EL CENTINELA

SIDESTORY: ESPACIO VITAL

Capítulo 4

Fusión

Los combates proseguían aisladamente en los núcleos de defensa aranita. El último en caer fue Tesala. La otrora próspera colonia ahora solo era un montón de ruinas ya que se combatió ferozmente.

No pasó mucho tiempo cuando se dio el primer ataque en la llamada estrategia de "saltos planetarios". Grupos de androides fueron lanzados hacia las colonias, cayendo estas una por una. La primera fue Mixi que fue arrasada por completo. Si bien, solo tenía ya cinco mil habitantes, los aranitas decidieron resistir hasta el último hombre.

...

Aran siempre había sido multirracial. Dividido en clanes, se podía decir que su historia era más larga que Zur. Pasó mucho tiempo antes de que los clanes alcanzaran la unión entre ellos. Así nació la primera dinastía aranita.

La actual era la vigésima y llevaba diez generaciones ininterrumpidas como gobernantes. La era espacial trajo calma para que la dinastía pudiera gobernar ante el entusiasmo del pueblo por la conquista del espacio y luego la instalación de las colonias. Se podía ser próspero fuera de Aran.

En eso pensaba el rey cuando los jefes de los clanes, cuyo poder había sido simbólico, ahora parecían querer ejercerlo.

—Rey Axelis, sus mentiras se las puede guardar para los demás. Estamos bien enterados del desastre en Oxicran y la pérdida definitiva de Parax. Las diecinueve colonias restantes o lo que queda de ellas, están en peligro. ¡Es hora de que resigne el mando de esta guerra a los señores guerreros!

—¿Creen poder hacerlo mejor que yo?

—No lo haremos peor y trataremos de salvar lo que se pueda y eso incluye parlamentar con los zuranos.

—¿Creen que no lo he intentado? Ahora están ensoberbecidos por la victoria y solo quieren nuestra rendición incondicional. A no ser que eso quieran.

—¡De ninguna manera! Si queremos parlamentar con los zuranos es para ganar tiempo. ¿Qué tanto se sabe de la nueva arma?

—No mucho. Son androides de un poder inmenso. Uno solo puede destruir una nave acorazada en diez segundos. Son indetectables e invulnerables.

—No exactamente —intervino uno de los consejeros—, uno fue destruido en Parax.

—Pues necesitamos más datos. ¿Hay algún testigo de ese hecho?

—Sí, un soldado llamado Riaronox. Estuvo allí y por suerte fue rescatado en la huida.

—Necesitamos ganar tiempo —dijo uno de los jefes—. Requiero se me permita ir a la zona de guerra. Quiero ir con mis kirimpes.

—¿Los kirimpes? —dijo el rey—. Creí que ya no existían.

—Para usted, no. Ellos son demasiado dignos para formar parte de su ejército. Solo salen a la luz cuando Aran está en peligro. Acudiremos a la guerra con cinco mil kirimpes y protegeremos la colonia Nobusor. Espero que los demás hagan lo mismo cuando llegue el momento.

Días después, la legión de kirimpes, sombríos y silenciosos abordaban las naves con sus armas tradicionales. Nadie acudió a despedirlos pese a que iban a la muerte.

...

—Los kirimpes van a la muerte y lo saben. Ni con toda su habilidad en las armas podrían enfrentarse a un ser que puede destruir un acorazado él solo.

La voz del nuevo almirante Gardan se hace escuchar en medio de los jefes guerreros pero estos solo lo miran despectivamente.

—Eso lo saben perfectamente. Pero para ellos no hay muerte más digna. Si acuden es que en sus leyendas está que ellos pelearán contra un ser que vale por un ejército.

—Los androides no desperdiciarán la oportunidad de luchar cuerpo a cuerpo. Eso les tomará tiempo, el cual necesitamos para encontrar la forma de vencerlos.

—Tenemos aquí el testimonio del soldado Riaronox. Habla de que aprovecharon un momento de desconcierto del androide para dispararle con un cañón megaplásmico que le voló la mitad del cuerpo. Y aun así, siguió luchando hasta que un nuevo disparo lo terminó.

—¿Y por qué el androide estaba desconcertado?

—No lo sabe pero eso disminuyó su capacidad de pelea. El testimonio del soldado nos permite reflexionar la razón y lo determinante es que ese androide tenía rasgos físicos aranitas.

—¡¿Qué?! —exclamaron todos.

—Así es. Sospecho que usaron cuerpos de prisioneros nuestros para experimentar. Es lógico ya que los zuranos preferirían eso antes de experimentar con los suyos. Eso quiere decir que los androides zuranos son cuerpos de aranitas con partes cibernéticas.

—Es horrible. Hacen que aranitas maten aranitas. Deben de estarlo disfrutando.

—Desconocemos en absoluto la tecnología utilizada para crear un androide así pero nada ganaríamos tratar de emularlos porque no hay tiempo. Debemos tratar de crear un arma que se les oponga.

—¿Algo como qué?

—Creo que el testimonio del soldado ya nos dio la dirección.

...

El ataque a la colonia Nobusor fue repentina pero ya los estaban esperando.

Una batalla encarnizada se dio contra los aranitas. La orden de no evacuar colonias tuvo como resultado que murieran muchos inocentes. Cuando las tropas zuranas ocuparon el planeta tras la masacre de los androides tuvo dos sorpresas inesperadas.

La primera de ellas es que las tropas que aterrizaron fueron inmediatamente atacadas y destrozadas. Los kirimpes entraban en acción. Armas de rayos contra espadas. La lucha desigual tuvo un resultado sorprendente. Los kirimpes eran expertos en el combate cuerpo a cuerpo y los zuranos fueron arrollados. Los androides tuvieron que regresar.

La batalla entre androides y kirimpes alcanzó proporciones épicas. Un solo androide podía enfrentar solo a veinte kirimpes y derrotarlos, pero se negaron a obedecer una definición rápida. Los androides parecían felices de enfrentarse a rivales tan decididos y valientes. Los zuranos tampoco dejaban de apreciar el valor de estos nuevos combatientes pero el resultado era obvio.

Pese a ello, los androides tuvieron dos bajas.

La primera de ellas fue con el enfrentamiento con los últimos kirimpes que quedaban con un androide. Cuando los soldados zuranos tomaron el lugar, no encontraron al androide que luchaba allí y no lo encontraron más.

El segundo, lo cual fue la segunda sorpresa, fue cuando entraron a una ciudad destruida y es en eso que en medio de las ruinas encontraron a una androide de rodillas. Cuando se acercaron, descubrieron que acunaba entre sus brazos a un niño muerto. Cuando los soldados le preguntaron que le pasaba, la androide respondió:

—Había olvidado que dejé a mi hijo en esta colonia. Por favor, entiérrenme junto con él.

El oficial le disparó y la androide no se resistió. Luego hicieron lo que les pidió pero en ellos ya estaba la inquietud. Era obvio que los cuerpos usados para fabricar los androides eran cuerpos de aranitas. ¿No era natural que sus cerebros también? ¿No era de esperar que algunos recuerdos sean despertados? ¿No recordarían lo que fueron alguna vez como lo hizo la androide?

...

—Calma, calma —decía Geintz al presidente Rin.

—¡¿Acaso no anuló sus recuerdos?! Si pasó esto, habrá más androides que recuerden su pasado a medida que vayan llegando a los territorios aranitas. ¡Dentro de poco se volverán contra nosotros!

—No se preocupe, señor presidente. La ciberciencia no puede predecir esto y mucho menos en cerebros muertos reanimados pero eso no significa que no lo haya pensado. En caso de que los androides escapen a nuestro control, he insertado un sistema de desactivación o autodestrucción que puedo activar cuando quiera. Los androides no lo saben así que si pasa algo anómalo, simplemente los desactivaré pero no creo que eso sea lo adecuado en plena ofensiva.

—Eso dijo de los beta y al final nos ocasionaron tantas bajas como los aranitas.

—Pero por ellos ganamos unas cuantas batallas. Por los androides, ganaremos la guerra.

...

Las batallas continuaron. No había flota aranita que les saliera al frente y los zuranos atacaban a su gusto las colonias. Tras la conquista de Nobusor siguió la de Rekin, la cual fue devastada y la población civil deportada. No hubo bajas en los androides.

El mismo destino siguieron Denker y Saudan. En esta última, los kirimpes también aparecieron y pelearon ferozmente pero no fueron tanto problema para los androides.

Solo restaban ocho colonias más. Las otras ya estaban devastadas por la guerra desde el inicio de ella. Prefirieron atacar las colonias más ricas y poderosas. El saqueo no se hizo esperar. Las familias zuranas recibían regalos de sus hijos que luchaban. Joyas, artefactos, metales preciosos, obras de arte y otras cosas llegaban diariamente a Zur y a las colonias que quedaban.

La flota zurana se había convertido en una flota pirata que saqueaba lo que dejaban los androides y deportaban a los civiles sobrevivientes. La esclavitud en las colonias empezó a hacerse común, aunque muchos acababan en las minas donde morían rápidamente.

Farin integraba la fuerza de avanzada y los gritos de los muertos llegaban a sus oídos pero se los tapaba. No quería escuchar. No quería ver.

...

El joven Dian Gical llegaba a un planeta desértico junto con su guía comerciante quien coloca una señal en el suelo y la activa.

—¿Qué es eso?

—Un transmisor de ultraonda. Ustedes no lo tienen y nosotros lo vendemos. Espera y verás.

Pasaron horas antes de que una nave llegara. La señal había tenido respuesta. Esta aterriza cerca a ellos, y dos figuras bajan de ella y Dian les sale al encuentro.

—¡Señor Vanderve! ¿Usted?

—¿Por qué te sorprende? ¿No te dije que iría tras el sueño de tu padre?

—Pues pensé que habría muerto en la guerra.

—Pues no fue así. Te presento a mi compañero, Piaca.

—Es... aranita.

—El treinta por ciento de Aurora lo es —respondió Vanderve—. El señor Piaca fue gobernador de Mixi en los tiempos de tu padre y fue quien se entrevistó con él por primera vez.

—Eres muy parecido a él. Gusto de conocerte.

Ambos se estrechan la mano y Dian mira a Vanderve.

—¿Y ahora?

—Ahora nuestro buen amigo comerciante se irá y tú vendrás con nosotros. En ruta a Aurora.

...

Dian baja de la nave y se sorprende al ver aquella ciudad resplandeciente y universal. Aranitas y zuranos compartían las calles sin distinciones.

—La llamamos Aurora porque esto es un nuevo amanecer. Atrás ha quedado la guerra y la estupidez de los que la dirigen. Aquí estamos en paz.

—¿Cuántos habitantes hay?

—Cerca de tres millones. El planeta nos ofrece numerosas posibilidades. Este sector de la galaxia tiene innumerables planetas parecidos lo cual nos permitirá extendernos. Cuadrillas de trabajadores viven en esos planetas construyendo nuestras futuras ciudades y refugios en caso de peligro.

—¿Peligro?

—No podemos obviarlo. Quien sea que gane la guerra algún día llegará a nosotros. Debemos estar prevenidos.

El sol de Aurora era esplendoroso y Dian parecía embriagado en ello cuando camina se choca con algo. Era un monumento donde el nombre de Triak Gical estaba grabado.

—¿Mi padre?

—Fue aquí donde aterrizó. Justo allí. Él descubrió este planeta y nos dejó las cartas astrales para ubicarlo. Nuestros planetas base los hemos descubierto nosotros.

Dian se quedó mirando un buen rato aquel monumento pero inmediatamente supo que estaba palpando el sueño de su padre.

La pregunta era si algún día podría compartirlo con los que había dejado atrás.

...

Rasamena era ya un montón de ruinas humeantes cuando los androides la abandonaban sin bajas. Los zuranos hacían el repaso si es que quedaba algo que saquear.

Una nave estaba detenida y su tripulante veía al vehículo que transportaba a los androides pasar. Era un hombre, o mejor dicho un androide.

—¿Acaso los vas a seguir? —Quien hablaba era una mujer y por sus ropas y apariencia era una kirimpe que estaba postrada con las piernas rotas.

—No...

—¿Entonces? ¿Qué hacemos aquí? ¿Por qué no me mataste en Nobusor?

—No lo sé.

—¡Mataste a mis compañeros! ¡Maldito monstruo! ¡Mátame también!

—Ya basta de muertes.

El androide abandona el ambiente y se va a la sala de controles. No tenía idea porque había hecho eso.

Solo que la chica le parecía muy bella.

...

En Galam, los androides tuvieron dos bajas. Los aranitas los esperaban con cañones protónicos de alta intensidad. Esta vez el combate fue demasiado duro y los zuranos tuvieron que intervenir. Tras una batalla en tierra y espacio, Galam también fue tomado y destruido. Los androides volvieron a lanzar un nuevo ataque a la colonia más próxima, Sixidan.

Los aranitas quemaron allí las últimas reservas de su flota, utilizando todas sus armas de última generación. El resultado final fue que la mitad de la flota de operaciones zurana fue destruida, junto con tres androides pero toda la flota aranita fue destruida. Los kirimpes volvieron a luchar en tierra hasta el último hombre.

...

—¿Qué podemos esperar ahora? —dijo uno de los señores de la guerra al grupo científico que trataba de diseñar una nueva arma—. El siguiente objetivo es Marsa. No hay flota que la defienda y las tropas en tierra no pueden detener a los androides.

—Pero si puede demorarlos y el tiempo es lo que necesitamos.

—¡Malditos científicos! Cada minuto representa mil aranitas. ¡Necesitamos saber cuánto más nos va a costar que ustedes terminen!

—Lo que necesitamos es poder establecer un patrón que coincida con cada androide. Solo así lograremos lo que pretendemos. Por ahora, debemos usar los transmisores. Las naves que nos quedan deben de bombardear con imágenes a los androides identificados para despertar los recuerdos en ellos. Como ven, viene dando resultado y mengua su capacidad combativa, momento adecuado para destruirlos. También deben ser probados los cazadores robotécnicos y eso corre a cuenta de ustedes.

...

Mensaje holográfico del soldado Tamen Gisi de las fuerzas especiales aranitas:

«Madre, ya han pasado dos meses desde que nos despedimos y hace diez días que estoy en Paratron. Ya los zuranos han llegado junto con sus diabólicas máquinas y hace dos días que combato. Es muy duro pero confío en poder detenerlos aquí. No te mentiré diciéndote que no hay peligro pero la moral de la tropa esta en alto y me han puesto en una unidad muy bien dotada de armamento.

»Con esta puedo volar y atacar sin ser detectado. No es como la que usaba en la escuela de entrenamiento. Esta es articulada y dispone de cuatro cañones protónicos y motores que me permiten volar. No a gran altitud pero eso no tendría sentido. Volar a ras del suelo y atacar a las líneas enemigas es la mejor estrategia.

»Con los androides chocamos una vez. Si bien perdimos muchas naves, estoy seguro que habremos destruido uno. Es sorprendente la velocidad y el poder que tienen pero puedo enorgullecerme que le acerté de lleno con un disparo. Eran dos y el que quedaba empezó a atacarme por lo que tuve que retroceder. No lo tomes por cobardía pero un soldado debe saber cuándo pelear y cuando retroceder. No estamos para muertes inútiles. Por eso no sé qué pasó con ese androide si lo destruí o no.

»Es sorprendente como se mueven y debes de tener los reflejos rápidos. Se debe usar mucho la intuición pero los demás usan la computadora y ese es el error. Cuando la computadora localiza el blanco este ya se ha movido. El piloto se demora en leer la información y es destruido. Lo mejor siempre es anticiparlo y atacar en equipo. Hay algunos que se creen invencibles porque usan estos equipos y no se explican porque no pueden vencer a los androides pero la verdad de las cosas es que la capacidad de los androides es mucho mayor y por eso debemos atacar en grupo.

»Mañana volveremos a entrar en acción. Me dijeron que si comprobaban la destrucción del androide me condecorarían con la medalla Sol. La mayor condecoración en el ejército. Me gustaría ir a ver dónde peleamos para buscar los restos del androide pero es peligroso. Mañana iremos diez escuadrones y atacaremos las líneas enemigas. Creo que si lo he destruido porque los zuranos no han avanzado este día. ¡Te imaginas! ¡Diecinueve años y condecorado en acción!

»Si me condecoran podré pedir permiso para estar con ustedes. Por lo general, a los que tienen estos éxitos los sacan del frente para que entrenen a los nuevos y mi oficial me ha dicho que es lo más probable si se comprueba lo que hice. Bueno, me alistaré a dormir que mañana será un gran día. Saludos a papá y mis hermanas. Cuídense y tengan fe. Ganaremos.»

Cápsula entregada a la familia Gisi junto con la medalla Sol tras comprobarse la muerte del androide. Tamen Gisi murió al día siguiente de hacer el mensaje. Su cuerpo no pudo ser hallado.

...

Paratron cayó tras dieciocho días de combates. No había acorazados que protejan a las colonias por lo que las invasiones se hacían con facilidad. Mixi II fue destruida de igual manera. Pese a la pérdida de un androide más, esto no parecía detener la ofensiva.

Fue en las ruinas de Mixi II donde cayó el segundo androide.

—Kisos, ¿qué estamos haciendo? —preguntó una androide a otro, quien estaba parado con un pie apoyado en una piedra.

—No te entiendo.

—Cuando luché contra un kirimpe, uno me dijo "perra traidora". ¿Somos traidores? En algún lugar de mi memoria algo me dice que nosotros pertenecimos aquí.

—No hagas caso. Nuestra obediencia es a Zur y al doctor Geintz, nuestro padre.

—¿Por qué murió Padis? Recuerdo cuando la vi removiendo los escombros en Nobusor como si buscara algo.

De improviso, de los escombros sale un kirimpe y atraviesa el cuerpo de la androide con su lanza láser. Al segundo, era una ruina humana por el disparo del androide varón quien se acerca a su compañera y la sostiene.

—Padis, ¿por qué no previniste ese ataque?

—Porque... creo que la muerte me dará las respuestas que busco. Adiós, Kisos.

El androide cerró los ojos y se desactivó. Se elevó en busca de sus compañeros pero algo dentro de él había cambiado.

...

Kaladon fue atacado seis días después pero esta vez los esperaban.

Entraron en acción los cazadores robotécnicos que eran aparatos voladores articulados y veloces. Se dieron duelos personales entre estas unidades y los androides. Pese a ser duros rivales, los androides los fueron derrotando, pero dos androides cayeron en esa acción. Uno por obra de los cazadores.

El piloto Andrie Rier fue perseguido por un androide que no dejaba de dispararle y solo su pericia consiguió salvarlo antes de pasar a la ofensiva. Ascendió hasta la estratósfera donde la maniobrabilidad del androide era menor y uso los cohetes retropropulsores para lanzarse hacia atrás.

Al colocarse de forma perpendicular al androide, usó los cañones protónicos movibles para lanzarle varias descargas que lo dañaron por completo ya que fue un movimiento que el androide no pudo predecir. Las baterías de tierra hicieron el resto.

La alegría de los aranitas fue enorme y se lanzaron al ataque en masa e hicieron retroceder a los zuranos. Los tres androides asignados a esa colonia y que estaban en reparaciones tuvieron que intervenir para detener la ofensiva enemiga. El piloto Rier fue sacado del frente y enviado a entrenar a los jóvenes pilotos de los cazadores.

...

Mensaje holográfico de la teniente Farin Moses a su familia en Nexos:

«Hola papá y mamá. Me alegró mucho que la tranquilidad haya retornado a Nexos y que la gente se vea tan próspera por las cosas que mandan los soldados a sus familias. Supongo que ustedes estarán pensando porque hasta ahora no les mando nada. El primer motivo es que soy piloto y no lucho en tierra, pero eso no significa que no haya bajado para reparaciones o abastecerme aunque siempre he evitado eso y prefiero hacerlo en las naves, pero en más de una ocasión he aterrizado y es por eso el segundo motivo. No podría mandarles nada que este manchado de sangre.

»No quisiera llegar a casa y encontrarme con algo que me recuerde lo que pasa aquí. Hasta los androides demuestran más humanidad. Vencen toda resistencia y se retiran. Llegan nuestros soldados y matan todo lo que ven y se llevan todo lo que quieren. Algunos se divierten haciéndolo. Por ejemplo, nuestro vecino Kadi Rierkum.

»Justo me comentaban que le había mandado a su familia varios regalos muy bonitos. Para conseguirlo, entró a una de las casas en pie y mataron a los sobrevivientes. Ni siquiera tuvieron la piedad de dispararles sino que los mataron con cuchillos y con golpes. Hasta ahora escucho los gritos. Comprenderán que allí no hay ya hombres que defiendan a las familias.

»He protestado por ello y he sido castigada. En cierto modo me alegra ya que ahora me tienen entrenando a los pilotos de los Espectros. Están tan confiados en los androides que no han diseñado nuevos cazas y los Espectros no son rivales para los nuevos cazas aranitas. A ellos no les importa y nuestra misión es de distraer al enemigo mientras llegan los androides.

»Odio a los androides, pero más odio a mis compañeros por lo que hacen en las colonias. Pero no dejo de pensar en aquella androide. Averigüé que se llama Zurin. No la he vuelto a ver pero me parece que fue ella la que me hizo un gesto en Galam pero eso fue muy rápido. Cuando termine la guerra espero que estén de acuerdo conmigo en dejar Nexus. No quiero estar cerca de nada que me recuerde esta guerra.

»Espero que me comprendan. ¿Ha llegado algún mensaje de Dian? No he recibido nada en un año y estoy preocupada. Por favor, pregúntenle a su madre.

»Saludos y besos a todos. Por favor, no me juzguen mal ni se sientan mal por lo que les he dicho pero son los únicos a quien les puedo contar esto.

»Su hija, Farin.»

...

Pandian cayó también tras una feroz lucha donde nuevamente los kirimpes combatieron. Un androide más cayó también por obra de los cazadores pero aún las nuevas armas resultaban insuficientes. La flota zurana se estaba congregando para el asalto final. Solo quedaba la colonia más grande y rica, Miquxixab.

Pero los aranitas habían estado trabajando. Solo siete androides restaban. Trece habían caído en las grandes batallas libradas, pero siete eran suficientes para acabar con Aran o con el poder que aún detentaba. Lo demás podía hacerlo la flota de cien naves que se dirigía al odiado planeta enemigo. Eso era algo que ansiaban los generales. La protección a los androides estaba siendo dejada de lado ya que esperaban que destruyeran a todos antes de llegar a Aran para que el mérito de la conquista sea de ellos.

Eso era algo que los androides sabían ya que hacían bien lo que el doctor Geintz les había programado. Lo cual era aprender de los errores.

Los androides Zurin y Natos eran los expertos en enfrentar a los cazadores. Los llamados Kiran, Kisos y Nantos, expertos en combate en tierra. Y los androides Ebumina y Sul, expertos en acabar con las tropas y la artillería desde el aire.

Demostraron su capacidad al iniciar el ataque a Miquxixab y esta vez los cazadores fueron inefectivos. Pero la ayuda no llegó.

Cuando Nantos murió en la batalla por una de las ciudades, la ayuda tampoco llegó.

Cuando cayó Sul en la batalla contra los cazadores, la ayuda tampoco llegó.

La enérgica orden de atacar llegó directamente de Zur. Cuando aterrizaron las tropas se encontraron con una feroz resistencia que aniquiló sus tropas de tierra. Pasó una semana de combates fieros, donde los zuranos bombardearon la colonia con armas nucleares convirtiéndola al final en un planeta desértico cubierto de cráteres que envenenó la atmósfera e imposibilitó a los zuranos aterrizar. Diez millones de aranitas y ciento cincuenta mil zuranos cayeron allí. También fueron destruidos diez acorazados zuranos y dos mil cazas.

Pero de los androides no había rastro.

...

Aran había dejado morir a Miquxaxin. Necesitaban el tiempo que la flota zurana invertiría en conquistarla aunque no se imaginaban una devastación tan grande que perdía para siempre a la mejor colonia y la primera que tuvieron. Miquxaxin y sus lagos, montañas y fauna extraña eran solo un recuerdo.

Así parecían demostrarlo los jefes de los clanes quienes estaban sentados frente al trono mientras el rey sonreía. Al fin los tenía donde querían.

—Cambien de caras, caballeros. El sacrificio de Miquxaxin fue necesario. Ahora somos nosotros los que pasaremos a la ofensiva.

—Jamás nos dijo que trabajaba en eso —respondió el más viejo—. Millones han muerto sacrificados por su plan. Nos usó también.

—Así es. No es necesario suavizar los términos. Ya quedan pocos kirimpes y su insolencia será olvidada por el gran servicio prestado a la nación.

—Usted esperaba que nos debilitáramos librando su lucha.

—Que ustedes pidieron. Pero no se pongan así. Sus privilegios no serán derogados cuando esta guerra termine.

—Con la flota zurana acercándose, sí que terminará.

—No cuando las armas que usaron contra nosotros se vuelvan contra ellos. Los androides.

...

—¡Maldito incompetente! ¡Queda relevado de su cargo!

La voz del presidente Rin se dejaba escuchar ante los asustados almirantes de la flota.

—¡¿Dónde demonios están mis androides?! ¡Se suponía que no debía perderlos de vista!

—Señor, no sabemos que pasó. Los androides se esfumaron pero Miquxaxin ha caído. Ya no hay flota que nos resista y tan solo necesito autorización para marchar sobre Aran. No necesitamos a los androides.

—No quiero correr más riesgos. Devaste Aran. Que no quede nada en pie. ¡Aniquile toda resistencia antes de aterrizar!

—Así se hará, señor.

El almirante Dor ordena el avance contra Aran. La orgullosa flota zurana estaba a un paso de la victoria.

...

En aquel laboratorio, el Consejo y los jefes de clanes observaban el extraño aparato que estaba frente a ellos.

—¿Qué diablos es eso? —preguntó uno.

—Eso, señores —dijo el rey—. El arma que nos dio la victoria sobre los androides. El digitalizador.

—¿Y qué hace?

—O mejor dicho, que hizo. Capturó a los androides.

—¡¿Quiere decir que los androides están ahí?! ¡¿Se atrevió traer a Aran a esos monstruos?!

—No nos quedaba otra. No podíamos trabajar en Miquxaxin y no tenemos otra base. Y la flota zurana está en camino pero dejemos que el doctor Nait nos lo explique.

Un hombre canoso se adelanta y comienza a hablar:

—Los androides así como cualquiera de nosotros puede ser descrito con un código digital. Si yo creo este código, puedo materializarlo en la pantalla y dar forma a objetos, equipos y hasta seres animados. Eso lo saben si conocen cualquier videojuego, ¿pero qué tal si invertíamos el proceso? Descubrir el código digital de algo y usar un decodificador ampliado en forma de un rayo que traduzca a ese código la materia que toque. Esto, señores, es el arma definitiva.

«Eso fue lo que hicimos con los androides. Los atrajimos bombardeándolos de imágenes que podían serles familiares. Como sabrán, destruimos a los androides que no pudimos identificar a lo largo de la guerra en las colonias y dejamos que llegaran los ya identificados. Pudimos atraerlos a una trampa para ser digitalizados. Ahora mi equipo está trabajando en dichos códigos. Pueden ver en la pantalla que se visualizan cada uno de los androides.

Es allí que uno de los jefes de los clanes habló:

—¿Quiere decir que pudo derrotar a los androides hace tiempo con las nuevas armas? ¿Y sacrificó a las colonias y su gente junto con los kirimpes?

—Caballeros —volvió a decir el rey—, el doctor no es responsable de la política y yo sí. De nada nos hubiera servido destruir a los androides si no teníamos flota que oponer a los zuranos. Necesitábamos a los androides para detenerlos y ahora los tenemos. Serán testigos del nacimiento del némesis de los zuranos.

...

La flota zurana estaba ya visualizando Aran. Todos los zuranos observaban extasiados al planeta tan odiado.

—¿Qué esperamos? —preguntó uno sin dejar de mirar el planeta—. Ataquemos.

Una línea de naves aranitas aparece para presentar batalla. La última línea de defensa. La voz del comandante Dor se escucha en cada nave zurana.

—¡Soldados de Zur! Ha llegado el momento de acabar con esta guerra. La victoria nos espera allá abajo y el enemigo que fue responsable de las muertes de tantos seres queridos que acabaron bajo sus armas o el látigo de la esclavitud. Terminemos con nuestro sufrimiento cuando la sagrada venganza de Zur caiga sobre la cabeza de los aranitas. ¡Destruyamos al último bastión del mal en la galaxia!

Los vítores de los soldados zuranos no se hace esperar y cada uno va a su puesto de batalla. Fue en ese instante que la nave insignia donde estaba el almirante Dor estalla ante la vista de toda la flota.

—¡¿Qué pasó?! —exclamó uno de los capitanes cuando su nave estalla.

Lo mismo sucede con una y otra. El desorden cunde en la flota zurana y algunas de sus naves se estrellan en el caos. Los cazas chocan con las puertas de los hangares cerrados. Hasta ese momento, la flota aranita no había lanzado un solo disparo. En el interior de ellas, el rey contemplaba satisfecho la escena, junto con los jefes guerreros.

—¿Lo ven? ¿Tenía razón o no? Ellos tenían a los androides y nosotros tenemos a uno que reúne a todos. La fusión de todos en uno dieron vida a un androide mil veces más poderoso. ¡Azuran!

En la pantalla podía ver aquella enorme figura de color rojo que disparaba a diestra y siniestra contra las naves zuranas y las destruía de un solo impacto. La mirada fiera de aquella criatura demostraba que no se podía esperar ninguna piedad. En poco tiempo, la flota zurana era casi totalmente destruida antes de que los pocos capitanes cuerdos dieran media vuelta y huyeran.

...

La noticia de la derrota en las cercanías de Aran llegó a Zur. Inmediatamente fue dispuesto el arresto del doctor Geintz y su laboratorio destruido. Toran asume el mando supremo y ordena una movilización general y la puesta en marcha de las últimas reservas de la flota que debía reunirse en Pandian con lo que quedaba de la flota derrotada.

Pero todo esto era ya en vano.

...

El desfile triunfal en Aran se daba cuando llegaron el rey y los jefes. La nave que transportaba a Azuran aterriza en medio del júbilo de la población.

El rey y los demás estaban en el palacio. Los jefes de los clanes se habían ido ya sin felicitar al monarca. Curiosamente, Axelis III se enteró que estaban haciendo los ceremoniales por los muertos y por ellos.

—¿Qué creen que harán?

—Se reunirán con sus kirimpes. Se quitarán la vida —respondió uno de sus consejeros.

—¿Por qué? Vaya con estos guerreros antiguos.

—La verdad, me da mala espina.

—¿Por qué? ¿El que se mueran? Mejor...

—No, parecería que tiene un significado. No lo entiendo, es como si presintieran algo.

—Ellos hablaban del fin de los guerreros. Es una de sus leyendas. Que cuando aparezca el guerrero definitivo será el fin de Aran y ellos prefieren quitarse la vida.

—Tonterías. Es el resurgimiento de Aran. Ahora con una sola nave podremos acabar con los zuranos. Ese androide no tiene rival y aunque lograran fabricar otros, Azuran los destruirá y...

Una explosión que remeció el palacio sorprendió a todos.

—¡¿Qué ha pasado? ¡¿Qué ha sido eso?!

—¡Fue en el espaciopuerto! ¡No hay comunicación!

—Parece que todo ha sido destruido.

En eso el doctor Nait entra corriendo a la sala del trono.

—¡Majestad! ¡Debemos abandonar el palacio ahora!

—¡¿Qué diablos pasa?!

—Es Azuran. Ha enviado un mensaje.

—¿Qué? ¿Qué mensaje?

—Conclusión. Aran debe ser destruido. ¡Está atacándonos!

Las explosiones empiezan a sucederse y la multitud en pánico corría ya por las calles. Los disparos de los tanques fue la última resistencia aranita frente al terrible ser que avanzaba destruyendo todo a su paso.

...

—¿Esté seguro? —dijo el almirante Toran desde Tesala al almirante Kodasi que tomó el mando de la flota zurana en Pandia.

—Señor, nuestras sondas no mienten. Aran esta devastado. Ya no hay movimiento de nada pero grabamos las últimas explosiones. Ahora han cesado.

—Envíe un equipo de exploradores. Quiero saber que ha pasado.

—Sí, señor. Victoria, señor.

—Sí, victoria...

Toran corta la comunicación y decide aún no hablar con Zur. Quería saber que había pasado. "¿Victoria?", pensó el almirante.

...

—Señor, no se ve nada con vida —Fue el primer mensaje de los exploradores al aterrizar en Aran.

A ello siguieron varias unidades de zuranos que aterrizaron en el planeta y rastrearon en busca de algún indicio de vida.

Uno de los oficiales piloto fue Farin Moses, sacada de su puesto de entrenadora por el desastre de Aran. Necesitaban pilotos.

No pudo reprimir las lágrimas al ver los miles y miles de cadáveres que se apiñaban en un vano intento de protegerse. El fuego y las explosiones habían acabado con ellos.

—¿Qué hemos hecho? ¿Qué clase de monstruos somos? —dijo mientras caía de rodillas sin poder evitar llorar.

Y allí permaneció un buen rato. No fue la única. Otros se dedicaron a buscar algo de valor.

La comunicación llegó. Y el doctor Geintz fue sacado de su celda y llevado ante el presidente Rin.

—Aran ha sido destruido.

—¿Qué? —exclamó el doctor.

—¿No escuchó? Acaba de llegarnos la noticia. Fueron los androides.

—No entiendo.

—Los han encontrado. Vivos.

—Y, ¿la fusión?

—La fusión terminó. ¿Qué pudo pasar?

—Como dije antes que me arrestaran. La fusión les dio un nuevo ser pero de alguna manera esta terminó. Volvieron a lo que eran antes y destruyeron Aran tal como estaban programados.

—Si aún sigue con vida es que quiero que los revise.

—Deberé hacerlo allá.

—No, lo hará acá. Bajo nuestra supervisión.

—Sería un riesgo.

—Prefiero correrlo antes de que usted vuelva a meter la pata otra vez. El poder de los androides es inmenso. Comprenderá que ese poder debe estar al servicio del gobierno de Zur. ¿Me dejé entender?

—Perfecto y claro.

...

Los androides habían sido encontrados. De pie y silenciosos en medio de la devastación. No opusieron resistencia y se dejaron llevar por los soldados zuranos. Eran los cinco que quedaban y caminaban inexpresivamente en dirección a la nave que los sacaría de allí. Fue cuando algo llamó su atención y se detienen.

—Androides, ¡caminen! —les gritó un oficial pero una androide femenina se aparta del grupo—. ¡Oye! ¡Tú! ¡Detente! —Hizo el ademán de avanzar pero la mirada fría de la androide lo detiene y esta sigue su camino.

No lejos de allí, unos oficiales discutían. Habían encontrado un buen botín. Una mujer aranita apretujaba a sus hijos, entre ellos una jovencita a la que querían disputársela. Los gritos de los sobrevivientes atrajeron a Farin Moses quien acude raudamente.

—¡Los sobrevivientes serán respetados! ¡La guerra terminó! —gritó Farin interponiéndose.

—¡La guerra terminará con el último aranita muerto! ¡Ellos mataron a mi familia!

—¡Ellos no son culpables! ¡Ya basta de esta locura! ¡Esto debería avergonzarnos! ¡No son soldados, son animales! ¡Peor que eso! ¡He visto más honor en un perro que en ustedes!

—¡Todo aquel que proteja a un aranita deberá de morir!

El soldado saca su arma y apunta a Farin. En eso, alguien se la arrebata y la destroza. Era la androide. Todos los soldados retroceden asustados y Farin mira a su salvadora.

—Zurin...

La androide solo la mira y le hace un gesto antes de irse. Farin ayuda a los sobrevivientes y ordena que sean llevados a su nave.

...

Las celebraciones en Zur no se hicieron esperar. Ante las garantías del doctor Geintz de que los androides funcionaban perfectamente, se preparó la fiesta de la victoria. En Zur, se vivía una fiesta indescriptible.

Farin no quería ir a Zur pero fue obligada. Subrepticiamente, envío a los aranitas que rescató hacia Nexus para que sean protegidos por su familia mientras en Zur sería sometida a una corte marcial por el delito de insubordinación.

Justo estaba cerca del gran coliseo donde una multitud pugnaba por entrar. El presidente Rin estaba en camino junto con el doctor Geintz y el gran almirante Toran. Era la ceremonia oficial y los androides ya estaban adentro, sentados frente al público que se agolpaba por verlos.

Antes de que la nave aterrizara, los androides miraban inexpresivamente a los zuranos. La prensa no dejaba de tomarles fotos y hacerles preguntas. En eso, la androide Ebumina se para y comienza a hablar.

—¿Qué dice? —preguntó un periodista—. No le entiendo nada.

—Acércale un micrófono.

La nave del presidente estaba sobrevolando el coliseo cuando recibe la noticia.

—¿Qué pasa? —preguntó el doctor Geintz.

—Dice que una de las androides está hablando. ¿Acaso les ordenó que respondieran a la prensa?

—¡Claro que no! ¿Qué dice?

—Van a ponerle un micrófono. Creo que ya está. ¡Pónganlo en el audio!

Los tres se quedaron paralizados al escuchar las palabras de la androide.

—Ustedes son más responsables que Aran de los crímenes cometidos. La mejor forma de acabar con esta estupidez es que Zur desaparezca con ustedes para que esto no se vuelva a repetir en la galaxia. La raza humana no merece vivir y esta destrucción comienza ahora.

—¡¿Qué demonios está diciendo?! ¡Desactívelos!

—¡Eso hago! ¡No responden! ¡La fusión debió haberlos cambiado! ¡No son mis androides!

—¡Maldito incompetente!

Fue lo último que dijo cuándo la explosión arrasó con todo el coliseo y sus alrededores. Farin Moses estaba custodiada en un vehículo cuando este sale volando por la explosión. La joven sale del vehículo a duras penas y sin pensarlo coge el arma de uno de sus custodios muertos y apunta hacia la figura que aparece en medio de la bruma y el caos.

—¡Zurin! —exclamó Farin sin dejar de apuntarle.

La androide se detiene a dos metros de ella.

—Mis compañeros me llaman. Una vez que me fusione no podré protegerte. Ve al espaciopuerto, coge una nave y huye.

—Pero, ¿por qué? ¡¿Por qué hacen esto?! ¡¿Por qué me salvas a mí y destruyes Zur?!

—Porque te conozco. Sé que vales la pena. Al menos algo bueno que está plenamente identificado se salvará. Vete.

—¡No! ¡Espera! ¡Debes detener esto!

—No abuses de tu suerte. Cuando me fusione, morirás junto con el resto de Zur. Aprovecha la oportunidad que te doy porque ya no tendrás otra.

La androide se eleva y se reúne con sus compañeros en el aire. Ante los ojos de la joven ven que se juntan y en medio de una luz se convierten en un solo ser. El terrible androide rojo hacía su aparición en el cielo de Zur. Farin no lo duda más y corre al espaciopuerto.

Con una nave de carga pudo sacar a los que pudo y a lo lejos le dedica una última mirada al planeta madre. Las explosiones como gigantescos domos de luz se alzaban sobre la superficie de Zur.

Fin del capítulo 4