Capítulo 15: La batalla
Kagome se entretuvo haciendo el fuego para que sus compañeros humanos no pasaran frio. Luego de un periodo de silencio en el que Sesshomaru se detuvo para observarla a ella, a los humanos y luego al cielo, el demonio pareció haber tomado a alguna clase de decisión. Le ordenó a Kagome que se quedara con los cachorros y los humanos y luego, para la sorpresa de esta (aunque tal vez no debería haberla sorprendido tanto), utilizó su poder demoníaco para crear una enorme barrera con forma de domo alrededor del campamento. Estarían a salvo mientras se mantuvieran dentro de este.
Luego se marchó anunciando que se iría a cazar con una voz tan baja que le advirtió a Kagome que no solamente iba a ir en busca de la cena. Esto produjo que una sonrisa de satisfacción se dibujara en el rostro de la vulpina ya que no cabía duda de que Sesshomaru se encargaría de los ogros que estaban aterrorizando a los humanos.
Una pequeña espiral de placer se desplegó en su estómago mientras pensaba en su alfa, su hombre, y lo poderoso que era, cómo iba a matar solo porque ella se lo había pedido. Percibía el sentimiento tan natural que jamás se le cruzó por la mente considerarlo perturbador, ni si en su forma humana se hubiera sentido tan orgullosa de lo mortífero que era Sesshomaru.
—Kitsune bi— murmuró Kagome por lo bajo y prendiendo fuego a la cuidadosa pila de leña que había creado, las encendió con flamas verdes que se tornaron en un naranja intenso.
Al alzar la mirada, Kagome les sonrió a las humanas que la contemplaban con cautela y recordó al último minuto que el sonreír tan solo las ponía más nerviosas.
Ellas la observaron y Kagome pudo oler su miedo y oír cómo le latían los corazones ¿Inuyasha siempre había sufrido una situación similar a esa?
—Me gustaría que me dijeran sus nombres— dijo intentando nuevamente calmar a las mujeres— de seguro no les debe gustar que las llamemos 'las humanas'.
La mujer que sostenía al bebé solo negó con la cabeza y se meció hacia adelante y atrás con su hijo. La mujer más tranquila pero feroz fue la que le respondió:
—¿Y darte poder sobre nosotras? Todos saben que una vez que un youkai sabe tu nombre estarás bajo su poder de por vida.
Kagome ladeó la cabeza.
—¿De verdad? Nunca antes había oído eso.
Los ojos de la mujer se entrecerraron, no respondió.
Kagome suspiró y sus colas cayeron rendidas.
—¡No les prestes atención!— dijo Shippo, Kagome se giró para verlo a él y a Lin sentados a horcajadas en uno de los cuellos de Ah Un— ¡Algunos humanos son así, pero no todos!
La cría de Kagome le brindó una brillante sonrisa y ella se la devolvió decidiendo creer en sus palabras ya que, si bien Shippo se veía más joven que ella y la trataba como a su madre, él poseía mucha más experiencia con esa clase de situaciones.
—Cando Sesshomaru-sama regrese las escoltaremos a su aldea— Kagome les dijo a las mujeres.
Pero dichas palabras apenas las calmaron por lo que Kagome las dejó solas junto al fuego y se dirigió al lado de Ah Un para observar a los cachorros jugar hanetsuki.
—I—
Estaba oscureciendo cuando sucedió el ataque.
Lin fue la primera en percatarse del aroma, comenzó a toser y a sufrir arcadas, se puso verde y se tapó la nariz. Kagome solo tuvo un par de segundos para preguntarle qué le sucedía cuando ella misma comenzó a ahogarse y los ojos se le llenaron de lágrimas.
Olía a cadáveres pudriéndose, a carne podrida, a enfermedad.
Olía a muerte.
Las mujeres los miraban con suspicacia, no eran capaces de sentir el olor que les impedía respirar a los youkai. Sin embargo, pronto se oyeron pasos fuertes y Kagome se percató de que esos debían ser los ogros ¿No era que Inuyasha siempre tenía problemas para luchar contra ellos en el pasado debido al olor?
—Todos quédense aquí y no entren en pánico— dijo Kagome en un grito ahogado dirigiéndose en principio a los humanos. Inhaló una gran bocanada de aire por la boca y luego tuvo peores arcadas que antes. Mientras más se acercaban los ogros peor era el aroma y ahora podía saborearlo incluso en el aire— estamos a salvo dentro de la barrera.
—¡No estamos a salvo aquí contigo!— gritó la mujer llorosa.
En ese preciso instante una descomunal criatura parecida a un hombre y de piel gris, arrugada y manchada de sangre se precipitó desde los árboles. Llevaba un garrote.
—¡Son ellos o nosotros!— ladró Kagome, luego se dirigió hacia la montura de Ah Un y sacó el arco y un carcaj de flechas.
Otro ogro se unió al primero y luego otro, y luego otro. En poco tiempo formaron una hilera y todos se detuvieron ante la barrera de Sesshomaru y observaron a las presas que no podían alcanzar.
Kagome colocó una flecha en el arco, una aureola de fuego zorruno se formó en espiral sobre la punta formando una neblina esmeralda. Recordó las lecciones que había recibido e intentó controlar su aliento para tranquilizarse y afirmar su pulso. Inhala, dos, tres, cuatro… exhala, dos, tres, cuatro…
Soltó la flecha al exhalar, la cual penetró la barrera y se dirigió al ogro que se encontraba parado más cerca de esta. No le pegó en el ojo por unos milímetros, pero la puntería de Kagome había mejorado mucho. La flecha se hundió con firmeza en la carne del rostro del ogro.
Y con una pequeña distorsión consciente de su poder demoníaco, Kagome hizo que la flecha explotara en llamas, luego hizo una mueca ante los gritos agudos de dolor resultantes de tal hazaña.
Uno menos, faltan seis, pensó, en los oídos todavía resonaban los gritos.
En ese momento las humanas se quebraron y salieron corriendo.
—¡Regresen!— gritó Lin mientras ambas huían.
Al menos tuvieron el buen juicio de correr en dirección contraria a los ogros.
Pero los monstruos observaron a las humanas y comenzaron a correr tras ellas rodeando la barrera en medio de la persecución y literalmente topando todos los árboles en el camino.
Kagome se mordió la lengua para no maldecir y les ordenó a los cachorros que no salieran de la barrera.
Si muero, Sesshomaru me matará, pensó. Sin embargo, no podía permitir que esas mujeres fueran asesinadas, no mientras estuviera ella para evitarlo.
Con eso en mente, Kagome comenzó a disparar flecha tras flecha en las espaldas enormes de esas bestias mientras se alejaban. Dos siguieron a las humanas, pero el resto regresó atraído por el dolor producido tanto por el metal como por el fuego zorruno. Uno de ellos agitó el bate y Kagome tuvo que saltar para evitarlo. Intentó apuntar nuevamente mientras caía, pero el viento produjo que las mangas de su ropa se interpusieran y se enredaran en la cuerda ¿¡Por qué no recordó atárselas a los hombros antes de comenzar a pelear!?
Lo siguiente que supo fue que se encontraba en el suelo esquivando y zigzagueando entre unas piernas gruesas como troncos y entre bates y puños que intentaban aplastarla. Un mano la atrapó, ella comenzó a forcejear e instintivamente grito:
—¡Inuyasha!
Pero Inuyasha no estaba ahí y tampoco lo necesitaba. En ese momento ella era igual de fuerte que él ¿verdad?
Se retorció en el agarre del monstruo que la había capturado, no podía alcanzar las flechas pero…
Clavó el arco en el rostro del ogro e hizo una mueca cuando la criatura de aroma fétido abrió la boca y aplastó el arma con los dientes.
El aroma que emanaba de esos dientes ennegrecidos y del tamaño de tocones hizo que la cabeza le diera vueltas. No podía ver debido a las lágrimas que se interponían, se le revolvió el estómago y en ese instante se sintió muy agradecida de que el monstruo no la hubiese devorado aún. Pero debido a que tenía los sentidos abrumados, se desmayó.
Volvió en sí luego de unos minutos o segundos para encontrarse recostada en el césped. Alzó la vista con debilidad y vio que Lin colgaba del brazo de la criatura que había atrapado a Kagome segundos atrás. De las garras y boca de Lin brotaba un veneno violáceo y viscoso.
Shippo estaba corriendo entre los ogros de la misma forma que Kagome había hecho antes guiándolos en lo que parecía una divertida cacería, aunque chillaba de miedo cada vez que uno de los golpes de los ogros caía muy cerca de él. Ambos cachorros parecían haber aprendido del error que Kagome había cometido: las pocas veces que respiraban lo hacían por la boca.
Ambos habían abandonado la barrera para evitar que la aplastaran.
¡Peligro! ¡Las crías! Necesitamos al alfa, las crías, la manada, matar, sangre, matar.
Kagome se puso de pie y se volvió para buscar a Ah Un.
—¡Encuentra a Sesshomaru!
Luego, con los ojos de un verde brillante, volvió a unirse a la batalla.
—I—
Sesshomaru se había alejado mucho en su cacería, viajaba en círculos cada vez más amplios en plena frustración en búsqueda tanto de una presa como de los youkai responsables de atacar a los humanos amigos de la vulpina. En dos ocasiones se encontró con escondites repletos de cadáveres putrefactos: animales, youkais menores y humanos. Había varios demonios que dejaban que la carne se sazonara de esa forma, pero ninguno de ellos era bienvenido en el Oeste ya que dichos hábitos alimenticios resultaban una ofensa para el olfato de Sesshomaru.
La última tribu perteneciente a esa clase de youkai, los kasha, si Sesshomaru recordaba con precisión, se habían mudado al Este en tiempos en que su padre gobernaba.
Estaba considerando discutir el asunto con Myobu, el Zorro Rojo del Este, cuando sintió la presencia de un aura familiar que se aproximaba a gran velocidad.
Era Ah Un.
En ese mismo momento Sesshomaru compendió que algo andaba mal.
Sin esperar a que el dragón lo alcanzara, se trasformó en una bola de luz y utilizó una gran cantidad de su energía para dirigirse con rapidez hacia el campamento donde había dejado a la manada.
Encontró la zona quemada con fuego zorruno y un olor fuerte a kasha en el aire. La barrera que había creado estaba vacía, con tan solo los restos del campamento abandonado en su interior.
Sintiendo nauseas, Sesshomaru aguantó la respiración para impedir que el hedor putrefacto de los kasha lo dejara inconsciente. Los sentidos le daban vueltas. Los Kasha eran criaturas asquerosas, una clase de ogros parecidos a enormes humanos corpulentos de piel gris y arrugada, eran carroñeros y generalmente mataban y guardaban los cuerpos de sus presas en madrigueras a la espera de que la carne se pudriera para poder consumirla.
Sin poder recurrir al olfato para encontrar a su vulpina y cachorros, Sesshomaru utilizó su aura demoníaca.
Nada.
Con los ojos ámbar encendidos, apretó la mandíbula y se esforzó en concentrarse. Seguiría las huellas y otras señales que los kasha hubieran dejado distraídamente en el camino.
Apenas había avanzado cuando encontró al primer ogro muerto, una flecha sobresalía del rostro chamuscado de la bestia.
A los pocos metros yacía el arco de la vulpina partido a la mitad.
Sesshomaru gruñó, las franjas magenta comenzaron a vibrarle mientras combatía el instinto de adoptar su verdadera forma y devastar el lugar hasta que le devolvieran a su manada.
Destruir, sangre, sangre, veneno, destrozar, desgarrar, manada, manada, cachorros, llamaba la bestia perro en su interior.
No, se dijo Sesshomaru a sí mismo.
Continuó su camino entrecerrando los ojos.
El siguiente kasha que encontró seguía con vida, pero estaba recostado y respiraba con dificultad. Sesshomaru no podía arriesgarse en buscar con el olfato algún rastro de veneno que estuviera produciéndole esos efectos, pero reconoció los síntomas así como el brillo púrpura alrededor de unas pequeñas perforaciones en el brazo enorme del kasha.
Dentro de Sesshomaru se combatían el orgullo y la furia ya que le resultaba muy claro que había sido Lin la que envenenó a ese kasha con el ataque de sus pequeñas garras.
Sesshomaru partió el desafortunado monstruo a la mitad.
Estaba perdiendo el control legendario que poseía con muchísima rapidez, así como también la la razón: su cachorra se había perdido, sus kitsune se habían ido. Los ojos de Sesshomaru comenzaron a brillar de un tono rojizo y su aura se expandió a su alrededor e invocó un viento sobrenatural. Las ramas de los árboles cercanos se agitaron debido a la fuerza que él causaba, cualquier otro perro hubiese perdido la voluntad de contener esa forma humanoide.
Se contuvo con todas sus fuerzas, las únicas razones por las que todavía se contenía eran la necesidad de encontrar a su manada y los siglos que había soportado para dominar su cuerpo e instintos a su voluntad.
Había movimiento frente a él. Sesshomaru se lanzó hacia el punto en una nube plateada con las garras contraídas.
Y se encontró consigo mismo.
Se detuvo en seco.
El otro Sesshomaru ladeó la cabeza y bajó las garras que habían estado preparadas para atacar y dijo con voz aguda y baja:
—Sesshomaru-sama, gracias a kami.
En ese instante Sesshomaru se percató de la sombra de su otro yo.
Era la sombra de un kitsune, pero no de tres colas.
Sino de cuatro.
Las colas se mecían orgullosas, bien separadas del cuerpo y ya no enroscadas en el nudo del cinto como ella solía usarlas.
—Kagome…— dijo Sesshomaru al ver cómo se desvanecía la magia de transformación y la abrazó inclinándose para presionar la nariz contra el cabello de ella. Al final, él volvió a respirar y lo hizo con el aroma de ella. Gruñó al sentir el olor de la sangre.
Se trataba del hombro izquierdo de la vulpina, acercó la boca a la herida y la lamió.
—Sanará, no te preocupes— murmuró ella.
—¿Y los cachorros?— preguntó.
Kagome sacó una caja de origami del cinturón y con una garra la abrió.
Los cachorros aparecieron tras ella.
Él se dirigió hacia ellos, Lin le abrazó a las piernas y Shippo trepó por la manga de su ropa hasta reposar sobre uno de los hombros de Sesshomaru, contoneándose para esconderse bajo moko—moko.
Ambos estaban ilesos.
Por fin la vista roja de Sesshomaru comenzó a desvanecerse.
—Asumiste mi forma— le dijo a Kagome y se giró para observarla.
Ella se encogió de hombros.
—No pude pensar en algo que causara más miedo.
CONTINUARÁ
¡Muchas gracias nuevamente por todos sus reviews!
En respuesta a algunos, sí, ¡por suerte me fue muy bien, ya oficialmente me recibí de traductora! ¡Muchas gracias por preguntar y preocuparse! 😊😊😊
En respuesta a otros en los que me comentaron que la historia va lenta y no pasa nada entre Sesshomaru y Kagome, lamentablemente no quiero spoilear nada, solo puedo comentarles que la historia entre ellos sigue más o menos el paso del anime de Inuyasha original, digamos que entre Inuyasha y Kagome las cosas no se daban muy rápido que digamos, el amor de ambos fue construyéndose de a poco, a medida que transcurría el ánime fue aumentando la química y la tensión entre los dos personajes. Pues bien, aquí pasa algo muy similar, aunque me apuré en actualizar para que vean que algo así acaba de pasar, Sesshomaru la ha llamado a Kagome por su nombre por primera vez, incluso, por si no se dieron cuenta, él mismo empezó a pensar en ella como "su" vulpina y no como "la" vulpina. Son cosas muy sutiles que con el pasar de los capítulos va aumentando. Además… ¡este fic tiene 60 capítulos! ¡Si la acción llegara toda de golpe entonces ya no tendría nada que contar en los 45 capítulos que quedan por delante! Espero que esta larga explicación sumada al final de este cap haya ayudado a no desalentar a nadie. ¡Agradezco igual la sinceridad y las críticas constructivas!
¡Nos vemos pronto!
Starebelle
