Capítulo 34: La demostración
Kagome corrió por los pasillos mientras se maldecía por llegar tarde en el mismo día que era el turno de Sesshomaru e Inuyasha de dar la batalla de demostración. Si Kagome no estaba presente dejaría una muy mala impresión sobre el Oeste, sin embargo había tenido muchos problemas en calmar a Lin y Shippo para que se enlistaran y luego se le cayó el polvo de arroz y tuvo que tragarse el orgullo para pedirle a Yukiko-sama que le prestara del suyo y luego tuvo que escuchar el sermón de Yukiko sobre los perros y los zorros que no se mezclaban y la torpeza y algo más sobre que los humanos eran espuma de mar, pero para ese punto Kagome había dejado de prestar atención. Finalmente, se vio forzada a decirle a las crías que se adelantaran con Yukiko hacia los asientos reales como para que, al menos, ellos no llegaran tarde.
Kagome bufó liberando el aire de sus mejillas y decidió que su retraso era por culpa de Yukiko.
Eso la hacía sentirse mejor.
Al menos ya casi llegaba al patio de entrenamiento. Si tomaba un atajo por los jardines…
Llevó a cabo su pensamiento, giró con brusquedad y saltó por la ventana más cercana, aterrizó sin esfuerzo en las ramas extendidas de un árbol de cerezo. Como siempre en los jardines de Sesshomaru, el árbol estaba completamente florecido y las flores rosadas le dificultaban ver el suelo.
Y la cubrían de vista.
—¿Ya essstá hecho?— preguntó una voz seca y siseante que Kagome no pudo reconocer. Se quedó inmóvil y ni siquiera se atrevió a respirar.
—¿No hay otra forma?
—¡No! No hay otra forma, el perro del Oessste debe pagar. Hemosss sssoportado el pessso por muchosss años. Cuidado en olvidarte tu promesssa ¿Acassso quieresss perder una de tusss colass?
—He mantenido mi promesa.
Se hoyó una risa corta y desagradable.
—Bien, porque ya sssabess que no sssolo tusss palabrasss te obligan a cumplir. Asssí es másss placccentero para ambosss, ¿verdad?
—¡Esa perla de poder era para mi hermana!— exclamó el kitsune— ¡Era para darle el poder de escapar de Naraku! Ahora está muerta porque se la robaste, todo por tu culpa. Te detesto.
Kagome se cubrió la boca con la mano, temía que los dos youkai debajo del árbol la oyeran ahogar un grito. Unas lágrimas amenazaron con caerle de los ojos.
Pudo reconocer la voz del kitsune.
Hubo otra de esas risas terribles.
—Ya no importa sssiempre y cuando obedezzzcasss.
Ambos youkai se marcharon y Kagome se agarró de la rama del árbol de cerezo, tambaleante.
¡Debía decirle a Sesshomaru!
Se vio obligada a contar hasta cien solo para asegurarse de que ambos youkai no regresarían. Kagome esperó y luego se bajó del árbol y corrió hacia la arena como si su vida dependiera de ello.
—I—
Cuando Kagome llegó a los asientos reales, Sesshomaru e Inuyasha ya se encontraban parados en un extremo del patio de prácticas que ahora se había vuelto una arena, ambos observaban a los Guerreros del Oeste que creaban una barrera entre el resto del palacio y el área donde los hermanos iban a luchar. Hacer tal cosa era bastante común cuando los youkai practicaban pelear entre sí debido a la inmensidad de poder que manejaban (en especial Inuyasha y Sesshomaru) la cual no dejaría ni rastro del Palacio del Oeste si no se tomaban las medidas necesarias.
Por supuesto, tanto Inuyasha como Sesshomaru eran más que capaces de romper cualquier barrera, pero mientras no tuvieran intenciones de hacerlo, esta sería capaz de contenerlos.
Kagome se mordió el labio mientras pensaba en alguna excusa para abandonar los estrados, alguna razón para poder hablar con Sesshomaru. Tal vez al final no importaría, pero sentía la necesidad de advertirle a Sesshomaru en ese mismo momento.
Los youkai que había oído parecían estar hablando de algo que estaba a punto de suceder. Sesshomaru estaba a punto de ser atacado, y pronto, tal vez justo después de la pelea con Inuyasha. Tal vez los ingenuos pensaban que Sesshomaru estaría debilitado luego de enfrentar a Colmillo de Acero.
Kagome posó la mirada sobre los youkais reales que se encontraban en el estrado sin prestar atención a la charla que mantenían. Yukiko se sentó a la izquierda del imponente asiento que Sesshomaru por lo general ocupaba, majestuoso hasta en el mínimo detalle. A la derecha del trono de Sesshomaru se encontraba el asiento vacío de Kagome, tal lugar era suyo por derecho por su condición de Dama del Oeste. Luego venía el lugar de Lin, en el trono del heredero, un poco más pequeño, y Shippo se encontraba pegado a ella, sin prestarle atención a los modales, ya que el asiento al final de la fina era para él, y luego estaba el asiento vacío de Inuyasha. Una grada atrás de la manada del Oeste se encontraban los asientos de la realeza invitada, allí se encontraban sentados Okuri y Kouga, Kiyohime, Myobu e Inari.
—Insisto en decir que ese Aliento de Perro tiene lo suyo— decía Kouga—. Jamás he visto a Sesshomaru en acción, pero ese idiota de verdad sabe manejar a Colmillo de Acero.
Kagome tuvo una extraña sensación de afecto debido a esa fe de Kouga hacia Inuyasha a pesar de que sospechaba que, en esta instancia en particular, no estaba en lo correcto.
—Como digas, primo— dijo Okuri asintiendo ante las palabras de Kouga, tenía una voz profunda y musical que le recordó una manada de lobos aulladores—. Pero yo tuve el privilegio de entrenar con el gran Inu no Taisho y si el cachorro es la mitad de bueno que el padre…
Resultaba muy extraño escuchar que llamaran "cachorro" a Sesshomaru. Kagome se hizo una estimación mental de la edad de Okuri.
—¿Por qué no hacemos esto un poco más interesante?— interrumpió Myobu pasándose la lengua por los colmillos, tenía los labios estirados formando una sonrisa de zorro y tras un chasquido le apareció un trozo de oro en las manos.
Kiyohime se inclinó acercándose a la manada del Oeste.
—¿Qué opina, Yukiko-Sssama? ¿Quíen ganará? ¿Acassso ssse encuentra cccegada por el amor maternal?— preguntó y su extraña voz con falta de entonación produjo que un escalofrío le recorriera la columna a Kagome.
Además, siseaba.
Yukiko cerró el abanico de un ademán y se giró para enfrentar a la youkai sentada tras ella.
—A mi no me ciega absolutamente nada, Kiyohime. Mi hijo es el más fuerte de los dos y de eso no cabe dudas. Y aún así… Inuyasha es el más parecido al General, así que sospecho que el enfrentamiento está igualado y el resultado dependerá de quién de ellos desee más la victoria.
Ante esto, a Kagome se le ocurrió una idea.
—Vengan, Lin, Shippo— les dijo Kagome tratando de imitar a Sesshomaru lo mejor posible. Quería a las crías cerca de ella en caso de… Solo por si acaso.
—¿A dónde vamos, mamá?— preguntó Shippo tomándola de la mano.
—¡Vamos a darle a Sesshomaru-sama una razón para ganar!— le respondió Kagome con una amplia sonrisa en los labios. Se llevaría a las crías hacia la arena y le ofrecería a Sesshomaru un pañuelo o un beso o algo que había visto en las películas, lo que fuera necesario para acercarse lo suficiente y poder susurrarle al oído.
—¡Y yo haré lo mismo por Inuyasha-sama!— declaró Inari y se puso de pie.
Kagome tragó saliva y desfiló hacia la arena. Tras ella podía oír a Kiyohime meciendo una bolsa de perlas por Sesshomaru y Kouga le sumaba un mes de presas frescas por Inuyasha.
—I—
Sesshomaru exhaló con lentitud por la nariz mientras se concentraba en vaciar la mente de todo pensamiento exceptuando la batalla. Era cierto que iban a pelear solo hasta que hubiera derramamiento de sangre, pero Inuyasha blandía el colmillo de su padre y el hanyou había mejorado mucho desde que había comenzado a entrenar con los Guerreros del Oeste.
Su soledad fue interrumpida por su vulpina y los cachorros que corrían hacia él con Inari de las Nueve Colas pisándole los talones.
Inari se dirigió a Inuyasha, se quitó una de las flores que preservaba en el cabello con ayuda de magia y la puso sobre la mano de Inuyasha.
—Yo, Inari, te otorgo suerte, Inuyasha-sama. Si ganas esta batalla, te recompensaré con un beso.
Inuyasha se sonrojó, pero le brindó una amplia sonrisa y se metió la flor en la manga.
Para sorpresa de Sesshomaru, él fue el siguiente. Hubo un segundo en el que la vulpina y los cachorros se reunieron y luego Kagome sacó una hoja que tenía escondida en el cinturón y lo dobló para formar un perro de origami que le entregó a los cachorros. Shippo cubrió el tótem con su aliento y Lin se cortó el dedo para derramar una gota sobre la cabeza del pequeño perro.
Sesshomaru parpadeó, él no era un hechicero, pero podía reconocer que estaban creando un amuleto de protección.
Kagome le entregó el tótem.
—Yo, Kagome y las crías, te otorgamos suerte, Sesshomaru-sama. Si ganas esta batalla, te recompensaré con un beso.
Sesshomaru tomó el tótem que le ofrecía con rostro serio y se guardó el perro de origami debajo de la armadura, justo sobre el corazón. Se dijo a sí mismo que el hormigueo que le recorrió la médula era resultado de la magia.
Pero esa sensación no fue nada en comparación a la sacudida que sintió cuando Kagome se puso de puntas de pie y le pasó uno de los colmillos por la mandíbula. Tuvo que contener un sonido de aprobación, pero no pudo evitar contenerse de sujetarla por la cintura.
Para afirmara, por supuesto.
Los labios de Kagome se encontraban junto a su oído y su aliento le acariciaba la piel sensible. Sesshomaru le sujetó la cintura con más fuerza y su mente se adelantó hacia el beso que reclamaría como premio cuando derrotara a Inuyasha.
Kagome susurró apenas solo para que Sesshomaru pudiera escucharla:
—Recuerda la historia del Dragón y el Humano.
Los ojos de Sesshomaru se entrecerraron.
Lo había entendido.
Soltó a Kagome y ella hizo un par de pasos hacia atrás sin dejar de mirarlo. Sesshomaru asintió.
Luego él se dirigió a su lugar en la arena.
CONTINUARÁ
¡Lo prometido es deuda así que he aquí la actualización temprana!
Pronto subiré el siguiente capítulo para saber cómo termina este enfrentamiento y qué plan malévolo están planeando estos youkai… Mientras tanto los dejaré con sus propias conclusiones.
¡Cuídense mucho!
Starebelle
