi.

—Sí, quiero ver a mi hijo, le pediré un nieto!— dijo Kushina.

Al terminar de comer fueron a sus habitaciones a traer sus maletas para irse al aeropuerto.

Bajaron al lobby y pidieron un taxi. Al llegar al aeropuerto hicieron los trámites necesarios y abordaron el avión. Sus asientos estaban alineados para poder platicar en el avión.

—Abrochen sus cinturones, ya vamos a despegar— anunció la azafata. Todos se abrocharon los cinturones y despegaron.

Luego a pocas horas del aterrizaje el piloto se ve un poco intranquilo. Le comunica a las azafatas que algo no anda bien. Ellas mantienen la calma pero esperan lo peor.

El avión pasaba por unas montañas y fue cuando se empezó a tambalear, la turbulencia era fuerte e hizo que el piloto perdiera el control.

—Permanezcan sentados y con el cinturón puesto— dijo una azafata.

—¡Nos vamos a morir!— gritaba una anciana.

—Calmense por favor!— dijo la azafata.

—Sí morimos y alguno de ustedes queda vivo, quiero decir que mi última voluntad es que Naruto y Sakura tengan un hijo que lleve nuestros apellidos— dijo Kushina.

—Lo mismo queremos nosotros— dijo Mebuki.

Las dos mujeres empezaron a llorar y a abrazar a sus esposos. El avión caía cada vez más hasta que se accidentó en las montañas.

La noticia del accidente pasaba en todos los canales. Los rescatistas esperaban encontrar a algún sobreviviente. Los perros olfateaban el área donde el avión había caído esperando encontrar gente atrapada en los restos pero con vida. Las horas pasaron y finalmente encontraron a un sobreviviente.

Después de haber ido a caminar por los senderos alrededor de la cabaña donde estaban, Sakura y Sasuke tenían que regresar a casa. Acomodaron sus cosas en las maletas y bajaron hasta donde estaba el parqueo donde habían dejado el coche del pelinegro.

En un par de horas estaban llegando a la ciudad, el pelinegro pasó dejando a la pelirosa en su casa y luego de despedirse amorosamente el se fue.

Ella abrió la puerta de su casa , subió a su habitación y tiró las maletas en el suelo. Se quitó la ropa y se fue a dar una ducha caliente, luego se recostó en la cama y se quedó dormida.

Naruto llegó un rato después de dejar a su novia en su casa. El abrió la puerta y subió a ver si Sakura estaba en casa. La vio en su cama dormida y decidió no molestarla. Se fue de paso a su habitación, sacó la ropa de su mochila y se fue a dar una ducha para quitarse los restos de arena que traía.

Al salir del baño se cambió y bajó a la sala a ver un poco de televisión. Al encenderla la noticia del accidente aéreo apareció.

/Un sobreviviente en el fatal accidente aéreo esta tarde/

El rubio curioso se quedó viendo las noticias y fue cuando sus ojos no podían creerlo, la lista de las víctimas apareció en la pantalla. Sus padres estaban ahí.

Un gran grito de dolor invadió la casa. Sakura de un salto se levantó de la cama y fue corriendo a la sala de donde provenía el grito. Al llegar Naruto estaba hincado en el suelo llorando.

—¿Qué sucede Naruto?— preguntó ella viendo para todos lados.

/ El único sobreviviente de este accidente se ha reconocido como Kizashi Haruno, quien actualmente se encuentra en el hospital/

La pelirosa no lo podía creer. —¡Nuestros padres!— gritó ella. —No puede ser!—