Capítulo 29: Guerra
Sesshomaru condujo a su vulpina hasta la guarida que habían escogido para luego desvestirse a excepción de su ropa interior y se metieron al arroyo como habían hecho tantas veces cuando viajaban por el Oeste.
Lo que resultó ser diferente esta vez fue que Sesshomaru, y no los cachorros, se encargó de quitarle las espinas y la suciedad del cabello a Kagome utilizando las garras. Él se sintió aliviado cuando el último rastro del aroma del príncipe lobo se limpió de la piel de su vulpina. Solo bastaba un suave rastro del almizcle de ese lobo para ponerle los pelos de punta.
Se sentía agradecido de que Kagome parecía querer olvidar el asunto. No podía darle una explicación de su conducta porque la verdad era que no lo sabía. No había discutido con el lobo últimamente, razón por la cual no necesitaba saldar ninguna deuda. Solo sucedió que al ver a Kouga tocando a Kagome con tanta familiaridad había despertado un instinto primitivo en él, una voz salvaje en su interior que rugía Mía.
De alguna manera, no creía que ella considerara esa razón como aceptable.
Y debía estar de acuerdo. Tales sentimientos resultaban inapropiados para con cualquier mujer con la que no tenía intenciones de formar una pareja.
Y de verdad no tenía intenciones de formar una, ya tenía una heredera en Lin y tener una pareja no servía ningún propósito.
—¡Ay! —gritó la vulpina cuando él le quitó la última espina del cuero cabelludo. Él sonrió por la conducta dramática de Kagome ya que ella podría soportar mucho más dolor que el de unas cuantas espinas en su piel.
Cuando la hizo girar para poder examinar las espinas que quedaron enredadas en la base de las colas, donde ella no alcanzaba, él se detuvo. Limpiarle el cabello era una cosa, pero tocarle las colas era otra totalmente distinta ya que estas eran la fuente de poder de los kitsune, y además eran muy… intimas como para que otro pudiera tocarlas. Sesshomaru se sentiría incómodo al respecto.
—¿Puedo…? —dijo y apoyó la punta de las garras con suavidad sobre la espalda baja de Kagome.
Podía oir como a ella le latía el corazón desbocado.
—Si, no hay problema. Gracias— dijo al fin.
Sesshomaru le pasó las garras por el pelaje y descubrió que era mucho más suave y delicado de aquel en su verdadera forma. Kagome arqueó la espalda, parecía incapaz de contenerse, y un gemido gutural se le escapó de los labios. Sesshomaru pudo percatarse del efecto de su toque en Kagome por el aroma que ella producía y eso mismo lo estaba afectando a él, por lo que se apresuró a quitarle todas las espinas.
Se le pasó por la cabeza que le gustaría tener a su vulpina como amante. Tal vez tendrían un encuentro o dos, hasta que se aburriera de ella, como siempre sucedía con todas sus conquistas. Y además, ahora tenía la libertad de hacer eso ya que ella no estaba prometida a Inuyasha.
Pero tan pronto como la soltó, ella se zambulló en el agua y se alejó de él.
—I—
—¿De qué se trata el Festival de los Cuatro Tratados?— preguntó Kagome mientras caminaba junto a Sesshomaru.
—Se celebra la paz entre las Tierras del Norte, las Tierras del Este, las Tierras del Oeste y las Islas del Sur— respondió para satisfacer su curiosidad.
—Ah, ¿Sería como un festejo?
—Hn.
—¿Habrá baile?— preguntó adelantándose de un salto y girando en el lugar a lo que las colas le agregaron una floritura a su movimiento.
Él se encogió de un hombro.
Ella frunció el entrecejo.
—Extraño a las crías, tú nunca juegas conmigo.
Él arqueó una ceja.
—Los perros no juegan.
—Lin sí— respondió con rapidez.
—Lin es una cachorra.
Kagome hizo un mohín.
Sesshomaru se aseguró de que ambos se encontraban solos al expandir su aura y así corroborar que no había ningún youkai cerca que tener de testigo. Cuando se encontró satisfecho con tal usencia, le dio un pequeño empujón a la vulpina.
—Corre.
Los ojos de Kagome brillaron como gemas antes de cambiar de forma a una de zorro y se adentró entre los árboles.
Sesshomaru la imitó, de despojó de su forma humanoide y aulló una canción de cazador antes de salir tras ella.
—I—
Kagome emitió un pequeño ladrido entre risas de zorro que emitía casi sin aliento para burlarse del Gran Perro que la perseguía, aún así, los ojos le chispeaban con fuego zorruno. El corazón le latía rápido y los músculos de las piernas le quemaban, pero se sentía feliz, ya que nada sucedería si Sesshomaru la atrapaba, si la atrapaba. Él era su alfa, su amo, y jamás la dañaría.
Le resultaba tan extraño ahora al pensar que la primera vez que se habían conocido eran enemigos.
Sesshomaru le lanzó un pequeño mordisco a las colas, por alguna extraña razón, las poderosas patas del perro no hacían temblar la tierra. Tal vez estaría volando, rozando el suelo. Kagome deseaba ser así de grácil, tal vez algún día lo conseguiría. Tal vez algún día obtendría las nueve colas y se volvería dorada como Inari-sama ya que los kitsune dorados podían volar.
Pero hasta entonces, Kagome sonrió como un zorro para sí misma y se pasó la lengua rosada por los colmillos, saltar es lo más parecido que puedo hacer.
Luego de eso, se giró con rapidez y saltó, los músculos de sus piernas se reagruparon y ella se lanzó hacia los árboles.
Para luego aterrizar en unas ruinas.
Los aldeanos yacían tirados en el suelo, el humo que provenía de las cabañas chamuscadas formaba una masa nebulosa. Una nube de cenizas se alzó en el aire alrededor de Kagome al momento en el que ella aterrizó, luego se posó sobre sus pelaje dándole un tono gris opaco. Todo ese panorama apestaba a youkai lobo.
¿Kouga? Pero él prometió…
Todavía incapaz de reaccionar, no se le había ocurrido por qué no había podido percibir el olor de la matanza hasta que se encontró justo sobre ella. Regresó a su forma humanoide con un estallido.
Sintió una corriente de aire a su lado y ella se giró para ver que Sesshomaru se encontraba a su lado también en su forma humana. La expresión del del demonio era impávida, pero luego de haberse familiarizado tanto con él, Kagome pudo notar el enojo que él desprendía.
Sesshomaru comenzó a inspeccionar las ruinas en silencio. Kagome lo siguió y comenzó a correr los cuerpos para acomodarlos en hileras. Les daría un entierro apropiado sin importar lo que opinara Sesshomaru, si él consideraba que eso los retrasaría o que ellos no lo merecían por ser humanos, él podría regresar al palacio sin ella.
No es justo, sabes que él te esperará, o incluso te ayudará si se lo pides.
Pero casi que deseaba que él la enfrentara, lo que fuera necesario para quitarse de encima esa neblina de entumecimiento, cualquier cosa que hiciera que saliera a perseguir a Kouga siguiéndole el rastro.
Todo esto es mi culpa, le pedí a Sesshomaru que lo dejara ir y esto es lo que él hizo luego de irse.
¿Era posible que hiciera tal cosa para enfurecer a Sesshomaru? No, nadie esperaría que el Gran Perro se preocupara por una aldea humana. En ese momento Kagome sabía que la principal razón tras el enojo de Sesshomaru residía en el hecho de que habían invadido el Oeste, su territorio. Y tal vez, parte de él se sentía enojado por Lin y porque ver tal cosa horrorizaba a Kagome.
Por suerte, Sesshomaru no mencionó nunca el que Kagome había rogado por la vida de Kouga, o que ella era, al menos indirectamente, la razón por la que esas personas estaban muertas. Él podría haberlo dicho, podría haberla destruido con un par de palabras crueles.
Pero decidió no hacerlo, tan solo siguió observándola mientras ella continuaba sacando los cuerpos de entre los escombros e intentaba agrupar a las familias y colocarlos uno junto al otro. No cabía dudas de que él la ayudaría cuando ella se lo pidiera y si decidía pedírselo, pero hasta entonces, esa tarea le correspondía a ella.
Kagome se sintió agradecida ya que esa horrible tarea era su penitencia, era la única forma de restaurar su propio honor.
Ante ese pensamiento se formó una pequeña y triste sonrisa.
Ella se estaba convirtiendo en una verdadera youkai, o tal vez se trataba de que los valores de esa época la estaban influenciando.
Se detuvo una vez que llegó al corazón de la aldea.
Allí, sobre el suelo ennegrecido, yacía una clase de escama reptiliana que brillaba a la luz del sol. Era el doble del tamaño del pulgar de Kagome y de un color verde oscuro que le recordó a las algas de mar, además había unas pocas gotas secas de color rojo oscuro sobre ella.
¿Sería sangre?
—¿Sesshomaru-sama?—preguntó Kagome, su voz sonaba diminuta en ese ambiente estancado, luego apuntó al suelo— ¿Qué es eso?
Sesshomaru se aceró hasta pararse detrás de Kagome y observó a la dirección que apuntaba el dedo tembloroso de ella, luego arqueó una ceja.
—Tan solo se trata del suelo, Kagome. Tal vez necesitas descansar.
Ella negó con la cabeza y presionó los dientes con fuerza.
—¡No, no es el suelo! ¡La escama… La… No sé, la escama de dragón, o de serpiente, o de lagarto que esta sobre el suelo!— dijo, su voz comenzó a alzarse hasta alcanzar un tono histérico por lo que inhaló aire para calmar los nervios.
Desde que se había unido a la manada de Sesshomaru, la vida se había vuelto tan segura y pacífica que se había desacostumbrado a ver tanta muerte.
—Vulpina— dijo Sesshomaru con severidad— ven, vas a tomar un descanso.
—No.
Kagome se acercó a la misteriosa escama de serpiente, e ignorando cualquier peligro posible, intentó levantarla del suelo. Por unos pocos segundos sintió como si hubiera atravesado matorrales con la mano, como si el aire alrededor de la escama se hubiese unido para impedirle que la agarrara, pero ella se rodeó la mano con fuego zorruno y logró agarrarla.
Al instante en que la tocó, sintió una horrible sensación de presión seguido de un sonido como de un gong en algún lugar dentro de su cabeza. Se tambaleó intentando no desmayarse o vomitar mientras que una sensación de maldad indescriptible le trepaba por el cuerpo.
Cuando pudo volver a respirar, el panorama frente a ella era diferente, el aroma de los lobos se había esfumado y las marcas de mordidas en los cuerpos habían cambiado de forma.
Kouga no hizo esto.
Kagome cerró los ojos y una lágrima le marcó un camino sobre el rostro sucio.
Sesshomaru posó una mano sobre el hombro de ella y luego le pasó las garras por el cabello. Ella se apoyó en él sin importarle la dureza de la armadura del demonio.
—Parece que solo hay cosas que un kitsune puede saber.
Kagome alzó la vista y unos ojos dorados se reflejaron en los suyos, azules.
—¿Qué significa esto, Sesshomaru-sama?
—Guerra— dijo mientras pasaba la punta de una garra por sobre la escama que reposaba en la mano de Kagome—, significa que alguien está buscando guerra.
CONTINUARÁ
Millones y medio de gracias por todos sus hermosos comentarios, muchos de ellos me hicieron sentir muchísimo mejor, gracias por ser tan considerados y darme todo su apoyo y buenos consejos. ¡No tengo palabras!
Por alguna razón parecería que los capítulos de esta segunda parte son mucho más largos en comparación que los anteriores, lo que es bastante bueno en sí.
Nos vemos pronto y espero que este capitulo les haya gustado 😊
Starebelle
