Capítulo 28: El lobo

Se encontraban en el límite entre el Norte y el Sur cuando Kagome detectó una presencia que se acercaba con mucha rapidez ya que pudo sentir el aroma en el aire.

—Un lobo— dijo al recordar las lecciones que había recibido y se posicionó detrás de Sesshomaru. Los kitsune eran conocidos por jugar bromas pesadas, no por luchar. Ella podía disparar un arco y crear ilusiones, así como utilizar sus garras si no había más remedio. Sin embargo, era poca la frecuencia con la que Sesshomaru necesitaba ayuda para derrotar a cualquiera que lo desafiara, así como Kagome era pésima para la batalla. Además, ella podía notar que él necesitaba poner sus habilidades a prueba debido a que últimamente no había tenido la oportunidad de enfrentar a ningún oponente digno.

Tal vez ella podía pedirle a Inuyasha que lo atacara por sorpresa una vez que regresaran al palacio, solo para ayudar a que Sesshomaru calmara sus inquietudes.

—¡Sesshomaru-sama!— lo llamó una voz masculina que provenía de un torbellino de polvo—. Me imaginé que se trataría de ti. Okuri-sama me envió para que te contara sobre el Banquete de los Cuatro Tratados. Él opina que debería celebrarse en tu palacio este año ya que tu ayudaste a derrotar a Naraku. Debemos celebrar tu victoria y la del mitad bestia.

Un corto gruñido de desaprobación emergió de la garganta de Sesshomaru.

—Te referirás a mi hermano con respeto, lobo.

Kagome estaba sorprendida, pero no tanto como lo hubiese estado antes de… bueno, de todo.

—¿Desde cuándo te preocupas de…?

Sesshomaru volvió a gruñir con un tono de advertencia tan bajo que sería inaudible para los humanos.

—De acuerdo, de acuerdo— dijo el demonio lobo con tono ofendido.

Kagome se asomó por detrás de Sesshomaru y ahogó un grito mientras sus ojos se abrían más.

—¿Kouga?

El príncipe lobo (de verdad era él) la observó. Seguía tal cual ella lo recordaba: de piel tostada, audaz, arrogante, de una belleza desaliñada, y con esa sonrisa salvaje siempre presente. Ella observó cómo él aspiraba el aroma de ella en el aire y luego miró a Sesshomaru con complicidad.

—Escuché rumores de que estabas cortejando a una vulpina, pero no creí que fueran ciertos.

—¿Kouga, no me reconoces?

Sesshomaru interpuso un brazo y la obligó a que se mantuviera tras él. Kagome ignoró la advertencia del demonio perro y enterró los talones al suelo.

¿De verdad Kouga no sabía que era ella? Por unos pocos segundos que parecieron durar una eternidad, Kagome se sintió perdida.

—¡Kouga, soy yo, Kagome!

—¿Qué?

Luego de una corta explicación, Kouga rodeó a Sesshomaru y levantó a Kagome para hacerla girar mientras gritaba con felicidad que "su mujer" estaba viva. Ella reía y aplaudía a la vez que sus colas se retorcían por la emoción de volver a ver a un viejo amigo.

Sesshomaru gruñó y de repente Kagome fue arrancada de los brazos de Kouga y ubicada detrás de la espalda del demonio perro, como si ella fuera un cachorro que hubiese estado en peligro. Por instinto, ella rodeó el cuello de Sesshomaru con los brazos.

Kouga no tuvo tanta suerte, los pies le colgaban en el aire y el rostro se le tornó púrpura. Sesshomaru tenía sujeto al demonio lobo por el cuello y sus garras destilaban un brillo verdoso, veneno.

—Te has atrevido a tocar a la mujer de mi manada— dijo el demonio perro peligrosamente.

—No lo sabía— respondió Kouga apenas.

Por unos largos segundos, Kagome permaneció en silencio, sumida en la perplejidad. El saber que ella era en términos técnicos, la mujer alfa de la manada, y escuchar a Sesshomaru decirlo en voz alta y defender el honor que a ella le correspondía eran dos cosas muy diferentes.

Kouga empezó a rasguñar la mano de Sesshomaru produciendo unos horribles sonidos que indicaban que se estaba ahogando.

—¡Sesshomaru! ¡Bájalo!— gritó Kagome tironeando las correas que sujetaban la armadura del demonio.

Él la ignoró.

Ella comenzó a rugir con frustración ya que se encontraba entre el deseo de ayudar a Kouga y evitar atacar a Sesshomaru. No podía traicionarlo de esa forma ¡Pero él se estaba comportando de una forma poco razonable! Kouga solo estaba siendo… Kouga. Luego de que ella le dijera otra vez que no deseaba ser su mujer, se quedaría a hablar durante un rato y finalmente se aburriría y se marcharía a alguna otra parte.

Cuando los ojos de Kouga comenzaron a agrandarse, Kagome se arrodilló en el suelo para inclinarse ante Sesshomaru y mostrarle la parte de atrás del cuello.

—Por favor, Sesshomaru-sama.

Los dos ojos que asemejaban monedas de oro la miraron, un viento helado le produjo un escalofrío que le recorrió la columna. Incluso la voz de Sesshomaru era fría, mucho más fría en comparación a lo que había oído en mucho tiempo, al momento en el que él habló:

—¿Me estás rogando por la vida de este lobo?

—Si, es mi amigo.

—Hn.

Kagome sintió las garras de Sesshomaru en la parte de atrás del cuello, luego soltó a Kouga y dijo:

—Dile a Okuri que el banquete se celebrará en el palacio del Oeste.

Kagome se apresuró hasta el lobo caído en un segundo y lo ayudó a que se pusiera de pie para luego susurrarle frenéticamente que por su bien debería dejar todo ese asunto de "mi mujer" si no deseaba que lo maten. Él se pasó la mano por el cuello, hizo un gesto de dolor por las partes de su piel donde el veneno de Sesshomaru lo había quemado como ácido.

—Vaya alfa que tienes— dijo Kouga tosiendo una vez que recuperó el aliento.

Kagome alzó la vista para ver la espalda de Sesshomaru a la distancia ya que él había comenzado a marcharse.

—Si— dijo, no cabía duda de la fuerza de Sesshomaru—. Mira, Kouga, lamento todo esto. No sé que se le ha metido en la cabeza.

Sesshomaru se detuvo y giró para observarla.

—Debo irme.

Se puso de pie y comenzó a correr a toda velocidad entre el pasto para alcanzar a Sesshomaru. Irse con él rápido parecía la mejor opción para evitar que él y Kouga siguieran provocándose.

—¡Te veo en el banquete!— gritó Kouga cuando ella se marchaba.

I—

Esa noche hicieron una guarida en una cueva cerca de un arroyo que borboteaba y producía una agradable melodía. Era hermoso, pero Kagome no podía disfrutarlo ya que Sesshomaru estaba enojado con ella, así como también ella lo estaba con él y no estaba segura de qué hacer para mejorar la situación. Ni siquiera sabía por qué él había reaccionado tan violentamente por Kouga, debía haber algo más que el simple hecho de que Kouga la hubiese tocado. Pensar en algo más allá le parecía absurdo. Si, era impropio tratar a la Dama de la manada con tanta familiaridad, sin embargo, no era un insulto tan grave como para que se pagara con la muerte…

Pero no le preguntó, y Sesshomaru tampoco se lo dijo. El silencio entre ambos se volvió más opresor. Ella se sentó en su lado de la guarida y se puso a contemplar el espejo, mientras que Sesshomaru se encontraba al otro lado, contemplando la distancia con aires misteriosos, como le encantaba hacer.

A veces Kagome sospechaba que él solo estaría soñando despierto.

Finalmente, con la luna llena en lo alto del cielo, ella no pudo soportarlo más y abandonó la guarida en búsqueda de humanos. Se sentiría mejor luego de realizar algún truco y una que otra buena hazaña. Al menos, no se quedaría observando a Sesshomaru con la intención de comprender lo que ocurría dentro de su cabeza. A veces él podía ser más frustrante que el mismísimo Inuyasha.

Buscó por todos lados una aldea que no estuviera tan lejos de Sesshomaru como para que él no pudiera dejar de sentir la presencia de ella. Sin poder encontrar ninguna, se aventuró más hasta que encontró un campamento de hombres. Por las vestimentas y armas que llevaban en los cinturones, descubrió que se trataba de soldados, una milicia de expedición.

—Asegúrate de que los centinelas permanezcan a la vista del fuego. Hay cosas extrañas merodeando por el bosque— le dijo uno de los hombres a los otros— He oído historias de bestias que roban niños, demonios lobo aulladores y una serpiente gigante que se traga aldeas completas. Por lo general se está mejor en el Oeste. Los demás monstruos le temen al Perro de Hielo.

—Tal vez esos monstruos se están percatando de que no hay tal cosa como un Perro de Hielo— respondió uno de los más jóvenes.

—¡No pongas en duda la existencia del Perro de Hielo! Mi bisabuelo lo vio una vez, dice que vive en un palacio en el techo del mundo y que porta la luna en su frente.

—Mi hermana dice que el Perro de Hielo está bajo un hechizo. Hay una hechicera con cabello de fuego y ojos de estrella que lo convirtió en su esclavo ¡Eso es lo que irritó a los demonios, recuerda mis palabras!

—¡Suficiente! —los calló el más anciano de los hombres— Con o sin un Perro de Hielo, vuelvan a sus puestos y mantengan los ojos bien abiertos.

Kagome se hizo invisible y caminó por el campamento para robar los suministros de la milicia. No deseaba ninguna de sus armas ya que las armas de los demonios eran más fuertes y portaban habilidades mágicas, lo mismo pasaba con las armaduras. Kagome se sentía atraída a las cosas que brillaban a la luz de la fogata, pero sabía que a Sesshomaru no le gustaría tales cosas.

Debido a ese pensamiento se percató de que en realidad buscaba un regalo, una ofrenda de paz entre ambos. Todavía creía que él se había comportado como un idiota, pero no quería seguir enojada con él. Y jamás sabría por qué se había comportado así si él no volvía a hablarle.

Finalmente encontró una bolsa de pergaminos entre las bolsas del oficial, Sesshomaru podría agregarlos a la colección que tenía en el palacio. Absorta en su tarea, Kagome comenzó a leerlos para decidir cual de todos le gustaría más a él, y no se percató de lo que ocurría a su alrededor.

Un perro comenzó a ladrar.

¡Peligro! ¡Peligro!

Kagome se giró para observar a un perro mortal parado detrás de ella, le gruñía. Con un gritito de miedo, perdió el control del hechizo de invisibilidad y huyó del campamento con el perro en los talones.

Giró con rapidez a la izquierda en un ángulo entre los árboles y el perro la siguió.

Buscó el aroma del agua y corrió por ella, pero el riachuelo poco profundo no era suficiente como para que el sabueso dejara de seguirle el rastro.

Parecía que iba a perseguirla por siempre, o al menos eso pensaba ella al tener que saltar entre arbustos de espinas, hasta que recordó que era un zorro mágico y que el perro debería temerle a ella.

Se giró sobre los talones y produjo un gruñido al mismo tiempo en que le lanzaba una bola de fuego zorruno.

El perro gimió y se alejó con la cola entre las patas.

Una vez el perro se perdió de vista, Kagome trepó al árbol más cercano y comenzó a sacarse las espinas del cabello con un pésimo humor.

I—

Sesshomaru la encontró cuando el sol se ponía al siguiente día. Ella había pasado el resto del día en las ramas altas de los árboles para evitar a los soldados que patrullaban el bosque.

—Ya era hora— se quejó ella, todavía desaliñada. Se bajó del árbol cuando Sesshomaru la observó.

—No volviste para estar con el lobo— dijo sin poder despegar los ojos de ella y percatándose de la tierra y espinas que le decoraban el cabello y las colas.

Kagome quedó boquiabierta de la sorpresa.

—¡Por supuesto que no!— chilló y luego hizo un gesto de dolor.

Su propia voz le había retumbado los oídos.

Luego le entregó los pergaminos.

—Quería darte un regalo para demostrarte que lamento no haberte escuchado.

Él aceptó el regalo y luego arqueó una ceja, un claro modo de preguntarle por qué ella estaba hecha un desastre.

—Había un perro— murmuró ella.

—Ah— dijo con un tono de humor irónico en su voz— los perros y los zorros no se mesclan.

Kagome le mostró los colmillos.

CONTINUARÁ

¡Hola a todos!

Lamento profundamente la tardanza, tenía muchísimas ganas de subir este capítulo que creo yo es uno de mis favoritos, pero tuve muchos problemas personales últimamente, y no he podido encontrar la motivación para sentarme a traducir por más que lo intentara. No es algo de lo que preocuparse, solo puedo asegurar de que ya me siento emocionalmente mejor después de dos semanas, solo espero que puedan entenderme, no es mi intención tardar tanto tiempo sin actualizar.

¡Nos vemos pronto!

Starebelle