Capítulo 9: Colas

Kagome vestía un kimono elegante, el mejor que alguna vez había vestido— Tenía tres capas: la primera era lisa y de color dorado pálido, la del medio era rosa claro con un patrón que representaba fuego zorruno de color verde azulado que brillaba a la luz y la última era de una seda bellísima color verde con flores blancas en espiral en las mangas y en los dobladillos. Todas las capas las sujetaba un cinturón ancho y dorado que estaba atado a su espalda de forma extravagante. Usaba el cabello suelto sobre la espalda como la mayoría de los youkai, y el color rojo contrastaba de manera llamativa con los colores de su nueva vestimenta.

Su nueva profesora, Inari-sama, una kitsune dorada de nueve colas, se deslizaba por la habitación demostrándole cómo caminar vistiendo un kimono tan elaborado. El suyo era dorado como ella, con las mangas decoradas con colas de zorro blancas. Alrededor de los ojos lucía unas marcas blancas y doradas que se arqueaban alrededor de los ojos creando la ilusión de una máscara de zorro. Parecía más un ángel que una kitsune debido a su rostro angelical y su cabello como de seda.

Inari era la hija de la dinastía real de las Tierras del Este. Había acudido al palacio de Sesshomaru tras un largo viaje para enseñarla a Kagome y a Shippo.

—Creo que mi tio espera que formemos pareja— le confió a Kagome cuando llegó y le guiñó un ojo con entusiasmo.

—¿Tú y Sesshomaru-sama?— respondió Kagome concentrándose mientras se giraba. Si bien era una youkai, todavía era torpe. Cualquier humano podría decir que lo estaba haciendo bien ya que no se tropezaba ni caía al andar, pero entre youkais era mucho más fácil percibir los errores más minuciosos.

—Si— dijo Inari corrigiendo la postura de Kagome.

Siempre que Inari hablaba parecía estar rebosando de una alegría traviesa, como si en cualquier momento estuviera por explotar en risas.

—Pero dudo que mi estadía aquí resulte en algo más— prosiguió Inari—, sin importar lo poderoso y apuesto que sea Sesshomaru-sama, los perros y los zorros no se mezclan.

—¿Qué te hace decir eso?— quiso saber Kagome con brusquedad, se sentía ofendida en nombre de Sesshomaru. Ella se mezclaba con él y con Inuyasha sin problemas.

—¡Su aroma es aterrador!— dijo Inari agitando las manos— Me conlleva un gran esfuerzo de voluntad no saltar por la ventana cada vez que él entra en la habitación ¿No te da miedo cuando hueles un perro?

Kagome parpadeó recordando el terror enceguecedor que sintió cuando había olido el aroma de Inuyasha y de Sesshomaru, le producía una necesidad abrumadora de salir corriendo y esconderse.

—Bueno, si, tuve miedo— comenzó a decir— pero supongo que me acostumbré a ellos.

La risa de Inari sonó como monedas que caen sobre una mesa.

—No creo que yo pueda, ni siquiera después de vivir aquí unos mil años. Ven, vuelve a intentar.

Kagome volvió a caminar por la habitación tratando de manejarse con el kimono.

—Mis colas siguen estorbándome.

—Ven, úsalas como yo.

Kagome se sonrojó cuando Inari la ayudó a arreglarse las colas para que se atravezaran por el cinturón volviéndose parte del nudo decorativo en su espalda. Resultaba muy íntimo que otro adulto le tocara las colas y Kagome debía luchar contra el sentimiento de salir corriendo.

—No me es muy cómodo— dijo Kagome dudando y girándose para mirar el nuevo nudo del cinturón comparándolo con la masa peluda y sedosa de Inari.

—No, ¡pero está a la moda!— anunció Inari.

Kagome decidió que no tenía intenciones de estar a la moda, pero no quería discutir sobre el asunto.

I—

—Tengo una pregunta— le dijo Kagome a su maestra y se acomodó mejor en la silla en busca de la posición más cómoda ahora que tenía las colas atadas al cinturón.

—¿Sobre el hechizo?— preguntó Inari y apretó los labios cuando se inclinó sobre la mesa inspeccionando el trabajo que había realizado Kagome con el papel de arroz ahora todo arrugado.

Los kitsune realizan mágia de tótems por lo que sus hechizos debían estar representados en un objeto. Inari utilizaba el origami y doblaba el papel de diferentes maneras según la clase de hechizo que buscaba implementar y le estaba mostrando a Kagome la forma de utilizar el mismo método

—Debes doblarlo con más prolijidad— la regañó— un tótem irregular solo podrá canalizar un hechizo débil.

Kagome desdobló la caja de papel que había estado intentando crear y lo alisó con ambas manos. El delicado papel se rasgó con una de sus garras y ella suspiró antes de agarrar un nuevo trozo del montón que se encontraba en el otro extremo de la mesa.

—No se trata del hechizo— dijo mientras que comenzaba a doblar de nuevo— sino sobre Sesshomaru-sama.

—¿Y qué puede ser que yo sepa de Sesshomaru-sama que tu no?— preguntó Inari con expresión elocuente, el tono que utilizó le dio a entender que creía que Kagome sentía algo por el Gran Perro.

Kagome arrugó la nariz y resopló al contemplar la idea.

—No de esa forma, me refiero a... la manada. Sé que soy parte de la manada de Sesshomaru-sama, así como también Inuyasha, Lin y Shippo son parte de ella. Y lo comprendo aquí— dijo y se posó una mano sobre el corazón— pero no aquí— terminó y se tocó la frente con la punta de una garra—. Ser miembro de una manada significa que me encuentro bajo la protección del alfa y que debo protegerlo y servirlo por ello. Sin embargo, Sesshomaru-sama es el Lord del Oeste... ¿No convierte a todos en el reino en su manada?

Inari comenzó a reír y las comisuras de los ojos se le arrugaron, luego negó con la cabeza y el cabello dorado le ondeó mientras hacía esto.

—La manada es diferente, aunque es extraño escucharte decir "manada". Nosotros los kitsune utilizamos el término "camada", pero son lo mismo

Inari hizo una pausa y alzó los dedos para darse golpecitos en los labios, Kagome identificó que esta se trataba de la pose pensativa de su maestra.

—Los humanos tienen familias, ¿verdad?

—Si— dijo Kagome reprimiendo un suspiro, sintió cómo se le contrajeron las entrañas.

—Bueno, la manda funciona igual. Un Lord humano es dueño de una aldea, pero también tiene a su propia familia ¿comprendes?

—Si— volvió a decir Kagome sin expresión.

¿Entonces Sesshomaru la aceptó como parte de su familia?

Sin saber qué decir o sentir, Kagome volvió a practicar origami.

Rompió tres piezas más de papel antes de que terminara la lección.

I—

Sesshomaru se encontraba en el estudio revisando los pergaminos de ese día. Al igual que siempre, tenía la intención de sacarse de encima el deber de gobernar el Oeste lo antes posible para poder retomar el viaje a través de sus tierras. Prefería mil veces tener encima las estrellas que el techo del palacio.

Mientras agarraba el siguiente documento permitió que una diminuta sonrisa le arqueara las comisuras de la boca.

Yendo en contra de sus consejeros, había comenzado a tratar a Lin como la heredera del Oeste y cuando ellos se quejaron de que era mujer y no era de su sangre Sesshomaru solo les respondía que ellos mismos le habían sugerido durante la década pasada que consiguiera una pareja y engendrara un heredero y que ahora tenían lo que querían.

Y además, él ya no tenía la necesidad de hacer el ridículo cortejando a una mujer.

Uno de los consejeros, un demonio tortuga anciano, había señalado la posibilidad de que Inuyasha quisiera disputar el derecho de Lin y que sería prudente unirlos en matrimonio.

Sesshomaru prefirió no ennoblecer ese comentario con una respuesta.

Un graznido seguido de una carcajada propia de un kitsune distrajeron a Sesshomaru de sus pensamientos. Se puso de pie y se dirigió a la ventana que daba la vista a los amplios jardines. Al parecer Inari de las Nueve Colas estaba impartiendo lecciones al aire libre ese día. Observó que los tres kitsune adoptaban la forma de Lin y se mezclaban con la verdadera para atormentar a Jaken.

Rodearon al pequeño demonio verde y corrían a su alrededor arrojándole flores y desafiándolo a que adivinara cual de ellos era la verdadera Lin.

Sesshomaru podía identificar que los dos kitsune inexpertos no eran Lin, sin embargo, no podía distinguir la verdadera de Inari de las Nueve Colas, al menos no desde esa distancia y, al parecer, tampoco Jaken. El pequeño demonio se equivocó al escoger y los tres kitsune lo golpearon en la cabeza calva. Todos reían, con excepción de Jaken, y el juego volvía a empezar.

Sesshomaru volvió a observarlos jugar, el kitsune más joven, Shippo, tenía un mejor manejo de las transformaciones que Kagome, pero a su vez él tenía más práctica.

La antigua sacerdotisa era excelente creando fuego zorruno e ilusiones, así como realizando hechizos de seducción típicos de los kitsune para atraer a hombres humanos y youkai por igual. Sospechaba que canalizar esas habilidades era igual que con los poderes de sacerdotisa que ella ya no poseía y por lo tanto le resultaban mucho más fácil de controlar. Sin embargo, sus transformaciones solo duraban por un par de minutos y tenía dificultades para hacer que su sombra coincidiera con la transformación.

El Lord no estaba preocupado ya que Kagome poseía una mente adulta y más poder a su disposición que Shippo por lo que sería capaz de sobrepasar a la cría de zorro muy pronto si seguía practicando. Sesshomaru no se sorprendería si adquiría una o dos colas más antes de que Inari se marchara.

Sesshomaru conocía algo de los hábitos de los zorros debido a la relación que tenía con las Tierras de Este y por esta razón había interrogado a Inari en cuanto ella había llegado ya que debía comprender a los kitsune de su manada si es que en verdad quería hacerse responsable de ellos.

Inari de las Nueve Colas le había dicho que las primeras tres colas de los kitsune se adquirían por la edad, como era el caso, ganaban una por cada cien años de vida. Cuando un zorro poseía tres colas se lo podía definir como un adulto.

Las otras seis las ganaban por astucia al perfeccionar sus habilidades y adquiriendo sabiduría. Para ellos, el conocimiento equiparaba literalmente poder.

Sesshomaru había resuelto que tanto Kagome como Shippo alcanzaran las nueve colas.

CONTINUARÁ

Notas de la autora:

Inari: Inari-sama es el nombre de la diosa sintoísta Inari Okami, la diosa de los zorros y la fertilidad. Creo que dentro del universo de este fic, Inari es la mismísima Inari Okami, que si bien es youkai, la historia humana la recuerda como una diosa.

Kitsune dorado: de acuerdo con varias leyendas japonesas, cuando un kitsune adquiere la novena cola se vuelve o dorado, o blanco o negro/rojo oscuro. Los zorros dorados pueden volar, los blancos pueden curar a los enfermos y otorgar la vida eterna, los negros/rojos son malignos y causan muerte y destrucción.

Los perros y los zorros no se mezclan: Tengo esta idea de este concepto/frase al leer varias leyendas de kitsunes. En muchas de ellas un kitsune entra en una casa o un negocio adoptando la forma de un humano y ve un perro. Debido a que los kitsune les temen a los perros pierden el control de su disfraz y salen corriendo. Este concepto se aplica mucho en el fic debido a que lo usé como base para definir la interacción entre los youkai perro y los kitsune, es decir, que los kitsune siempre tendrán miedo de los perros demonio y son más propensos a someterse o correr de un perro que cualquier otro demonio.

Conocimiento de los Kitsune: la mayoría de lo que dicen Inari y Sesshomaru se basa en las leyendas de kitsune, principalmente de The Fox Wife.

Edad: Estoy manejando un sistema en el que decidí que cada cien años un youkai envegece cinco años y en los más poderosos (como Sesshomaru) esto se retrasa, es decir que cada 100 años es un año una vez que alcanzan la madurez física. Un hanyou envejece el doble de rápido por lo que cada cien años son diez años.