Capítulo 13: Trucos

La siguiente ocasión que se encontraron muy cerca de los humanos resultó ser demasiado tentadora para qu0e Kagome pudiera resistirse. Una vez que los cachorros se habían dormido ella luchó contra sí misma por lo que le pareció una eternidad antes de ponerse de pie. Había prometido no jugarles trucos malévolos, pero tal vez una variedad de trucos indefensos no estaría mal ¿Cierto? Debía hacer algo o creía que se volvería loca, además la aldea humana a la distancia parecía estar cantando una canción de sirena.

Podía sentir los ojos de Sesshomaru puestos en ella y, sin decir una palabra ella esperó a que él le dijera "ven, vulpina" ya que siempre la había detenido antes.

Pero no esta vez.

En vez de eso, Sesshomaru abandonó su puesto en la entrada de la guarida que utilizaban esa noche, y ocupó el de Kagome junto a las crías. Lin y Shippo, al percibir el calor que este emanaba, se acercaron a él, Lin se enredó en una de las mangas de Sesshomaru. Este inclinó la cabeza regiamente.

Confiaba en ella para que se acercara a los humanos.

El regocijo pareció darle alas a sus pies mientras ella corría por entre los árboles y su cabello le ondeaba. Debido a la emoción que sentía, sus colas se movían todavía sujetas al cinturón produciendo que su kimono formara olas.

La aldea estaba en penumbras, pero ella podía ver sin problemas.

Había filas de cabañas pequeñas, algunas granjas y una mansión que sin duda era morada del terrateniente

Primero se dirigió a la mansión creyendo que el terrateniente no se percataría de que le robara uno o dos objetos debido a que poseía una casa enorme. Con una chispa de magia kitsune ella se hizo invisible con excepción de la sombra con tres colas que bailaba por las paredes. Un sirviente, que no se había ido a dormir todavía, se percató de la sombra sin cuerpo y chilló a lo que Kagome rio con una risa de kitsune y observó cómo el hombre salía corriendo hacia la habitación.

Otra vez en silencio, subió las escaleras con la esperanza de que el terrateniente tuviera hijos ya que quería juguetes para Lin y Shippo.

Había dos puertas en un pasillo estrecho. Abrió la primera y vio un hombre durmiendo entre dos mujeres que sin duda se trataban de sus esposas, o concubinas. Una de las mujeres se movió y Kagome se congeló olvidándose por un segundo de que se había vuelto invisible. La mujer produjo un pequeño gemido y se giró. Kagome exhaló el aire que había estado conteniendo y cerró la puerta.

Kagome estaba de suerte ya que la próxima daba a una habitación que le pertenecía a un niño, el terrateniente tenía una hija joven. Un futón ocupaba la mayor parte de la pequeña habitación y una niña dormía encima con el cabello desplegado sobre la almohada. Durante el día el futón se enrollaría y se colocaría en una esquina, pero por ahora Kagome pasó por la pequeña durmiente para llegar al baúl que se encontraba contra la cómoda al fondo de la habitación.

En el cajón de abajo había ropa doblada con pulcritud, el cajón de arriba contenía unos pocos juguetes: una muñeca de porcelana, unos juegos de mesa, un pequeño trompo de madera...

Después de revolver las cosas de la niña, Kagome finalmente encontró un hanetsuki, le gustaron las pelotas con plumas brillantes y paletas finas de madera pintadas con imágenes de pájaros en vuelo. Metió las paletas en su cinturón y las pelotas en el interior de sus mangas.

Sin embargo, se detuvo cuando observó el rostro de la niña que dormía.

Recordó la conversación que tuvo con Sesshomaru la última vez que se había sentido tentada a hacerles bromas a los humanos y la promesa que había hecho, por lo que se acercó a la ventana y la abrió. Arrancó una hoja del árbol que se encontraba afuera y luego de cerrar la ventana para que la niña no se resfriara, puso manos a la obra.

El árbol era un níspero con ciruelas amarillas y amplias hojas. Con una garra afilada como navaja, Kagome cortó un cuadrado de la hoja y comenzó a doblarlo dejando que el resto cayera al suelo.

Primero un doblez en diagonal para crear una forma afilada. Luego dos dobleces más para achicar el cuadrado: una caja.

Entonces creó una forma hecha con dobleces que constaba de tres capas. Al separar las capas del lado izquierdo y con un doblez aplastado formaba la cabeza y orejas. Todo lo que restaba era formar el doblez de la cola, y utilizar una de sus afiladas garras para hundirla formando dos agujeros en la cara y crear los ojos.

Cuando terminó observó un zorro de origami hecho de un color verde hoja exuberante. Lo acercó al rostro, inhaló profundamente y exhaló por la nariz dejando que su respiración envolviera la figura y le otorgara la apariencia de estar viva. El zorro de origami movió la cola y asintió con la cabeza, los ojos hechos de agujeros parpadearon. Kagome estaba satisfecha en que había creado un intercambio adecuado por lo que dejó su creación en el lugar donde antes estaba el hanetsuki.

Con rapidez exploró el resto de la casa, se quedó con unos puñados de monedas y comió un bollo de manzana que encontró en la cocina. Una vez que se aburrió, regresó al pueblo.

Uno de los aldeanos había dejado leche y miel para los espíritus que visitaran el lugar por la noche. Kagome bebió la leche y se quedó con el pequeño frasco de miel pensando que podría compartirlo con Shippo ya que a los dos perros con los que viajaba podría no gustarles.

Los demás aldeanos no le habían dejado nada por lo que decidió atar las riendas de los arados mientras que no podía evitar contener la risa al pensar en las caras que pondrían durante la mañana. Lo merecían por no prestar sus respetos a la vulpina.

Al finalizar, regresó a las cabañas, pero ignoró la mayor parte de ellas ya que no tenían nada que le gustara o sus dueños eran tan pobres que ella se sentiría mal por molestarlos, sin embargo, seguía recorriéndolas y tomándose su tiempo.

Al final llegó a una casa hermosa. Pensó que los que vivirían ahí serían escultores ya que todos los muebles hechos de madera, como la mayor parte de la casa, estaba tallada con una exquisitez única, era imposible que una familia que tenía una casa de ese tamaño hubiese comprado todos esos muebles, pero sin embargo les resultaría muy económico hacerlo ellos mismos. Llena de emoción, Kagome inspeccionó cada uno de los objetos que podría llevarse.

En la puerta colgaba un delicado móvil tallado en bamboo. Las cálidas piedras que componían el adorno se verían hermosas en los jardines privados del palacio de Sesshomaru. Poniendo mucho esfuerzo en no hacerlo sonar, Kagome bajó el móvil y pensó cómo transportarlo. Finalmente lo metió en la parte trasera del cinturón y utilizó sus colas peludas para amortiguar el sonido.

Luego agarró un tintero de mueble en el centro de la habitación. El pequeño cuenco de madera estaba tallado con imágenes de dragones que le recordó a Ah Un. Contenta por el hallazgo, Kagome sonrió y se olvidó de que debía mantener las colas tiesas para que el móvil no sonara.

Sintiéndose muy agradecida por los regalos que se llevaba, dejó las monedas de oro que se había robado de la casa del terrateniente sobre el mueble.

I—

Sesshomaru no tenía intenciones de dormir. Con normalidad jamás sucumbía, pero en el apuro que había tenido por abandonar el palacio, se había privado de descansar por varias noches.

Y además hacía mucho desde que había dormido con su manada rodeándolo, por lo que la sensación de los dos cachorros hechos una bola a cada lado de él lo había calmado tanto que se adormiló.

Fue en ese momento que la vulpina logró regresar sin que la viera, debíó haber entrado silenciosamente con ayuda de la magia kitsune para evitar que su aroma lo despertara.

Cuando Sesshomaru abrió los ojos vio que ella había dejado el botín sobre el césped y el aura que despedía vibraba de orgullo y euforia, la miró a la cara y ella le mostró los colmillos, triunfante.

Sesshomaru le devolvió el gesto.

No mucho después despertaron los cachorros y no tardaron en emocionarse por los regalos que habían recibido. Sesshomaru observó mientras la vulpina les mostraba cómo jugar al nuevo juego que ella había robado para ellos y luego ella aplaudía al observarlos pegarle a dos pelotas con plumas.

Sesshomaru estaba de acuerdo con este juego ya que perfeccionaría la agilidad y reflejos de los cachorros.

Una vez que los dos pequeños estaban ocupados, la vulpina se acercó.

—Para ti— le dijo, se puso de rodillas e inclinó la cabeza, pero sin sacarle los ojos de encima que se mantenían fijos en los de su alfa. Los de la vulpina brillaban expectantes como dos joyas en su rostro.

Esperaba un regalo ya que él le había permitido a la vulpina poder llevar a cabo sus trucos, sin embargo, se sorprendió por el tintero ya que pensó que recibiría algo dorado y brillante, o tal vez un espejo, ya que los kitsune eran notables por su vanidad.

Pero esto era algo que él podía utilizar, algo que parecía totalmente adecuado para él. Pasó los dedos por el relieve tallado con forma de dragón y posó los ojos en Ah Un.

—¿Te gusta?— preguntó Kagome susurrante y tenue.

Él emitió un ruido sordo que vibró desde su pecho para demostrarle que estaba complacido.

—Hn.

La vulpina soltó una risa y saltó en el lugar siendo incapaz de contener ese estrepitoso placer al entregar los regalos que ella misma había traído.

Para divertirse un poco, Sesshomaru observó de reojo el móvil sobre el cesped. Al seguirle la mirada, la vulpina se precipitó hacia el objeto y con rapidez lo ocultó entre las pieles sobre la montura de Ah Un. Las cuidaba celosamente ya que iba a quedárselas para sí misma, tal y como Sesshomaru se había imaginado.

Él sonrió.

Pasaron un día tranquilo, uno que Sesshomaru no había disfrutado desde que era un cachorro. Rin y Shippo se alternaban para jugar el nuevo juego de perseguir orbes de luz que la vulpina conjuraba para ellos. Mientras se concentraba, Kagome sacaba la lengua y la posaba en la esquina de su boca. Sesshomaru disfrutaba del sol y en ocasiones llamaba a los cachorros para impartirles su conocimiento sobre estrategias que podrían utilizar al momento de jugar.

Cuando la vulpina no entretenía a los cachorros, ella se recostaba a su lado a muy corta distancia, pero no se tocaban.

Por supuesto él era el alfa y ella sabía que debería ser él quien la invitara a hacer contacto.

Pero él no lo hacía porque no quería acostumbrarse a tales cosas.

No había otra razón en particular.

CONTINUARÁ

¡Lamento mucho la larga espera! Algunos sabrán que estuve llevando a cabo el proyecto del instacomic en mi instagram sobre la historia del Hilo Rojo y por eso me tardé en actualizar, voy a tratar de subir alternadamente mi contenido así en ninguna de las dos plataformas se me enojan por la tardanza n.n' en caso de que estén interesados en saber de que hablo pueden visitarme en instagram, me llamo exactamente igual que aquí.

Notas de la autora:

Hanetzuki: Se trata de un juego muy parecido al ping pong solo que con paletas muy elegantes barnizadas y pintadas y con pelotas decoradas con ornamentos de plumas.

La sombra de Kagome/Los Kitsune son vanidosos: En las fábulas hay dos maneras de descubrir si alguien es un kitsune con tan solo mirarle la sombra ya que solo los kitsune más poderosos pueden hacer que esta cambie para coincidir la forma que adoptan. Otra forma es hacer que observen su reflejo en un espejo ya que en este se reflejarán como son en realidad o se embelesarán de su propio reflejo y olvidarán mantener su transformación. Otra forma que no se menciona aquí es hacer que entren en aguas que son o muy frías o muy calientes y cuando la toquen con el dedo del pie gritarán y revelarán su verdadera forma.

¡Nos vemos pronto!

Starebelle