Rompí el abrazo y lo miré a los ojos. No podía hacerle eso, podía malentender la situación.

-Naruto te agradezco lo que haces por mi, pero tengo que dejar claro que no puedo verte con ojos de amor. No quiero que pienses algo que no es.- El sonrió de una forma débil, se notaba su tristeza.

-Lo entiendo, no te preocupes, estoy contigo por el gran aprecio que una vez le tuve a Sasuke y a ti también, eres como mi hermana. Aunque ya sabes que te amo, no puedo obligarte a amarme.

Nos quedamos platicando un rato más.

-¿Cómo te sientes, con todo esto?- Su pregunta era directa, aunque sabía que todo esto era mentira tenía que apegarme a la historia y actuar.

-Pues, tu sabes que lo amaba, pero ya no era lo mismo, él estaba ausente desde antes de irse y eso estaba matando nuestro matrimonio. Me duele mucho saber que nunca más lo volveré a ver, pero supongo que así es la vida- El me miró con compasión.

-El era mi mejor amigo y me arrepiento de no haberlo apoyado como debí, talvez no se hubiera ido y seguiría con nosotros

Me dolía ver a Naruto triste y afligido, pero quizás estábamos mejor si Sasuke.

Luego de un rato Naruto se fue y subí a mi habitación a dormir un poco. Estaba cansada. Al día siguiente no tenía que ir al hospital, me habían dado unos días de luto.

Dormí hasta tarde, me hacía falta descansar y creo que a Sarada igual, ella ya no tenía pesadillas desde que Kakashi estaba en nuestras vidas. Me levanté y ella estaba sentada en su cama esperándome.

-Mami, cuándo viene papi a jugar conmigo?- Le sonreí y acaricie su cabeza.

- Creo que el vendrá a almorzar- Ella me sonrió.

La llevé a darse un baño y luego le preparé su desayuno, ella comía y yo me di un baño rápido. Para su edad era bastante lista, se extrañó al ver que no iba a trabajar

-Mami ¿hoy no tienes trabajo?- Yo negué.

-Pasaré unos días contigo, ¿qué te parece?- Ella se emocionó.

-Wiiii, estoy feliz. ¿Papi se quedará con nosotras también?- Su inocencia me enternecía, ella no sabía todo lo que estaba pasando. No tenía porqué saberlo.

-Si tu quieres le diré que se quede.

Las dos jugábamos con su muñeca Hana. Eran estos momentos los que más atesoraba, eran momentos que no volverían y quería estar con ella todo el tiempo que pudiera. Los niños crecen rápido y en un abrir y cerrar de ojos tendrán que empezar a ir a las misiones ninjas. El sonido de alguien tocando la puerta me sacó de mis pensamientos. Me levanté del suelo y fui a abrir.

-Sakura-chan, he venido a verlas. ¿Cómo están mis amores?- Sus palabras siempre tan lindas, era todo un conquistador.

-Hem, Kakashi ¿qué cosas dices?- Me sonroje y lo invité a pasar. El me agarró de la cintura y me dio un beso en los labios.

-Te extrañé.

Yo también lo había extrañado pero aún tenía mis reservas y no quería ir tan rápido, y menos si el rumor de mi viudez andaba en el aire.

-También te extrañamos- Le sonreí y lo agarré de la mano conduciéndolo donde Sarada se encontraba.

-¡Papi! Viniste, ¿te quedarás con nosotras?- Los colores se me subieron a la cara mientras Kakashi cargaba a mi hija.

-Me encantaría- El le regalo una sonrisa.

-¿Quieres jugar conmigo?- La pequeña Sarada estaba llena de energía y le encantaba jugar con Kakashi.

Así pasamos el día como la familia feliz que debimos ser desde el principio. Nunca pensé que íbamos a acabar de esta manera pero estaba tan feliz, no quería que esto terminara.

La noche llegó y Sarada apenas comió, estaba cansada y sus ojitos se cerraban, por lo que la llevé a su habitación no sin antes despedirse de Kakashi.

-Buenas noches papi, nos vemos mañana para seguir jugando- El la abrazó y le dio un beso en la frente.

-Buenas noches Sara-chan.

Cargué a mi hija y la acosté en su cama, la arropé, le di su beso de buenas noches y apagué la luz. Su puerta quedaba medio cerrada por si le daba miedo, eso me permitía verla desde mi habitación la cual estaba en frente.

Baje a la sala y ahí estaba el quitándose la camisa. Casi me caigo cuando lo veo. Ese cuerpo me volvía loca, era tan sexy, no podía creer que ese hombre estaba dispuesto a estar conmigo y con mi hija a pesar que no era suya.

-Sakura, por favor no me pidas que duerma en el sofá, quiero hacerte mía toda la noche- El se acercó a mi y empezó a besar mi cuello apartando mi cabello.

-Kakashi, yo… espera…- Mordió suavemente mi oreja y un escalofrío corrió por mi espalda, esto me estaba gustando.

El me cargó como si estuviéramos recién casados y me llevó a mi habitación.

-Cierra la puerta, Sarada puede escuchar- dije lo más suavemente posible.

Me depositó suavemente en la cama y él se posicionó sobre mí, empezando a quitarme la ropa mientras me besaba. El sexo con el era intenso y romántico a la vez. Cuando estaba con él me sentía completa, protegida y tranquila. Sentía que nada malo me podía pasar a mi o a mi hija. El nos amaba y yo estaba dispuesta a amarlo.

Puse mi mano en mi boca para evitar hacer ruido y con la otra mano apretaba las sábanas. Kakashi me había quitado la ropa y me encontraba a su merced. El yacía sin ropa sobre mi y comenzó a estimular mis senos con su lengua y con su mano hacia pequeños círculos en mi clítoris lo cual me estaba llevando al primero orgasmo. Un ligero gemido se escapó de mi boca.

-¿No quieres que Sarada escuche verdad?- me dijo de una forma seductora y demandante. Eso me excito aún más. Procuré tapar mi boca y hasta creo que termine mordiendo la almohada.

Había llegado el momento, nuestros cuerpos ansiaban unirse. El se introdujo en mi y no pude evitar sentir algo nuevo, algo además de el placer tan grande que me brindaba. Esto es una locura. Sentía mariposas en el estómago. Era demasiado pronto para enamorarme de él.

-Te amo- susurré. Fue algo inesperado e inconsciente.

-También te amo Sakura- Ambos llegamos al clímax juntos y luego quedamos abrazados.

Yo me encontraba recostada en su pecho, escuchando latir su corazón agitado. Pequeñas lágrimas comenzaron a salir, no eran lágrimas de tristeza, al contrario. Eran lágrimas de felicidad.