Capítulo 26: El pozo
Sesshomaru encontró a su vulpina en el claro que rodeaba el pozo Devorador de Huesos. Ella se encontraba sentada en una postura de meditación con la espalda apoyada en la estructura de madera.
Él se acercó y se paró frente a ella quien abrió un ojo y le sonrió, había adoptado un rostro travieso propio de un kitsune, luego cerró el ojo y lo ignoró.
La paciencia de Sesshomaru era muy superior a la de ella, por lo que se sentó a su lado con las palmas hacia arriba para unirse a la meditación.
Y obtuvo su recompensa cuando ella le habló con una sonrisa:
—Fue bueno ver a Sango y a Miroku otra vez, lo necesitaba, pero no lo sabía. Temía que no vieran nada en mi actual yo que asemejara a la antigua Kagome. Pero siguen siendo mis amigos, y yo sigo siendo yo. Gracias por traerme aquí, Sesshomaru—sama.
—Hn.
Reinó un momento de silencio en el que el viento corrió por el claro volándoles el cabello y las manas en una danza en la que se mezclaron los colores: hebras de cabello blancas con hebras negras, seda blanca con seda verde.
—El pozo ya no funciona. Inuyasha me contó que no lo dejaba pasar cuando venía aquí. Pero no podía marcharme sin probarlo por mí misma.
Sesshomaru inclinó la cabeza indicándole que prosiguiera.
—Supongo que esto es lo mejor. No se qué pasaría con mi familia si me vieran, o qué podría hacer un kitsune en el Tokyo moderno— dijo entre risitas que contenían el sabor de la tristeza—. Tal vez unirme al circo.
—¿El circo?
—Es un grupo de artistas que hacen acrobacias peligrosas y trucos de magia.
—Ah, hechicería humana.
Kagome rio y luego algo cambió cuando alzó una mano hacia su rostro. Sesshomaru podía percibir el olor salado de las lágrimas.
Inaceptable.
—Volverás a verlos— le dijo—, a tu manada humana. Quinientos años no es tanto tiempo.
Ella asintió y una lágrima le rodó por la mejilla para caer en la mano de Sesshomaru. Sin pensarlo, este se la llevo a los labios para lamerla.
Tenía un sabor salado.
—Siempre me pregunté por qué la perla me convirtió en un kitsune— dijo Kagome ahogándose entre las lágrimas que con toda valentía intentaba retener—. Creí haber pedido el deseo de forma que me excluyera. Pero tal vez… Tal vez me convirtió en youkai para que yo no tuviera que elegir entre mis dos mundos. De esta forma, si logro mantenerme con vida, puedo vivir en ambos.
Sesshomaru entrecerró los ojos considerando la idea. Lo que decía tenía sentido, pero él creía que había algo más allá.
—¿Has considerado que tal vez la perla no estaba cumpliendo tus propios deseos? Debido a tu transformación, no solo volverás a ver a tu manada, sino que Shippo tiene una madre e Inuyasha tiene una pareja que no morirá y lo dejará solo luego de un par de décadas.
Al escuchar esto, Kagome enterró el rostro entre las manos y comenzó a llorar.
Lleno de confusión, y aprovechando que nadie estaba mirándolos, Sesshomaru optó por hacer lo único que sabía hacer en esos momentos.
Él era un youkai de pocas palabras, prefería ser firme, con la naturaleza certera de actuar. Y a pesar de que nunca admitiría tal fracaso, a veces no sabía qué decir.
Por lo que sentó a su vulpina sobre él y la acunó como si fuese un cachorro mientras lloraba. Ella se tensó cuando él comenzó a acariciarle el cabello para que se calmara, las garras de Sesshomaru recorrían la cabellera, pero luego se relajó y se disolvió entre los brazos del youkai al acomodarse contra su pecho y reposar la mejilla en la peluda moko—moko.
Hn, esto se está volviendo habitual. Pero, reflexionó Sesshomaru, parece estar funcionando.
No fue consciente de la suavidad que sentía alrededor de la boca mientras pensaba, que vulpina problemática
Le arrulló como lo hacía para que Lin y Shippo durmieran. No se sorprendió cuando los ojos de Kagome se cerraron y su respiración se estabilizó ya que ella no había dormido desde que dejaron el palacio. Era demasiado tiempo, incluso para un kitsune adulto.
Se sorprendió lo pequeña y liviana que ella se sentía en aquel momento. Ya la había observado dormir con anterioridad cuando hacía guardias en sus viajes juntos, pero jamás la había visto tan… vulnerable. Por lo general ella era vibrante, llena de vida, de un fuego que sobrepasaba su naturaleza de kitsune. La fuerza de su personalidad la hacía parecer más alta, más fuerte, un ser que no podría tratarse de la misma vulpina que tenía recostada sobre el hombro.
Las manos de Kagome eran tan refinadas, sus muñecas eran tan delicadas, sus dedos apenas eran la mitad del tamaño de los de él. Al descubrirse que la estaba mirando demasiado, le tiró de las mangas para que la tela verde azulado le cubriera la piel.
Para cuando ella despertó, el sol ya se había puesto.
Se estiró en sus brazos y con un bostezo reveló sus pequeños colmillos. Sesshomaru amaba las pequeñas y sutiles curvas que estos formaban, se sentía atraído a ellos.
—No voy a ser la pareja de Inuyasha— fue lo primero que le dijo cuando abrió los ojos y lo encontró mirándola.
Había miedo en el aroma de Kagome.
¿Acaso pensaba que él se enojaría si rechazaba a su hermano?
En caso de tener alguna clase de sentimiento acerca del pronunciamiento que Kagome había hecho, sentiría un placer exorbitante del cual no tenía intenciones de examinar en profundidad.
Asintió con la cabeza para mostrarle que la entendía y luego la ayudó a levantarse.
FIN DEL PRIMER ACTO
No hay mucho que decir, traducir todo el primer acto me llevó mucho tiempo, más de lo planeado. Pero disfruté mucho hacerlo. Ahora se viene lo más interesante de la historia.
Si han leído hasta acá, quiero agradecer infinitamente, tanto a aquellos que siempre me llenan de dicha con sus comentarios por más pequeños que sean, como aquellos que me siguen en silencio. Sin embargo, como siempre digo, agradezco los ánimos de sus comentarios, son mi paga por hacer mi trabajo gratuitamente y traerles a todos esta hermosa historia.
Sin nada más que decir, espero traerles el próximo acto pronto.
Starebelle
