Capítulo 25: Edo
Kagome paseaba por los jardines junto a Sesshomaru. La luna llena resplandecía sobre ellos. Ahora él tenía más tiempo libre ya que la carga del liderazgo no reposaba sobre sus hombros.
La consciencia de Kagome hacía que se lamentara por la felicidad que le causaba que Inuyasha haya adoptado algunos deberes respecto del manejo del Oeste. La culpa superaba el alivio ya que esto significaba que ella no debía pasar tanto tiempo intentando evitar al hanyou mientras las cosas entre ellos se aliviaban.
Además, eso le otorgaba más momentos de paz como aquel, junto a Sesshomaru.
Los cachorros ya se habían dormido. Los habían arropado en la cama de Sesshomaru.
—Sigues con el cabello negro— le dijo Sesshomaru, como de costumbre.
—Siempre lo tengo negro, me queda bien— respondió Kagome.
Él asintió y en ella se formó una sonrisa. Sesshomaru podía comportarse extraño, a veces.
Pero las siguientes palabras que pronunció Sesshomaru le borraron la sonrisa.
—Inuyasha me ha dicho que deseas visitar a la exterminadora y al monje. En el futuro me harás saber tus deseos.
Las colas de Kagome se arremolinaron y le arrugaron el cinturón.
—Tienes muchas cosas importantes que hacer aquí. No hay apuro.
Sesshomaru se giró para observarla con una ceja arqueada.
Kagome le mostró los colmillos sin comprender por qué estaba actuando tan reacia. Tan solo no deseaba visitar a Sango y a Miroku todavía. Podría hacerlo más adelante, tal vez en un año.
—Nos iremos en dos días, prepárate.
—No— gruñó Kagome y sus ojos brillaron con fuego zorruno.
Él expandió su aura permitiendo que esta llenara el jardín, los labios de Sesshomaru se estiraron para formar un gruñido que era tan hermoso como aterrador. Su cabello blanco y azulado se agitó frente a su rostro debido al viento que arremolinaba a su alrededor.
Kagome mantuvo la compostura lo más que pudo y recordó con precisión la vez en la que se mantuvo firme ante el aura de Yukiko-sama. Pero Sesshomaru no se detuvo como lo había hecho su madre. Al poco tiempo, las rodillas de Kagome cedieron y sus músculos temblorosos no pudieron mantenerla firme, las colas se le habían erizado. Cuando Sesshomaru expandía su poder de esa forma, ella sentía como si volviera a sus primeros días de kitsune donde todo era confusión, donde ella había estado completamente segada y solo se valía por el instinto.
¡Peligro! ¡Peligro!
Se inclinó ante Sesshomaru mostrándole la parte de atrás del cuello. Él posó las garras sobre la piel de ella de inmediato y las yemas de los dedos del demonio se hundieron en la suave piel de la vulpina.
—Nos vamos en dos días —repitió—. Prepárate.
—Si, Sesshomaru-sama.
—I—
La vulpina de Sesshomaru no le dirigió la palabra durante el tiempo que duró el viaje a la aldea de Edo donde el monje y la exterminadora vivían con la anciana sacerdotisa, Kaede.
Estaba enojada.
Él no le prestó mucha atención ya que solo hacia su deber como alfa.
Viajaron con rapidez habiendo dejado a los cachorros en el palacio con la promesa de que volverían para la próxima ocasión en las que patrullarían las tierras en manada. Sesshomaru sabía que su vulpina debía enfrentar sola lo que fuera que temía de aquel lugar. Él solo iba a escoltarla hacia los límites de la aldea.
Y no más.
Sin los cachorros no había razón por la cual dormir juntos. De hecho, su vulpina ni siquiera durmió, sino que se mantuvo sentada, rígida y derecha, toda la noche. Se negaba a mirarlo.
No importaba, Sesshomaru no necesitaba de su atención.
En absoluto.
—I—
Kagome derrapó para detenerse, sus patas arrancaron el pasto al enterrarlas en el suelo. Este viaje no se trataba ni de una patrulla ni de unas vacaciones, por lo que viajaba en su verdadera forma y Sesshomaru volaba. Así era más rápido.
Y entonces habían llegado. Edo.
El estómago de Kagome se desplomó debido a temor incapaz de nombrar. Se transformó seguido de un estallido y retomó su forma humana. Las colas se retorcían detrás de ella manifestando su nerviosismo. Le llevó un tiempo enredaras en el nudo del cinturón.
—Te estas retrasando innecesariamente— le dijo Sesshomaru sin perdón con esa voz en barítono.
Kagome no se movió, tenía ambas manos metidas en las mangas del kimono. Si la tela no hubiera sido hecha de youkai, se hubiera arrugado o despedazado debido a sus garras.
—Kagome.
Ella gimoteó.
Un dedo se posó bajo su mentón y la obligó a alzar la vista con delicadeza ¿Quién diría que el Lord del Oeste sediento de sangre podría ser tan suave?
—¿Y si ellos no me reconocen?— dijo ella sin pensar en lo que decía, las palabras le brotaron de los labios como un susurro ahogado.
—Lo harán— le respondió Sesshomaru con un tono parecido a un ronroneo tranquilizador.
Ella negó con la cabeza.
—No ¿Y si no me reconocen?
—Lo harán— repitió Sesshomaru y la soltó.— Yo esperaré aquí.
Kagome inhaló profundamente y se concentró con todas sus fuerzas. Su cabello ya era de color negro, pero ahora redondeó sus orejas dejando atrás las puntas que le daban un aspecto sobrenatural. Sus garras se convirtieron en desafiladas uñas humanas. Sus colmillos se encogieron uno a uno y sus colas desaparecieron. Por último, cambió su atuendo volviendo su kimono más simple, de tela áspera. No deseaba despertar la atención de toda la aldea.
Como siempre, no logró conseguir que su sombra cambiara, la cual se movía por el suelo y delataba su transformación a cualquiera que fuera lo suficientemente observador como para darse cuenta.
Finalmente observó su reflejo tras sacar el pequeño espejo redondo de su manga.
Su antiguo rostro le parecía algo aburrido.
—Aquí voy— murmuró y se dirigió hacia Edo.
—I—
—¿Kagome, eres tú?
—¡Kagome!
Sango y Miroku se emocionaron al verla. Ambos se veían diferente, habían ganado peso, aunque no mucho. La vida de casados les sentaba bien.
—Soy yo— les dijo con tranquilidad y abrazándolos.
La mano de Miroku comenzó un camino conocido hacia su trasero y Kagome suspiró antes de (con mucho cuidado y gentileza) golpearlo en la cabeza.
Todos rieron, incluso Miroku, una vez que se había roto el hielo entre ellos.
—Es bueno saber que hay cosas que no cambian entre nosotros —le dijo a Sango sintiéndose agobiada y con lágrimas en los ojos.
Miroku posó una mano en su hombro con una expresión de gentileza y casi de paternidad y Sango asintió con la cabeza.
Cuando Kagome estuvo lista, comenzaron a caminar por el camino principal que atravesaba la aldea y conducía hacia la cabaña de Kaede. Sango y Miroku habían construido la suya junto a la de la anciana.
—¿Sesshomaru-sama no vendrá con nosotros?— preguntó Miroku con emoción. —Inuyasha nos contó que siempre está contigo— agregó con una expresión de malicia ahora—. Creo que estaba un poco celoso.
El corazón de Kagome dio un vuelco.
—Sesshomaru-sama me espera en el bosque, a él… No le gusta la multitud— dijo discretamente.
Sango asintió.
—Además, Miroku y yo les hemos estado enseñando a los aldeanos y muchos de ellos no reaccionarán bien al saber que hay un youkai adulto y de sangre pura entre ellos. Y menos uno que es tan poderoso como para adoptar una forma humana.
Los pasos de Kagome vacilaron y la expresión de Sango cambió a una de desasosiego.
—Kagome, lo siento, no pensé…
—No, Sango— respondió ella negando con la cabeza y su cabello negro hondeó con el movimiento, luego hizo un ademán mostrándose—. Por eso es que estoy transformada, no puedo culparte por haberte olvidado, al menos no cuando me ha tomado tanto el mantener esta ilusión.
Miroku las distrajo rodeando los hombros de Kagome con un brazo.
—Y… ¿Y cómo te ves ahora, mi pequeña vulpina? Si no recuerdo mal desde la última vez que te vi, eras puro cabello rojo fuego y bien formadas… —se detuvo a tragar saliva cuando Sango le lanzó una mirada de hielo y este decidió cambiar lo que iba a decir originalmente— bien formadas… orejas.
Kagome rio.
—Siguen siendo bastante puntiagudas.
Sango pretendió despreciar a Miroku al entrelazar un brazo con el de Kagome forzando a Miroku a caminar frente a ellas para que no tuviese la oportunidad de poder observar "sus verdaderas bellezas." Kagome siguió sonriendo por las protestas de Miroku sobre el hecho de que iba a morir al igual que un hombre abandonado en un desierto sin agua, cuando Sango preguntó:
—¿Kagome, es cierto que ahora eres la Dama del Oeste?
El entrecejo de Kagome se arrugó.
—¿Qué?
—Hemos oído historias de viajeros que hablan sobre la Vulpina Roja del Oeste— continuó Sango—, y creímos que tal vez se trataría de ti, en especial después de lo que Inuyasha nos cuenta cuando nos visita.
—¿Qué es lo que dice Inuyasha en sus visitas?
—Que Sesshomaru-sama está hecho de hielo…
—"Tiene un carámbano de hielo metido en el culo" de acuerdo con Inuyasha— interrumpió Miroku.
—Pero que parece que le agradas— continuó Sango— lo cual no nos sorprende cuando lo piensas bien. Siempre te has llevado bien con los youkai hombres.
Kagome sintió que su rostro se tornaba rojo y murmuró:
—Y se dice que los kitsune no se avergüenzan.
Por fortuna, antes de que la conversación avanzara, llegaron a la cabaña de Kaede. La anciana rengueó hacia Kagome para saludarla.
—Su niña acaba de despertar de su siesta— Kaede le dijo a Sango, por lo que Kagome concluyó que la anciana sacerdotisa había estado cuidando del bebé.
Sango y Miroku le mostraron la cabaña a Kagome, así como también el trabajo que se habían tomado en construir un santuario en las afueras de Edo, junto al pozo. Iban a fundar una escuela en aquel lugar donde instruirían a nuevos exterminadores, monjes y sacerdotisas a respetar la vida, incluso y en especial aquella de los youkai. Su credo era "Mata solo para proteger."
Luego le presentaron el bebé a Kagome, una niña con los ojos lavanda de Miroku. Este ya había perdido las esperanzas de mantener a los pretendientes alejados de ella.
Kagome, agobiada por un instinto que no pudo explicar al momento de ver al bebé, se llevó los dedos a la boca y se arrancó uno de los colmillos ante el grito de sorpresa de Sango.
Con sangre que le brotaba de los labios y un dolor increíble que le recorría la mandíbula, Kagome hizo rodar el diente entre las palmas y lo comprimió con su fuerza sobrenatural hasta que se volvió lizo y redondo.
Una perla.
La llenó de fuego zorruno que provenía de su corazón y sus ojos brillaron con una luz verde al momento en el que respiraba sobre la superficie de la pequeña gema.
Una vez que esta comenzó a brillar con el toque de su magia, se la entregó a Sango.
—Pásala de madre a hija. Mientras que alguien de tu sangre la tenga en su poder, Kagome de las Cuatro Colas le traerá buena fortuna, protección y suerte. Te lo juro.
El rostro de Sango se volvió rojo de la emoción y Miroku le agradeció utilizando su usual elocuencia. Luego, Kagome tuvo la oportunidad de sostener al bebé.
No había forma en que ella lo supiera en aquel momento, pero debido al deseo que había pedido y del juramento de kitsune que había hecho, la niña en sus brazos sería la tátara tátara tátara abuela de una niña llamada Suiko.
Una emperatriz de Japón.
Una emperatriz que respetaría a los youkai y que tendría a un kitsune que la guiaría.
—I—
Kagome se quedó con Sango y Miroku por siete días y siete noches. Los aldeanos no tardaron en dejarle regalos y baratijas para que ella no se escabullera a sus hogares por las noches jugándoles trucos y tomando lo que se le antojara. Aquellas familias que rendían sus respetos a la vulpina eran recompensadas con oro proveniente del bolsillo de Sesshomaru.
Durante siete días, Kagome utilizó su transformación humana. En la séptima noche, luego de que Miroku y Sango le rogaron que les dejara ver su verdadera apariencia, ella permitió que su magia de transformación de deshiciera.
Primero aparecieron sus colas, luego su cabello rojo y su kimono. Sango sonrió, Miroku bromeó con que debería haberla dejado que se lo llevara aquel día hacía mucho tiempo.
Ambos opinaban que ella se veía hermosa.
CONTINUARÁ
Nota del autor:
La perla que Kagome le da a Sango y que esta hecha de su colmillo y fuego zorruno: Se trata de una referencia a lo que se le llama "gema de poder" en las leyendas de kitsune. Se considera que tal historia es precursora de la historia occidental sobre la rana y la bola dorada. Se dice que los kitsune guardan algo de su poder en las 'gemas de poder' y que luego las esconden. Los humanos que encuentran o roban la gema obtienen poder sobre el kitsune, o pueden hacer un trato con el kitsune para obtener algo a cambio de devolver la gema de poder. En otras historias, el kitsune entrega la gema de poder a un humano por voluntad propia y así poder convertirse en el espíritu guardián del humano. En un futuro verán que me refiero a esta perla como "Perla Ki" [Ki en japonés es energía, poder, fuerza]
Nota del traductor:
Gracias infinitas por los comentarios y muchas gracias también por la espera. Ya no voy a prometer mucho la constancia con la que subo los fics porque siempre algo termina pasando y tengo que posponerlo para el fin de semana, igual siempre intento subir lo antes posible, igual este capítulo en especial me resultó bastante largo como para terminar en un solo día (en realidad contaba con dos horas libres y me tomó más).
Ahora sí, el próximo capítulo cierra el primer acto.
El segundo es mi favorito, espero que me fuerce a traducir más seguido todavía.
¡Nos vemos pronto!
Starebelle
