Capítulo 12: Gratitud

Resultaba tranquilo y sereno al salir de los límites una vez entrecruzados los territorios del Oeste. Cuando se detenían para descansar, Sesshomaru cazaba y alternaba entre Lin y Shippo para que lo acompañaran. Cuando los cazadores a la antigua regresaban, Kagome se encargaba de limpiar, destripar y despellejar a las presas valiéndose de sus garras que facilitaban la labor.

Sesshomaru y Lin comían la carne en tiras crudas, Kagome y Shippo a veces comían de la misma forma, pero por lo general preferían cocinarlo con fuego zorruno. Kagome se quedaba con las pieles amontonándolas sobre la espalda de Ah—Un. Esto producía que Sesshomaru exhalara un largo y agobiante suspiro y comentara sobre lo acumuladores que eran los kitsunes y Kagome tan solo respondía poniendo los ojos en blanco.

Ella no deseaba desperdiciar algo que bien podrían utilizar en el futuro.

I—

Una carreta de comerciantes humanos pasó cerca de ellos a las dos semanas de haber comenzado el viaje. Kagome se sintió atraída por los sonidos producidos por el campamento y observaba desde lo alto de un árbol cómo los hombres humanos cenaban junto al fuego y se contaban historias obscenas. Debido a la luz de la fogata que brillaba con un tono anaranjado sobre sus rostros parecían ser ellos las criaturas sobrenaturales y no a ella.

Se preguntaba si la mayoría de los youkai consideraban a los humanos tan misteriosos como los humanos a los youkai.

La nariz de Kagome se arrugó cuando Sesshomaru se afirmó en una rama junto a ella. La palidez de la piel del youkai y de las mangas de su kimono sobresaltaban en medio de la oscuridad, la rama crujió bajo la figura alta del demonio.

—Estas afligida— le dijo, la voz de Sesshomaru llegó por entre la niebla que había envuelto a Kagome mientras contemplaba a los comerciantes.

Ella se mantuvo en silencio por unos largos minutos mientras contemplaba a los hombres que continuaban charlando por debajo sin tener la más mínima idea de que dos youkai los estaban observando. Sería muy fácil arruinar ese pequeño campamento, Kagome podría asustarlos con una ilusión o secuestrar a uno de los hombres cuando este entrara al bosque, convertirse en él y suplantarlo entre los otros dos. Las posibilidades se limitaban solo al control de la magia de kitsune que ella poseía.

El miedo que les causaría sería sublime.

Kagome se asustó por el camino hacia el que iban sus pensamientos y sujetó la manga de Sesshomaru. Él era su cable a tierra, como un ancla que la mantenía firme, él era el único que podría evitar que ella llevara a cabo esas oscuras fantasías.

—A veces me pregunto si todavía sigo siendo yo— murmuró, sus labios apenas se movieron y volvió a mirar al grupo de hombres— quiero jugarles bromas y robarles, tal vez seducir a uno de ellos para luego rechazarlo— agregó señalando a uno de los más jóvenes con piel bronceada y una barba corta pero atractiva— a ese — dijo mientras pensaba en lo delicioso que se veía— ese es al que usaría.

—¿Y lo harás?

El tono de Sesshomaru demostraba que no estaba juzgando los deseos de Kagome.

Kagome negó con la cabeza mientras todavía sujetaba la manga del youkai. No debería hacerlo, no lo haría tampoco y aun así algo en su interior le susurraba que quería hacerlo, la obligaba a hacerlo.

Róbales, engáñalos, sedúcelos y luego ríete, son juguetes, oro, sangre...

De repente a su mente llegó la imagen del hombre con barba, tenía una sonrisa horrible mientras que ella lo asesinaba estando él luchando contra el placer.

Kagome se estremeció.

—No, no ¡No lo haré! — susurró con voz ronca tras un grito ahogado.

Lo dijo como si fuera una promesa, aunque no estaba segura de a quién se lo estaba prometiendo, a sí misma, a Sesshomaru, a los hombres de abajo...

—No les jugaré bromas a menos de que se trate de alguien que lo merezca.

Como si se tratara de un hechizo, esas palabras produjeron que la noche dejaran de sofocarla, esa voz que le brotaba desde el interior se silenció. Kagome alivió el agarre de la manga de Sesshomaru.

Los kitsune siempre debían mantener una promesa una vez hecha ya que romperla significaba perder una cola.

—No eres diferente.

—¿Qué?— preguntó Kagome sorprendida por las repentinas palabras de Sesshomaru.

—Solías ser una sacerdotisa que no lastimaría a los demonios a menos de que no te quedara opción. Ahora eres una kitsune que no le hará bromas a los humanos a menos de que lo merezcan. No hay diferencia.

El corazón de Kagome se aceleró y unas lágrimas se le agolparon en los ojos pero ella escondió todo esto detrás de una sonrisa de kitsune. Dentro de su alma algo que estaba roto se estaba comenzando a curar.

Desde el momento en el que se había despertado en esa nueva vida había seguido a Sesshomaru por lealtad y gratitud ¿Pero ahora?

Ahora lo seguiría por amistad y amor.

—Gracias, Sesshomaru-sama.

Las palabras no resultaban ser suficientes por lo que, arriesgando su vida en el intento, rodeó el cuello de él con un brazo para afirmarse y se paró en puntas de pie para frotar su mejilla contra la de Sesshomaru.

CONTINUARÁ

¡Gracias nuevamente por sus reviews! Son lo que me inspira a contiuar traduciendo 😊

¡Nos vemos pronto!

Starebelle