Capítulo 23: Hogar

Sesshomaru llegó al palacio y fue recibido por los gritos de su hermano.

—¡Inuyasha-sama ha regresado!— exclamó Lin en caso de que algún miembro de la manada hubiera pasado por alto el sonido de la voz del hanyou—. Me prometió que me dejaría viajar en su espalda cuando volviera.

Sesshomaru le indicó a Kagome que se llevara a los cachorros al ala reservada para la manada antes de investigar la razón por la que su hermano gritaba tanto esta vez.

Se sorprendió de que el aroma de Inuyasha lo guiara a la cámara del consejo. Se sorprendió más de encontrar a Jaken junto a Inuyasha, el Gran Sello del Oeste todavía permanecía firmemente agarrado en aquellas manos reptilianas verdes.

—¿Qué significa esto?

Sin hacer una pausa para respirar, Inuyasha se giró y le comentó sobre el asunto, luego siguió gritándole a los miembros del consejo. El hanyou en realidad parecía disfrutar la parte de gobernar que Sesshomaru tanto detestaba. Las orejas triangulares de Inuyasha permanecían erectas, sus ojos brillaban a la vez que su corazón latía cuando bramaba a todo pulmón.

Sesshomaru se encontró completamente sorprendido al descubrir que estaba de acuerdo con Inuyasha.

Tal vez haberle dado a su hermano el título de administrador no era tan descabellado después de todo. Eso honraría a su padre.

—Se hará como ha dicho Inuyasha.

Todos dejaron de hablar y se giraron hacia él con rostros de incredulidad.

Inuyasha fue el primero en recuperarse.

—Feh. Ya lo oyeron.

Viendo que la sesión del consejo se encontraba en las buenas manos de Inuyasha, Sesshomaru se marchó.

I—

Esa tarde, al cenar, Sesshomaru permitió que a Inuyasha le sirvieran primero. Las cejas de Kagome se le arquearon hasta la raíz del pelo. No estaba segura de la razón por la que se estaba llevando a cabo tal acto. Todo indicaba que Inuyasha había obtenido un logro y había subido de categoría en la manada, logro del cual se estaba aprovechando atragantándose con la comida y dándole palmadas en el hombro a Sesshomaru. Kagome negó con la cabeza considerando que Inuyasha no se sentiría conforme hasta que consiguiera irritar tanto al Lord del Oeste hasta el punto en el que su vida peligrara.

Una vez que terminaron de cenar, Inuyasha le preguntó si podrían tener un paseo en el jardín. Kagome le sonrió y aceptó su propuesta, feliz de verlo y de sentir su aroma otra vez. Al inhalar el aroma familiar de Inuyasha, las aletas de su nariz se ensancharon.

Le resultó extraño percatarse de que ahora recurría más al olfato que a la vista. Hace un tiempo, lo primero que le venía a la mente sobre Inuyasha era la imagen del aori rojo hecho con la rata de fuego. Pero los ojos podían ser engañados con tanta facilidad, como ella bien sabía: por ilusión o transformación, solo por nombrar algunos. El olfato era mucho más difícil de engañar.

—¿Cómo es que me han dicho que viajas por todos lados con el bast- con Sesshomaru, pero no quieres ir a ver a Sango y Miroku conmigo?

El buen humor de Kagome se desintegró con tanta rapidez que la hizo sentirse mareada. Las paredes del jardín parecían apresarla y el cielo parecía presionarla con una fuerza que la dejaba sin aire. No podía respirar por el pavor que la ahogaba.

El estómago de Kagome se retorcía mientras que ella buscaba la forma de explicarle a Inuyasha, pero en realidad ni siquiera podía explicárselo a si misma. Todo lo que sabia es que ella no quería ir y que el no podía obligarla. Ella podía hacer que Sesshomaru lo detuviese si lo intentaba.

Inuyasha pareció notar el pánico de Kagome y sus orejas se agacharon hasta pegarse contra su cabeza. Él le sujetó los hombros con delicadeza y la giró para verla a la cara.

—No tenía intención de… —murmuró—. Mira, no llores ni nada ¿De acuerdo?

Eso produjo que ella comenzara a reír, el sentimiento de sentirse atrapada se fue tan rápido como había aparecido.

—Keh.

Kagome pasó el brazo por el de él y le agradeció en silencio el que no la obligara a explicárselo.

—¿Cuánto tiempo hace que has regresado?

—Un par de meses. Nadie sabía con certeza cuando regresarías, así que me quedé para asegurarme de que Jaken no arruinara todo.

Kagome chasqueó los dedos y una chispa de fuego zorruno amplificó el sonido.

—¡Aja! ¡Así que de eso se trata el que te hayan servido primero en la cena! Debiste haber hecho un buen trabajo— dijo mientras le daba palmaditas en la mano.

—Si, bueno… —murmuró Inuyasha que en realidad se sentía avergonzado— él me nombró su administrador. Ahora soy su mano derecha en la manada.

—¿No lo eras antes?

—Supongo que lo hizo oficial— agregó Inuyasha girándose cuando sus ojos se volvieron extrañamente brillantes—. Parece que Sesshomaru considera que al Viejo le hubiera gustado.

Kagome le permitió a Inuyasha tener el momento que necesitaba mientras fingía interés por una flor cercana.

—De todas formas, Sango y Miroku me pidieron que te dijera que vayas a visitarlos cuando puedas. Se casaron, Sango ya parió un bebé.

—¿Qué?— preguntó Kagome con los ojos bien abiertos y temblorosa. La tierra pareció haberse girado bajo sus pies y deseaba que se detuviera. Parecía como si ella hubiese sufrido más altos y bajos en esa conversación que la cantidad de piedras que adornaban en el patio— ¿De verdad ha pasado tanto tiempo? El tiempo… ya no parece ser tan importante.

Inuyasha la miró a los ojos.

—Toma el consejo de alguien que sabe, Kagome. Los humanos no se quedan por mucho tiempo. Deberías visitarlos lo más que puedas.

I—

Esa noche, Sesshomaru se encontraba inquieto. Paseaba por sus habitaciones con una yukata apenas atada a la cintura dejando a la vista una porción de su pecho. Sintiéndose irritado consigo mismo, se paró en el balcón con la necesidad de sentir el aire en su piel.

Un pequeño sonido llamó su atención a la puerta que daba al pasillo donde se encontraban Kagome y los cachorros a cada lado de ella.

—¿Padre?— preguntó Lin gimoteando. Era la primera vez que lo llamaba así.

—¿Hermano mayor? —preguntó después Shippo, sin atreverse a tanto como Lin.

Sesshomaru se alejó del balcón y se acomodó en la enorme cama con doseles que dominaba la habitación. Luego dijo:

—Como gusten.

Los cachorros se subieron de inmediato, rodando en la cama y luchando entre ellos hasta que Kagome los reprimió con un pequeño ladrido. Se tranquilizaron ante la reprimenda y se acurrucaron junto a Sesshomaru. Kagome los siguió vestida para dormir con las colas extendidas tras sí formando un abanico, las cuales se mecían hacia los lados. A Sesshomaru le gustaban más de esa forma.

Ella evitaba su mirada.

Sesshomaru arqueó una ceja y pasó una de las garras por la mandíbula de Kagome para alzarle el rostro y observarla mejor. Un escalofrío recorrió el cuerpo de la vulpina y sus ojos se dirigieron al pecho expuesto de Sesshomaru. El aroma de Kagome cambió adoptando un dejo de calor.

Sesshomaru debía admitir que sentía un poco de satisfacción.

—No tienes por qué ponerte tan petulante— lo regañó mientras lo golpeaba juguetonamente.

Él le atrapó la mano antes de que ella pudiera tocarlo.

—No te avergüences. Soy consciente del efecto que causo sobre las mujeres.

Ella resopló con rabia.

Sesshomaru se rio por lo bajo.

CONTINUARÁ

¡Mil gracias por sus reviews! Me llena de alivio saber que la historia les está agradando y eso me anima a seguir subiendo más capítulos.

¡Quedan dos capítulos para terminar la primera parte, espero poder terminarlos en el transcurso de la próxima semana! 😊

Nos vemos pronto.

Starebelle.