Capítulo 10: Conversaciones

—¿Sesshomaru-sama?— preguntó Kagome con resignación. No lo había visto mucho desde que habían llegado al palacio.

Se preguntaba si la razón era porque se encontraba muy ocupado o tal vez él simplemente no disfrutaba tenerla cerca y se alegraba de que ya no debía aguantarla.

—Hn.

Eso le indicó que estaba dispuesto a escucharla.

No podía resolver si ahora él le resultaba más fácil de comprender debido a que habían pasado mucho tiempo juntos mientras viajaban, o si se trataba al hecho de que ahora era youkai y notaba cosas que sus sentidos humanos no podían percibir. Esperaba que fuera la primera opción ya que se negaba a pensar que ahora era mejor o tenía más habilidades siendo kitsune. Era diferente, sí, pero no significaba que fuera mejor.

Se inclinó y luego se sentó frente al escritorio de Sesshomaru. Los reposabrazos tenían imágenes grabadas de youkai acuáticos, sirenas, y Kagome pasó una garra por las líneas que formaban las colas.

—Sesshomaru-sama —volvió a empezar tratando de poner sus pensamientos en orden y poder expresarlos correctamente.

Kagome siempre se enredaba con las palabras debido a la estoica belleza y aura masiva de Sesshomaru que se encontraba parado tan inmóvil e inexpresivo que parecía tallado en hielo. Casi que ella deseó volver a aquellos días en los que se comunicaba con él tan solo por medio de gruñidos y quejidos.

—Quería decir que... estoy muy agradecida por todo lo que has hecho por mí y por Shippo... por la ropa nueva... y las lecciones y... me refiero a que no quiero que te sientas... bueno, obligado a tenernos cerca. Comprendería si prefieres que nos vayamos ya que considero que tu deuda está saldada.

Sesshomaru nunca la había querido, y sin embargo tampoco había mostrado señales de odiarla. Era demasiado esperar que él le permitiera seguir formando parte de la manada ahora que ella ya no lo necesitaba. Después de todo, la única razón por la que él había viajado con ella en primer lugar cuando buscaban la Perla de Shikón se debía a que Lin se lo había pedido.

Se impactó cuando él le gruñó de forma más enérgica desde... esa vez del hechizo de amor en el que ponía todas sus fuerzas por no recordar. Se sorprendió más cuando lo vio parpadear, al parecer el mismísimo Sesshomaru se sorprendió ante su propio ímpetu.

Kagome entrelazó las manos para evitar el deseo de tocar la muñeca de Sesshomaru y a su vez intentando no sentirse mal por importarle los sentimientos que él podría tener ante esa situación.

—¿Deseas irte? —le preguntó una vez que consiguió calmarse.

—Bueno, no —dijo ella con honestidad.

Amaba a Lin y todavía necesitaba ayuda para poder controlar su magia y poder adaptarse a la sociedad de los youkai. Además, nunca había visto a Inuyasha y Sesshomaru pasar tanto tiempo juntos sin intentar matarse entre sí, aunque todavía peleaban de vez en cuando, en particular cuando Inuyasha insistía en dormir en el árbol que daba a la ventana de la habitación que Kagome compartía con Lin y Shippo... pero no lo hacían en serio, era más un juego que otra cosa.

Se preguntaba si, siendo todavía humana, ese comportamiento seguiría pareciéndole un juego y, ante esta idea, frunció el entrecejo debido a que detestaba esa clase de pensamientos reincidentes en su mente... el compararse antes y después del deseo de la Perla.

—Entonces te quedarás hasta que quieras marcharte. Este siempre será tu hogar ya que el honor lo exige— le dijo Sesshomaru.

—Porque mi deseo convirtió a Lin en youkai... —dijo ella tratando de evitar sentir resentimiento.

Sesshomaru, Inuyasha y Shippo parecían estar muy alegres por la humanidad perdida de ella y de Lin, como si hubiesen padecido una enfermedad de la que ahora se habían curado.

—No —recitó Sesshomaru con una voz profunda y colmada de más sentimiento de lo que alguna vez ella había escuchado— porque tu deseo la hizo vivir.

I—

—Ey, niña.

Kagome suspiró.

—¿Qué sucede, Inuyasha? Estoy tratando de practicar.

Y era cierto, se encontraba en el patio de prácticas fuera del dojo vistiendo una yukata de algodón azul y una hakama negra destinada a los aprendices de guardia del palacio, tenía las mangas atadas a los hombros para que no le estorbaran.

Sostenía un arco que Sesshomaru le había regalado. Estaba hecho de una costilla de dragón que el mismo Lord había derrotado. A la distancia se encontraban los blancos posicionados en diferentes lugares, algunos ardían en llamas, otros estaban quemados. Sesshomaru se había mostrado complacido en cumplirle el pedido de mejorar en las escasas habilidades de combate que ella poseía y se encargó de que pudiera unirse a una de las clases que se impartían a las demás aprendices mujeres. Kagome descubrió que podía infundir proyectiles con fuego zorruno para que explotaran al hacer contacto. No distaba mucho de disparar una flecha de purificación.

Una vez que pudiera dar en el blanco varias veces usando el arco y flecha, los maestros de entrenamiento le prometieron que podría pasar a practicar con shurikens, es decir, lanzar estrellas de cuatro puntas afiladas.

—Estoy pensando que podríamos irnos un tiempo, ver en qué andan Sango y Miroku en la aldea, tal vez pasar por el pozo...

Kagome negó con la cabeza mientras acomodaba otra flecha en la cuerda del arco.

—Gracias por la invitación, Inuyasha, pero no puedo.

Inuyasha bufó.

—Quieres decir que no lo harás nunca.

Ella exhaló con lentitud luego soltó la flecha contra la cuerda que salió disparada y se clavó en uno de los blancos con una explosión de flamas esmeralda.

—Necesito más tiempo, todavía no me tengo confianza como para andar entre los humanos.

Y además temía estar muy lejos de Sesshomaru. Una parte de ella temía volver a dejarse llevar por sus instintos de youkai como había sucedido antes. Ya había pasado una vez y podría volver a suceder ¿Y Sesshomaru no estaba cerca para cuidarla?

Nunca podría ser capaz de confesarlo, pero no consideraba que Inuyasha fuera tan poderoso como para intimidarla de la forma que Sesshomaru lo había hecho, al menos no sin valerse de la fuerza bruta.

—Bien, de acuerdo— dijo el hanyou agachando las orejas. Desde que el mundo de Kagome cambió por completo Inuyasha se había comportado dulcemente con ella, a su manera — ¿Quieres que les diga algo de tu parte? O no sé, ¿escríbeles una carta o algo? Miroku puede leer.

Ella le sonrió.

—Lo haré, gracias... de verdad, gracias.

—De nada, Kagome.

Inuyasha dudó por un segundo, luego le quitó el arco de las manos y se inclinó. Ya no parecía ser tan alto como antes, al menos ya no comparándolo con Sesshomaru con quien ella había pasado ya tanto tiempo.

Inuyasha acercó el rostro a ella y el cabello largo y plateado le cayó por los hombros produciendo que las puntas cosquillearan los dedos de Kagome. Ella cerró los ojos y contuvo el aliento cuando Inuyasha pasó uno de sus colmillos por el borde del mentón de la kitsune produciendo que el calor le emergiera del estómago y la emoción produjo que las colas le temblaran. Ella gimió, más por confusión y... por algo más que no era miedo.

Inuyasha se alejó y sus mejillas se tiñeron de rojo mientras que el aroma le cambió a uno de excitación.

—Volveré pronto.

—De acuerdo— dijo Kagome aturdida con el corazón todavía palpitándole rápido.

I—

Ni bien Kagome recuperó el sentido común se dirigió a donde estaba Inari con la clara idea de que había muchas cosas que Sesshomaru no le había enseñado sobre el comportamiento de los youkai ya sea porque le resultaba vergonzoso compartirlo con una vulpina o porque no consideraba que ella tenía la edad suficiente como para saberlo.

Cualquiera fuera el caso, a ella no le importaba y tenía intenciones de descubrirlo en ese momento.

Se deshizo de Shippo mandándolo a que intentara infiltrarse en la lección de Lin sin que ella lo detectara, Kagome se sentó en una de las sillas frente a Inari con el rostro iluminado por la determinación que sentía en ese momento.

—Inari-sama, tengo ciertas preguntas que pueden resultar ser un poco vergonzosas.

—No hueles avergonzada— respondió la vulpina de cabello dorado.

Kagome parpadeó ante la idea percatándose de que en verdad no se sentía así, mejor dicho, en su mente sentía que debía sentirse avergonzada, pero los kitsune eran youkai muy sensuales y muy reconocidos por seducir humanos y hacerlos sus amantes. Kagome suspiró pensando en que ese era otro aspecto de ella que era diferente.

Inclinándose hacia ella, le preguntó:

—¿Qué significa cuando otro youkai pasa sus colmillos por tu barbilla, así? —agregó mostrándolo con su propia mano.

—Depende —respondió Inari mostrando una obvia comodidad a pesar de charlar sobre esos temas—, si proviene de un niño significa que pide afecto o comida... ahora si es de un adulto puede sugerir un permiso, un pedido o una propuesta para tener sexo.

—¿Cómo identificas cual es cuál?

Inari se encogió de hombros de forma elegante.

—Solo lo identificas y ya. A veces es todo al mismo tiempo, considéralo como una pregunta para saber si sientes interés hacia el otro. Si rechazas la propuesta entonces muchos harán de cuenta que eso no eran lo que pretendían, para salvar las apariencias.

Kagome suspiró, parecía que tenía muchas cosas en que pensar. Oh, Inuyasha...

—¿Qué más necesito saber? Cosas que Sesshomaru-sama no sepa o que no me diría si lo supiera.

CONTINUARÁ

Muchas gracias por todos sus lindos comentarios 😊 acabamos de llegar a la mitad del primer acto (no se preocupen todavia queda mucho por delante!)

¡Nos vemos!