Capítulo 2: Peligro
¡Peligro! ¡Peligro! Le advertía el instinto de Kagome a medida que el hanyou se aproximaba.
Solo es Inuyasha, es mi amigo, dijo una voz sofocada desde alguna parte muy lejana.
Kagome sacudió la cabeza y retrocedió, tenía los sentidos agobiados por todos los aromas y sonidos que la rodeaban.
Sabía que la cría de zorro que se encontraba entre sus brazos era Shippo, que olía a ella. Era un zorro, y eso estaba bien, él estaba a salvo ¿Pero era suyo?
Sí, mío, mi cachorro.
Lo abrazó con firmeza manteniéndolo bajo el mentón.
El hanyou se acercó más, por su aroma detectó que se trataba de alguien poderoso y violento. Le puso los pelos de punta, algo dentro de ella le advertía a gritos que él sería capaz de atacarla sin piedad, debía irse de allí cuanto antes.
Kagome le gruñó en un intento de que se alejara de su cachorro. El pelo de sus tres colas se puso de punta mientras se agitaban con nerviosismo, los ojos (todavía azules) de la sacerdotisa brillaba del mismo color verde del fuego de zorro.
-¿Qué diablos, Kagome?- demandó saber el hanyou en respuesta de ese extraño comportamiento.
¡Una guarida! Si, necesitaba una guarida ¿Dónde estaba? Su cachorro estaría a salvo allí.
-¿Kagome?- gimoteó su cría, tocándole la mejilla con las pequeñas garras-, no te preocupes, solo es Inuyasha.
Ella le mordisqueó la oreja como forma de reprenderlo para que mantuviera silencio hasta que estuvieran a salvo.
Los movimientos alrededor de Kagome le llamaban la atención: había humanos detrás del hanyou, podría hacerles trucos y así divertirse con ellos. Distrayéndose, ella se acercó hacia el hombre con la idea de robarle el cetro brillante y dárselo a su cachorro para jugar.
El hanyou volvió a moverse, y ella se detuvo recordando de repente de aquella peligrosa existencia. Cada músculo se le tensó preparándose para correr, por lo que alzó las manos confiando en que el cachorro se sostendría de ella y así fue, este le rodeó el cuello con las pequeñas manos.
Y Kagome se escabulló en un destello de fuego zorruno.
-I-
Sesshomaru ya estaba listo para marcharse una vez que el espíritu de su padre se había esfumado y que la sangre del miembro que había recuperado se secó. La fastidiosa Perla de Shikón había desaparecido y él ya no tenía interés en lo sucedía en aquel claro.
Como era de costumbre, redujo su aura demoníaca de forma considerable y con habilidad escondió su aroma ya que no deseaba que nadie lo encontrara a menos de que así él lo dispusiera.
Fue en ese momento que olió a la kitsune.
Alzó la vista mientras parpadeaba, se encontraba confundido por encontrar un demonio zorro que fuera tan poderoso de aparecer de repente junto al pozo sin que Sesshomaru pudiera sentirlo acercarse. Esa clase de demonio debería tener al menos siete colas.
En ese momento Inuyasha gritó y Sesshomaru arqueó una ceja ¿Kagome? ¿No se llamaba así la Sacerdotisa de la Perla?
Se volteó para mirarla, y en efecto se trataba de ella. Tanto el cabello como el aroma de ella habían cambiado, pero el resto de su apariencia seguía siendo el mismo que antes.
Luego esta desapareció en una neblina verdosa tras gruñirle a Inuyasha.
-¡Kagome!- la llamaron su hermano, Sango y Miroku al mismo tiempo.
Sesshomaru estiró la recién obtenida mano mientras hablaba:
-Se comporta como un cachorro, solo la guía el instinto.
Inuyasha se giró con rapidez para enfrentarlo, tanto su rostro como aroma denotaban miedo y frustración.
-¿¡Y a ti que te importa!?
Sesshomaru parpadeó nuevamente.
-Buscará una guarida para proteger a su cría de ti.
-¿¡De mí!?- ladró Inuyasha alzando la voz que al final se rompió.
El youkai se encogió de un hombro.
-¿Y por qué demonios huiría de mí? ¡Es más probable que esté asustada de ti! - bramó el Inuyasha mientras agitaba los brazos.
-Porque yo soy experto en el sigilo- respondió y observó que su hermano caía en la cuenta de lo que había sucedido cuando agachó las orejas y exhaló un quejido que solo Sesshomaru pudo oír.
-Oh.
-¿Qué sucede, Inuyasha?- preguntó la exterminadora observando a uno y luego al otro.
Este suspiró.
-Kagome pudo olerme, supongo que mi olor causa miedo- dijo mientras alzaba el pulgar apuntando a Sesshomaru-, pero a él no pudo olerlo porque él puede ocultar su olor.
-¿Pero cómo pudo Kagome-sama convertirse en un kitsune?- quiso saber el monje.
-Por esa maldita perla- gruñó Inuyasha-. Vengan ¡Vamos a encontrar la forma de saber qué sucedió cuando la encontremos!
El hanyou alzó la cabeza al aire, sus fosas nasales se ensancharon.
Sesshomaru esperó a que terminara, con cierto interés.
-¡Maldita sea!- maldijo Inuyasha- ¡No puedo encontrarla!
Sesshomaru se sintió satisfecho consigo mismo cuando volvió a hablar:
-Vengan- dijo mientras se giraba hacia la dirección en la que la vulpina se había ido.
-¿Tu sí puedes encontrarla?- preguntó Inuyasha y comenzó a seguirlo, estaba muy preocupado por la sacerdotisa como para ponerse a discutir en aquel momento.
-Ningún kitsune de tan solo tres colas puede esconderse de mí.
Inuyasha resopló.
Sesshomaru caló a su hermano con la mirada mientras se detenía de súbito.
-De acuerdo, de acuerdo, no sé por qué me estas ayudando, pero si en verdad estás ayudándome... gracias.
"Hn" fue todo lo que dijo Sesshomaru como respuesta, la canción de un perro sobre el orgullo que sentía por sus dos hijos le resonaba en la mente.
CONTINUARÁ
Gracias por todos los alerts que recibí 😊 ¡me pone muy feliz que les haya gustado la historia! Aquí les traigo el segundo capítulo.
En respuesta a Faby-Sama, la autora es PristinelyUngifted, lo nombré al principio en la nota del autor, pero tal vez pasó desapercibida.
Kitsune: demonio zorro de la cultura japonesa que posee poderes mágicos, puede cambiar de forma y le encanta jugarle trucos a los humanos (¡Shippo es un kitsune!)
Vulpina: por si no conocen el término, se utiliza para referirse a un zorro hembra, incluso hay un personaje de la serie Miraculous Ladybug llamado así (no utilizaré la palabra "zorra" para referirme a Kagome por connotaciones obvias del idioma español).
¡Nos vemos pronto!
Starebelle
