EL CENTINELA

SIDESTORY: ESPACIO VITAL

Capítulo 5

Nuevo destino

Las explosiones aún se sucedían en Zur cuando Farin llega a Nexus para buscar a su familia y sacarla de allí. Después de dejar a los refugiados, sale del espacio puerto y oculta la nave cerca de la ciudad. Nexus empezaba a entrar en el caos de la gente que trataba de huir. Increíblemente empezaba a darse el saqueo y peleas callejeras.

"¿Es el fin del mundo? Todos buscan arreglar las cuentas pendientes", pensaba ella. Al fin, Farin llega a su casa y hace salir a todos. Luego corre a casa de la madre de Dian.

—¿Farin? ¿Qué ocurre? —dijo la señora Dentria.

—Señora, debemos irnos. ¡No puedo dejarla aquí!

—¿De que hablas? ¿Qué sucede en las calles? ¿Por qué tanta agitación?

—¡Tenemos que abandonar Nexus en este momento!

—¿Qué? Tonterías, no puedo irme.

—Olvídese del destierro, señora. Escúcheme con atención. ¡Zur ya no existe!

—¿Qué? Eso es absurdo... yo...

—¿No me entiende? ¡Zur ha sido destruido! ¡Los androides destruyeron Zur y ahora vendrán a Nexus! ¡La destruirán como hicieron con Aran y Zur!

—Yo... eso es imposible. Zur, mi familia está ahí y me espera. El gobierno se apiadará de mí. Mi hijo ha sido condecorado y...

—¡Venga conmigo por favor! Debemos abandonar Nexus. ¡Debemos buscar a Dian!

—¿Dian? Oh, sí. Mi hijo. Él me llevará a Zur en el desfile de la victoria. Volveré a ser respetada en la sociedad.

—Vamos. Por favor, déjeme llevarla adonde Dian. Él nos espera.

Farin hace abordar a todos dentro de un vehículo que consiguió en medio del desorden. Los llevó hasta la nave y los embarcó para regresar al espaciopuerto donde recogió a los que querían irse. Aun no se producía la fuga masiva pero esta no tardaría en llegar. Farin esperaba que esta no sea muy tarde.

Ella no se dirigía a la colonia Oxicran. Estaba condenada como Nexus. Su destino ni siquiera lo sabía. Solo que debía huir lejos, muy lejos.

...

Zur era ya un montón de ruinas en tres días. A los androides no les importó mucho si había sobrevivientes. Cuatro mil millones de muertos eran muchos y no hacía mucha diferencia.

Reservaron una nave para poder salir de allí y buscar la otra colonia. Su siguiente destino fue Nexus.

Lo que quedaba de la flota zurana los esperó allí. En realidad, solo eran unas cuantas naves que actuaban por iniciativa propia. No había gobierno ni quien diera órdenes. Así lo hubieran no estaban dispuestos a obedecer nada más que a la necesidad de proteger Nexus ya que sus familias estaban ahí.

La batalla se dio y los androides destruyeron todas las naves que protegían Nexus antes de atacar la colonia. Un millón de habitantes ya habían huido pero quedaban cinco millones más. No había suficientes naves.

En dos días, la primera colonia zurana en el espacio solo era un recuerdo.

...

La nave de Farin estuvo a la deriva con cincuenta nexonianos, entre ellos su familia. Nadie hablaba porque no había nada que decir. Se preguntaban si Nexus seguía allí y si debían regresar.

Fue al tercer día en el que la señal que emitía ininterrumpidamente recibe respuesta.

La dirección que sigue Farin la conduce hacia una astronave. Su corazón se estremeció al reconocer a un crucero aranita pero no le quedaba más remedio. No tenía ya alimentos y no podía vagar en el espacio eternamente.

La nave penetra en el hangar del crucero. Farin es la primera en bajar, sabía que era inútil usar algún arma. Que pase lo que tenía que pasar.

Un grupo de hombres se acerca a la nave y ella esperó hasta poder visualizarlos. Su gesto de preocupación cambia a uno de alegría.

—¡Dian!

...

Diez acorazados zuranos se encontraban en órbita en Oxicran frente a otras dos.

—¡Les ordeno en nombre del Supremo Gobierno de Zur que nos deje el paso libre!

—Váyase al diablo —contestó la persona en la pantalla—. Ustedes ya no mandan a nadie y si no se van en cinco minutos, abriremos fuego.

—Esto es... ¡traición!

—Los traidores son ustedes. Por su culpa, Zur está destruida. Sus monstruos fueron demasiado eficientes. Nuestro interés es salvar lo que se pueda y ustedes no están en la lista. Ya pasó un minuto.

—Señor —dijo un oficial—, las estaciones de batalla de los acorazados están alistándose a disparar.

—Retrocede.

—¿Señor?

—¡Que retrocedas! Salgamos de aquí.

El Gran Almirante Toran se retira del puente de mando. Va directo a la sala de audiencias donde el presidente Rin y lo que se salvó del Consejo estaba reunido. El presidente estaba sentado allí jugueteando con un cuchillo. Los consejeros solo miraban el vacío.

—Señor presidente...

—¿Y bien? ¿Dónde nos alojaremos en Oxicran?

—No podemos aterrizar, señor.

—¿Qué?

—Las fuerzas militares acantonadas allí se niegan a permitirlo.

—¡¿Y cómo diablos tolera esta insubordinación?!

—Señor presidente, estos dos acorazados no intimidaron a los diez que nos salieron al frente. Si desea, usted puede hablarles. Tal vez su carisma los convenza.

—¿Se está burlando de mi almirante?

—Lo que digo, es que ninguno de ustedes parece darse cuenta de la situación. Con la destrucción de Zur, nuestra autoridad ya no existe. Para los sobrevivientes, somos los culpables y ese comandante en Oxicran más bien nos hizo un favor. Estoy seguro que más de uno le habrá dicho que nos dispare sin advertencia.

—Culpables, ¿eh? Yo sé quién es el culpable. Haga que venga esa basura.

Tras unos minutos de espera, un soldado trae al doctor Geintz sujetado del cuello y lo arroja a los pies del presidente.

—Doctor Geintz —le dijo el presidente jugando con el cuchillo—, mi padre era carnicero y siempre guardé este cuchillo como recuerdo y algo que aprendí de él es como destazar a un animal. Y en estos momentos de desgracia, tal vez sea un buen momento para recordar lo que aprendí y enseñarles al Consejo. Como no hay animales aquí, no uno de cuatro patas, tal vez pueda a usar a uno de dos.

—Señor presidente... —alcanzó a decir Geintz antes de que Rin se arroje sobre él y le pone el cuchillo en el cuello.

—¡Y estoy pensando en usarlo a usted a no ser que me diga como remediar esto, maldito científico loco! ¡Si todavía sigue vivo es porque usted tal vez sea el único que puede acabar con esos androides dementes que creó o sino ya estaría muerto! ¡Tal vez sea mejor descuartizarlo y mostrarle sus pedazos a la gente de Oxicran para que crean que se ha hecho justicia!

—Por favor, señor presidente, aún tenemos una oportunidad.

—¡La oportunidad la tuvo cuando revisó a los androides! ¿Por qué demonios no pudo prevenir esto?

—Déjeme ponerme de pie. Necesito respirar...

Geintz se para y mira a todos antes de hablar:

—Les advertí que necesitaba más tiempo pero ustedes querían hacer su desfile triunfal. Los androides no son los mismos. Físicamente si pero mentalmente no. De su memoria extraje que al ser capturados fueron digitalizados.

—¿Digitalizados?

—Convertidos en códigos digitales. Usaron una máquina que creo poder replicar. Es decir, que fueron introducidos dentro de la memoria electrónica de una supercomputadora. Por eso desaparecieron sin dejar rastro. Luego fueron reprogramados y extraídos nuevamente. Lo que pasó, y no se dieron cuenta los científicos aranitas, es que asimilaron sus nuevas órdenes pero mantuvieron las antiguas. También les dieron un nuevo ser. La capacidad de digitalizarse y fusionarse entre ellos para formar uno solo. Más poderoso.

—¿Cómo es que no se dio cuenta de ello?

—Los androides actuaban a sabiendas. Solo me dejaron ver lo que pasó pero nada más. No me revelaron lo que pensaban. Creo que ellos reflexionaron sobre su ser y llegaron a la conclusión que para terminar con esto era necesario destruir a Zur y Aran. Tal vez realmente enloquecieron.

—Eso ya no me interesa. ¿Qué podemos hacer?

—Digitalizarlos. Puedo fabricar una máquina similar pero para ello necesito tiempo y materiales. Una vez que lo haga habrá otro problema.

—¿Cuál?

—El cómo acercarnos y usarla contra ellos. Son veloces y mortíferos. Ya conocen la máquina y no permitirán que les hagan eso nuevamente.

—Imbécil, ¿o sea que estamos en nada? Con el poder que tienen es imposible acercarnos. ¿Alguna idea o sugerencia, genio?

—Sí, el expediente Hok.

—¿El qué?

—Creo que el almirante puede explicar eso mejor.

Todos miran a Toran quien carraspea antes de hablar:

—Hace dos años, sucedió un hecho en el planeta Hok que se mantuvo en secreto. Uno de los guerreros beta que cayó allí fue destruido por un alienígena.

—¿Un qué? ¿Un alienígena? ¿Quien?

—No lo sabemos pero el poder que tenía ese ser era enorme. Acabó con el guerrero beta a mano limpia y sin ningún esfuerzo.

—Eso me sirvió para crear a los androides —añadió Geintz—. Traté de emular lo que vi en el video. Me dio un camino donde apuntar.

—Tal vez era otro androide.

—Que debe tener un amo.

—¿Qué sugieren? ¿Que busquemos a ese alienígena y pedirles que nos ayude? Tal vez ni siquiera este aquí.

—No lo creo, señor presidente —dijo Toran—. Él o ellos están aquí.

—¿Cómo lo sabe?

—Estuvimos rastreándolos y designé un equipo especial para localizarlos. Han trabajado en estos dos años y lo que tengo en claro es que nos han estado observando. Lo que encontró el guerrero beta era una base de observación. Tal vez nos estaban estudiando, no lo sé. El caso es que están aquí aún y tenemos localizada su base desde hace un tiempo.

—¿Y por qué no los contactó?

—Esperaba a que terminara la guerra. Con el poder que parece tener no sabía si era buena idea contactarlos y ahora no tenemos alternativa.

—Pues bien, quiero ver ese video y pongámonos en camino. Tal vez ahora tengamos una esperanza.

...

El crucero aranita desciende en Aurora y todos bajan, trasladándose a la pequeña ciudad. Una comisión presidida por Vanderve los recibe.

—Veo que tuviste éxito. De todos modos, fue un riesgo.

—Ya no existen riesgos —respondió Dian—, por lo menos no de Zur.

—¿Zur? ¿Está...

—Sí, no queda nada.

El ex gobernador aprieta el puño y baja la cabeza tratando de reprimir las lágrimas.

—Señor Vanderve, tenemos que organizarnos. Debemos de rescatar a los que podamos. Hay millones de zuranos y aranitas que vagan por el espacio. Hay que hacer algo por ellos.

—Sí, sí. Creo que estas personas deben estar agotadas. Los llevaremos a los lugares donde podrán descansar y alimentarse. Luego veremos donde deben ser asignados.

—Le presento a Farin. Le hablé de ella.

—Oh, sí. Muy bonita en verdad. Espero que estés contento.

—Ella es mi madre.

—Oh, la digna esposa del almirante Gical. Es un placer.

—¿Qué? No creí que un funcionario de Zur me trate como la esposa del almirante Gical. Le pido que no lo haga, es muy vergonzoso.

—¿Qué?

—Madre, ya ha sido levantada la pena contra ti y mi padre. Mira, aquí hay un monumento en su honor. Reconocen la labor de mi parte y los cargos han sido declarados sin fundamento.

—¿En serio? A ver. ¡Sí! ¡Qué bueno! Yo sabía que reconocerían los méritos de mi esposo. Debió ser mi familia que presionó. ¿Es una familia de alcurnia sabe? Sabía que tenían la influencia suficiente para ayudarme. ¡Quisiera verlos!

—Madre, no están aquí sino en Zur. Esta es una de las colonias llamada Aurora.

—¿Aurora? No sabía que existía pero espero que sea más entretenida que Nexus. Nadie me visitaba, ¿sabe? Nadie quería tener trato con la esposa de un traidor.

—Señora, aquí no creemos que su esposo haya sido un traidor. Más bien hay mucha gente que quiere conocerla ya que sienten que le deben mucho a su esposo.

—Oh, ya lo recuerdo a usted. ¿No es el gobernador de Tesala? Estuve en la recepción en su honor cuando lo nombraron. ¡Oh! ¿Estoy en Tesala? ¿No estamos muy lejos de Zur? Eso quiere decir que la guerra terminó.

—Sí, señora. Vamos, acompáñeme y yo personalmente la llevaré a sus aposentos.

—Oh, qué galante, pero mi hijo...

—No te preocupes, madre. Ayudaré aquí. Ve con él.

Los dos se alejan y Farin pone su mano en el hombro de Dian.

—Se recuperará, Dian, no te culpes.

—Debí llevármela lo mismo que a ti. ¡Aunque sea a la fuerza!

—Fue mi decisión y la de tu madre. No eres responsable.

—Pude... pude haberlas perdido.

—Pero no fue así. Ahora estamos juntos. ¿Así que esto es Aurora? Es hermoso.

—Y espero que se mantenga así.

—¿A qué te refieres?

—Acomoda a los tuyos. Debo hablar con el señor Vanderve. Búscame en el auditorio público.

...

Horas después, Vanderve, Piaca y Dian estaban reunidos en el auditorio. Farin llegó poco después.

—Creo que Farin conoce la situación mejor que nosotros —dijo Dian—. Por eso le pedí que esté presente pero ella me ha adelantado algo. Diles a ellos cual es la situación.

—Es un caos —comenzó a decir Farin—. Millones de refugiados vagan por el espacio. Miles de naves están dispersas. Hay piratería. Combates entre los propios soldados. Saqueos. No hay ley ni autoridad. Cada quien trata de salvar o tomar lo que puede antes de la llegada de los androides.

—Háblanos de esos androides, ¿cómo paso esto?

—No lo sabemos con certeza. Los androides devastaron las colonias aranitas pero algo pasó en Miquxaxin. Se volvieron contra nosotros por algo que hicieron los aranitas. Destruyeron la flota pero al llegar a Aran la destruyeron y nos esperaron. Cuando los llevamos a Zur la destruyeron también.

—¿Por qué?

—No lo sé. Creo que es porque de alguna manera piensan que somos negativos. Que la raza humana no merece vivir pero...

—¿Pero qué?

—No creo que todos los androides estén de acuerdo. Una de ellas me ayudó.

—¿Cómo?

—Una mujer androide. Se llama Zurin. La conocí en la batalla de Oxicran. De ahí nos hemos visto esporádicamente. Me ayudó en Aran y me dejó ir en Zur. Me dijo que al menos lo bueno se salvará. Era un juicio personal de ella. Entendí que sus compañeros no pensaban igual. Luego se fusionó.

—¿Cómo es eso?

—Se volvieron uno. Formaron un solo androide y era mucho más poderoso. Destruyó Zur en un instante.

Todos guardaron silencio y Dian los mira.

—¿Qué hacemos?

—No lo sé, Dian. Tal vez los androides recorran el espacio buscando colonias como lo hacen ahora. ¿Cuándo destruyan Oxicran se detendrán? No lo creo.

—¿Y los refugiados?

—Tal vez eso los atraiga. No creo que no sepan que hay muchos que escaparon. Podrían seguirnos.

—¿Sugiere que los abandonemos? —reclamó Farin.

—Es una decisión difícil. No solo está el problema de los androides. Mira, hemos logrado un equilibrio aquí. No hay zuranos ni aranitas. Todos somos aurorianos. No pasamos del millón. Los refugiados son más que nosotros y muchos de ellos creían o creen en la guerra. Odian a zuranos o aranitas, depende de quién sea. ¿No crees que eso traerá discordias y conflictos? Los antiguos dirigentes, ¿no crees que no podrán querer recuperar su antiguo poder? No faltará uno que quiera apartar a aranitas de zuranos.

—¿Y por no perder el paraíso dejará morir a millones de inocentes? Si es así, prefiero regresar. Buscaré otra colonia. Congregaré a los que pueda.

—Hasta que los androides los alcancen.

—Tal vez pueda convencerlos. Si se separan podré hablar con Zurin. Sé que me escuchará y juntas podamos convencer a los otros. Todos los sobrevivientes deben convencerse que la guerra terminó y estamos en otra. ¡Por nuestra supervivencia! ¡Todos somos víctimas aquí!

—De acuerdo, Farin —dijo Dian—. Estoy contigo. Hagamos algo. Podemos ubicarlos en los planetas habitables en este sistema. Creo que el señor Piaca puede hacer lo mismo con los aranitas sobrevivientes. Luego, podemos dedicarnos a hacerles entender la situación y haremos que la comprendan. No podemos quedarnos cruzados de brazos. No podemos ser cómplices de este genocidio por nuestra inacción.

Días después, una nave con Dian y Farin sale de Aurora. Otra con Piaca y una delegación de aranitas partió siguiendo otro rumbo.

...

Dian y Farin recorrieron algunos sectores de la galaxia en busca de sobrevivientes. Encontraron algunas naves y las fueron reuniendo en un planeta a que esperen hasta reunir más fugitivos. Aún no les habían dicho nada pero los que estaban en las naves estaban demasiado desesperados para desconfiar.

Fue en el espacio que se enteraron de la destrucción de Oxicran. Ya no quedaba ninguna colonia y los androides se lanzarían en la persecución de los fugitivos. No quedaba mucho tiempo así que los dos decidieron retornar con las naves encontradas para no dejar rastro y luego ir al encuentro de los androides.

Fue cuando su nave tuvo que descender en uno de los planetas para repararla. Dian salió a explorar mientras Farin se quedaba camuflando la nave para que no sea vista ni detectada. Es cuando levantó la vista y se escondió. Por encima de ella, pasó un acorazado zurano y de ella descendía una nave. No fue lejos de ahí donde pareció descender así que corrió hacia una colina para verla y usó un largavista para visualizar mejor.

Su corazón dio un vuelco al reconocer al Presidente Rin, el almirante Toran y varios miembros del gobierno de Zur.

...

La comitiva zurana estaba en frente de una construcción que se mimetizaba con el ambiente que los rodeaba. No sabían qué hacer cuando la puerta se abre. Y ellos no sabían si entrar o no, hasta que se deciden a hacerlo.

Caminaron por un pasadizo y al final hay un extraño ser de apariencia humanoide.

—¿Qué clase de animal es este? —El ser solo les hace un gesto de que lo sigan y los demás lo hacen en silencio.

Los conduce hasta una sala amplia e iluminada. Otro ser de aspecto más humano estaba de pie allí.

—¿Seré el amo? Al menos parece humano. Yo... soy el presidente Rin de Zur y...

—¡Silencio! —respondió aquel ser alto enérgicamente y en su idioma—. ¡Mi señor Krin hablará con ustedes y solo hablarán con el permiso de él!

En eso el piso a un extremo se abre y comienza a ascender una silla donde un ser estaba sentado. Todos ahogaron una exclamación. Aquel ser era el mismo que había derrotado al guerrero beta pero ahora podían verlo más claramente. Era enorme y corpulento, con un físico impresionante. Era rubio hasta la cintura y de expresión fiera pero a la vez irónica. Vestía un traje negro ceñido que permitía apreciar su musculatura. Aquel ser solo sonríe al ver a aquellos hombres.

—Bienvenidos, hombrecitos. Es un placer conocer a los poderosos dignatarios de Zur. ¿Qué se les perdió por aquí? ¿Tal vez su planeta? Pues aquí no lo encontrarán. ¡Jaja!

—Nosotros... nosotros somos...

—Se quién es usted, presidente Rin. Vengo observándolos desde hace tiempo y estoy al tanto de quién es usted y del rey Axelis III. De todos aquellos que han participado en esta guerra estúpida que al final los ha llevado a arrastrarse hasta aquí. ¿Me equivoco?

—¿Por qué nos observaba?

—Insolente pregunta pero se la responderé aunque le sugiero que no me vuelva a preguntar nada sin pedir permiso. O tendré que dejar de lado la hospitalidad. ¡Ah! Lo olvidaba. ¿Este planeta pertenece a Zur o Aran? Habrá que preguntárselo a los aranitas.

Krin hace un gesto y el hombre alto acciona un control que abre una puerta. Los zuranos no pudieron reprimir un grito de exclamación. Un grupo de aranitas hacía su entrada y también lanzan una exclamación.

—¡Aranitas! —Uno de los edecanes del presidente saca su arma y apunta contra ellos pero la mano del hombre alto le sujeta el brazo y luego lo lanza contra la pared.

El edecán cae con la cara destrozada y sin vida.

—Espero que ninguno quiera hacer otra tontería. Aquí, el único que tiene derecho sobre la vida y la muerte soy yo —dijo Krin sin moverse de su asiento—. Esto es una conferencia de paz y yo... digamos que soy un mediador que ha hecho el esfuerzo de reunirlos. Soy muy sensible, caballeros, y espero que no me hagan pensar que su presencia aquí es solo para verlos pelear. Ya he visto bastante de eso.

Luego de ello, Krin sonrió antes de continuar hablando:

—Pero que descortés soy. Mi subordinado que está allí se llama Horgan. Solo tengo que hacer un gesto y ustedes terminarán como ese idiota que está muerto. Zuranos, les presento al rey Axelis III y su corte de idiotas. Rey Axelis III, ellos son el presidente Rin y sus incompetentes consejeros. ¡Ah! Y mi nombre es Krin. Los he estado observando desde hace tiempo. Digamos desde que se inició la guerra. Claro que solo dejaba puestos de observación mientras viajaba por el universo y... ¡Tienen suerte! Justo vine para ver como acababa su guerrita.

Tras ello, aquél corpulento hombre de pelo rubio hasta la cintura observó a su auditorio. Nadie se atrevió a decir nada o pensar en interrumpirlo. Es cuando él sigue hablando:

—¿Mi objetivo? Es buscar guerreros. Soldados que sirvan a mis propósitos aunque no he visto nada que valga la pena. Supongo que se preguntarán, amigos zuranos, que hace el rey Axelis III aquí. Pues, lo mismo que ustedes. Vino a suplicar mi ayuda por el tema de los androides. Al igual que ustedes, también tenía su videíto.

—Nosotros —comenzaba a decir Axelis III—, venimos a pedir su alianza. Queremos que nos ayude a vencer a los androides.

—Que inteligente. Me repite lo que ya acabo de decir. Ustedes quieren mi ayuda. ¿A cambio de qué? ¿Ayudarles? Ustedes no atan ni desatan y solo me estorbarían en el caso de que me decida a encargarme de los androides.

—Le ofrecemos un imperio. Podrá tomar todos los planetas que quiera.

—¡Jaja! Eso si esta bueno. ¿Quiere que sea rey? ¿Para terminar como usted? ¿Y desde cuándo puede ofrecer lo que no tiene? ¿Quiere venderme una estrella?

—Podemos darle riquezas... mis tesoros...

—Oh, sí. Sus tesoros. Lo primero que puso a salvo antes que a sus súbditos. ¿Qué me ofrece? ¿Joyas? ¿Oro? Eso no vale nada para mí. ¿Tal vez los billetes aranitas que tienen su cara? Para tener su cara en mi bolsillo solo tengo que despellejarlo y hacerme una billetera. Sería más simpático que ese papel sin valor.

—¡Nos someteremos! ¡Nos someteremos a su voluntad! ¡Haremos lo que usted diga!

—Vaya, eso es más inteligente. ¿Pero para qué quiero a inútiles que no pueden contra cinco androides? Si los pongo a pelear con Horgan, él los vencería con un dedo.

—Nuestros súbditos estarán a su disposición. Podrán servirlo bien.

—Sumisión. Claro, eso es mejor que una alianza que no sirve de nada. A ver, ¿los zuranos dan algo más?

—¿Qué más podemos ofrecer que los aranitas no hayan dado? —dijo el presidente Rin.

—¡Ja! No hay grandeza en ustedes. En ninguno. Quieren regatear cuando se habla de su supervivencia como raza. A ustedes eso no les interesa en verdad. Solo quieren conservar su poder. ¿Poder? ¿Qué poder? No saben lo que es eso.

—¡Si lo sabemos! —exclamó Toran—. Le ofreceremos algo que los aranitas no. Usted busca guerreros. Le ofrecemos los androides.

—Vaya, eso sí me interesa. Pero dígame, "Gran Almirante", ¿cómo puede ofrecerme algo que no tiene? ¿Cómo puede hacer que los androides sean míos si no puede controlarlos ni pudo salvar su mundo?

—Tenemos esto —Toran jaló a Geintz y lo mostró—. El científico que los creó. Si los capturamos, él podrá hacerle las modificaciones suficientes para que le sirvan. Tendrá los mejores guerreros del universo.

—¿Y ustedes?

—Nos quedaremos como estamos. Solo le pedimos que se los lleve. Lo demás dependerá de nosotros.

—Vaya, eso sí que es interesante. ¿Los aranitas tienen algo mejor que ofrecer?

—Nosotros... bueno, podemos rehacer la maquina digitalizadora y...

—¡Ja! ¿No arrojaron a sus científicos al espacio? Por lo menos los zuranos fueron más inteligentes.

—¡Se la damos y con ella podrá atrapar a los androides!

—¡Yo puedo hacer una! —exclamó Geintz—. Y sin mí no podrá modificarlos. Sé cómo funcionan.

—Tanto lo sabe que no pudo predecir que los androides destruirían su mundo —sentenció Krin—. Pero considero su oferta más interesante, zuranos. Creo que los aranitas no tienen más que ofrecer.

—¡Espere! ¡Tendrá mi reino. ¡Todo!

—Odio las conversaciones inútiles. Adiós, rey Axelis III de Aran.

Ninguno de los zuranos pudo ver nada pero en una luz se formó rodeando a los aranitas y en medio de un grito de agonía, se vaporizaron, dejando la superficie donde estaban ellos solo un círculo negro. Krin se para frente a los aterrorizados zuranos.

—Eso hubiese pasado con ustedes si los aranitas me hubiesen presentado una mejor propuesta. Mi ayuda, caballeros, no es fácil de obtener ni barata. Pero solo la obtendrían con algo que realmente me interese y su ciencia, doctor, me parece interesante. Creo que tenemos mucho que trabajar. Y recuerden, caballeros, ustedes me necesitan pero yo a ustedes, ni para barrer mi nave me servirían. A cualquier indicio de deslealtad a nuestro pacto, lo que vieron que les hice a los aranitas no es nada comparado con los que les haré a ustedes si tan solo piensan en traicionarme.

...

Tras la caída de Oxicran, los androides no habían mostrado mucha actividad.

Ellos permanecían en Oxicran contemplando las ruinas de lo que había sido una ciudad.

—¿Nos quedaremos aqui? —dijo uno de los androides mirando a sus compañeros.

—No, debemos irnos. Hay muchos fugitivos.

—¿Quieres cazarlos? —preguntó Zurin.

—¿Propones algo mejor? No tenemos nada que hacer.

—Podríamos ir a buscar nuevos mundos. Podremos tal vez... establecernos.

—Tener un hogar, una casa. Bonita ilusión pero tenemos una misión.

—Exterminar a los humanos. No podremos seguir así por siempre.

—Mientras duremos.

Los androides suben a la nave y parten. No sentían odio ni nada. Solo la necesidad de continuar aquel exterminio que ahora se convertía en cacería.

...

En Aurora, muchas naves aranitas llegaban con Piaca quien había congregado a varios fugitivos de Aran y de las colonias. Casi ascendían a los doscientos mil. Para evitar problemas fueron ubicados en una de las ciudades recién construidas del planeta mientras se trataba de explicarles de la necesidad de la convivencia.

Como siempre, había algunos disidentes que no deseaban contacto con los antiguos enemigos pero Piaca confiaba que sería solo cuestión de tiempo. Aun así, estableció leyes severas a aquellos que fomentaran el desorden o trataran de generar disturbios contra los zuranos. Para ello, convocó a varios hombres para que ayudaran a mantener el orden y organizaran a la gente.

—¿Su nombre? —preguntó un hombre adusto a otro que se acercaba algo tímidamente.

—Roran.

—¿Está solo?

—No, vine con mi mujer.

—¿Nombre de ella?

—Dalysa.

—¿Dónde está?

—Está convaleciente. Está herida.

—¿Soldado?

—No exactamente.

—No le entiendo.

—¡Tal vez yo me haga entender mejor! —La mujer llegaba cojeando y pese a que debía dolerle, caminó sin detenerse hasta el control llamando la atención de todos.

Al hombre casi se le cae su anotador.

—Es... una kirimpe.

—Lo soy —dijo la mujer mirando orgullosamente.

—Creí que...

—¡La encontré herida! —dijo Roran—. Estaba inconsciente y la rescaté. Estuvimos vagando en el espacio. No tenía medios de atenderla.

—Pues, no sé. En Aurora no se permiten castas guerreras.

—Yo colaboraré con el orden —repuso Roran—. No se preocupe. Ella tiene derecho de estar aquí.

—Bueno, creo que no puedo oponerme.

Ambos se registran y se les asigna una vivienda. Dalysa no dijo nada hasta estar a solas.

—¿Por qué dijiste que soy tu mujer? ¡No lo soy!

—Cálmate, por lo menos así podré cuidarte.

—¿A que vinimos aquí? ¿Qué es lo que quieres?

—Solo, solo quiero vivir en paz.

—Jamás podrás hacerlo conmigo. Te delataré a la primera oportunidad.

—Pudiste hacerlo ahora.

—Quise saber hasta dónde llegabas.

—¿No tengo derecho?

—No, asesino, mataste a muchos antes de llegar hasta aquí. No mereces estar entre las personas, ¡tú no lo eres!

Roran va a poner agua en silencio pero Dalysa lo sigue con la mirada.

—¿Sabías que tus amigos destruyeron Aran y Zur?

—No solo eso. También las colonias. Lo que queda de ambas civilizaciones es Aurora y tal vez siga en la lista.

—¿Para eso estas aquí?

—Sí, pero no por los motivos que piensas. Creo que no puedo huir por siempre y menos llevándote a cuestas. Algún día tendré que enfrentarme con lo que soy y tal vez sea ante mis excompañeros. Aurora necesita que la defiendan.

—¿Estás diciendo que lucharás contra los otros?

—Sí, creo que debo hacerlo.

Dalysa se sienta y mira a Roran.

—¿Por qué ellos son así y tú no?

—No somos muy diferentes, Dalysa. Lamentablemente ellos son la consecuencia de haber seguido hasta el final y yo el haberme ido antes. Todos hemos reaccionado de distinta manera. Unos se dejaron morir o matar. Otros se fueron y otros decidieron seguir. Fuimos humanos alguna vez y de todos modos lo que hicimos y lo que seguimos haciendo debía afectarnos de alguna manera.

«Tal vez esa fue la conclusión de los que quedan. Llegaron hasta el final para ser capturados y luego reprogramados para seguir matando. Nuestro cerebro orgánico donde todavía permanece el recuerdo de lo que fuimos en contraposición con nuestro cerebro positrónico. En él, existe el programa y en el orgánico nuestra oposición a seguir obedeciendo. Me imagino lo que debió sentir Aravena cuando se dio cuenta que había matado a su propio hijo. Reflexioné sobre ello, creo que todos lo hicimos.

»Quizá encontraremos a alguien que conocimos o amamos. No lo sé, es algo muy confuso el poder tener sentimientos y el comprender que alguna vez los tuve. Reflexionas y piensas en ello mientras tu parte biónica le ordena a tu cuerpo seguir matando, ¿lo entiendes? Tal vez eso es lo que piensan ahora ellos. Que esto terminará cuando ya no queden humanos que les den órdenes. Cuando sientan paz en su interior»

—¿Y tú sientes paz?

—No, aún no.

—¿Por qué me salvaste? ¿Por qué no me mataste como a mis compañeros?

—Cuando te vi, un recuerdo se me despertó. Tal vez te pareces a alguien que fue importante para mí. A lo mejor, eres realmente esa persona. El caso es que no pude matarte.

—No te estoy agradecida. Me humillaste al apartarme de mi destino junto con mis compañeros kirimpes. Una vez que me recupere no estarás seguro.

—Recupérate y luego hablaremos. Hasta entonces compartiremos esto y veremos qué pasa.

...

Geintz trabajaba febrilmente en construir la digitalizadora. Se había quedado en la base de Krin mientras los otros se habían ido al acorazado. Ya había pasado diez días del acuerdo y no había señal de actividad.

—Aun dudo que ese tal Krin pueda enfrentarse a los androides —dijo el presidente.

—La demostración que dio con el rey Axelis III fue muy ilustrativa.

—No me impresionó mucho. Los androides hacen más que eso.

—Me pregunto si ese sujeto no es un androide.

—Geintz dice que no lo es. Quedaría la pregunta de cómo desarrolló ese poder.

—Tal vez sea algo de raza, quien sabe.

—Lo que no quiero es que resignemos el poder de los androides a esa cosa. Si fuera tan poderoso, no los necesitaría. Creo que solo nos está usando.

—Él dijo que...

—¡Sé lo que dijo! Y me tragué mucha humillación allí, pero valió la pena ya que con la muerte del rey aranita, la guerra está ganada. Y solo quedaría un obstáculo una vez que derrotemos a los androides.

—¿Cuál?

—Krin, ese monstruo. ¿Crees que cogerá a los androides y se irá? No creo que sea tan fácil.

—No me parece que él tenga interés en quedarse. Me da la impresión que lo que quiere no está aquí.

—Tonterías, ¿entonces para qué nos observó tanto tiempo? Solo esperó a que nos destrocemos y luego él quedarse con todo y encima con los androides.

—¿Acaso piensa no cumplir el pacto?

—Nunca pensé en cumplirlo.

—Cuidado, si él se entera...

—Lo sé, pero no me asusta. No necesitamos enfrentarlo, solo basta con ser más inteligentes. Creo que lo soy más que él y creo tener la solución. Aliste una misión para ver los avances del doctor en la nave de Krin. Quiero que usted vaya a supervisar sus avances.

—¿Qué dirá, Krin?

—Geintz es nuestro hombre y tenemos el derecho de verlo. Haga lo que le digo, Toran.

En Hok, pasaron unos días luego de las visitas de los zuranos y Krin ya estaba impaciente. Entró al laboratorio habilitado al doctor Geintz.

—El plazo se ha terminado, doctor. Yo no tengo la paciencia de sus antiguos amos y tampoco su benevolencia.

—Señor Krin, ya está casi terminado. Solo necesitamos hacer una prueba.

—¿Eso es todo? A ver, ¡tú! —señaló a uno de sus subordinados—. Párate allí. Ya está su voluntario, doctor. ¡Pruebe su juguete!

Geintz lo activa y un rayo sale hacia el "voluntario" y este desaparece.

—¿Y bien?

—Es un éxito. Ahora debo hacer la decodificación. Tardaré un poco.

—No me importa. Prepárese para salir. Sé que los androides están fuera de Oxicran.

—Pero, ¿y su hombre?

—De eso se ocupará después. ¡Apresúrese!

...

Los dos acorazados estaban fuera de Hok siguiendo a la nave de Krin que emergió de la tierra. Krin se comunica con los acorazados.

—Interceptaremos a los androides cerca del planeta que ustedes conocen como Tesala. Necesito que ustedes traten de destruir la nave de los androides. Ellos se verán obligados a bajar a tierra. Lo importante es hacerlo rápido para evitar que se fusionen.

—¿Le teme a la fusión?

—Lo que temo es que ustedes lo arruinen. Debemos separarlos. Yo los esperaré en tierra.

Rin asiente mientras se dirigen a Tesala. Al llegar allá, la nave de Krin desciende mientras los acorazados están en órbita aunque envían a trescientos soldados para que los apoyen. No tardó mucho cuando una pequeña nave llega.

—¡Los androides! ¡Alisten las atómicas!

—¡Que el acorazado 3 ataque de una vez! —ordenó Rin.

Los disparos no se hacen esperar y uno de ellos impacta en la nave que se ve obligada a aterrizar. De su interior, los androides Ebumina y Kisos salen y miran a los acorazados. El acorazado 3 abre fuego mientras cien cazas Espectro salen a enfrentarlos. En Tesala, Krin sonríe al inicio del combate.

—Pobres humanos. El plan sale a la perfección. Mientras los androides no sientan peligro, no se fusionarán. ¡Horgan! Emite las señales. Que los androides se diviertan.

Horgan obedece y los androides ya en tierra abandonan la nave.

—Son señales humanas... —dijo Kiran.

—Sí —repuso Natos—, hay tres señales. Hay humanos cerca de aquí. Son muchos.

—Yo iré —contestó Kiran—. Zurin, repara la nave. Natos, sigue la otra señal.

Los dos vuelan en distintas direcciones mientras Zurin se quedaba a revisar la nave. No era problema, solo hacía falta repuestos y en las ruinas podrían encontrarse. Sus sensores se activan y al darse vuelta ve a un hombre alto frente a ella.

—¿Quién eres tú? No pareces zurano ni aranita.

—No lo soy, mi nombre es Horgan. Vengo a nombre de mi señor Krin, futuro amo del universo y te pide que te unas a él. ¿Deseas destruir humanos? Él te dará muchos.

— Yo no me someto a ninguna autoridad. No sé quién será tu señor Krin pero lo destruiremos.

—Pues entonces deberé someterte.

...

Kiran desciende sobre una explanada. Siente el poder de Natos, combatiendo contra los soldados zuranos. También divisa la nave. "No parece zurana ni aranita", pensó. No le dispara ya que le intriga saber qué es.

De su interior salen diez seres que obviamente no eran humanos, antecediendo al enorme sujeto que parecía mandarlos.

—¿Quién eres tú?

—Yo soy Krin. He venido a apoderarme de ti y tus compañeros. Sírveme y serás bien recompensado.

—No sirvo a nadie y tú estás muerto. Te mataré.

—¿Ah, sí? ¿Y cómo esperas hacer eso?

Los soldados de Krin se lanzan sobre Kiran pero este los vence fácilmente. Uno a uno van cayendo al suelo sin vida.

—¿Eso es todo? Debo reconocer que son valientes pero no te salvará.

—Solo quería probarte —respondió Krin—. Muy bien, atácame.

Kiran solo le dispara y para su sorpresa, el disparo es desviado por el ser que ya estaba sobre él. Su puño se incrusta en el cuerpo del androide, que se dobla sobre sí mismo y una patada lo lanza lejos.

—¡Jaja! Creí que serías más listo en una pelea.

Pese a ser androide, Kiran se sorprende. Sus sensores le indicaban que se enfrentaba a un ser orgánico. ¿Cómo podía haberlo derribado?

El acorazado zurano era destrozado por los disparos de los androides y finalmente estalla. Los cazas Espectro siguen atacando pero los androides los iban derribando uno a uno.

—¡Retirada! —gritó el presidente Rin.

—¿Qué? Pero, ¿y los demás? —preguntó Toran.

—¡Están muertos! ¡Esta misión es un error! ¡Vámonos de aquí!

La nave acorazada huye. Los androides no la persiguen sino que descienden a tierra. Sentían que los necesitaban.

...

Zurin caía a tierra por el golpe de Horgan pero rápidamente se recupera y dispara rayos de energía. Horgan los elude todos. Sin embargo, el ataque del ser es esquivado por la androide quien consigue golpearlo y derribarlo.

—¿Es tu señor Krin tan fuerte como tú? No creí que los seres orgánicos pudieran pelear así.

—Lo es mucho más. Yo no le duraría ni un segundo. Ni tus amigos tampoco. En este momento, debe estar acabando con uno de los tuyos.

—¿Qué dices?

—Estoy aquí para entretenerte. Si no están juntos, no podrán fusionarse.

Zurin siente temor y vuela pero Horgan también y la intercepta.

—¡Primero deberás vencerme!

—¡Eso haré! —La androide se lanza contra él y ambos combaten cuerpo a cuerpo.

...

Kiran caía nuevamente a tierra por el disparo de Krin. Geintz miraba sorprendido desde la nave. "Es increíble. El poder de Krin es mayor de lo que pensaba. ¿Para qué quiere a los androides si él es más poderoso?", pensaba el científico.

Krin se lanza sobre el androide y este lo esquiva y le aplica una patada pero solo le mueve el cuello.

—¡Jaja! Me sorprendiste —dijo sujetándole la pierna—. Pero un golpe tan débil no puede hacerme nada.

Krin lo estrella contra el suelo, haciendo un agujero. Luego lo levanta del cuello golpeándolo repetidas veces para dispararle varias descargas de energía y lastimarlo.

—No quiero dañarte más. Será más difícil repararte.

—No me... vencerás... monstruo.

—¿Monstruo? ¡Creí que el único aquí eras tú!

Lo hubiera seguido golpeando cuando se ve obligado a rechazar los ataques que Ebumina y Kisos lanzan. Krin se eleva y superando la velocidad del sonido, se acerca a ellos y los golpea derribándolos.

—¡Kisos! ¡Ebumina! —gritó Kiran—. ¡Fusiónense! ¡No podrán contra él separados!

Los dos se sorprenden pero unen sus manos y se fusionan formando un solo ser. Krin aterriza frente a él.

—Vaya, eso ni lo sabía. Creo que me esforzaré más de lo que pensaba.

...

Natos había terminado con los soldados zuranos que le habían hecho frente. Ellos murieron creyendo que lo salvarían ya que solo eran un señuelo, pero en realidad habían sido el primer sebo. El androide había sido lo suficientemente distraído y este se dio cuenta que había otro cebo que picar, y rápidamente se eleva en dirección al siguiente blanco.

Zurin combatía contra Horgan lanzándole varias descargas de energía que este eludía acortando el blanco y respondiendo los disparos que son también eludidos por la androide. Ambos combaten cuerpo a cuerpo y la mayor experiencia combativa de Horgan se impone.

—¡No te dejaré pasar!

—Lo harás, no dejaré que me detengas.

...

El nuevo androide fusionado avanza hacia Krin quien lo espera confiado, el golpe del androide es contenido por Krin quien lo golpea y derriba. Éste se para y eleva su poder para destruir a Krin con una poderosa descarga y le dispara. El impacto arrasa con todo pero Krin aparece al lado y golpea al androide repetidas veces. Este consigue hacer distancia y vuelve a disparar. Su rival esta indemne y elevando su poder.

—Experimenta esto. ¡Resplandor Estelar!

El impacto es tremendo y da de lleno en el androide, dejándolo lastimado y en el suelo.

—¿Realmente creíste que me vencerías con tu fusión? Están tan acostumbrados a pelear con insectos que no saben lo que es enfrentar a un verdadero guerrero. ¡Geintz!

De la nave sale un disparo y esta da en el androide caído que es digitalizado.

—¡¿Qué les hiciste?! —Kiran estaba de pie y elevando su poder.

—Los he digitalizado. Ahora me servirán, al igual que tú.

—¡No! ¡No volveremos a servir a nadie!

Kiran ataca velozmente a Krin pero este esquiva todos los golpes solo moviendo su cuerpo sin despegar los pies del suelo. Un furibundo golpe derriba a Kiran pero en su vuelo es interceptado por Natos.

—Kiran...

—Natos, ¡debemos fusionarnos!

Los dos juntan sus manos y se fusionan formando otro androide que lanza una poderosa descarga a Krin que él esquiva. El golpe de Krin es esquivado por el androide quien se lo devuelve forzándolo a un bloqueo.

—Aprenden rápido. Bien, muy bien.

...

Zurin trata de superar a Horgan y un rápido quiebre le permite golpearlo y derribarlo. Eso es aprovechado por ella para volar a toda velocidad. Horgan no tarda en seguirla.

El androide y Krin estaban frente a frente y este último eleva su poder. Un estallido hace retumbar la tierra. El ser fusionado lanza una serie de ataques pero Krin ahora es más rápido y lo golpea, arrastrándolo por el suelo y estrellándolo contra las rocas. Un nuevo ataque le impide levantarse y la patada lo arrastra hasta la montaña y lo estrella allí. Krin se eleva haciendo distancia.

—Que aburrido eres. Creí que serían un reto más interesante.

El androide emerge de las runas y eleva su poder y se lanza contra Krin a toda velocidad pero este solo levanta el puño y el androide se va de cara contra él. Krin junta los puños y le lanza un golpe que lo derriba y estrella contra el suelo haciendo un cráter. El corpulento guerrero de cabellera rubia desciende y el androide se eleva impulsado por su fuerza y desde la altura eleva su poder para lanzar un disparo.

Krin hace estallar aún más su poder. El ataque va directo a él. Geintz abre la boca de asombro. Krin reta la descarga y se lanza contra ella a velocidad, trazando un camino en medio del ataque y emerge delante del androide. Le lanza un puñetazo y finalmente le conecta una patada que lo estrella contra la tierra. Krin aterriza cerca de él y el androide ya estaba muy lastimado.

—Te dije que te sometería. No fuiste un rival del peso que esperaba pero me serás útil.

Zurin llega en ese instante y aterriza cerca de ellos.

—¿Quién eres tú?

—¿Una más? Qué bueno, la colección está completa. ¿Qué hiciste con el incompetente de Horgan?

Como escuchando el llamado, Horgan aparece y cae sobre la androide. La derriba manteniéndola pecho a tierra.

—Creí que la traerías sometida, Horgan. Me haces dudar de tu capacidad.

—Perdóneme, señor, solo me sorprendió.

—Pues creo que Geintz tiene trabajo que hacer —Krin levanta al androide del cuello y lo arroja hacia la nave.

El rayo digitalizador da en el blanco y el androide es digitalizado.

—La... digitalización... no... No de nuevo.

—Es tu destino —le sonreía Krin.

—¡Nooo! —Zurin eleva su poder y la energía liberada empuja a Horgan que se ve obligado a soltarla.

El estallido de poder de Zurin hace temblar la tierra.

—Vaya, así que tú eres la androide principal. Eras la que le daba poder a la fusión. Creo que ni ellos ni tú lo sabían. Hice bien en mantenerte distraída por Horgan.

"Increíble. No sabía que Zurin era la más poderosa entre los androides. ¿Cómo pudo desarrollar dicho poder?", pensó Geintz.

Zurin ataca a Krin y este se ve obligado a esquivar sus golpes. La chica lanza sendas descargas de energía pero Krin es más rápido y le lanza una nueva descarga. Eso obliga a Zurin a elevarse volando de espaldas para atacar a Krin, pero para su sorpresa, se choca con él.

—Soy más veloz que tú, preciosa —Fue lo último que dijo antes que la descarga diera de lleno en la chica.

Ella se precipita a tierra y cae haciendo un cráter, pero se levanta cuando Krin desciende.

—Veo que tienes espíritu de lucha pero de nada te servirá.

—No... no te serviré... ni mis compañeros... ¡tal vez no pueda vencerte pero no tendrás nada!

Zurin eleva su poder y se hace brillante. Geintz gritó:

—¡Está activando su cápsula positrónica! ¡Puede volar el planeta!

—Aliste su rayo, doctor —respondió tranquilamente Krin quien eleva su poder y le lanza una descarga a Zurin que la envuelve y la hace gritar—. Preciosa, buena maniobra pero ese vacío magnético ha alterado tu funcionamiento. ¡El tiempo suficiente para esto!

Krin atraviesa la cápsula de luz y comprime el cuerpo de la chica con su poder. Cuando la luz se extingue, las manos de Krin sujetaban la cabeza de la chica que estaba con los ojos muy abiertos pero ya no reaccionaba.

—Tu cerebro orgánico no puede tolerar esta conmoción. Digitalícela, doctor, esto se acabó.

El rayo digitaliza a Zurin ante la mirada de Krin y Horgan.

—Creo que ya te encontré un buen reemplazo, Horgan. La última androide vale más que todos los androides juntos. Me pregunto, ¿cómo es que se hizo más fuerte que sus compañeros?

—Tal vez porque es más humana de lo que parece, señor.

—¿Tú crees? Tal vez eso sea más un defecto que una virtud. Vámonos, ya no hay más nada que hacer aquí.

Los dos suben a la nave y el doctor Geintz los recibe.

—Felicitaciones, señor Krin. Me ha impresionado su poder.

—Guárdese las lisonjas, doctor. Detesto a los aduladores. ¿Cómo están sus "hijos"?

—¡Oh! Están bien. Ahora están neutralizados por completo. Solo debo revisarlos para...

—No los tocará, doctor. Horgan, encierra a este gusano y luego encárgate de la máquina. A partir de ahora yo me haré cargo.

...

La nave de Krin estaba ya en el espacio y acercándose a ella, le sale al encuentro el acorazado zurano con el presidente Rin, el almirante Toran y el Consejo. Krin estaba sentado en su sala de mando y la pantalla se enciende permitiéndoles ver a los dignatarios de Zur.

—¿Ha tenido éxito?

—Caballeros, sus androides están ahora seguros y digitalizados en la máquina fabricada por el doctor Geintz.

—Felicitaciones, señor Krin, por su éxito. La verdad tenía serias dudas de que lo lograría.

—En cambio ustedes no me dieron cabida a dudas sobre la imagen que me formé. Escaparon en tiempo récord y volvieron apenas supieron que no había peligro. La verdad, ahora sé que habrían perdido la guerra si no hubiesen fabricado a los androides. Por lo menos los aranitas tenían a los kirimpes. Pero ahora no tienen de que preocuparse. Lo que queda de su "reino" está allí esperándolos. Tal vez ahora sepan lo que es trabajar. ¡Jaja!

—¿Y usted se irá?

—¿No era ese el trato? Tengo a los androides y nada más me importa.

—¿Qué hará con ellos?

—Eso no les incumbe. Confórmense con seguir vivos y que haya cumplido mi parte.

—Precisamente, señor Krin. No estamos conformes. No creemos que usted se vaya tranquilamente, teniendo ese poder en sus manos. No estaríamos tranquilos, ¿sabe?

—Eso no me importa. ¿Qué piensan ustedes que haré?

—Tal vez... ¿conquistarnos?

—¡Jaja! ¿Creen que sus miserias y sus insignificantes vidas me importan? Ya están demostrando los imbéciles que son al pensar que me interesaría en los androides para lo que ustedes dicen. Si quisiera conquistarlos, ya lo habría hecho.

—Me temo que eso no es suficiente garantía...

—Odio las conversaciones inútiles. Eso ya lo saben. Hablen de una vez.

—Pues, queremos que nos entregue los androides.

—¡Jaja! ¿Quieren? No están en posición de exigir nada. Su acorazado no me intimida. ¿Acaso tienen una medida de presión?

—Sí, la tenemos. Usted esta tan confiado en su poder pero subestimó nuestra inteligencia. Las visitas que hicimos a su nave tuvieron un fin principal. Colocamos una carga positrónica de mil megatones dentro de su nave y aquí tengo el control. Le doy un minuto para que ponga al doctor Geintz y la máquina digitalizadora en una cápsula y lo mande para acá.

—Vaya, me tiene atrapado. Tal vez pueda resistir la explosión pero no puedo sobrevivir en el espacio. Además, me dejarían sin mi nave que a decir verdad me es muy útil. ¿No podríamos negociar?

—No, monstruo. Haga lo que le digo. Solo le quedan treinta segundos.

—¿Qué garantía tengo que no me hará volar si cumplo con enviarle a Geintz y los androides?

—Ninguna. Solo que vuele su nave lo más lejos que pueda. Tengo el dedo inquieto.

—Ah, sí, pues yo también. ¿Y si le mando al doctor con una foto de los androides no sería suficiente?

—¡Déjese de payasadas! ¿Cree que bromeo? ¡Lo haré! ¡Prefiero quedarme sin androides a que usted los tenga!

—Pues hágalo. Tal vez si su bombita explota en mi mano tenga más efecto.

Para sorpresa de los zuranos, Krin les muestra la cápsula positrónica desactivada.

—¿Me creyeron tan simple? ¿Tan crédulo? Ustedes, humanos de pacotilla, se creyeron más listos de lo que son. En realidad, fueron bastante estúpidos porque la única cosa que respeto en el universo es mi palabra y estaba dispuesto a cumplir aún con su bombita y todo. Pero ya que me traicionaron tan abiertamente les dije que si solo lo pensaban la pasarían peor que los aranitas.

La cara de Krin empezó a dibujar una torva sonrisa y el presidente Rin sentía que se le erizaban los cabellos.

—Capitán, sáquenos de aquí. ¡Ahora!

El capitán se dirige a los controles y empuja al operador para hacerlo el mismo pero casi al instante pega un grito. Unas manos habían salido del panel de control y le sujetaban las suyas. Una horrible faz de enorme boca llena de colmillos emergía también y pegaba su cara a la del aterrado oficial. Todos se quedaron estáticos mientras Krin reía.

—Presidente Rin, les presentó a uno de mis servidores, los madocks. Son seres etéreos que invoqué hace poco. Supuse que me quedaría sin servidores así que necesitaba nuevos. Como supuse que les gustaría conocerlos llené su nave de todos ellos. Aunque el gusto será más de ellos. Como les dije tienen forma etérea y eso... les da hambre.

—¡No! Por amor de...

—¡Son todos suyos, madocks! ¡Ya saben lo que tienen que dejarme!

El madock le arranca la cabeza al capitán y otros aparecen y se lanzan sobre los demás. El presidente Rin fue el primero. Los gritos no cesaron en la nave y nadie apagó el intercomunicador. Krin se quedó un rato a disfrutar del espectáculo antes de quedarse dormido como si aquellos gritos lo arrullaran.

...

Farin y Dian salían en compañía de Piaca y Vanderve y seguidos de sus hombres de seguridad. Entre ellos, estaba Roran. La nave de Krin aterriza silenciosamente ante ellos. La compuerta se abre y aparece Krin. No baja de la nave y solo mira a los aurorianos.

—Supuse que te gustaría conservar esto. Lo guardé para ti.

Krin arroja el gorro militar del almirante Toran. Estaba manchado de sangre. Dian no lo recoge y solo mira a Krin.

—¿Por qué lo has hecho?

—Cumple tu parte. Aquella vez que nos encontramos en Hok no fue del todo casualidad. Te esperaba, Dian Gical, porque tú tenías algo que yo quería. Aquella pieza que tu padre te dejó hace tiempo antes de partir a la muerte a manos de gente como el antiguo dueño de ese gorro. La encontró antes que yo. E ignoraba cuál era su destino. Dámela.

Dian le arroja el objeto que Krin coge. Parecía un adorno pero sus formas eran retorcidas y estaba cubierta de símbolos.

—Este objeto me interesaba más que los androides pero ahora los tengo a ambos. Que estúpidos fueron el presidente Rin o Axelis III al pensar que yo pactaría con ellos.

—¿Qué harás con los androides?

—Eso no te incumbe. Considérate afortunado y tómalo esto como un favor.

—¿Favor?

—Por el sueño de tu padre. Me pareció curiosa su forma de pensar. Me llamó la atención y por eso es que tuve interés en saber cómo terminaría esto. En cierto modo, soy la justicia que alcanzó a aquellos que mataron a tu padre y prefirieron seguir con su ridícula guerra.

—Han muerto miles de millones. No le veo ridículo a eso.

—¿Ah, sí? Para mí, sí. Todos murieron estúpidamente. Dirigidos por estúpidos y para estúpidos. Al final, los más inteligentes fueron los androides. Decidieron terminar con esto de manera radical. Vive tu sueño, muchacho, y reza para que yo jamás regrese.

Krin aborda su nave y esta despega. Farin se abraza a Dian.

—¿Ha terminado?

—Espero que sí. Sin los androides podremos empezar de nuevo.

—¿Crees que ese ser volverá?

—Como dijo él. Deberemos rezar para que eso jamás suceda.

—Me pregunto que busca al tratar de acumular tanto poder en sus manos. ¿Qué significa ese objeto? ¿Cuál es su destino?

—Lo que sea, no le deseo suerte. Y más bien espero que haya alguien que pueda detenerlo.

—¿Tú crees que exista ese alguien?

—Es lógico. ¿Para qué quiere a los androides? Se está preparando para una batalla. Y si es así, espero que sea bien lejos de aquí. Y que la pierda.

...

Roran entraba a su casa siendo recibido por Dalysa.

—¿Es cierto? Tus compañeros...

—Ya no lo son más. Ahora parten a destinos ignotos. Al menos Aurora se salvó.

—¿Te quedarás? Ya no eres necesario.

—Tienes razón. Tal vez sea mejor que me vaya. Quizás nunca pueda convivir con los humanos.

—Tal vez no puedas convivir con el resto pero me he dado cuenta que no es tan difícil.

—¿Qué?

—Quédate, Roran, quédate conmigo.

...

Krin esperaba en su sala de mando cuando Geintz es traído del cuello por Horgan.

—Doctor Geintz, sus amigos ya no existen. Ese es el castigo de aquellos que se atreven a traicionarme. Sé que usted no tuvo nada que ver en eso. No puedo decir que no me sería útil pero no me es imprescindible. Ya nos conocemos así que le haré una oferta. Trabaje para mí y vivirá.

—Por lo visto, no tengo opción.

—No, no las tiene. Podría dejarlo en Aurora y los aurorianos me lo agradecerían ya que quieren cocinarlo vivo. Venga conmigo, doctor, y conocerá otros mundos pero jamás volverá a ver a alguien de su raza. ¿Acepta?

—Acepto.

—Muy bien, doctor. Trabajará con Horgan. De estúpido, él solo tiene la cara y se ha estado entendiendo con su tecnología. Podrá ser buen asistente y se asegurará que usted no haga cosas equivocadas. Sírvame bien y la pasará de maravilla. Fálleme, y le arrancaré los brazos y las piernas antes de exprimirle el cerebro. ¿Me dejé entender?

—Claramente.

—Puede retirarse.

Geintz se retira y Horgan se inclina ante Krin.

—¿Cuál es nuestro destino, señor?

—La Galaxia R32 como la llaman los humanos. De allí nos dirigiremos a la Vía Láctea como la llaman los humanos. Es hora de que el círculo se cierre.

Horgan asiente y se retira. Krin mira al infinito espacio y se sonríe. "Ya estoy cerca, muy cerca y estoy seguro que nos volveremos a encontrar pero tú vendrás a mí", pensaba.

La nave se pierde en el infinito.

...

En Mystacor, Kay Namura seguía mirando las estrellas cuando algo lo hace estremecer.

—Alguien... alguien viene.

FIN