Capítulo 8: El Oeste
Al día siguiente se dirigieron al castillo de Sesshomaru. Kagome se sorprendió de descubrir lo cerca que se encontraban, Sesshomaru debió haber estado evitando llevarla a aquel lugar mientras ella estuviera todavía... perdida.
Los cachorros y Jaken viajaban sobre Ah Un, Sesshomaru volaba por delante de ellos en la nube que creaba por medio de su aura demoníaca y Kagome e Inuyasha corrían.
Kagome se sorprendió al percatarse que el hanyou debía esforzarse para seguirle el ritmo a ella.
Se detuvieron derrapando cuando lograron divisar el castillo, Inuyasha jadeaba para recuperar el aliento. Kagome le sonrió con triunfo y los labios se le estiraron de una forma poco humana.
—¡Feh, es obvio que eres más rápida!— le dijo una vez que pudo hablar— Eres una vulpina, pero nunca serás tan fuerte como yo.
—Seguro, Inuyasha— respondió ella canturreando el nombre del hanyou.
Sesshomaru aterrizó entre ambos impidiéndoles que continuaran la charla.
—Vengan— dijo con simpleza.
Ambos comenzaron a seguirlo a paso lento como tantas veces habían hecho con anterioridad.
El castillo de Sesshomaru estaba construido sobre el lado de una montaña. Todos se hicieron paso por un camino demasiado empinado para un humano que se volvía más inestable por las enormes rocas que estaban cortadas de modo que quedaron planas y reposaban a lo largo de la colina. Según lo que Kagome recordaba de las pocas clases de historia a las que había ido en su época, esas piedras funcionaban como una protección tradicional contra los ataques.
El palacio en sí mismo era hermoso, se alzaba majestuoso y brillante contrastando con la oscura montaña. La pared exterior estaba hecha de piedra azul y sobre esta pared reposaban arcos de madera oscura. Kagome pudo divisar a los centinelas asignados en intervalos en la cima.
Una vez que atravesaron la Gran Puerta Exterior, vieron una fosa llena de peces koi y más guardias, y según lo que Kagome pudo ver, todos ellos eran demonios perro. Cruzaron un puente arqueado de madera construido de la misma forma que la pared exterior y llegaron a la Puerta Interior. En ese momento del día, la puerta permanecía abierta brindándole a Kagome una clara vista del palacio.
Este era blanco y los techos de cada piso eran empinados y se curvaban hacia afuera, y con más balcones, pisos y caminos que los que Kagome podía ver, por estar tan cerca. Era como estar parada a los pies de una bestia enorme. A pesar de no ser capaz de ver más allá del dedo del pie más cercano, era de esperarse que existiera el resto de la bestia. Kagome había oído a Lin describir su hogar en el Oeste, pero había creído que la pequeña demonio perro estaba exagerando. Pero esto... era abrumador, imponente.
Definitivamente se trataba del hogar de Sesshomaru.
Cuando traspasaron la Puerta Interior, había una gran multitud esperándolos, o mejor dicho, a Sesshomaru, en el gran patio abierto dentro de las paredes. Los guerreros de Oeste, sirvientes y youkai de gran prestigio creaban un confuso torbellino de aromas y poder demoníaco. Por un momento Kagome entró en pánico, se acercó a la espalda de Sesshomaru y gimoteó.
Él la observó por sobre el hombro con una ceja arqueada.
Al percatarse de lo que había hecho, se sonrojó avergonzada y pasó las garras por la muñeca del demonio a modo de disculpa antes de alejarse.
Pero el corazón seguía latiéndole desbocado mientras trataba de acostumbrarse a todos los youkai que estaban parados frente a ellos. La mayoría eran perros, vestidos de guerreros y nobles, aunque en ocasiones Kagome reconocía otra clase de youkais entre ellos. Sin embargo, era mucho más probable que, de divisar algún duendecillo de agua, o una serpiente, o un pequeño demonio como Jaken, ellos estarían vistiendo uniformes de sirviente.
En una muestra de elegancia imposible de imitar para un humano, los youkais allí reunidos se inclinaron ante Sesshomaru, el Lord del Oeste.
Kagome de inmediato se calmó, esos youkai eran fieles a Sesshomaru.
Y ella era suya.
Le resultaba extraño sentirse reconfortada por un pensamiento que la habría hecho rabiar antes. Pero se trataba de otra clase de pertenencia, ella no le pertenecía para intercambiar o vender, como sucedía con muchas mujeres en esa época. Ella era suya para proteger.
Nunca lo había comprendido del todo cuando era humana.
Con remordimiento, consideró que las peleas que tenían Inuyasha y Kouga por ella resultaban ser mucho más halagadoras de lo que alguna vez se había percatado.
—I—
Sesshomaru personalmente le mostró a los nuevos miembros de la manada las habitaciones que utilizarían. Él los protegía con su presencia. Se aseguraría de que los sirvientes que no habían presenciado el acto de bienvenida en el patio supieran quienes eran los dos kitsune e Inuyasha, quienes estaban bajo su protección.
También debían aprender el nuevo aroma de Lin.
Las paredes interiores del palacio de Sesshomaru eran una mezcla de pantallas de papel de arroz, paneles de madera y piedra en las cocinas y en otros lugares donde se encendía el fuego. Los pisos de cada habitación eran de madera o piedra y estaban decorados con alfombras de junco entretejido. A diferencia de Sesshomaru, que prefería vagar por sus territorios en vez de la cómoda vida del palacio, su padre había pasado mucho tiempo rodeado de lujos, incluso había ido tan lejos como traer muebles de China o de otras tierras al otro lado del mar. Debido a esto, el palacio estaba repleto de sillas con almohadones de seda, camas con doseles, mesas firmes de roble y alfombras coloridas. A todo esto Sesshomaru le era indiferente.
Pero Kagome emitía sonidos de apreciación por lo que él supuso que eso significaba algo bueno. Él la había aceptado en la manada, por lo que debía proveerle comodidades.
Doblaron una esquina y llegaron al ala que el Lord del Oeste siempre ocupaba junto con sus allegados, estas eran de piedra y paneles de madera, para imposibilitarle el trabajo a algún sicario.
Había diez habitaciones espaciosas en esa ala. Al final del pasillo se erguían unas puertas dobles azules pintadas con la imagen de un perro blanco que corría por un campo nevado, estas conducían a la enorme habitación principal que daba a un balcón, la cual ocupaba Sesshomaru. Sin contar la habitación del Lord y la de Lin, todas las demás estaban vacías. El youkai nunca había considerado formar una manada por sí mismo, hasta aquel momento, ya que siempre se había valido por su propia fuerza.
Hasta el día en que una pequeña niña humana le trató las heridas.
Le cedió a Inuyasha la habitación que él una vez había ocupado cuando su padre todavía vivía. Su hermano se quejó mientras olfateaba los muebles pero Sesshomaru lo ignoró y deslizó la puerta para cerrarla.
Consideró por un momento la situación de la vulpina ya que, como se trataba de la mujer adulta de la manada, era una alfa por defecto y ella por medio del instinto había adoptado su posición sin siquiera saber lo que hacía. Había acicalado y cuidado de los cachorros, se aseguraba de que comieran antes que ella lo hiciera, y los protegía con ferocidad.
Sesshomaru bajó la vista a Lin, que se encontraba apoyada contra las piernas de la vulpina mostrando una sonrisa de felicidad. La naturaleza apenas descubierta de Lin la había forzado a actuar como lo haría un cachorro perro y, al no tener una madre, había recurrido a la mujer alfa de la manada en búsqueda de comodidad y cercanía. Era típico que los cachorros perro durmieran con sus madres hasta que cumplieran los cien años.
Sesshomaru finalmente optó por dejar que la vulpina durmiera en la habitación más cercana a la de él, la que hasta ese momento solo le pertenecía a Lin.
—¡Esta es mi habitación!— dijo Lin con emoción y condujo al zorrito para que observara los juguetes.
—Ahora la compartirás— Sesshomaru le informó a lo que ella asintió mientras comenzaba a jugar con Shippo.
La vulpina lo observó y abrió la boca, pero luego la volvió a cerrar, lo que permitió que Sesshomaru viera esos delicados colmillos. El rostro de ella estaba plagado de confusión.
No cabía duda de que los sentimientos humanos que todavía quedaban en ella le advertían que eso no era apropiado, sin embargo, pronto se volvería natural para ella dada su naturaleza de kitsune.
—Haré que te traigan una vestimenta más apropiada— le dijo Sesshomaru con simpleza antes de marcharse dejándola que resolviera sus asuntos por sí misma.
CONTINUARÁ
¡Gracias por la espera y la paciencia y los comentarios! Creo ya poder regularizar nuevamente la constancia con la que subo los fics
¡Nos vemos pronto!
