Capítulo 20: La madre

Cuando la montura de Ah Un comenzó a rebalsar de pieles y objetos robados que Kagome había acumulado, Sesshomaru comenzó a guiar a la manada de regreso al palacio. Pensaba imponerse sobre la naturaleza generosa de Kagome y persuadirla de que reglara la mayoría de los objetos que componían la pila. De lo contrario, se vería obligado a construir una nueva ala en el castillo solo para los objetos que ella acumulara durante los siguientes cien años.

Él consideraba que la oportunidad de convencerla sería buena ya que, para los kitsune, robar objetos era solo un fin y no les interesaba lo que robaban. En realidad, la mayoría de los objetos que Kagome traía de esas noches en las que se aventuraba en aldeas humanas se trataban de regalos para los cachorros y Sesshomaru. Del cargamento que transportaba Ah Un, las únicas cosas con las que Kagome se embobaba con regularidad era el móvil de bambú y un pequeño espejo que él le ordenaba en reiteradas ocasiones que guardara, o de lo contrario ella y Shippo lo observarían todo el día.

Sesshomaru estaba realizando comentarios inofensivos sobre el frío invierno que se aproximaba y que los sirvientes necesitarían medios para mantenerse abrigados cuando lo sintió.

Se detuvo en seco y alzó la vista al cielo.

I—

—¿Qué sucede, Sesshomaru-sama?— preguntó Kagome tensándose y posicionándose frente a las crías. Utilizó sus sentidos y sintió la presencia del aura demoníaca ahora que ya sabía cómo detectarlas. La misma se encontraba justo sobre ellos y descendía con rapidez.

Pudo percibir un aroma que era muy parecido al de Lin por lo que comprendió que se trataba de un demonio perro mujer. Las colas de Kagome se erizaron.

—Madre— dijo Sesshomaru en cuanto una bola blanca de luz apareció frente a ellos y que dio forma a un demonio que en esencia era una representación más pequeña y femenina de Sesshomaru. Poseía la misma luna creciente en la frente, aunque tan solo una franja magenta en cada mejilla. Su kimono poseía tres capas y era de un color violeta pálido y bordado con un hilo dorado que le combinaba con los ojos. Vestía su moko—moko como un chal que le rodeaba los brazos. De su cinturón colgaba un abanico, Kagome podría apostar que se trataba de un tessen, un abanico de guerra diseñado para que aparentara ser inofensivo.

—Sesshomaru, hijo mío— canturreó de una forma similar a la que Kagome se dirigía a Lin o a Shippo.

Kagome soltó una risita.

Sesshomaru solo suspiró.

—¿Qué la trae por aquí, madre?

—Por supuesto que quería conocer a mi nieta, y a tu nueva pareja.

Kagome se atragantó con su saliva.

—No tengo pareja— le respondió Sesshomaru sin ninguna clase de entonación.

Kagome no estaba segura de si debería sentirse ofendida o no.

—¿De verdad?— la madre de Sesshomaru respondió con aires de superioridad mientras arqueaba una ceja, un gesto que Kagome había visto en Sesshomaru demasiadas veces—. Admito que me sorprendió escuchar que te habías emparejado con una vulpina. Los perros y los zorros no se mezclan. En especial contigo, hijo mío.

Kagome gruñó.

La madre de Sesshomaru le echó un vistazo y una sonrisa de satisfacción se le formó en los labios.

—¿No vas a presentarme?

Sesshomaru se enderezó por completo, su cabeza sobresalía por todos los demás. Kagome pensó que tal vez la madre de este lo hacía sentirse más pequeño.

—Madre, la vulpina, Kagome y su cría, Shippo. Kagome, mi madre, Yukiko-sama.

—¡Y yo soy Lin!— cantó la pequeña demonio perro observándola desde detrás de las piernas de Kagome donde se había mantenido escondida.

—Así es— respondió Yukiko-sama haciéndole un gesto a la niña—. Nos hemos encontrado antes, pero en aquel entonces eras diferente.

—Me dejó usar su collar— comentó Lin indicando el pesado collar de piedras preciosas que colgaba del cuello de Yukiko-sama. Lin comenzó a caminar hacia ella, pero Kagome la sostuvo mientras miraba a Sesshomaru. Sin embargo, luego de un momento en el que ella no pudo comprender sus intenciones, él inclinó la cabeza dándole permiso.

A regañadientes, Kagome dejó ir a Lin para que se reuniera con Yukiko, luego comenzó a preparar el campamento cuando todo indicaba que la mujer perro tenía intenciones de quedarse con ellos por un tiempo. Lin estaba encantada cuando Yukiko le dijo a la pequeña que la llamara "Honorable Abuela". Lin comenzó a llevar a la youkai de la mano mostrándole con emoción los juegos que hacía con Shippo y lo alto que podía saltar, y le contó la historia de su primera presa, una historia que todavía causaba que el corazón de Kagome se detuviera por un segundo cuando pensaba en lo que había sucedido después.

Kagome se dirigió hacia Sesshomaru y se paró a su lado observándolo con discreción. La expresión del demonio, que por lo general se trataba de una máscara de tranquilidad, ahora se encontraba retraída, su aura demoníaca se estaba muy contraída. Ella no podía saber cómo él se sentía.

—¿Sesshomaru-sama?— ella le preguntó luego de un momento, alzó una mano para tocarlo, pero se detuvo. Ella no tenía el deber de confortarlo ya que no era su pareja. Si el deseaba que ella lo tocara, se lo indicaría.

Ella se movió en el lugar, batallándose entre lo que ella consideraba apropiado hacer y lo que realmente deseaba.

Sesshomaru lo observó y ella contuvo la respiración.

—Mi madre no mostró ningún interés en Lin cuando ella era humana— dijo finalmente, los labios del demonio apenas se movieron y susurró de una forma tan inaudible para que los cachorros no pudieran escuchar.

Los ojos de Kagome se abrieron más ¿Eso era lo que le molestaba?

Una bola de calidez se encendió en el pecho de Kagome y las puntas de sus colas se retorcían de felicidad mientras que lo observaba.

—Pues claro que no me interesaba cuando era humana— respondió Yukiko habiendo escuchado todo a pesar del susurro de Sesshomaru. Se acercó a ellos con gráciles movimientos mientras que los cachorros estaban distraídos jugando hanetsuki.

Kagome se atrevió a gruñirle.

—¿Solo porque los humanos son débiles?

Ella se había topado con esa actitud varias veces en el pasado. En especial con los youkai de la clase alta. De hecho, Kagome sospechaba que la única razón por la que nadie la había tratado con desdén mientras vivía en el palacio del Oeste era solo por pertenecer a la manada de Sesshomaru, lo cual le proveía un estatus mayor que el de todos exceptuando aquellos miembros de casas reales que los visitaban, o del mismísimo Lord del Oeste.

Y ahora, de Yukiko-sama.

—No— respondió Yukiko observando a Kagome directamente a los ojos, había tanto dolor y pena de antaño reflejados en los ojos de la youkai que Kagome se sorprendió—. Porque ellos mueren.

Kagome no tenía nada para decir al respecto.

Yukiko se dirigió a Sesshomaru, el cabello de la demonio se meció con elegancia, y abrió su abanico para ocultar la mitad inferior de su rostro. Kagome notó las puntas afiladas en los pliegues del abanico y se felicitó a sí misma por haber adivinado que se trataba de un tessen.

—¿No vas a castigar a esta vulpina por dirigirse de esa manera a sus superiores?— le preguntó a Sesshomaru.

Sesshomaru giró la cabeza hacia Kagome con lentitud como si estuviera considerando la idea, luego respondió con un vago "no".

Yukiko cerró el abanico con rapidez y entrecerró los ojos.

CONTINUARÁ

Gracias por leer y por seguir esta historia a todos los que les ponen seguir y favoritos 😊 mucho más por sus lindos reviews que saben son mi paga por traducir esta historia.

Tengo buenas noticias, a esta parte del fic (La primera) le quedan tan solo seis capítulos. No es mucho, voy a apurarme por subirlos todos antes de que termine el mes en lo posible, ya que en la segunda parte es cuando se viene lo realmente emocionante.

Notas del autor:

Kagome y Shippo atraídos por el espejo: En las leyendas, los zorros siempre se sienten atraídos por objetos brillantes debido a su naturaleza narcisista.

Tessen: Un abanico de guerra que por lo general transporta un samurai y posee varillas de metal para que se lo pueda utilizar como abanico y arma encubierta. El abanico de Yukiko está hecho de uno de los colmillos de Inu No Taisho que se lo regaló al momento en que nació Sesshomaru.

Yukiko: Es el nombre que elegí para la madre de Sesshomaru. Tomé dicho nombre de una leyenda japonesa llamada "La grulla agradecida", se trata de una grulla demonio que se enamora de un pescador y le da plumas para que pueda usarlas como un bote. La historia termina en tragedia.

¡Nos vemos!
Starebelle