Capítulo 14: Deber

Kagome se deleitaba en las aguas termales, un suspiro de felicidad se le escapó de los labios a medida que el calor le penetraba en los huesos. Ya no le molestaba bañarse en aguas heladas ya que la mayoría de los youkai no eran tan sensibles ante las temperaturas extremas como los humanos, pero aun así ella prefería unas aguas termales cálidas a un río helado.

Por lo que, al momento que sintió el aroma del agua acompañada del subyacente olor de los minerales que auguraban que la fuente brotaba de un lugar caliente que se encontraba muy en lo profundo, Kagome pidió la ayuda de Lin para convencer a Sesshomaru de hacer una parada temprana en el día. No les tomó mucho: Kagome utilizó una tramposa expresión de zorro que ocultaba un dejo de travesuras y Lin la acompañó con ojos de cachorro mojado, entonces Sesshomaru cambió de dirección en pleno silencio, aunque la mirada que le dirigió a Kagome hablaba por si sola.

¿Debes enseñarle esos malos hábitos? Parecía preguntar por la curvatura del entrecejo.

Kagome arrugó la nariz y le guiñó un ojo. Si, la verdad que sí.

Con eso, todos se desvistieron hasta quedar en ropa interior y se introdujeron en el agua.

Como siempre, Kagome puso mucha voluntad en mantener los ojos puestos en el rostro de Sesshomaru. La primera vez que se habían bañado juntos de esa forma ella había pasado un momento escandalizada ya que esperaba que Sesshomaru se bañara apartado de ella y las crías, para luego pasar a un estado de melancolía por poseer otra reliquia de la humanidad que se desvanecía de su actual vida. Puesto que era obvio que resultaba propio de un alfa bañarse con su manada.

Y entonces fue que ella cometió el error de permitir que su mirada bajara por un pecho esculpido de músculos y por unos muslos poderosos y decorados con líneas magenta, todo esto colmó los pensamientos amargos de Kagome y los reemplazó con una lujuria que le encendió las mejillas.

La sonrisa petulante de Sesshomaru le dejó en claro que se había percatado del escrutinio y del cambio en el aroma de Kagome.

El muy maldito.

Por lo tanto, Kagome hacía un gran esfuerzo en mantener los ojos (y todo lo demás) reservados para sí misma. El ego de Sesshomaru ya era muy grande sin la necesidad de que ella se volviera una idiota de hormonas desconcertadas cada vez que él se quitaba la camisa. Además, le parecía injusto que Sesshomaru no pareciera tener problema alguno en mirarla sin tener una reacción similar.

O soy una youkai horrible o directamente tiene la sangre fría, meditó. Probablemente se trate de lo segundo, quiero decir, apenas mueve el rostro, incluso cuando sonríe parece que crispa los labios.

El juego de las crías la sacó de sus pensamientos y se acercó a Sesshomaru para lavarle el cabello. Lin y Shippo siempre peleaban por el honor de hacerlo si Kagome no le indicaba a Shippo que la ayudara a lavarlo y a Lin que la ayudara a peinarlo.

Por su lado, Sesshomaru observaba un punto fijo en la distancia aparentemente despreocupado y distraído por las peleas y discusiones de los dos cachorros sobre quien servía mejor al alfa. Kagome se sorprendía por la gran paciencia y concentración del gran demonio a pesar de la forma en la que Shippo tironeaba de la gran masa blanca del cabello de Sesshomaru debido al entusiasmo y por el tono alto de la voz de Lin.

Una vez que Kagome declaró que el cabello del youkai se encontraba limpio y cepillado, él abandono el agua con rapidez y se vistió para adoptar una postura de vigilancia junto a la orilla. Nunca holgazaneaba ni se les unía a las payasadas que los demás hacían al momento de bañarse.

Kagome y los cachorros, acostumbrados ya a Sesshomaru, comenzaban a bañar al otro y luego jugaban a las Colas Tentáculos, un juego en que Kagome perseguía a las crías en círculos, los rodeaba con las colas y los arrastraba bajo el agua cuando atrapaba a uno de ellos. Jugaban hasta que todos quedaban con los rostros enrojecidos y sin aliento. En momentos como ese, Kagome no podía evitar sentirse muy feliz.

En un momento del juego, Sesshomaru tomó a Shippo con brusquedad del brazo y lo sacó del agua. Shippo chilló y se hizo una pelota, cuando viajaba con Inuyasha aprendió a esperar un tirón en la cola o un golpe en la cabeza.

—Vístete —le ordenó Sesshomaru—, vamos a cazar.

Los ojos verdes de Shippo destellaron y la única cola que poseía se retorcía. Con cuidado se enderezó.

—Vamos a cazar— repitió imitando el tono de Sessomaru pero con una voz infantil.

Kagome observó cómo Shippo se apuraba para vestirse con el pequeño pecho inflado de orgullo. Su pequeño zorrito estaba creciendo con un verdadero alfa al que imitar. Al verlo ahora, le resultaba obvio cuantas cosas él había necesitado antes, cosas que Kagome y sus amigos no sabían cómo darle.

Incluso Inuyasha había sido más como un hermano mayor odioso con tan solo una vaga idea instintiva sobre la interacción de los youkai. La verdad era que Inuyasha necesitaba un alfa tanto como Shippo…

—Gracias, Sesshomaru-sama— dijo Kagome en voz baja sabiendo que él la escucharía.

Sesshomaru se detuvo y se volteó hacia ella.

—Es mi deber darle sustento a mi manada— dijo y entrecerró los ojos— cuida a Lin.

Luego Shippo saltó a la espalda de Sesshomaru sosteniéndose de la estola y cabello de este, luego desaparecieron.

—Odio cuando hace eso— murmuró ella para sí misma. Le resultaba desconcertante que Sesshomaru todavía podía moverse mucho más rápido de lo que ella podía verlo.

—Algún día yo seré así de rápida— dijo Lin con una sonrisa— y mi hermano Shippo podrá subirse a mi espalda.

Kagome rio.

—Vamos, Lin, saquémosle la montura a Ah Un y démosle un baño también.

—¡Si, Kagome-sama!

I—

Sesshomaru no podía encontrar una presa lo suficientemente grande para alimentar a cuatro youkai y un dragón. Debía alejarse mucho más si no deseaba que sus cachorros y vulpina pasaran hambre, pero dudaba en alejarse mucho de Kagome y Lin sin antes otorgarles alguna protección extra.

Iba a regresar a Shippo y luego los rodearía dentro de una barrera mientras él se iba de caza.

Al tomar esa decisión, se giró.

—¿Ya vamos a volver?— preguntó Shippo desde el hombro de Sesshomaru.

El fracaso era un sentimiento que a Sesshomaru no le agradaba en absoluto.

—Hn.

El joven kitsune alzó la vista hacia la dirección donde se encontraba el campamento.

—¿Kagome y Lin están bien?

—Todos están bien— le aseguró Sesshomaru, alegrándose de la preocupación que mostraba el kitsune por la manada. Había aceptado al zorro en la manada solo porque le debía ese favor a la vulpina, pero Shippo sería un motivo de orgullo para el Oeste con tiempo y entrenamiento adecuados.

Luego de esto, Sesshomaru desapareció en una explosión de velocidad, ansioso de ver a Shippo en los brazos de su madre y a la manada a salvo en una barrera.

I—

Llegó al mismo tiempo que percibía el aroma del miedo y de suaves sonidos de balbuceos y gorjeos.

Junto a la manada de Sesshomaru se encontraban sentadas dos mujeres humanas obviamente aterradas. Un tercer humano, aparentemente un bebé debido a su tamaño y aroma, se encontraba en los brazos de Kagome quien lo acunaba.

—¡Oooooh es tan lindo, si, de verdad que lo es, así es! – lo arrullaba la vulpina absurdamente.

Shippo saltó al suelo y se dirigió hacia el bebé humano para inspeccionarlo. Las humanas se sobresaltaron y, al ver a Sesshomaru, una de ellas rompió en llanto.

—Solo es Sesshomaru-sama— le dijo Lin a la mujer que lloraba mientras le ofrecía una corona de flores. Cuando la mujer no la acetó, Lin la posó con gentileza sobre el cabello negro de la humana.

Sesshomaru suprimió un suspiro. Por supuesto que la vulpina intentaría ser amiga de los humanos perdidos, incluso si ellos no querían tenerla cerca. Supuso que debería haberlo pensado antes.

—¿Qué hacen estos humanos aquí?— preguntó una vez que se posó frente a la vulpina.

—Escuché llantos y Kagome-sama me ayudó a encontrar de donde provenían— le contó con amabilidad la cachorra. Sesshomaru posó la mano sobre la corona que reposaba en la cabeza de Lin y le acarició la coronilla distraídamente.

—Debíamos ayudarlas, Sesshomaru-sama— continuó hablando Kagome— ¡Estaban viajando para visitar a un familiar y mataron a su esposo, luego se perdieron! Mira su rostro —dijo mientras le mostraba el bebe de mejillas regordetas— ¿No te lo comerías vivo?

Al oír esto, la mujer que lloraba se abalanzó hacia adelante, las lágrimas le brotaban tan gruesas y rápidas que apenas podía hablar.

—¡No, por favor no se lo coma! ¡Por favor tómeme a mi en su lugar, por favor perdónele la vida a mi hijo! ¡Deje que mi esposa—hermana se lo lleve de regreso a la aldea!

La boca de Kagome se desencajó de la sorpresa.

—¡No iba a comérmelo de verdad! —dijo tratando de calmar a la mujer escandalizada— ¿Por qué pensarías que querría comérmelo a él o a ti?

La mujer no respondió, la respiración se le dificultaba debido al llanto. Kagome dejó al bebe en los brazos de la mujer y se alejó.

—Van a comernos porque son demonios— respondió la segunda mujer, la que parecía más calmada— es lo que hacen.

No fue Kagome sino los cachorros que le respondieron:

—¡Hey, que seamos youkai no significa que seamos malos!

—¡Yo no me comería a un humano, yo solía ser humana!— dijo Lin.

Kagome sonrió tratando de apaciguar todo, pero las mujeres retrocedieron al verle los colmillos. La sonrisa de la vulpina de Sesshomaru flaqueó y alzó una mano hacia sus colmillos.

Él la sujetó de la muñeca antes de que ella pudiera completar el movimiento, ella nunca debía ocultar sus colmillos, mucho menos de esos dos mortales inmundos.

—Detén ese sonido— le ordenó Sesshomaru a la mujer que lloraba ya que el olor del miedo acompañado de los sonidos húmedos y resoplidos que ella producía lo llenaban de desprecio.

—Sesshomaru-sama— lo reprendió Kagome— la estas asustando.

—Ya tiene miedo.

Al olvidarse del lugar que a ella le correspondía, la vulpina giró la mano que él todavía le sostenía y entrelazó los dedos con los de él.

—Si, pero se sentirán mejor si no le damos razones para temernos.

Sessomaru dudó, pero comprendía que Kagome sabía más sobre los humanos que él. Asintió con la cabeza y Kagome le apretó la mano antes de soltarlo.

—Ahora vamos a ayudarlas. Las acompañaremos hacia su aldea y buscaremos a quien sea que haya matado a su esposo— les dijo a las mujeres.

Sesshomaru frunció el entrecejo.

—No me interesa en lo mas mínimo si los humanos entran en guerra.

—¡Ah!— dijo Kagome mirándolo con aquellos ojos azules que ahora le brillaban— pero no fue un humano quien mató a su esposo. Parecería que fue un ogro, además, ellas viven en el Oeste, eso las vuelve tus humanas, nuestras humanas. Debemos ayudarlas, es nuestro deber.

A Sesshomaru no le agradaba la idea de que otros youkai cazaran a los humanos que vivían en el Oeste ya que eso causaba constantes problemas que él debía resolver. Solía tener el habito de darles caza y exterminar a aquellos que eran tan desvergonzados o bajos como para molestar la paz que reinaba en sus tierras.

Él asintió.

Pero le permitió a la vulpina creer que ella lo había convencido del deber que supuestamente él tenía ya que la idea la hacía feliz y no causaba ningún daño.

CONTINUARÁ

¡Lamento profundamente la tardanza en actualizar! Estuve con exámenes toda la semana pasada y la anterior y no encontraba tiempo de traducir, recién hoy me liberé un poco y decidí ponerme las pilas con este capítulo así que los dejo con uno particularmente más largo de lo normal.

¡Gracias por sus reviews nuevamente!

Nos vemos pronto

Starebelle