Capítulo 4: Honor

Sesshomaru bajó la vista a la vulpina que se había humillado ante él. Le pareció sorprendente lo que había hecho con tan poco conocimiento sobre los youkai.

También lo sorprendió que había roto el sello del monje con tanta rapidez considerando que se trataba de tan solo una kitsune de tres colas. Tal vez sus instintos maternales eran muy fuertes.

Sesshomaru no se sorprendía con facilidad.

Pasó las garras de la mano que había recuperado contra la parte posterior del cuello de la vulpina y presionó con firmeza. Le pareció oportuno hacer eso con el mismo brazo del que estaba muy seguro ella le había regresado debido al deseo que había pedido. Todo lo sucedido de seguro podía estar relacionado al último deseo que había cumplido la perla.

Él emitió un ruido sordo con la garganta otorgándole permiso para que se reincorporara, y cuando lo hizo, observó que la hakama roja que vestía le quedaba extraña con las tres colas que salían de ella: era desconcertante ver a un youkai vestido con ropa de sacerdotisa.

—Ven— le ordenó a la vulpina mientras que se giraba y le indicaba el camino.

Ella se quejó, angustiada, con los ojos que brillaban de súplica antes de volver la vista a la guarida.

Él asintió dándole permiso para que buscara al cachorro, lo cual realizó con rapidez sin intenciones de hacerlo enojar. El cachorro temblaba en los brazos de Kagome, tenía los ojos bien abiertos y las pupilas se le habían dilatado. Cuando Sesshomaru desplegó su aura había aterrorizado al zorro.

Como debía de ser.

—Ven— le dijo nuevamente.

Esta vez la kitsune comenzó a seguirlo sin protestar.

—¡Ey, bast...! ¡Sesshomaru!— lo llamó Inuyasha tratando de no insultarlo debido a lo que Sesshomaru acababa de hacer— ¿A dónde la llevas?

—A que aprenda— respondió sin detenerse.

—¿Por qué?

Sesshomaru flexionó los dedos de ambas manos y se preguntó por qué se molestaba en explicárselo.

—Por honor.

En aquel momento los inundó un silencio bendito, entonces Inuyasha corrió tras ellos para alcanzarlos. La vulpina se acongojó de miedo detrás de Sesshomaru, lo aceptaba como legítimo alfa y protector desde el momento en el que él la había aceptado tras ese acto de sumisión.

El aroma de Inuyasha se mezcló con la tristeza que él mismo sentía al hablar:

— Mira, no pienso irme. Miroku se lo explicará a Sango y a la anciana Kaede.

Sesshomaru observó a la kitsune detrás de él con el cachorro en brazos y luego a su hermano. Era posible que estar con aquellos que ella conocía pudiera ayudar a la antigua sacerdotisa a recuperar la conciencia más rápido. Luego podría quitársela de encima y la deuda que tenía con ella estaría saldada.

—Como quieras— le dijo a Inuyasha.

I—

Inuyasha era constante en hablarle a la vulpina, lo que producía que Sesshomaru rechinara los dientes mientras pensaba que debería haberle impedido a su hermano que los acompañara, de esa forma no tendría que escuchar las historias inconexas que le relataba a la sacerdotisa. El cachorro en ocasiones agregaba a lo que Inuyasha relataba y lo corregía.

A Sesshomaru no le molestaba la presencia del cachorro, lo cual le sorprendió.

En cambio, la vulpina se acomodaba para que Sesshomaru estuviera entre Inuyasha y ella, el instinto le había abrumado los recuerdos de la vida humana que una vez tuvo. El aroma de Inuyasha lo volvía un ser peligroso, pero la condición de alfa de Sesshomaru le hacia sentir que ella estaría a salvo mientras estuviera a su lado.

De no haberse sentido en verdad irritado, Sesshomaru habría disfrutado el percance. Al menos ahora poseía algo que Inuyasha deseaba recuperar con desesperación, sin embargo, era claro que la kitsune prefería al youkai.

Aunque fuera insignificante, Sesshomaru se permitía sentir tales emociones, pero dejarse llevar por ellas sería una locura.

—¿Sesshomaru—sama?— lo llamó el cachorro.

Sesshomaru ladeó la cabeza para indicarle que estaba escuchándolo.

—¿Kagome estará bien?

Al escuchar a su cría llamarla por el nombre, la vulpina soltó una risita y se apuntó el pecho.

—Kagome.

Luego tocó la mejilla del cachorro con la uña.

—Shippo.

Y al final volvió a apuntar.

—Sesshomaru—sama.

—Ey ¿No crees que te estás olvidando de alguien?— preguntó Inuyasha esperanzado.

La vulpina le bufó.

Los labios de Sesshomaru se arquearon.

I—

Para cuando se reunieron con la manada de Sesshomaru ya era de noche. Jaken lo recibió de la misma forma escandalosa de siempre y este no le prestó atención hasta el momento en el que buscó el aroma de Lin y no pudo encontrarla.

—¡Sesshomaru—sama!— resonó la voz de la pequeña niña antes de que Sesshomaru tuviera tiempo de castigar al pequeño demonio y le abrazó las piernas.

El abrazo de la niña se sintió más fuerte de lo normal.

Sesshomaru bajó la vista al cachorro que lo aferraba: sonaba como Lin, tenía el mismo cabello incluso, pero no olía a ella.

La niña alzó la cabeza y le devolvió la mirada. La respiración de Sesshomaru se detuvo cuando divisó la luna creciente en la frente de la niña. Unas delicadas franjas, como las de él, le adornaban las mejillas, todavía tenía el cabello negro y los ojos marrones, aunque con la pupila formando una hendija. Aún se trataba de Lin.

Solo que ahora ella era un cachorro de demonio perro.

—¡Ahora soy igual a Sesshomaru—Sama! ¡Mire qué alto que puedo saltar!

Sesshomaru la observó ansioso mientras que la niña que protegía daba un paso hacia atrás y se precipitaba en el aire hasta aterrizar en el suelo con torpeza.

—Bien, Lin— dijo luego de un eterno instante en el que se olvidó de cómo respirar y sintió el corazón alojado en la garganta.

Observó a la vulpina que permanecía parada junto a él, todo indicaba que la deuda que tenía con ella ahora era mayor.

Nunca sería suficiente para poder saldarla.

Ese pensamiento lo desconcertaba.

I—

—Hey— lo llamó Inuyasha mientras se acercaba para caminar junto a su hermano, señaló a Lin con un gesto de la cabeza que en ese momento juagaba con el demonio zorro a perseguirse, la vulpina los vigilaba de cerca—, ¿Por qué Lin no está igual que... ya sabes, Kagome?

Sesshomaru había reflexionado sobre ese asunto desde que se encontró con la niña ya transformada.

—La edad— supuso sin darle más explicaciones hasta que Inuyasha refunfuñó, era muy fácil provocarlo—. El instinto y el poder demoníaco se vuelven más poderosos con la edad. La vulpina...—

—Llámala Kagome, tal vez la ayude a recordar— interrumpió Inuyasha.

—La vulpina— continuó Sesshomaru— está abrumada por la violenta ola de instinto y poder propio de un kitsune adulto. No es así en el caso de Lin.

—Keh.

—Hn.

—Acabas de inventar esa mierda, ¿no?

—¡Inuyasha—sama acaba de decir una palabra que se supone no debo oír!— dijo Lin desde la distancia, estaba atenta a la conversación debido a la refinada audición de un youkai.

Mientras Jaken la reprendía por escuchar conversaciones ajenas, Sesshomaru miró a su hermano.

Inuyasha, con las orejas tan gachas que se encontraban pegadas al cráneo, murmuró entre dientes:

—Kagome me hubiera gritado por haber dicho eso.

Sesshomaru optó por no responder. Tener conversaciones prolongadas con su hermano no estaba entre lo que debía hacer para saldar la deuda que poseía con la vulpina.

CONTINUARÁ

¡Gracias muchas gracias por todos sus reviews :) entonces como agradecimiento me apresuré a terminar el capítulo que pensaba subir mañana!

Sepan que los leo todos y agradezco cada uno de ellos por tomarse la molestia en comentar, gracias otra vez!