Capítulo 22: Dolor
Kagome estaba sentada junto a Yukiko observando cómo Sesshomaru jugaba con las crías. Por supuesto, Sesshomaru insistía en que los estaba entrenando, aunque Kagome podía reconocer un juego de las traes cuando veía uno.
Dirigió los ojos a Yukiko con la intención de calcular qué opinaba la demonio sobre la pequeña manada.
Yukiko se percató de que la estaban observando.
—¿Qué sucede, vulpina?— preguntó Yukiko entrecerrando los ojos dorados.
Los labios de Kagome se retorcieron y se sonrojó mientras buscaba algo para responder.
—Su collar —dijo—, puedo presentir un poder mágico a su alrededor.
—¿Y?— respondió con arrogancia.
Kagome hizo todo lo posible para no moverse en el lugar con nerviosismo, recordaba la promesa que se había hecho a sí misma de tratar de llevarse bien con la madre de Sesshomaru.
—Lin me contó que usted la dejó usarlo una vez.
Yukiko levantó una mano para pasarla por una de las pesadas piedras que colgaba al centro de la hilera de perlas.
—La piedra Meido fue un regalo que me hizo Inu no Taisho. Él me dijo que algún día Sesshomaru le daría uso— comentó Yukiko y luego hizo una pausa para resoplar—. Intenté que mi hijo fuera mejor, más fuerte, pero se parece mucho a… Cuando me trajo el cadáver de una niña humana fue cuando supe que ese día había llegado. Le puse el collar con la piedra Meido a Lin para que su alma regresara del inframundo.
Kagome se mantuvo completamente quieta ya que sentía que, si se movía o si incluso respiraba con mucha fuerza, aquel extraño ambiente que se había formado entre ellas se rompería y Yukiko no le contaría más. Cuando el silencio había permanecido por suficiente tiempo y Kagome se aseguró de que Yukiko había finalizado su relato, la demonio perro abrió el abanico de un ademán y lo utilizó para obscurecer la parte inferior de su rostro.
—Estuve a punto de no hacerlo. Estuve a punto de resistirme a los deseos de mi difunto esposo y dejar que la niña muriera. Era humana y terminaría muriendo en un par de décadas ¿Por qué iba a prolongar lo inevitable? – dijo Yukiko y su aura demoníaca se expandió lo suficiente como para que Kagome pudiera notarlo.
Sesshomaru se detuvo en seco con la vista dirigida hacia las mujeres no muy lejos del claro.
—Pero una madre no puede ignorar el dolor de un hijo con facilidad, incluso si estas haciendo lo que es correcto— finalizó Yukiko.
Con movimientos gráciles, se puso de pie y se dirigió junto a su hijo.
Kagome no la siguió.
—I—
—No odio a los humanos— le contó Yukiko-sama a Kagome al día siguiente una vez que Sesshomaru se había llevado a Lin y a Shippo de caza.
Kagome, sorprendida por la intensidad de la expresión de Yukiko y de que estuviera retomando el tema, no fue capaz de pensar en responder por los siguientes minutos. Finalmente, consiguió responder un débil:
—No necesitas excusarte conmigo.
Yukiko agitó una mano en el aire y sus garras elegantes brillaron a la luz.
—No estoy haciéndolo, solo estoy aconsejándote.
—¿Aconsejándome?— preguntó Kagome sintiéndose cansada. Tener que lidiar con una demonio perro tan distinguida la agotaba tanto que Kagome había comenzado a considerar en su mente que ese era el poder especial de demonio de Yukiko: era una vampira energética.
—Si, aconsejándote— respondió y abrió su abanico para mantenerlo frente a la parte baja de su rostro. Sus ojos dorados y brillantes parecían más penetrantes con su boca oculta—. Para que dejes ir tus nociones humanas, para que apartes las cosas de humanos. No necesitas odiar a los grillos para saber que un grillo no puede ser tu amigo.
—¿Entonces los humanos son grillos? ¿Espuma de mar?— Kagome respondió tajante y con ira, lo que producía que le brotaran chispas de fuego zorruno de los dedos. Se había estado mordiendo la lengua (a veces de forma literal) desde que Yukiko había llegado. Todos esos sentimientos escalaron hasta la superficie y se escapaban en forma de un medio gruñido, medio rugido— ¿A quién has perdido para volverte tan… resentida? ¿A un hombre? ¿Un cazador humano que atrapó el corazón de una demonio perro?
Yukiko gruñó, sus ojos brillaban sobre el abanico y su aura se expandió presionando a Kagome cuyas colas se crisparon. Sin embargo, la kitsune mantuvo las rodillas firmes para permanecer derecha por mas que el terror produjera que le temblaran las manos. Perdió el control sobre su magia de transformación que causaba que mantuviera el cabello de color negro y sus hebras de cabello comenzaron a volverse rojas.
Como sangre contra su kimono.
Yukiko hizo un paso hacia adelante y Kagome gimoteó sin querer. La madre de Sesshomaru era incluso más poderosa que su propio hijo, pero era incluso mejor escondiendo tal verdad ya que Kagome no se había percatado de ello. En cualquier minuto se arrodillaría ante ella o saldría corriendo en dirección al bosque. No podría luchar contra sus instintos de kitsune que le gritaban en la cabeza. Incluso respiraba entrecortadamente, incapaz de contener el aliento.
De manera abrupta, la presión que causaba el aura de Yukiko se aminoró, la demonio tomó las riendas de su poder hasta que este se volvió apenas tan perceptible como cuando recién había llegado. Kagome exhaló aire aliviada, pero le caían lágrimas de los ojos.
—Se llamaba Sasa —respondió Yukiko cerrando el abanico de un ademán rápido. Las cuchillas de acero del tessen produjeron un sonido metálico al cerrarse—. Vivía en las Islas del Sur, junto al mar. Su padre era un pescador humano y ella era mi mejor amiga.
Temblando, Kagome puso las manos dentro de sus mangas y se inclinó desde la cintura produciendo que su cabello formara una cortina que le impedía ver.
—Yukiko-sama.
La demonio perro de tez pálida le devolvió el gesto.
—I—
A pesar del razonamiento de Yukiko, tres días después de que ella se había marchado, Kagome apartó a Lin.
—Prométeme que nunca te olvidarás de que alguna vez fuiste humana— le dijo a la cachorra mientras la miraba con unos intensos ojos azules—. Y deberás mantener tu promesa, es de mala suerte no cumplir con tu palabra ante un kitsune.
Lin observó a Kagome y un hoyuelo le apareció en la mejilla cuando le mostró los pequeños colmillos a Kagome en una sonrisa.
—Lo prometo, y de todas formas mantendré mi palabra, Kagome-sama— dijo y pasó los pequeños dedos por el patrón estilizado de flores en la manga derecha. Desde que fue nombrada heredera de Sesshomaru, Lin había comenzado a usar su blasón— debo defender el honor del Oeste.
CONTINUARÁ
¡Gracias nuevamente por sus comentarios! Me alegra mucho anunciar que no veremos a la madre de Sesshomaru por unos cuantos capítulos… Creo que me alegro muchísimo de haber terminado con estos eternos capítulos.
Nos vemos pronto.
Starebelle
