Capítulo 11: Máscaras

Sesshomaru caminaba por los jardines privados que se reservaban para su manda buscando así escapar de la molesta corte cuando vio a la vulpina, Kagome, meditando bajo un árbol. Se encontraba sentada con las piernas dobladas y tenía las manos con las palmas hacia arriba sobre las que brillaban unas brasas de fuego zorruno. La observó retorcerse y luego inhalar profundamente a la vez que las llamas titilaban con más intensidad. Ella era reboltoza como cualquier otro kitsune, sin embargo, el progreso de sus habilidades mágicas dependía en su habilidad para manejar esa naturaleza.

Se acercó a ella escondiendo su aroma y aura demoníaca.

Kagome se sobresaltó cuando lo vió parado justo en frente de ella y las brasas de zorruno que le brillaban en los dedos formaron llamas. Él pudo oír cómo el corazón de la vulpina se aceleraba. Sin embargo, ella lo reconoció y sonrió de la forma típica de los zorros, mostrando los dientes, y desvaneciendo el fuego zorruno en sus manos.

A él le complacía que ella ya no le temiera ¿Qué razón tenía para no estarlo? Sería un mal alfa si los miembros de su manada se acobardaban en su presencia.

La reacción de la vulpina lo complacía.

—¡Sesshomaru-sama, me asustaste!

—Uno debe depender de su oído así como de su olfato— le dijo.

Ella asintió aceptando esa nueva lección.

Él sentó a su lado en una posición meditativa.

Durante un eterno instante todo era silencio.

—Hoy estas usando el cabello negro— comentó él.

A veces la madre de Sesshomaru se enojaba si su padre no tomaba en cuenta los cambios que ella hacía en su cabello y atuendo. Él no consideraba que Kagome fuera igual, pero unas pocas palabras podrían ahorrarle el problema de tener que lidiar con una vulpina enfadada en el futuro, y además no le causaba ninguna molestia hacerlo.

Unos grandes ojos azules lo contemplaron.

—¿Ah? Si —dijo mientras se pasaba las garras por las brillosas hebras de cabello negro—, Inari-sama dice que puedo practicar manteniendo un pequeño cambio por un largo periodo de tiempo. Y bueno... Así me siento más como yo misma.

Sesshomaru emitió un sonido ronco para indicar que la estaba escuchando y continuó con la meditación.

—¿Sesshomaru-sama?

—Hn.

—No te hemos visto mucho desde que llegamos al palacio.

Él inclino la cabeza.

—Gobernar el Oeste requiere de mucho trabajo.

—Los zorritos te extrañan.

Él ladeó la cabeza para observarla.

—Los cachorros— corrigió.

El brillo de los ojos de Kagome le indicó que ese era un punto en el que no coincidiría con él. Sin embargo, ella era kitsune y tenía tendencia a ser rebelde, al menos esa naturaleza se manifestaba en algo que no importaba mucho.

—¿Y tú, vulpina? ¿Me extrañas también?— preguntó Sesshomaru sin ninguna intención en particular, sino para cortar el silencio, pero las orejas se le movieron mientras esperaba respuesta.

Ella se sonrojó y su cabello comenzó a teñirse de rojo mientras perdía la concentración sobre la magia de transformación. Sesshomaru, en silencio, tomó un mechón rojo para que ella lo notara, y al hacerlo, ella cerró los ojos y juntó las cejas para concentrarse.

Su cabello volvió a volverse totalmente negro.

—Supongo que si— admitió mirándolo con audacia.

Ella era una criatura extraña que alternaba entre timidez torpe e imprudencia casi temeraria ¿Sería tal vez la naturaleza de kitsune y humano que se batallaban entre sí?

Pero no, Sesshomaru había viajado con Inuyasha y los humanos que lo acompañaban mientras buscaban a Naraku y recordaba a Kagome en sus tiempos de sacerdotisa humana, era igual a la Kagome frente a él.

—Nos vamos pronto— le dijo luego de meditar en silencio— a patrullar el Oeste.

Si trabajaba sin descanso durante los siguientes siete días...

Tal vez cuando Inuyasha regresara podría nombrarlo su administrador y entonces Sesshomaru podría pasar el resto de sus días deambulando y perfeccionando sus habilidades en cualquier oponente que se cruzada.

Hn, es poco probable que Inuyasha aceptara tal cosa, pensó.

—¿Lo prometes?— preguntó la vulpina con un suspiro de felicidad y pestañeando— ¡Debes prometérmelo! Y ya sabes lo que dicen sobre romper la promesa que le haces a un kitsune— dijo burlándose.

Sesshomaru bufó.

Pero era una promesa.

—I—

Siete días después Kagome caminaba detrás de Sesshomaru, acababan de abandonar el palacio y habían dejado a Jaken detrás que sostenía el sello real de Sesshomaru. El pequeño demonio casi se desmalló cuando se lo entregaron y el resto de los miembros del consejo se quedaron entre gruñidos y quejas ya que odiaban que Sesshomaru le hubiera confiado el control del Oeste hasta su regreso a uno de los pocos demonios no perros que habitaba el castillo.

—Hiciste eso solo para molestar a esos perros viejos— lo acusó Kagome mientras pasaban por la Gran Puerta Exterior.

—Incorrecto —respondió Sesshomaru cuya postura sugería que se sentía ofendido ante la idea— Jaken es más leal que ellos y que no les guste no es asunto mío.

—No harás amigos de esa forma.

—Soy un lord, seré querido o gobernaré bien, no ambos.

Tal enunciación dejó a Kagome en un silencio contemplativo, no había duda de que a Sesshomaru parecía disgustarle estar en el palacio donde debía ser el Lord del Oeste en todo momento. Al recorrer las tierras era tan solo Sesshomaru, un youkai perro que viajaba con su manada.

Kagome debía aceptar que esperaba no tener que regresar al palacio en un buen tiempo. Le resultaba tentadora la idea de tomarse un descaso de sus lecciones formales y de la influencia asfixiante de la corte. Y no solo a ella le gustaba la idea, los cachorros brincaban alrededor de ellos y Kagome pudo sentir cómo el aura de Sesshomaru se relajaba.

Todos formaban una linda imagen, Sesshomaru que los lideraba en silencio, Kagome y los cachorros un par de pasos detrás, todos vestidos de una forma que indicaba que pertenecían a la manada de Sesshomaru. Él les había dado a Kagome y a Shippo unas vestimentas finas de color verde y dorado y Lin vestía un kimono blanco con un patrón magenta del mismo color de las líneas en sus mejillas.

Ah Un caminaba en la retaguardia.

Kagome, al contemplar a Shippo haciendo volteretas y a Lin que se encorvaba para arrancar flores en el camino, se preguntó si Sesshomaru prefería ser un merodeador sin título. Sin embargo su orgullo jamás le permitiría renunciar a lo que le pertenecía por derecho, y aun así, se veía mucho más feliz fuera de las paredes del palacio.

Parecía una revelación descubrir que no solamente ella fingía y se sentía en guerra con dos personalidades. Comprender esto causó que sintiera vergüenza por haber pasado largas noches maldiciendo a Kami, a Midoriko, a la Perla y a su deseo ¿Había pasado tanto tiempo convenciendo a Inuyasha de que estaba bien tal cual era como Hanyou, había derramado sudor, sangre y casi todas sus lágrimas en probar que su humanidad no la volvían inútil ni débil... para que, al final de su viaje, se convirtiera en una youkai?

Parecía como una bofetada, una recompensa indeseada.

Pero era el precio que debía pagar.

Algunos días se enfurecía, sentía un grito silencioso que hacía eco en su cabeza, sus pensamientos se inundaban con cada maldición que alguna vez había escuchado. Quería vociferar, llorar, y pedirle a alguien que la arreglara, porque no se suponía que ella debía ser lo que era en ese momento. Ahora ella estaba rota ¿nadie podía darse cuenta? Ella estaba bien antes. Si nadie más la valoraba como humana, al menos ella sí lo hacía.

Y sin embargo todos estaban tan felices de una forma que ella jamás había visto... de una forma que ni ella misma se permitía sentir...

Cada vez que descubría que se sentía encantada por el fuego zorruno que producía, en la fortaleza que había adquirido sin esfuerzo, en los olores sutiles que sentía en el jardín, todo lo que podía hacer era controlar sus sentimientos porque esa parte era la peor de todas: cuando se sentía contenta por ser una kitsune sentía también que estaba traicionando a quien era, a quien solía ser y a quien jamás volvería a ser.

Pero ella jamás lo demostraba, nunca se quejó y mantuvo todo eso oculto bajo la traviesa máscara de un zorro.

No quería parecer una desagradecida.

¿Sesshomaru también se enojaba? ¿Él también demostraba su rabia, su angustia por haber sido destinado al nacer para ser el Lord del Oeste?

¿Le gustaba?

¿Era la expresión serena de indiferencia en su rostro tan solo una máscara como la que ella usaba?

Kagome observó la espalda de Sesshomaru y se permitió admirar la forma hipnótica en la que el cabello le mecía a cada paso que daba.

Ella no sabía la respuesta.

CONTINUARÁ

Más notas del autor

Los kitsune y las promesas: Basado en varias leyendas, si se le promete algo a un kitsune y se rompe dicha promesa, la mala suerte y la desgracia seguirán a aquel que lo haya hecho y el mismo kitsune comenzará a perseguir a esa persona para causarle más problemas. Por otro lado, si un kitsune promete algo, debe cumplirlo ya que de no cumplir con su palabra no solo obtienen mala suerte y desgracia, sino que también pierde poder que interpreté como la pérdida de una cola para que se adapte a los propósitos de esta historia ya que sus colas son la fuente de su poder.

Cara de zorro o kitsune—gao: es una expresión japonesa que se refiere especificamente a una mujer con pómulos marcados y rasgos delicados que es tan hermosa que se sospecha puede llegar a ser un kitsune disfrazado.

Muchas gracias nuevamente por leer y dejarme sus reviews 😊 son un gusto leerlos/as!

Starebelle