Capítulo 7: Rendición
—¿Durante cuánto tiempo?— preguntó Kagome mientras se contemblaba el rostro en la tetera de Jaken. Se sentó junto con el resto de la... manada... mientras que el pequeño demonio preparaba el almuerzo.
Era extraño verse con cabello rojo, era como observar el reflejo de alguien más.
Se observó las garras y luego alzó las manos para delinearse las delicadas puntas de las orejas con los dedos.
—Desde que le pediste el deseo a la Perla de Shikón.
Kagome parpadeó mientras contemplaba a Inuyasha.
—¿Cúanto hace desde ese momento? No me importaba el paso del tiempo hasta esta mañana, tan solo quería seguir a Sesshomaru-sama.
—Me has seguido durante cinco lunas— respondió Sesshomaru antes que Inuyasha. Se veía satisfecho consigo mismo, o al menos eso imaginó Kagome—. Inuyasha comenzó a esconderse de ti en las noches en que permanecía como humano— agregó sin entonación en las palabras, ya que se trataba de algo que se trataba de una ocurrencia tardía.
Kagome palideció afligida por los recuerdos de lanzárse sobre Inuyasha mientras le decía que era un "lindo y dulce muchacho" e introducía la mano en la ropa de este tratando de encontrar algo escondido en ella.
—Lo siento— murmuró con mucha vergüenza. Descubrió que le urgía pasar las garras por la muñeca de Inuyasha, sentía que no sería capaz de deshacerse de esa agobiante sensación hasta hacerlo por lo que estiró el brazo mientras suspiraba en su propia mente.
Inuyasha aceptó el gesto, esa disculpa.
—¿Lo que acabo de hacer singifica "lo siento"?
—Si— dijo Inuyasha y le sonrió— puede significar "lo siento" o "gracias" dependiendo de cuándo lo hagas.
—Así que cinco meses...
—Si— dijo de nuevo el hanyou y esta vez la sonrisa se le borró.
—Soy una kitsune, Lin es un demonio perro, Sesshomaru-sama recuperó el brazo... ¿Algo más?
—¿Además de los espíritus que aparecieron cuando hiciste tu deseo? Nah.
—¿Qué le pediste a la perla, vulpina? Dímelo.
A Kagome no le gustaba que la llamaran "vulpina", pero ahora que era una youkai comprendía por qué él lo hacía. Ella era nueva en la manada y todavía no había obtenido el derecho de que se la llamara por su nombre.
Y él había hecho mucho por ella, así que no quería discutir.
Al cerrar los ojos, repitió el deseo que había pedido:
—Desee que todos los que sufrieron por la perla, y por la batalla para controlarla, encuentren paz y felicidad tanto en esta vida como en la siguiente.
—Hn.
Hubo un silencio contemplativo mientras que todos reflexionaron sobre los cambios producidos por ese deseo, y otros que podrían descubrir en el futuro.
—¿Creen que hay forma de volverme a la normalidad?— preguntó Kagome y se encontró con dos pares de ojos dorados e intensos clavados en ella. Sesshomaru se puso de pie de súbito parándose frente a Lin y obstruyéndola de la vista de Kagome.
Entonces Inuyasha dijo:
—¿Por qué querrías volver a ser humana?
Kagome de repente se percató de que el Deseo de la Perla le había otorgado la única cosa que Inuyasha siempre había deseado para sí mismo: ser un demonio completo. Cerró las manos en puño e hizo un gesto de dolor cuando se cortó las palmas con las garras.
Sin pensarlo, se acercó las garras a los labios y lamió la sangre.
—¿Y ahora qué?— preguntó Kagome volviendo a romper el silencio.
—¿Qué deseas?— respondió el intenso barítono de la voz de Sesshomaru, todavía manteniendo a Lin tras él como si temiera que se la robaran—, todavía estoy en deuda contigo.
Kagome estaba a punto de decirle que no se preocupara por el brazo ya que en realidad ella tenía parte de la culpa de que lo hubiera perdido en primer lugar, hasta que percató de que los ojos de Sesshomaru estaban puestos en Lin.
Ella había convertido a la pequeña protegida del demonio en una hija youkai, y de alguna forma ella sentía culpa por eso, como si ella hubiera creído que la relación que ambos tenían fuera menos especial. Pero Sesshomaru... Kagome frunció el entrecejo al percatarse de la razón por la que él se había interpuesto entre Lin y los demás ni bien ella mencionó el volver a la normalidad.
Él deseaba que Lin permaneciera como youkai y sería capaz de masacrar a todos si era necesario. Tampoco había mucho peligro para Sesshomaru ya que Kagome dudaba de que existiera una forma de encontrar un hechizo que fuera tan poderoso como para deshacer el deseo de la Perla de Shikón. E incluso si lo encontrara, pensó con el corazón encogido, no lo haría. Deshacer una parte del deseo haría que todo se deshiciera y no podría sacrificar la felicidad de mis amigos porque no quiero estar obligada a ser algo que no soy.
Observándose la ropa andrajosa (las mismas que había estado vistiendo desde que se volvió una kitsune) se obligó a aceptar en silencio que no había vuelta atrás, sin importar que se sentía bien siendo humana, pero ya no lo era, y ahí se encontraba, en el pasado. Necesitaría una forma de valerse por sí misma, así como también proteger a Shippo. Era obvio que no podía seguir siendo una sacerdotisa.
Resultaba ser más fácil de lo que debería haber sido, dejar ir todo lo que conocía. Pero se había preparado por años para ese momento, siempre siendo consciente de que el pozo podría dejar de funcionar en cualquier momento. Incluso se había anticipado a hacerse a un lado para permitirle a Inuyasha estar con Kikyo y de armarse de valor para soportar el dolor en su corazón.
Esta era otra forma de rendición.
—¿Conoces a otro kitsune, Sesshomaru-sama?— preguntó al fin Kagome— necesito un maestro.
—Así será— fue su respuesta definitiva.
CONTINUARÁ
¡Gracias a todos por sus reviews! Y lamento la espera (estoy con parciales y el tiempo de traducción que tengo por día se me vio bastante reducido por esta semana sumándole el cansancio mental que me genera estudiar y traducir –si, aunque no parezca o no lo crean, la traducción es casi tan agotadora como escribir- no doy abasto, por lo que debo elegir prioridades, pero después del finde ya voy a estar de regreso 😊 )
¡Gracias nuevamente!
¡Nos vemos!
