EL CENTINELA

SIDESTORY: ESPACIO VITAL

Capítulo 3

Aurora

El doctor Geintz seguía trabajando en su laboratorio. Pese a que ese incidente con el guerrero beta había pasado hacía seis meses, no podía olvidarlo. Los esfuerzos por encontrar a ese extraño ser habían sido infructuosos. Y la guerra demandaba atención inmediata como para seguirse preocupando por ello, pero era algo que no había podido quitarse de la cabeza.

Sin querer, aquella visión había orientado su trabajo.

Las batallas continuaban y la guerra nuevamente parecía inclinarse a favor de Aran. Sus guerreros beta eran pocos comparados con los soldados acorazados de los aranitas. Las fuerzas en ese sentido parecían igualadas más por el número que por la fuerza. El mayor problema era ya la clara desobediencia de los guerreros beta hacia las órdenes de los humanos.

No entendía lo que pasaba y ya los guerreros beta habían definido la batalla en Parax pero solo quedaban cincuenta que tuvieron que enfrentarse a los soldados zuranos. Muy pronto, se dieron verdaderas batallas donde sin querer, aranitas y zuranos consiguieron derrotar a los robots.

La producción se había detenido y solo se usaba a los existentes. El gobierno tenía temor ante esos robots y eso había determinado el nuevo avance aranita. No pasaría mucho tiempo antes de que los agotados aranitas se lanzaran a la ofensiva. Las tropas en Parax habían sido ya abandonadas a su suerte. Casi sin alimentos solo les quedaba capitular.

La noticia de la capitulación aranita fue recibida con júbilo. Solo diez mil cayeron en manos de los zuranos y fueron enviados como esclavos a las minas en los planetas industriales donde era muy difícil que sobrevivieran mucho tiempo. Eso le parecía una tontería. Los prisioneros reemplazaban a los trabajadores que irían luego a pelear. Si perdían a los prisioneros, tendrían que traerlos de vuelta para trabajar. Esa labor no podía detenerse.

Los robots ya eran escasos y solo se usaban en los planetas colonia que quedaban y en Zur reemplazando a los hombres y mujeres que irían a la guerra. Por primera vez, empezó a reclutarse soldados en Zur. Las bajas eran demasiado grandes para que las colonias sostengan a la tropa. Cerca de tres millones de hombres y mujeres partieron al espacio.

La guerra ya había costado diez millones de vidas en Zur. Diez veces más cuando se pudo haber logrado la paz.

Geintz estaba recluido en su laboratorio desde que la producción de guerreros beta se suspendiera. El otrora poderoso científico estaba casi abandonado a su suerte y sin recursos. Pero eso no le importaba porque creía haber obtenido lo que buscaba. El Estado Mayor había cifrado sus esperanzas en un nuevo científico que replicó las armaduras aranitas y empezaban ya a usarlas en las batallas.

Y para eso usó a los prisioneros aranitas. Doscientos de ellos llegaron a su laboratorio y fue el último pedido que le concedieron. Aquellos prisioneros entre hombres y mujeres estaban en malas condiciones, resultado de las batallas o malos tratos pero para Geintz por lo menos servirían para la ciencia. Los zuranos no atendían a los prisioneros heridos y solo los arrojaban al espacio. Geintz pidió que les reservaran unos cuantos.

Tras varios experimentos y fracasos, solo quedaban veinte. Que ya estaban listos para entrar en acción.

...

—¿De qué clase de tontería me viene a hablar ahora?

—Vaya, como cambian los tiempos, almirante. Antes usted me buscaba desesperado y ahora tengo que rogar para que me conceda audiencia.

—Eso era cuando usted parecía tener la solución milagrosa para todo pero eso ya no es así. Tiene suerte que no le haya sacado de su laboratorio y siguiera con sus locuras en una celda acolchada.

—Le pedí que viniera a mi laboratorio para que vea mi última "locura".

—Cállese, viejo carnicero. ¿Quiere que vaya a ver lo que hace con los prisioneros que le mandamos? Lo último que me contaron, me hizo vomitar. ¿No me diga que ha sacado un nuevo plato como arma secreta? ¿Piensa indigestar a los aranitas ahora?

—No, bola de grasa. Mientras usted cifra sus esperanzas en imitar a los aranitas yo ya he encontrado la respuesta a todo. ¿Recuerda la película que me mostró hace un año?

—La recuerdo. ¿Qué hay con ello?

—Me di cuenta que si bien jamás encontraríamos a esa criatura me dio la idea de cuál camino seguir. Verá, los robots son soldados pero nada más que eso. Siguen un protocolo de batalla pese a su mayor poder y resistencia que los soldados acorazados pero no tiene lo que este. Inteligencia, capacidad de decisión, versatilidad y variabilidad en el pensamiento. Cosa que esa criatura parecía demostrar. El robot tiene sus habilidades de combate pero son las que le implanto y no va más allá. En cambio el humano, aprende y desarrolla más habilidad.

—Entiendo lo que quiere decir. ¿Qué relación tiene con los aranitas?

—Pues encontré la forma de tener todo eso. Tratar de imitar a la criatura que vimos. Un cuerpo y cerebro orgánico con las capacidades de un robot.

—¿Un androide?

—O un cyborg. Eso es lo que he hecho con los prisioneros aranitas.

No pasó mucho tiempo antes de que en el laboratorio se reuniera el Estado Mayor mas el Consejo con el presidente Rin a la cabeza. Geintz los esperaba y los recibe con un séquito de asistentes quienes sirvieron licores.

—Mi última reserva de licor tesaliano. Creo que la ocasión lo ameritaba.

—¿Y qué se supone que pueden hacer sus androides? —preguntó el presidente.

—Pueden volar gracias a un sistema magnético que modifican para crear un campo de repulsión con el magnetismo planetario. En el espacio pueden hacer lo mismo con sus cápsulas positrónicas mejoradas y amplificadas que generan un campo de energía que les permite impulsarse. Tienen receptores de distinto tipo que les permite captar la energía y recargarse cuando sea necesario. El campo de energía que forman alrededor de ellos puede expandirse y lanzar una descarga que destruye todo lo que toca y esta puede ser de baja, mediana y alta intensidad.

Es allí que Geintz decide enfatizar lo que pueden hacer aquellos androides.

—Pero lo más importante, señores, es que no tienen un cerebro positrónico. O mejor dicho, no uno completo. No están sujetos a las tres leyes pero el cerebro está bajo mi absoluto control. Pueden aprender y desarrollar nuevas habilidades lo que los convierte en adversarios versátiles. Son veloces y alcanzan velocidades tres veces superior a la del sonido.

—Increíble, si todo eso es cierto. ¿Podemos verlos?

—¿Que si pueden verlos? Pero si están aquí, señores.

El doctor señala a sus asistentes y estos se quitan las batas blancas. Parecían personas realmente a no ser por ciertas partes metálicas que se notaban en sus miembros y algunas partes de su cuerpo.

—Increíble, ¿son androides?

—Sí, todos ellos. Como ven, están plenamente condicionados. Los han saludado y atendido como lo haría cualquier anfitrión porque yo así se los ordené. Jeje, ¿sorprendidos?

—Bueno, ¿y qué pueden hacer?

—Lo verá usted.

Los veinte androides empezaron a levitar en la sala y luego empezaron a moverse rápidamente en vuelo sincronizado y girando dentro de aquel salón sin chocarse. Después, todos aterrizaron en línea. Una puerta se abre y entran dos guerreros beta.

—¿Guerreros beta? Creí que...

—Sé que es contra las órdenes que dieron pero conservé estos desactivados. Y ahora verán lo que pueden hacer. ¿Zuri?

—¿Zuri?

—Así se llama la preciosa que está allí. ¿Puedes destruirlos?

Los guerreros beta apuntan sus armas hacia la chica quien se lanza contra ellos eludiendo los disparos. Imperceptiblemente, se pone entre ambos robots y los coge chocando sus cabezas para luego dispararles. De su mano, sale una estela de energía que destruye a ambas máquinas.

—No puedo creerlo...

—Señores, he allí el arma definitiva. Este es el equipo zuran. Mis androides. Los aranitas no tienen ya nada que hacer. La guerra está ganada.

...

La señora Dentria recibía un mensaje a través de una cápsula. Era un modo de enviar información más confidencial que por el hiperespacio y por lo general era usado por los soldados. Es entonces que ella recibe su contenido.

«Madre, te hablo desde el sistema Arvasin. No quise que te decepcionaras de mí y seguí luchando en la guerra pero siempre atento a lo que pueda sucederte. Te mando con este mensaje, una medalla que me dieron en la batalla de Gim. Podría creerse que es muy difícil obtener una ahora que son los robots los que luchan pero ya no es así. Los robots dejaron de luchar hace mucho tiempo y nuestras tropas vuelven a combatir.

»Con una nave de abordaje conseguí atacar una astronave y abordarla. Fue un combate duro y pudimos tomarla. Creo que solo quedamos cinco y resulté herido. Por eso no te avisé antes ya que estuve un mes hospitalizado y me dieron la medalla en la cama. Ahora estoy mejor pero ya me están llamando al servicio ya que se necesita gente que apoye aunque no me mandarán al frente tan pronto. Conocí una chica llamada Fari. Es piloto de combate y también ya ha sido condecorada. Su familia es de Nexus y pronto irá allá para ver a su familia. Quisiera que la conozcas.

»La guerra es terrible, madre. No creo que esto se termine pronto. Aunque los aranitas tienen la iniciativa y solo nos limitamos a defendernos, los oficiales ya hablan de una nueva arma. No creo que sean las armaduras ya que no han resultado mejores que las de los aranitas pero al menos han ayudado. ¿Volveremos a lo de los robots? Ojalá que no. Los guerreros beta que quedan ya no son confiables. Los que quedan aún combaten y no nos hablan ni nos obedecen. Solamente luchan y cuando ya no hay aranitas, no dudan en atacarnos a nosotros.

»Se ha librado una verdadera batalla con ellos en Oxicran. ¿Recuerdas esa colonia? Papá nos llevó de vacaciones una vez pero de ella ya no queda nada. Primero los aranitas, luego los robots, y por último, nosotros la destruimos. Ya no queda mucha gente y la que está es media salvaje que vive según la ley del más fuerte. Nos odian como si no fueran zuranos. Bueno, en realidad no lo son, ya que nacieron en Oxicran y sienten que sufrieron en una guerra que no les incumbía.

»De las colonias solo quedan Nexus, Tikan y Masui. Este último tal vez desaparezca ya que la gente está evacuando. Supongo que Nexus se ha llenado de refugiados. Supongo que no los ves ya que el planeta estaba bastante desocupado pero imagino también que hospedarlos tomará tiempo ya que el planeta no tiene atmosfera y deben construir los refugios. Espero que hayan recibido gente en Zur que puede tenerlos mejor. Después de todo esa gente no tiene la culpa pero sea como sea es mejor a las minas en los planetas mineros de los aranitas.

»Familias enteras son deportadas y la mayoría muere comenzando por los niños. Tomamos uno y rescatamos cerca de mil zuranos. Podría pensarse que es mucho pero esperábamos encontrar cinco mil. Estaban, pero ya muertos. Los aranitas son muy brutales pero nosotros no nos quedamos atrás. Estuve también en otro planeta minero pero este era nuestro y vi a los colonos aranitas tratados peor que animales. La diferencia es que ahí uno no puede hacer nada, pero la brutalidad es idéntica.

»Disculpa que te cuente todo esto pero si no lo hago me volveré loco. Mis compañeros no quieren hablarlo con nadie y no los culpo o nos amotinaríamos. Ahora creo que mi padre tenía razón. La guerra es horrible y debimos haberla evitado. No hay nada de glorioso ya. Matar civiles no es honorable. Hemos perdido nuestro honor y a nadie ya parece importarle si nos hundimos más. Ya no distinguimos a los enemigos de los amigos. Antes tras cada batalla buscábamos sobrevivientes que floten en el espacio. Ahora los abandonamos y a veces dejan cargas termonucleares para que detonen por si hay sobrevivientes del otro bando.

»Bueno madre, ya te he mortificado bastante. Por favor, habla con Fari. Es una chica bonita y valiente y ella te contará más de mí. Seguramente no querrá hablar de la guerra y tal vez sea mejor. Cuídate.

»Tu hijo Dian.»

...

La pequeña casa de la señora Dentria era en cierto modo cómoda pero para ella, acostumbrada a los lujos en Zur, había sido un difícil acostumbrarse. Pese a los cuatro años transcurridos, aún le resultaba difícil vivir allí. Por eso recibir visitas, que nunca tuvo antes, la desconcertó y confundió bastante pero estaba haciendo los esfuerzos suficientes para ser una buena anfitriona.

Mientras servía una taza de aromatizante nexoniano con la mano temblorosa, miraba de hito en hito a la muchacha que tenía enfrente. Pese a los rasgos duros que toda soldado debía tener, se adivinaba a una chica agraciada. Quizás ese era el mayor detalle para la madre de Dian ya que consideraba afortunado que su hijo pudiera relacionarse con una joven que no tome en cuenta su pasado y deshonra. Creía que era lo menos que podía pedir.

—Lamento no poder ofrecerte más. El vivir sola y sin vida social me ha hecho olvidar algunos detalles de buena anfitriona. Por suerte, aún recuerdo aquellos ágapes en Zur. Seguramente mi hijo no te ha contado nada de eso. A él no le gustaban.

—No se preocupe, señora. Me siento bien y la verdad no estoy acostumbrada a ser servida. Mi familia cuando vino aquí, tuvo que empezar de la nada.

—¿No tienes parientes en Zur?

—Sí, pero solo los he visto una vez y no a todos.

—¿De dónde es tu familia?

—De la región Orianca. Cuando la revolución industrial llegó allí, faltaron tierras y sobró mano de obra. Decidimos probar suerte en el espacio. Claro que apenas me acuerdo, solo tenía tres años.

—¿Y dime, Fari? ¿Cómo te decidiste a ser piloto? No parece ser algo para mujeres.

—En estos tiempos ya no se hace esos distingos. Faltan pilotos y yo soy buena en eso. La verdad es que ahora el treinta por ciento de los pilotos son mujeres.

—Debe ser muy peligroso.

—Todo en la guerra lo es.

—¿Cómo conociste a mi hijo?

—En la batalla de Gim. Fue donde ganó la medalla y cuando lanzo su nave contra el acorazado. Decidí cubrirlo. No sabía quién era y le abrí paso. La verdad, es que una temeridad así me hizo creer que era un robot de batalla. Cuando me enteré que era un humano, quise conocerlo y él a mí pero solo lo pude ver cuando nos condecoraron. De ahí, aprovechamos la primera licencia para salir y... aquí estamos. Cuando supo que venía a Nexus me pidió que la visitara.

—Bonito detalle, no veo a mi hijo desde hace dos años y me siento muy sola.

—Pues, señora, justo me pidió si había pensado abandonar Nexus tal como se lo pidió.

—¡No! ¡Eso ni pensarlo! ¿A dónde iría? ¿Sigue con esas locuras de su padre?

—No son locuras, señora.

—¿Acaso piensas como él? ¿Qué pasa con los jóvenes de hoy? ¿En medio de una guerra piensan así? Viviré aislada pero sé que en Zur hablan de un arma definitiva.

—Lo sé. Lo escuché. Pero la verdad, creo que esta guerra terminará cuando no quede nadie. Solo quería hablarle de los planes de Dian y usted debe tomar una decisión.

—Bueno, no quiero pecar de intransigente. Pero dime antes, ¿han pensado en casarse?

—Aún no. La situación actual no lo permite.

—Entonces, ¿cuál es el plan?

—Lo que le voy a decir es aún secreto. ¿Ha oído hablar de Aurora?

—No, no lo creo.

Es allí que Fari continúa hablando:

—Es un plan que busca recoger supervivientes. Está dirigido por aquellos que creyeron en el sueño del almirante Gical y ahora buscan recoger supervivientes de todas las colonias destruidas y poder llevarlos a sectores más seguros. Lejos de la guerra.

—Refugiados, estamos llenos de ellos.

—No exactamente, una nueva colonia donde empezar de nuevo.

—¿Y dónde está?

—No lo sé. No me he integrado al plan pero Dian si y aspira que si la situación no se arregla poder llevarnos allí.

—¿Estás de acuerdo con eso?

—Lo estoy pensando. Mi familia esta aquí y también en Zur, además soy piloto de combate y tengo un sentido del deber.

—Y por lo visto mi hijo no.

—No lo juzgue mal. Él ha luchado con valor pero siente que no hay esperanza. En caso de que gane Zur la guerra, no quiere pertenecer a la sociedad que mató a su padre. Prefiere formar la suya propia. Pero seguirá luchando hasta que deba tomar una decisión y quiere que lo acompañemos.

—No. ¡Nunca! ¡Jamás! ¡Si amas a mi hijo quiero que lo hagas desistir de esa idea!

—Señora...

—Yo vengo de una familia de alcurnia. Si no me suicidé por lo de su padre fue por él. Para que tuviera a su madre en medio de esta lucha que no solo es por Zur sino por nuestro honor perdido. Pero si insiste en esto, no me necesita y prefiero morir.

—No creo que eso sea...

—¡Es lo último que pienso decir sobre este tema! Ahora pasemos a temas más agradables. Tal vez con esta medalla pueda hablar con el gobierno para regresar a Zur y persuadir que mi familia apoye a Dian para una boda como debe ser.

...

Dian estaba sentado con los índices apoyados en su mentón escuchando lo que le decía Fari.

—¿Es esa su última palabra? —le preguntó al fin.

—Lo es. Lo siento, Dian, si le insistía me hubiera echado de su casa y ya sabes que eso no hubiese sido un buen comienzo.

—Lo sé. Mi madre es muy testaruda.

—¿Realmente crees que al final puedas convencerla?

—Creo que solo la convenceré cuando ataquen Nexus pero eso por el momento es imposible. ¿Has escuchado de la nueva arma?

—No. Bueno, sí, pero no sé nada sobre lo que es.

—Androides.

—¿Androides? ¿Otros robots?

—Estos son distintos. No sé exactamente cuáles son sus capacidades pero si sé de su existencia, he de suponer que el enemigo también. Estarán preparados.

—¿Eso me asusta sabes? Después de lo de los guerreros beta, no creo que seguir en ese camino nos conduzca a nada bueno. Organismos cibernéticos ahora. Que seguramente deben tener mayor poder y autonomía. ¿Qué lograremos al final? ¿Quién será el derrotado? ¿Aranitas o zuranos?

—Creo que ambos. Los humanos. Pero olvidemos eso por ahora. Mañana partiremos y quiero pasarla bien. ¿Te quedarás esta noche?

—Porque lo dices. Tú y yo hasta ahora...

—¿No crees que ya es el momento?

—Soy muy a la antigua, Dian. Esa no es forma de cortejar...

—Puedo seducirte. Tal vez para mañana yo no esté vivo. ¿No te apiadas de un condenado a muerte?

La chica se arroja sobre el poniéndole el brazo en el cuello y manteniéndolo en el suelo.

—¡No lo digas ni en broma! Viviremos, Dian, viviremos. Si no es en Zur, será en Aurora. ¡Donde podremos seguir haciendo lo que haremos ahora!

...

Tal como se pensaba, los aranitas atacaron la última colonia de la periferie llamada Solaria y la destruyeron. Ahora se preparaban para avanzar contra el corazón de Zur y atacaron primero los planetas mineros.

Debió haberles llamado la atención la escasa resistencia de los zuranos pero encontrar a los colonos aranitas en aquel estado de miseria encendió sus ánimos. En poco tiempo, casi todos los principales planetas industriales cayeron en sus manos. Zur ya estaba herida de muerte.

La noticia llegó a Aran donde el rey Axelis III ordenó fiesta nacional y anunciaba que la guerra llegaba a su fin.

Por ello ordenó que la mayor parte de la flota se reuniera en Kiran, el último planeta conquistado mientras que el resto atacara Parax para reconquistarla. "Es hora de que esta guerra termine donde uno de nosotros deberá ser aniquilado", pensaba el rey.

En eso no se equivocaba.

...

El grueso de la flota aranita, cerca de ciento cincuenta naves, se concentró en Kiran para desde ahí lanzar la ofensiva. El objetivo era Oxicran, la segunda de las dos principales colonias que quedaban. Era necesaria tomarla ya que serviría de base para el ataque a Nexus y Zur. La batalla por Parax ya daba inicio donde el grueso de la flota zurana combatía contra ellos.

La trampa había funcionado. Zur debió suponer que Aran trataría de reconquistar primero Parax antes de empezar cualquier ataque y movilizaba el grueso de su flota. La batalla final sería en Oxicran. Los acorazados aranitas estaban comandados por la nave capitana "Axelis II". Doscientas naves de transporte para la invasión estando en ellas cerca de doscientos mil soldados aranitas de elite, junto con treinta mil armaduras de combate tipo detonador, soldados barrenadores y tanques articulados constituían la orgullosa fuerza de combate contra los zuranos.

El ataque comenzaría en diez minutos cuando den el salto hiperespacial. Los zuranos los detectarían antes de llegar pero ya sería demasiado tarde. La estrategia era demasiado buena ya que la flota solo se congregaría en Oxicran ya que estaban distribuidas en distintos sectores del sistema.

Todos confiaban en la victoria. El fin de los odiados zuranos estaba muy cerca.

...

—Majestad... —Uno de los consejeros se acercaba al rey Axelis III.

—¿Qué quieres? ¿Cómo va la batalla de Parax?

—Resisten, señor, pero acabaremos ganando.

—Eso me alegra. Si perdemos Parax tal vez no signifique mucho si es que ganamos Oxicran. No debemos perder esa batalla, ¿no es así?

—Sí, Majestad... pero…

—¿Pero qué?

—Creo que es una imprudencia haber enviado a toda nuestra flota. Solo nos quedan treinta naves de línea para protegernos y el grueso de la flota está en el corazón de Zur. Si perdemos...

—¡No perderemos! ¿Hasta cuándo seguiremos con esta guerra? ¡Tenemos la oportunidad de terminarla y para ello hace falta ser audaz! Con razón siempre estábamos un paso atrás. Si el Estado Mayor era como tú, ahora estaríamos aquí esperando a que los zuranos hagan el primer movimiento en lugar de pasar a la ofensiva. ¡Debí hacerme cargo de esta guerra desde un principio!

—Majestad, lo único que le pido es que la flota de vanguardia ataque Oxicran. Siempre habrá tiempo de enviar el resto allá depende de lo que encontremos.

—La orden ya está dada, consejero. Salga de aquí y no vuelva si no es con buenas noticias.

El consejero sale cabizbajo. La verdad tenía un mal presentimiento.

...

Fari estaba en Nexos cuando supo de la ofensiva en Parax. Sabía que Dian estaba allí y tuvo la natural preocupación de toda mujer enamorada. Fue cuando recibió la orden de ir a Oxicran.

—¿Qué? ¿Sólo treinta naves de línea? ¿Y cuántas tiene el enemigo?

—Según nuestros informes, llega a por lo menos cincuenta naves.

—¿Defenderemos nuestra última colonia de importancia con treinta naves? ¡Están locos!

—No discuta las órdenes, soldado. Aliste su nave que usted estará en la primera línea de ataque.

Esa noticia la dejó helada. Esa misión solo tenía un veinte por ciento de probabilidades de salir con vida.

...

"Espíritu Infinito. Te ruego que me protejas en este día. Yo no he querido matar nunca pero sé que he matado a muchos pero lo hice porque no tenía más remedio que obedecer como todo buen soldado", rezaba.

—¡Alteración del hiperespacio! ¡Naves enemigas aproximándose a una velocidad de diez años luz!

"Por favor, solo deseo que esto termine y pueda tener una familia. Te prometo que si salgo bien de esta, abandonaré mi puesto y ya no volveré a matar. Iré a Aurora donde viviré con Dian. Protégelo también a él", seguía el rezo.

—¡Por Dios! ¡Debe ser toda la flota aranita! Los sensores van registrando cincuenta... ochenta... ciento veinte... ¡Ciento cincuenta naves! ¡Son del tipo acorazado! Siguen apareciendo más naves. ¡Son las de transporte! ¡Es una invasión a gran escala!

"Protege también a mi gente. Si no sobrevivo, te ruego que con mi vida como anatema puedas parar esta guerra que nuestra estupidez ha librado. Ilumínalos como hiciste con Treik Gical", continuaba aquél rezo en forma casi desesperada.

—¡Que los Espectro despeguen! ¡Que frenen el ataque de los cazas!

Farin activa sus motores y su nave sale junto con mil más, lanzándose contra el mortífero ataque de los nuevos cazas aranitas Centella. Era una lucha desigual ya que las naves aranitas lanzaron dos mil cazas en respuesta, mientras sus cañones disparaban contra los zuranos.

—¡No podremos contra ellos! ¡Son demasiadas naves! ¡Oxicran está perdida! —gritó un oficial en medio de la batahola.

—¡Silencio, teniente! Debemos resistir. La ayuda vendrá en camino.

La batalla de los cazas parecían enjambres de mosquitos peleando entre sí en medio del avance de los destructores que no cesaban de disparar.

—¡Escuadrón Épsilon! ¡Dónde va! —exclamó Farin al ver a una escuadrilla lanzarse contra los destructores en una desigual lucha—. ¡No se preocupen de los destructores! ¡No podrán contra ellos! ¡Cuiden sus colas maldita sea!

Los cazas empezaban a ser destruidos por el fuego de los destructores o el ataque de los Centellas. Farin comienza a protegerlos derribando a las naves enemigas y destruyendo los cañones.

—Gracias —sonó una voz femenina en su intercomunicador—, pero no te preocupes por nosotros. Estaremos bien.

—¿Qué dices? ¡¿Quién eres tú?!

—Adivina...

Para su sorpresa, ve que la escotilla del caza se abre y el piloto sale despedido mientas su nave se estrellaba con el destructor causándole ligeros daños.

—¡¿Qué hizo?! Pero... —Farin se queda muda de asombro al ver que el piloto flotaba en el espacio y se quitaba su escafandra, dejando ver a una chica.

Tan asombrada estaba que no vio venir al caza aranita pero la chica si y estira su mano de donde sale un haz de luz que destruye al Centella.

—¿Quién eres tú? —Solo atinó a decir la muchacha como si la otra pudiera escucharla.

Esta le hace un gesto de que se aleje e inmediatamente se lanza contra el destructor.

Toda esa nave comienza a estallar lo que obliga a Farin a alejarse a toda velocidad. Los pilotos zuranos y aranitas son testigos de cómo los veinte destructores empezaban a destruirse como si algo invisible los estuviera despedazando. Farin sabía que no era nada invisible. Esa chica no debió ser la única, otros más debían de estar haciendo lo mismo.

—¡Qué demonios está pasando! —gritó el gran almirante Dobalin de Aran que se decidió comandar esta batalla personalmente a bordo del "Axelis II"—. ¡¿Qué pasó con los destructores?!

—¡Algo parece estar destruyéndolos, señor! ¡La tripulación de los destructores parece no saberlo!

—¿Qué clase de arma están usando? ¡Prepárense para un ataque masivo a toda la flota! Que avancen en cuña los acorazados y cubran a esta nave pero...

Dobalin no podía creerlo. A través del panel central pudo ver algo. Era un humano que estaba flotando frente a ellos y... ¡estaba vivo!

Fue lo último que vio Dobalin cuando un destello de luz se desprendió de la mano de aquel hombre y sintió un calor que le quemaba el cuerpo antes de la succión.

...

—Repítame eso —La voz del rey Axelis III sonó queda y sin emoción alguna, con la cabeza baja, sentado en su trono.

—Alteza, la flota en Oxicran ha sido destruida. Estamos esperando la confirmación de nuestras bajas pero no hay duda que no hemos podido ganar. Sabemos que la mayor parte de la flota de transporte ha escapado, pero la "Axelis II" con todos los destructores y la mayor parte de los acorazados ha sido destruida.

—¿Cómo pudo pasar eso? —preguntó el rey levantando la cabeza.

Ninguno contestó y el rey se pone de pie.

—Pregunte que... ¡¿CÓMO PUDO PASAR ESO?!

—Alteza... solo sabemos que fue... una nueva arma. Lo único cierto es que nos han derrotado. Pero hemos invadido Parax y ya se combate con los robots y las fuerzas zuranas que están allí. Se habla que...

El rey se va sin seguir escuchando y se refugia en sus habitaciones a las cuales fue como un ido ante la mirada de sus súbditos que ya adivinaban la razón. El monarca cae sobre su cama y ahoga un grito en las almohadas.

Para él, la guerra estaba perdida y todo lo que les quedaba era una lenta agonía.

...

—¡Jajaja! ¡Brindemos por el mayor cerebro de la galaxia! Por el doctor Geintz y sus androides. Gracias a él, ¡la victoria está asegurada!

Así el presidente Rin homenajeaba al doctor Geintz, padre de los androides.

—Aún queda mucho camino por recorrer —dijo el almirante Toran—. Solo hemos vencido a la flota aranita pero estos han aterrizado en Parax y ahí se combate.

—No por mucho, mi querido almirante. Quiero que usted vaya en persona con diez androides a Parax y aniquile a la flota aranita que está allí. El resto será comandado por mi hijo para darle el golpe de gracia a los aranitas en Kiran. Con esas batallas ganadas, tendremos a Aran en nuestras manos.

—¿Creen que los aranitas se rindan?

—Que lo hagan pero ésta será incondicional. ¡Jaja! ¿Se imaginan? Tener a su orgulloso rey... ¿cómo se llama? Ah, sí, Axelis III firmando la rendición. Vamos, caballeros. Brindemos, que el siguiente brindis será en lo que quede del palacio real de Aran. ¡Por Axelis III y su próximo fin!

...

Las naves aranitas decidieron ofrecer una desesperada defensa en Kiran. Esta vez, la flota zurana toma la ofensiva lanzando varios ataques contra los acorazados aranitas. Los androides ayudaron a definirla y luego se lanzaron contra las bases aranitas en los planetas industriales.

Fue una lucha encarnizada donde los androides no tomaban prisioneros y en tierra fueron tan efectivos como en el espacio. Al final de la batalla, todas las bases del sistema Kiran fueron recuperadas por los zuranos. Diez mil soldados aranitas y veinte naves fueron destruidas. El grueso de las tropas había sido replegado ya sin combatir para que protegieran las colonias.

Peor les fue en Parax. Los androides atacaron la flota y luego a las tropas en tierra donde hicieron una masacre en regla. Cincuenta mil aranitas cayeron en esa acción con más diez naves. El resto tuvo que huir. Pero fue en Parax donde un androide fue destruido por los aranitas, lo que les demostraba que no eran invulnerables. Los androides habían terminado de destruir a los pocos guerreros beta que quedaban en Parax.

En solo un mes, los zuranos habían recuperado todas sus antiguas posesiones y se aprestaban a dar el asalto final a las colonias aranitas. Para ello, los androides estaban listos mientras se entrenaban liquidando a los guerreros beta que aún estaban esparcidos por los distintos planetas.

...

Dian estaba empacando cuando entró Farin y se para en el umbral de su cuarto.

—¿Estás pensando en irte? —le dijo.

—Sí, lo haré. La guerra está casi ganada pero una vez que termine, nosotros seguimos.

—¿De qué hablas?

—De los androides. Ya deberías saberlo.

—Por Dios, Dian, estás exagerando. Ahora que la guerra terminará pronto, podemos labrarnos un futuro aquí.

—Farin, cuando usamos a los robots por primera vez, estos después se negaban a obedecernos porque el luchar contravenía las tres leyes de la robótica. Incluso se desactivaban para no tener que obedecernos pero no se fueron contra nosotros. Cuando usamos a los guerreros alfa debilitaron las leyes para que estos pudieran matar pero se convirtieron en un peligro cuando perdieron la capacidad de diferenciar al humano amigo del enemigo. Obviaron la tercera ley y parte de la segunda con los guerreros beta y acabamos luchando contra ellos.

Es allí que el tono de Dian Gical se torna más preocupado a medida que sigue hablando:

—Ahora están los androides, con un poder mil veces mayor que la de los guerreros beta y con total autonomía. Solo sujeta a un solo hombre y las leyes obviadas. ¿Cuánto tiempo pasará antes que se vuelvan contra nosotros?

—Entonces huyes...

—Escúchame, Farin. Quiero que hagamos esto juntos. Sé donde esta Aurora, siempre lo supe pero preferí quedarme, por Zur, por mi madre y ahora por ti. Ya es hora de que me vaya y me labre un futuro lejos de la estupidez y del desastre que se aproxima. ¿Me sigues?

—No, Dian, no puedo abandonar a los míos ni mi deber. Tengo que seguir en esto.

—Farin, no harán la paz. Solo se detendrán ante las ruinas de Aran porque este nuevo poder los está volviendo locos. Cuando hayan alcanzado la victoria, te apuesto que no hablarán de paz sino de conquista. Espero que te des cuenta.

Dian sale y deja sola a Farin. Ella pensaba ahora diferente de Dian y la esperanza había renacido en ella.

Solo el tiempo demostraría cuál de los dos estaba equivocado.

Fin del capítulo 3