Muchas gracias por sus comentarios en el capítulo anterior. Como ya mencioné, cada capítulo es una historia independiente de la anterior, el común denominador es por supuesto, Albert.
2. Promesa
¡Otra vez, una promesa rota! Lo peor: ¡La misma promesa rota!
-Candy, ¿Es que ya no piensas cumplir tus promesas nunca más?
-¡Eso es tan injusto, Bert! –respondió ella con indignación
-Es que me lo prometiste, estabas tan seria que simplemente te creí. Nunca pensé que fueras capaz otra vez…
-¡Lo sé! Y lo lamento. No tienes idea de cuánto lo siento. Pero… es tan difícil resistirse
-Me estás obligando, Candy. Tendré que solicitar su remplazo. Ese hombre no debe permanecer un minuto más en la casa…
-¡Albert! No… No puedes hacer eso
-No encuentro otra solución, Candy. Todo el tiempo rompes tus promesas a causa de él
-No, Bert. Te lo prometo, no volverá a suceder.
-Es que ya ni siquiera te creo, Candy.
-Lo siento, pero ¡entiéndeme! La tentación es demasiada…
-¡Eres una mujer adulta! ¡Y yo soy tu esposo! Merezco tu atención por muy pecaminosas que sean las tentaciones de Doug
-¡Por supuesto que sí! Pero no por eso lo despidas, él no tiene la culpa
-¿Quién habló de despedirlo? Y ya sé que él no tiene la culpa, solo sigue tus órdenes
-Entonces, ¿a dónde planeas enviarlo?
-No lo sé. Quizá una temporada con la tía Elroy
-¡Pero ella no lo sabrá aprovechar! Su talento sería desperdiciado
-Entonces una temporada en el hogar de Pony. Sus talentos serán muy apreciados ahí
-Todo esto es mi culpa
La rubia lo sabe. Si ella no hubiese roto la promesa que le hizo a Albert, no perdería a Doug. Pero tendría que apechugar y dejarlo ir. Después de todo, Albert tenía razón, en el Hogar de Pony sus talentos serían muy bien apreciados. Y quizá, luego de una temporada y de que Albert volviese a recuperar su seguridad, Doug podría volver.
-Vamos pequeña –dice el rubio abrazándola – no es el fin del mundo
-Que tú tengas unos kilos de más, tampoco es el fin del mundo, Albert -responde luego de un profundo suspiro
-Lo sé. Pero Candy, tú me lo haces más difícil, pidiéndole a Doug que diariamente hornee pastelillos para la cena
-¡Nadie te obliga a comerlos!
-Pero me tientas… -afirma con un leve puchero que la hace sonreír
-Además te ves muy guapo así.
-Me veré mejor cuando Doug no ande cerca haciendo que mi esposa rompa sus promesas sobre una dieta saludable
-Está bien, está bien. Lo haremos a tu manera. Y para que veas que te apoyo, entrenaré contigo diario aunque me de flojera levantarme temprano
-Gracias, hermosa.
-Vamos a darle la noticia a Doug
-No, Candy. No puedo entrar a esa cocina
-¿Por qué?
-Hoy Doug hizo muffins de chocolate
-¡Oh, vamos! Será la última vez
-Pero…
-Vamos, tú quieres, no lo niegues, "gordito"
-Está bien. Solo porque es la última vez. Espera, ¡¿Cómo me llamaste?!
