Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, la idea sí. Fin (?)
Advertencia: Muerte de un personaje, AU, songfic.
Je, ha pasado un tiempo, ¿no?. Bueno a quienes me leen, he escrito esto en un momento de inspiración y fuerza, quería remontarme en letras desde hace mucho tiempo, pero no podía porque lo sentimientos no me lo permitían, con Idilios es tranquilidad, volviendo con Lenore, pues vaya... todo jodido. Pero aquí estoy, aportando de a poquitos al fandom y disfrutando este hobbie que me hace fangirlear mucho.
Como recomendación, pueden escuchar la canción Saturn de Sleeping at Last.
(Fic no editado)
Enjoy!
Saturn
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Te conocí en un bar de música caribeña, te veías tan exótica bailando entre la multitud, como una diosa con naturalidad te balanceabas entre el sonido y la melodía, entre el ritmo y el compás, demostrabas con el bamboleo de tus caderas y el tap de tus pies, la libertad que buscaba tu ser. No era el único espectador de ese cuadro, muchos te miraban con la lascivia inherente de todo hombre , pero orgullosa como te mostrabas, ignorabas todo aquello que no llamara tu atención. Tú expresabas el gozo de sueños que la mayoría deseaba.
Te conocí en una discoteca de géneros variados, rodeada de gente que anhelaba desfogar la monotonía con licores y beldades, ¿quién era yo para juzgarte si después de una aburrida rutina semanal, me quería divertir con los mismos placeres? Mundanos vicios que alimentaban la carne y efímeramente el cerebro. Te analicé danzando en la aglomeración, conociendo personas nuevas y degustando el sabor del vino.
Me miraste en cuanto notaste la fuerza de mis ojos sobre ti, sonreíste encantada por tener mi atención. Te acercaste poco modesta, así como confiada y me invitaste una pieza, no pude negarme y así nos embelesamos en el baile; quise entablar una conversación contigo mientras nos movíamos, pero aprendí de tu boca que en la danza, los cuerpos no se comunicaban con palabras, sino que se sentían con el alma.
Más tarde, mientras te penetraba cubiertos por las cobijas de satín, comprendí que tú me habías escogido desde el inicio. Compartimos un instante desconocido de placer que se convertiría en mi ansia de aire fresco en el verano y calidez en el invierno.
Te saludé bailando y me despedí de ti, bailando.
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El cuidado de las margaritas y rosales es nulo porque ninguna mano las había tocado desde hace varias estaciones. Las rosas marchitas lucían los colores de la muerte mientras prevalecían los tallos llenos de espinas. El pasto antiguamente verde brillante está crecido y opaco, vislumbrándose como lo único vivo en ese jardín. Sigue el camino de piedras con pinturas borrosas e ingresa a su vivienda, la sala está más fría que la corriente vigorosa de afuera, sus vellos se erizan ante la gelidez de lo que llamaba antes reliquias y se posibilita la luz cuando enciende el foco. La pulcritud de los objetos continúa intacta, pero de nada sirve tener muchas cosas de valor si se ha perdido a quien les daba valor. Examina cada pintura, jarrón y mueble, cada cerámica y madera le recuerdan la vez en que ella feliz tomó el control de la decoración. Todo representa su paso por ese plano.
Sigue el rumbo, encontrándose con las paredes blancas y negras combinadas de la misma forma en como ellos se combinaron sin importar sus abismales diferencias.
Se queda en un silencio estruendoso observando la puerta que lo conduciría hacia lo que fue una vez su cuarto. Duda en tomar el pomo de la estructura, mas comprende que detener la acción lo dirigiría de nuevo al bucle de la última temporada. Idas y venidas, idas y venidas, su vida se componía de idas y venidas. ¿Cuándo fue la última vez que dormitó en aquella habitación de futuros no cumplidos? Se da cuenta que su mano está temblando al percibir el frágil sonido proveniente de la manecilla, inhala; buscando en la trasparecía del aire la fuerza para ingresar al aposento que compartió junto su adorada esposa antes de que ella se entregara a la eternidad. Abre parsimoniosamente, permaneciendo bajo dintel de la puerta a causa del golpe de realidad, nadie regresa a los lugares que amó sin un toque de aflicción en sus memorias. No es un dormitorio grande, pero sí cómodo. El paso que avanza retumba en sus oídos, pues por fin entiende que era el momento de decir adiós.
Se queda quieto mientras contempla la escrupulosidad de las piezas que figura la costumbre de los que residieron allí, niega su visión al nochero, ya que en éste descansa la efigie sólida del día de su boda; ella sosteniéndolo en sus brazos a la vez que exhibe en su mirada el cariño que sintió por él. Es la representación de aquella noche en donde se juraron amor eterno. Muchos miedos nocturnos lo han acompañado en esos meses como para alimentar a su subconsciente con imágenes que le traerían más dolor. Los sueños dejaron de ser sueños para convertirse en flageladores recuerdos, no usa la palabra pesadilla, porque así se ha convertido su diario vivir. Sus pulmones se recuperan de los soplos retenidos, la estoicidad que lo caracteriza no ha vuelto desde que ella se había ido, se regaña internamente por dejarse llevar por sus sentimientos, no porque quiera retenerlos, sino porque ellos están a punto de derrumbarlo… de nuevo.
En los tocadores se asientan elementos que pertenecieron a ella, joyas de gran valor, perfumes dulces y maquillaje que a veces usaba cuando la situación lo requería o ella se encontraba en ánimos para juguetear con las sombras. Pero nada de esa materialidad se compara al pequeño librero que habita repleto de letras las cuales la transportaron a mundos fantásticos de dragones o existencialismo nato. Ese pino vuelto estante se conforma de los libros que le dieron alegría en vida. Los títulos de cada obra en las cuales infrió y le brindaron moralejas, reposan dispuestos a despertar por un nuevo encuentro con la mente ávida de su esposa, sin embargo, se prolongan en la espera de nuevos intelectos, porque su suave roce, el de ella, no los tantearan más. Regresa por la caja que dejó puesta en la entrada y uno a uno los va guardando en orden de extensión, puesto que ella prefería organizarlos por su contenido y no por letras mayores. Sus manos sienten que tocan las de ella, tiembla, pero se controla. La quimera de su tacto lo persigue en cada cosa que le perteneció.
Como quisiera pensar sin reminiscencias.
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Estábamos refugiados en nuestra pieza cubiertos por la suavidad de las cobijas, entreteniéndonos con películas de la temporada entretanto el invierno golpeaba las ventajas y a los desdichados que anidaban en el exterior. Tomabas tu segunda taza de chocolate caliente acompañado de tres malvaviscos mientras atenta ojeabas como Howard, interpretado por Arnold Schwarzenegger*, hacía lo imposible por entregarle el regalo de navidad a su hijo.
—El amor guía a las personas a hacer locuras—me comentaste jocosamente como si tú estuvieras exenta de realizar alguna actividad desmedida en nombre de otro.
—No lo dudo, cuando se quiere de verdad, las locuras no son locuras, sino actos de amor—respaldé la acción intrépida del padre en la televisión.
—Ese concepto es usado para cualquier cosa en estos días.
—Bueno, es el precio que se paga por la serotonina elevada—repliqué desdeñoso antes de posar mi cabeza en tu abultado vientre. De tal modo te daba entender que, incluso siendo un feto, yo también caería ante la locura por el simple hecho de que éste tenga un buen bienestar.
Acariciaste mi rostro y te reíste ante la broma que no era broma, sacaste esa carcajada escandalosa que pocos habíamos tenido la desdicha de oír, así con tus pulgares en mis mejillas y sonrisa plasmada, me dabas la razón.
—¿Me amas de verdad? —inquiriste con dudosa curiosidad, pues entreví tu gesto pícaro y un futuro capricho que deseabas que te cumpliera.
—¿Mis actos no son suficientes? —dije siguiendo el juego.
—Si fueran suficientes ya me habrías traído otro vaso de chocolate.
—Si sigues comiendo, te engordaras más de lo que estás—afirmé sin temor a tu reacción, la cual fue como me esperaba, abrías tus labios en una mueca indignada.
—Y así dices que me amas—te cruzaste de brazos una vez dejaste la porcelana en el nochero y tomaste tu distancia por la tropelía del momento.
—Te has vuelto una caprichosa y yo que te quería ofrecer de mi chocolate… digo otro chocolate—Y me miraste con rabia, con tu esencia peleonera no queriendo sucumbir ante mis encantos, pero fallando por las descontroladas hormonas en vis de tu embarazo.
—Eres un manipulador—respondiste frustrada por tu batalla interna perdida.
—Pues somos tal para cual.
Nos entregamos a los besos y caricias del otro con la delicadeza de no dañar al fruto de nuestro amor.
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Frankesteein está entre sus dedos, el libro de literatura de terror que ella recibió de regalo por parte de su hermana a costa de una broma conjunta; en donde las dos hacían una analogía de la futura bebé con el monstruo, incluso sus párrafos son adornados por la caligrafía de Blossom con pensamientos que relacionan su maternidad con la concepción de la criatura. Su expresión nostálgica se asienta al recordar su nido de emociones encontradas por la nena que no pudo consolidar en sus brazos y muchas noches mantuvo a su mujer en vela llorando. Una pérdida que les recordó la injusticia de la vida y que las expectativas no hacían más que dañar el corazón de las personas. No obstante, con el dolor de la luna, afianzaron su relación y se mantuvieron unidos ante la adversidad.
Como lo imaginó, sus manos ya no son las únicas que se sacuden, también sus labios lo acompañan en el frenesí de sensaciones que se serpentean a lo largo de su cuerpo en aras de sólo estudiar las prendas veladas por el ropero. Los cuellos de tortuga continúan ahí sin mancha alguna y los sombreros, boinas y gorros que una vez le pertenecieron, se amontonan en una obra digna del cubismo* No quiere quitar los tesoros por la forma en cómo están constituidos, pues así los dejó ella antes de irse. Mas Brick discierne que las viejas templanzas lo arrasarían a ese ciclo que no le traía tranquilidad. Lento y despacio, los sujeta y lento y despacio comienza a encajarlos para otros individuos. El aroma natural de su pelirroja invade sus fosas nasales y despierta en él desesperación, acerca el buso favorito de Blossom y lo restriega con su mejilla; le trasmite la temperatura abridaga que ha perdido a falta de la anatomía de su consorte, ya que, cada prenda está fría, helada, como su corazón. Porque no hay invierno más tormentoso que ese en donde no se vuelve a ver la luz del sol, en el que el aire espira recio y los pulmones se congelan a falta del fogaje de bellas auras. Cuando Brick tenía frío, Blossom lo abrigaba... ahora ella no está más, simplemente queda la sombra de lo que fue y no más.
Sin darse cuenta, sus pupilas se llenan del agua reprimida, del amor abnegado que le profesa y del cariño desbordante que extraña expresar. Moja la tela y la acerca a su pecho para sentirla. Comienza a desfogarse de cada memoria, beso compartido y momentos perdurables. La rabia ataca su sistema e inicia tirando y sacando la vestimenta restante del armario, caen al piso en un sonido que ensordece su cabeza. No suficiente con ello, saca los libros y rompe algunos, tira los perfumes, las cosas y deshace la cama, el colchón ha volado; lo destruye con sus manos. La catarsis de los días lo está agobiando, porque aquello que se quiere olvidar, es lo primero que sale a flote cuando el gris forma su paisaje.
Y llora, sofocado por las lágrimas y el nudo en sus pulmones. Y grita, porque no termina de entender el propósito de su existencia si al final descansará junto a las larvas. Se llena de porqués sin respuesta y continúa tirando las lámparas, las prendas, las sábanas…
No se cuestiona a la muerte hasta que se la siente cerca y no se la entiende hasta que nos ha tomado en sus brazos.
Llora, grita y patalea como un niño.
Llora, grita y patalea, rasgando el piso, aquella cerámica resguarda las lágrimas de oportunidades pasadas.
Lo que no daría por un segundo, un solo segundo.
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Mirábamos los videos de coreografías recreadas mientras esperábamos los resultados de tus exámenes, los dolores de espalda y estómago había aumentado los últimos días imposibilitándote movimiento, algo que no te hacía gracia porque deseabas volver a bailar como en tus otoños de oro. Tu cabeza reposaba en mi hombro, así me dabas facilidad para regalarte picos en tu frente con el fin de disminuir la ansiedad que padecíamos, tus comentarios en mofa me causaban risa, pues recalcabas con asir los errores de tus pasos los cuales no notabas al someterte al swing. Como te encantaba deleitarte entre zapateos y sones.
La doctora llegó con lo que concluiría tu vida al confirmarnos que era una metástasis sin remedio. El residente que había llevado tu caso, se encariñó tanto contigo que lloró por la tristeza de tu inevitable ida, si él con apenas segundos de conocerte advertía aquello, imagínate como sentía en esos momentos al entender que el amor de mi vida me dejaría cuando menos lo imaginaba.
—No llores, niño, así es la vida—le respondiste tranquila mientras aprietas mi mano al comprender tal vez mi sufrimiento silencioso.
¿De qué me servirían las palabras en este incompresible suplicio?
Dormí a tu lado las siguientes noches y la almohada fue testigo de mis lágrimas caídas por el presente devenir de no volverte a ver cuando cerrabas tus ojos. Monitoreaba el aparato con tus palpitaciones, rogando a lo inentendible que no detuviera su titilar. ¿Qué haría entonces sin tu afectividad de cada día? ¿Cómo seguir en un futuro sombrío después de abandonar mi pasado embellecido?
Y no quise evocar los siguientes días, como empeorabas, como decaías.
Me dispuse a concederte lo que supuse sería tu último deseo, en el hospital apoyaron mi propuesta y me ayudaron a decorar un salón para los dos en donde desarrollaríamos nuestra postrera danza. Sorprendida te sonrojas y débilmente usaste el vestido que te habían traído, tallado a tu medida en rojo pasional como mis ojos, los mismos que te observaban con un inigualable amor. Te deslizaste y te seguí y bailamos toda la noche con la suavidad del blues, el furor del jazz y la alegría de la salsa. Nuestras almas se entregaron al igual que la séptima nota que le daba color a las armonías.
—Cariño, permíteme una copa de Michel Chapoutier*, me gustaría degustarla a tu lado antes de irme.
Te conocí bailando, Blossom y terminamos esa noche bailando.
Y cuando la finalidad de tu respiro se acercó, me enseñaste la grandeza del sólo respirar, de los misterios del mundo envueltos en tu mirada y las secuencias del letargo a donde iremos a parar. Me hablaste de flores violetas que veías al delirar y me decías, entre suspiros, que la mirabas acercándose para envolverte en su amparo. Con falta de aliento trataste de explicar el infinito y me contemplaste suspirante en el profundis de mis emociones.
—Sigue existiendo, sigue existiendo. Sonríe, amado mío, ha llegado el amanecer—pronunciaste fatigada… pero indiscutiblemente sosegada.
Y seguiré existiendo por tu amor resplandeciente que estará conmigo hasta que mi vida haya terminado.
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Abre sus pesados parpados, observando el techo y pensando en la pérdida de su amada esposa. Respira para tratar de regresar a la calma después de la tormenta. En los meses que han pasado va aprendiendo que el mundo sigue girando aunque la muerte de sus pasos, la asfixia en su cuerpo era normal cuando los buenos momentos hacían acto de presencia y éstos lo enarbolaban en remembranzas. Al final, de eso se trata, de existir a través de la angustia y la pena, de existir en el misterio del propósito de la vida … simplemente existir. La ambivalencia de la melancolía y agradecimiento de haberla conocido se filtran en sus poros. A través de las cortinas atisba un rayo de sol, estuvo sumido en su catarsis toda la noche sin percepción alguna de las horas. Se levanta tambaleándose y desnuda las ventanas, llegándole directamente la brisa de la mañana.
—Así es, querida, ha llegado el amanecer.
Vuela alto mi pequeño halcón, el cielo es sólo el principio de la infinidad.
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Fin
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Referencias a entender
*Mención de la película "El regalo prometido" (Jigle All the Way) en la cual el actor australiano Arnold Schwarzenegger fue protagonista.
*Cubismo: Es un movimiento vanguardista de inicios del siglo XX que se caracteriza por el uso figuras geométricas, principalmente por cubos.
*Michel Chapoutier: Marca de vinos francesa y una de los favoritas de Blossom.
*Sigue existiendo, referencia a la película "Más allá de los Sueños" (What dreams may come true) protagonizada por mi artista favorito, Robin Williams.
Para aclarar, quise reflejar un poco del headcannon que tengo sobre la líder las puff, como su amor al baile y al vino (no es que tome mucho, pero es su debilidad) y también el concepto del cómo tengo manejado su relación con Brick, una en donde a veces ella se comporta como una niña y él gusta de cumplirle los caprichos. ¿Pecadora de Ooc? Sí, que les digo. ¿Clichés? Yep. Bueno, es un universo alternativo, jeje.
Pdta. Casi no puse versos de la canción en este fic, puesto que le di más relevancia al mensaje.
Espero que lo hayan disfrutado, así como yo lo he hecho escribiéndolo. Tengo muchísimos errores, pero me siento a gusto con el resultado. En próximos días me pongo a editarlo.
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Agosto representa ahora una dualidad de emociones que no podría explicar en palabras. Comienza con un día gris… un ser querido ha sido arrebatado por la tristeza, fluye con la memoria del interprete que me inspiró amar y luchar por mis sueños, retoma energías por el cumpleaños de mi amado progenitor y después las nubes se vuelven a tornar grises por otra desdicha como consecuencia al mal que nos ha mantenido encerrados todo este tiempo. 2020, oficialmente te odio.
Irónico, ¿no? Tres aniversarios luctuosos en un solo mes, y una fecha importante para conmemorar la vida. Reitero el verso de la melodía que me brindó la inspiración necesaria: "Que raro y hermoso es que verdaderamente existamos"
Puede que no sea mi mejor escrito y peque de los errores que he tratado de superar, pero poco me importa en estos momentos la cohesión si con ello he liberado el dolor que he guardado muchos crepúsculos. La tranquilidad ha regresado, me siento en paz para lidiarlo y por ello expongo mi amor y agradecimiento de que vivieron y viven en mis letras.
En honor a quienes me acompañan desde las estrellas y a quienes con cariño los recuerdan en este lugar.
Se despide, Lenore.
