Capítulo 31: El perro
Yukiko-sama llegó al palacio del Oeste desplegando un gran espectáculo. Kagome y Shippo estaban siendo instruidos por Inari cuando un sirviente nervioso irrumpió en la habitación a tropezones ara anunciarle a Kagome que la manada de Lord Sesshomaru debía reunirse en el patio para saludar a la Honorable Madre.
Kagome e Inari intercambiaron miradas.
Yukiko no había puesto un pie en el palacio desde la muerte de Inu no Taisho y Kagome se imaginó que Yukiko continuaría manteniendo la distancia, todavía más sabiendo que Inuyasha también vivía allí en esos momentos. De seguro sería doloroso para ella enfrentarse cara a ara con la prueba del amor entre su esposo y otra mujer.
¿Y si Yukiko no sabía que Inuyasha se encontraba allí?
Peor aún, ¿Y si lo sabía y esa era la razón por la que se encontraba allí?
Ahogando un grito, Kagome se apresuró para llegar al patio, con las colas que se arremolinaron tras ella como banderas.
Cuando salió y se encontró con la luz del sol de la tarde, contempló a Yukiko contemplando a Sesshomaru e Inuyasha que se encontraban en la otra punta del patio. Los hermanos se encontraban parados uno junto al otro.
El ambiente se llenó de un silencio opresor.
Kagome se acercó hasta pararse entre Sesshomaru e Inuyasha sin estar segura de qué hacer, no sabía qué hacer sin ofender a ninguno de los youkai presentes y empeorar la situación.
Entonces Yukiko dijo:
—¿No pensabas invitarme al banquete, hijo mío?
Las orejas de Inuyasha se movieron. Tal vez no se había percatado de que la demonio perro frente a ellos se trataba de la madre de Sesshomaru.
—Jamás has mostrado interés en venir, madre— respondió Sesshomaru.
—Hn.
Inuyasha rio con disimulo y los ojos dorados de Yukiko se clavaron en él.
—Tú debes ser…
—Inuyasha, el hermano de Sesshomaru— respondió el hanyou con orgullo y alzó la barbilla con desdén.
Los ojos de Yukiko observaron a Inuyasha de pies a cabeza y Kagome contuvo el aliento a la espera de alguna clase de explosión. No había forma en la que Yukiko, Inuyasha y Sesshomaru pudieran existir en un mismo espacio sin que hubiese alguna confrontación.
Pero los labios de Yukiko se curvaron formando una sonrisa maligna y comenzó a reír.
—¡Impetuoso, al igual que tu padre!— dijo y en un segundo se acercó hasta Inuyasha, entrelazó el brazo con el del hanyou y posó una mano sobre el su bíceps— E igual de fuerte— murmuró con vos melosa y un extraño brillo en los ojos—. Ven conmigo, me escoltarás hasta mis aposentos, y luego me enseñarás los jardines. Ha pasado tanto desde la última vez que los vi.
Las orejas de Inuyasha se pegaron a su cabeza y luego se enderezó al mismo tiempo en el que se sonrojaba.
—¡Feh!
Él miró a Sesshomaru, pero Sesshomaru se mantuvo tan inexpresivo como una estatua. Al no encontrar ayuda en él, Inuyasha miró a Kagome.
Ella se encogió de hombros intentando contener la risa.
El sentido del humor de Yukiko era mucho más divertido cuando Kagome no era el centro de las bromas.
Inuyasha no tuvo más opción que permitir que Yukiko lo arrastrara del brazo en dirección al palacio.
—No creerás que realmente está coqueteando con él ¿O si, Sesshomaru-sama?— preguntó Kagome una vez que la pareja se encontraba lejos y no podrían escucharla.
Hubo silencio.
Kagome alzó la vista a Sesshomaru, él todavía seguía contemplando al frente, a ningún punto, sin moverse.
—¿Sesshomaru-sama?
Él parpadeó.
Esta vez Kagome comenzó a reír.
Volviendo en sí, Sesshomaru se giró sobre los talones y caminó hacia su estudio sin decir una palabra.
Kagome comenzó a reír más fuerte.
—I—
Cuando Kagome regresó de sus lecciones, Inari la estaba esperando.
—Existen rumores de que Inuyasha-sama será pronto el hermano de Sesshomaru-sama y su padre— dijo Inari antes de Kagome tuviera tiempo se sentarse.
Kagome soltó una risita. Si esto continuaba, pronto terminaría por tener un ataque de risa.
—Opino que lo único que busca Yukiko-sama es irritar a Sesshomaru-sama, es su forma de ser graciosa—respondió repitiendo las palabras que Sesshomaru había pronunciado cuando Kagome conoció a su madre.
Inari se veía consternada.
—¿Acaso está jugando con los sentimientos de Inuyasha-sama?
—No, creo que él se encontrará muy aliviado cuando se percate de que ella solo está divirtiéndose un poco— respondió Kagome cuidando las palabras, la noción de un pensamiento comenzó a crecer en su mente; antes de que Inari pudiera cambiar el tema sobre los tótems a utilizar y la forma de vestirse adecuadamente para el banquete, Kagome posó una mano sobre la de la kitsune dorada—, estás preocupada por Inuyasha ¿No es así?
—Es un buen líder, tosco, pero honorable. A veces me invita a sentarme a su lado para que lo acompañe cuando el resto de la manada no está en el castillo— dijo Inari con aires de alguien que hace mucho esfuerzo en parecer casual—. Y no merece menos que amor y felicidad.
—Si, es verdad— dijo Kagome con una sonrisa. Luego, preguntó con más seriedad—. Inari… Lo que me contaste sobre tu tío y sobre sus creencias respecto de… el linaje… ¿Tu piensas igual?
Los ojos de Inari se agrandaron y se alarmó.
Estaba atormentada.
Las marcas de zorro en el rostro de Inari causaban que sus ojos parecieran más pequeños, pero esta vez las marcas resaltaban su expresión, subrayando la sorpresa de un secreto descubierto.
—No— respondió Inari una vez que recuperó la compostura, no le tomó mucho tiempo.
Ella era un zorro de nueve colas.
—No, no pienso lo mismo que mi tío— aclaró.
—¿Entonces no estarías en contra de tener a un perro de pareja… Incluso un hanyou?— continuó Kagome con malicia.
—Los perros y los zorros no se mezclan— dijo Inari, aunque sus palabras no parecieron convincentes.
Para disuadirla, Kagome tomó las manos de Inari.
—Que bueno que esta noche es luna nueva. Verás, esta noche Inuyasha ya no será un perro, sino un humano completo.
La quijada de Inari se desencajó y luego se le iluminó el rostro con tanta gratitud que Kagome pensó que no cabía dudas de que Inari estuviera enamorada de Inuyasha.
—No será un perro… —murmuró Inari, luego pasó las garras por la muñeca de Kagome antes de inclinarse y mostrarle la parte de atrás del cuello— ¡Gracias, Kagome-hime, muchas gracias!
—I—
Ya entrada la noche, Kagome se encontraba en el estudio de Sesshomaru observando por la ventana. Sesshomaru se encontraba tras ella, todavía trabajando, leyendo un pergamino tras otro.
Ella sonrió apenas al percatarse de que estaba utilizando el recipiente de tinta que ella le había dado.
A medida que la fecha del banquete se acercaba, él se la pasaba trabajando hasta cada vez más tarde en la noche hasta el punto en el que había dejado de acostarse a dormir con ellos. Kagome se quedaba con las crías hasta que se dormían y luego se iba al estudio de Sesshomaru para hacerle compañía.
Se preocupaba de que se sintiera solo.
Estaba a punto de preguntarle si pensaba parar e irse a dormir por la sexagésima tercera vez cuando una luz proveniente de los jardines le llamó la atención.
Inari conducía a un Inuyasha humano por el camino del jardín, las caderas de la vulpina se contoneaban sugestivamente. Tenía una bola de fuego zorruno (una luz de atracción) brillando entre las manos. Si Kagome prestaba la suficiente atención, podía oír la serenata de Inari para cautivar al hanyou en una canción de amor de kitsune.
Kagome atrajo la atención de Sesshomaru hacia la ventana al rodearle el brazo con ambas manos de la misma manera que Yukiko había hecho con Inuyasha más temprano.
—La magia de Inari es muy fuerte, no hay forma de que pueda liberarse— dijo Sesshomaru y se acercó más a la ventana como para saltar hacia los jardines.
—No lo hagas— dijo Kagome sujetándole la manga con fuerza—. Inuyasha es más fuerte de lo que piensas, incluso siendo humano no permitiría que Inari lo hechizara a menos de eso quisiera.
—Hn.
—Y si está con Inari, no debes preocuparte más por que se convierta en tu padrastro— prosiguió Kagome.
Sesshomaru le mostró los colmillos.
—I—
Dos días después del suceso, Kagome volvió a ver a su maestra.
Cuando Inari volvió a aparecer, se veía casi flotando en l aire, y una amplia sonrisa de satisfacción le adornaba los labios.
—Pensé que jamás te acostumbrarías al aroma de los perros, incluso si vivieras aquí por mil años— dijo Kagome en tono de burla. Le gustaba ver a Inari e Inuyasha felices, aunque también la entristecía un poco ya que eso la hacía comprender que el futuro de Kagome no se encontraba junto a Inuyasha, materializando la realidad.
—Las cosas cambian con un hanyou— respondió Inari regodeándose y agitando la mano—. Además, existen increíbles beneficios… ¡Él es tan fuerte, tan demandante, y tiene una boca muy sucia! Y luego, en las noches en las que es humano se vuelve tan suave y dulce, embebido en mis hechizos de amor…— murmuró con un suspiro de felicidad—. Inuyasha conforma dos amantes en un solo y delicioso hombre.
Hubo un chillido.
Kagome se giró para ver a Inuyasha que se encontraba parado en la puerta con el rostro tan rojo como su aori.
CONTINUARÁ
¡Como siempre, quiero agradecer infinitamente sus comentarios, y espero que todos esten pasando esta cuarentena y situación lo mejor posible!
¡Les envío deseos de mucha salud a todos!
¡Espero que nos volvamos a encontrar pronto!
Starebelle
