Capítulo 21: Graciosa

Yukiko viajó con ellos mientras deambulaban por el extenso límite entre el Este y el Oeste. Caminaba con el brazo entrelazado al de Sesshomaru y calaba a Kagome con la mirada cada vez que ella les pedía para detenerse así podía ir a una aldea humana.

Kagome sabía que había algo que Yukiko no decía sobre la repulsión que sentía por los humanos. Tal vez se trataría de una historia que Sesshomaru no sabía. Tal vez ella había amado a un hombre alguna vez y tuvo que observarlo envejecer, o sucumbir ante la enfermedad.

Tal vez ella culpaba a la madre humana de Inuyasha por la muerte de Inu no Taisho.

—Amar a un humano es una estupidez— declaró Yukiko sin rodeos—. Son como la espuma de mar, desaparecen con la siguiente ola.

Debido al respeto que sentía por la relación de Sesshomaru con su madre, Kagome decidió mantener la boca cerrada, a pesar de que tal acto se volvió muchísimo más difícil a medida que pasaba el tiempo y Yukiko seguía viajando con ellos. Incluso llegó a casi perforarse la lengua con uno de los colmillos en más de una ocasión. Una tarde, Kagome ocupó el lugar de Sesshomaru para cazar la cena de ese día. Al hundir las garras en el cuello de un cerdo salvaje, este chilló y se retorció, lo que ayudó a que Kagome se calmara.

Al menos así fue hasta que regresó a la madriguera que utilizaban durante ese día y Yukiko arrugó la nariz e hizo un comentario respecto de la sangre que Kagome tenía sobre la capa externa del kimono.

—¡Que cazadora tan desprolija! Ya veo por qué siempre le dejas el trabajo a Sesshomaru— dijo la demonio perro con desdén— ¿Y qué más se puede esperar de un zorro? Son criaturas muy burdas.

Kagome le mostró los dientes y lanzó el cuerpo del cerdo a los pies de Yukiko, luego giró sobre los talones y dejó la madriguera. Se subió a un árbol para enfurruñarse ¡Sesshomaru había estado cazando por más de cuatrocientos años! Era obvio que iba a ser mejor que ella. Además, puedo sacarme la sangre del kimono con un simple hechizo.

Y eso fue lo que hizo. Arrancó una hoja del árbol en el que estaba sentada y la dobló para formar un abanico que agitó un par de veces sobre las manchas de sangre y estas desaparecieron. Apuesto a que ella no puede hacer esto ¿Quién es la burda ahora?

Kagome se quedó sentada en el árbol disfrutando de fantasías en donde Yukiko estaba cubierta de lodo y le rogaba a Kagome que usara su hechizo de limpieza hasta que la luna comenzó a brillar en el cielo y Sesshomaru salió de la madriguera. Él alzó la vista a ella sin decir nada. Ella suspiró dejando que el aire desinflara sus mejillas, se estaba comportando como un cachorro y lo sabía.

—Debes pensar que soy muy estúpida —le dijo a Sesshomaru mientras se escurrió por una rama del árbol y se sentaba en ella con los pies y las colas colgando.

Él ladeó la cabeza mientras la contemplaba y alzó una de sus grandes manos para pasar una garra por la planta del pie descalzo de Kagome. Ella había puesto sus zapatos en el cinturón para poder trepar mejor al árbol.

Ella sacudió el pie sintiendo cosquillas.

—Solo te está provocando— dijo Sesshomaru con los ojos puestos en el otro pie de Kagome—. Es su forma de ser graciosa.

Kagome contoneó los dedos de los pies, desafiando a Sesshomaru a que intentara agarrarlos.

—Bien, pero no me resulta graciosa.

—Hn.

Sesshomaru trató de sujetar el pie de Kagome a una gran velocidad, pero ella ahogó un chillido y alejó el pie de su agarre. Ella era más rápida, él no podía atraparla.

Ella bajó el pie invitándolo a que volviera a intentar.

—¿Por qué tu madre no vive en el palacio? —preguntó Kagome distraídamente mientras que ambos jugaban, sin sacar los ojos de las manos de Sesshomaru.

Por un instante creyó que él no le respondería, pero luego lo hizo.

—Mi madre era la esposa de mi padre, no su pareja. Cuando él murió y yo heredé el Oeste, mi madre ya no tenía un lugar en la manada, o en el palacio del Oeste.

Kagome arqueó las cejas y observó hacia la entrada de la cueva.

—No lo sabía. Que feo.

Sesshomaru le atrapó el pie y su dedo gordo presionó con firmeza el empeine de la vulpina.

—No creo que ella lo considerara así. El matrimonio entre ella y mi padre fue arreglado y ella siempre prefirió más la libertad a la vida en la corte.

—Como tú— respondió Kagome con suavidad.

Él asintió, le agarró el pie con más firmeza y la tiró de la rama. Ella cayó y aterrizó de pie frente a él con las rodillas flexionadas.

El reflejo de los kitsune era destacable.

—Eres casi tan gracioso como tu madre— le dijo a Sesshomaru mirándolo fijamente a los ojos dorados.

Y a pesar de sus palabras, Kagome le sonrió.

CONTINUARÁ

Debido a que este ha sido otro corto capítulo subiré otro en un par de días. Ya estamos a nada de llegar al final del primer acto, y en particular me gustó mucho la pequeña escena entre estos dos cuando leí el fic original. Espero haberle hecho un buen tributo y que les haya gustado tanto como a mí.

Nos vemos pronto.

Starebelle.