Capitulo 16: Simple

Sesshomaru hizo que Kagome y los cachorros se quedaran con él mientras que se encargaba de disolver al resto de los kasha utilizando su veneno, aunque a Kagome se preocupaba más por las humanas y deseaba encontrarlas. La había tentado el deseo de presionarlo, de decirle que iba a ir en busca de las humanas y se iría antes de que pudiera detenerla, pero algo en los ojos del demonio perro hicieron que ella dudara al respecto.

Desde el momento en el que había conocido a Sesshomaru (primero como enemigo, luego como aliado, y ahora como alfa, e incluso consideraba, amigo) nunca se le había ocurrido que quien era una perfección matando pudiera sentir miedo ¿A qué podría temerle al fin y al cabo? Nadie podría derrotarlo.

Lo había visto furioso, celoso, cegado por el odio, indiferente y en una ocasión incluso desesperadamente triste. Pero solo en ese entonces ella se percató de que todas esas cosas eran una armadura, un escudo que cubrían un terror localizado muy en el fondo.

Así como Kagome había temido el no poder ser capaz de retener a los ogros por mucho tiempo, de que no sería capaz de proteger a las crías, Sesshomaru había experimentado un temor mucho más profundo de no poder llegar a ellos a tiempo.

Era tan simple, una verdad tan obvia, que se llegó a preguntar cómo es que no se había percatado antes.

Pero ahora lo sabía.

Por lo que no cuestionó la necesidad de Sesshomaru de tenerlos cerca. Ella solo se corrió el cabello hacia un lado para dejarle a la vista la parte de atrás del cuello y siempre se mantuvo en su radio de visión. Una vez que ya se había ocupado de todos los kasha, ella ayudó en silencio a reubicar el campamento lejos del ardiente lugar donde transcurrió la batalla, y estuvo de acuerdo en permanecer dentro de otra barrera con las crías mientras que Sesshomaru se iba en busca de las humanas.

No pasó mucho tiempo hasta que regresó. Kagome estaba colocando flores en el cabello de Lin mientras que Shippo dormitaba en la almohada que creaban las colas de Kagome, ambos cachorros estaban cansados ahora que la agitación había quedado atrás. Sesshomaru descendió desde los cielos en una nube creada con su propia aura demoníaca con Ah Un detrás.

—¿Y las humanas? —preguntó Kagome con el entrecejo fruncido. No podía ni verlas ni olerlas.

—Regresaron a su aldea— le respondió Sesshomaru, al torcer la boca levemente le indicó que no había disfrutado de la experiencia.

Kagome apartó a los cachorros con gentileza y se paró de modo que pudo pasar las garras por la muñeca de Sesshomaru.

—Gracias, Sesshomaru-sama.

Él la observó por un largo instante y Kagome se congeló. Había una intensidad en la expresión de él que produjo que el estómago de la vulpina se achicara y le diera un vuelco.

Sesshomaru la tomó por la mano y con mucha lentitud la giró para pasar las garras por la muñeca de ella. Él no pronunció palabra alguna, pero tampoco había necesidad de hacerlo. Sesshomaru poseía el don de expresar sus sentimientos en silencio.

Kagome sintió que se le encendieron las mejillas y se imaginó que su rostro se vería de un color rojo fuego.

I—

Algo cambió después de que Kagome obtuvo su cuarta cola.

Sesshomaru comenzó a referirse a ella por su nombre y reservaba la palabra "vulpina" para cuando quería fastidiarla u ordenarle algo con severidad.

Lo que resultó más revelador, Sesshomaru comenzó a dormir con ella y los cachorros todas las noches, o al menos se quedaba sentado y alerta mientras todos se acurrucaban a su alrededor.

Durante la mayor parte del año, Kagome dormía con los cachorros recostados a cada lado de ella, y Sesshomaru se mantenía parado en vigilia, o en su propia habitación, cuando estaban en el castillo. Y en las noches en las que Kagome se marchaba a jugar bromas, él ocupaba su lugar. Sin embargo, Kagome siempre se imaginó que esa conducta de él era para asegurar el bienestar de Lin y Shippo.

Pero ahora, por las tardes cuando él les indicaba que se detuvieran a descansar, cazaban, comían y al final él se recostaba contra uno de los lados de Ah Un invitándola en silencio. Kagome se recostaba a su lado, con los cachorros a cada lado y suspiraban contentos cuando Sesshomaru los rodeaba a todos con moko-moko. Ellos se quedaban allí sentados observándose mientras los cachorros caían dormidos.

En algunas noches Kagome dormía, otras, lo hacía Sesshomaru confiándole a ella que los protegiera. Y aún así, en otras ocasiones, ambos permanecían despiertos y hablaban en voz baja y observando las estrellas.

Kagome era en principio quien hablaba, pero Sesshomaru era un ávido oyente. Le contó de su época, de cómo provino del pozo, e intentó lo mejor que pudo describir cosas como los autos y los teléfonos y cómo funcionaban. A veces se sorprendía y otras se frustraba por no poder conocer en detalle la tecnología, así como también por la insistencia de Sesshomaru por llamarla "hechicería humana."

Terminó por decidir que él le creería el día que la viera.

En ocasiones, Sesshomaru narraba una historia sobre conquistas, o compartía una leyenda sobre los perros del pasado. No destacaba por ser un buen narrador de historias debido a la poca cantidad de palabras que utilizaba, pero ella le prestaba suma atención ya que sabía que Sesshomaru nunca hablaba sin razón. Pronto se percató de que todas las historias que él contaba contenían alguna clase de lección que él consideraba de importancia, ya fuera algo tan simple como siempre mantener las garras afiladas y limpias, o algún otro aspecto complicado sobre estrategias de batalla para los que Kagome necesitaba dibujar diagramas en la tierra para comprenderlos.

Esa noche hablaron de constelaciones.

—Inari-sama dice que los kitsune son los que ponen las estrellas en el cielo. Cada una de ellas es una bola de fuego zorruno. Los humanos de mi época opinan diferente, dicen que en realidad son soles y planetas que vemos a mil millones de kilómetros de distancia— dijo Kagome con un suspiro mientras pasaba las garras por el cabello de Shippo que dormía. Se giró y observó a Sesshomaru— pero me gusta más la historia de Inari-sama.

—Hn.

Kagome soltó una risita.

—Supongo que los perros tendrán su propia explicación.

—Son los ojos de los demonios perro que custodian las puertas del cielo— dijo con una expresión neutra.

Kagome bostezó y respondió adormilada:

—También me gusta esa historia.

CONTINUARÁ

¡Hola!
Se que hace mucho no actualizo, pero puse mi mejor voluntad para poder subir algo antes de navidad, trataré de ver si puedo subir otro capitulo pronto, pero saben que si bien tardo, no abandono asi que no se preocupen n.n'

¡Gracias por todos sus lindos comentarios! ¡Y feliz Navidad!