Capítulo 38: Amor

Kagome se debatió durante dos días acerca de contarle a Sesshomaru sobre la propuesta de Kiyohime. Sentía que sería deshonesto de su parte el ni siquiera preguntarle por su opinión, en especial cuando él había sido muy claro sobre las razones que había tenido en que ella no aceptara pretendientes. Cuando le preguntó a Yukiko al respecto, la respuesta que obtuvo fue que esa había sido la decisión que tomó Kagome como la Dama de la manada y que Sesshomaru debía aceptarlo. Y la mujer perro había agregado que, si Sesshomaru no lo hacía, entonces sería una falta de respeto de su parte.

Al final terminó por decidirse debido al plan que estaban planeando en contra del Oeste. Si Kiyohime formaba parte de este, algo de lo que le había dicho a Kagome debía tener importancia.

La primera oportunidad que tuvo de hablar en privado con Sesshomaru fue esa noche cuando llevó a Shippo y Lin a los cuartos de él para dormir. Sesshomaru seguía vestido mostrando que tenía planeado volverse al estudio para seguir trabajando una vez que se asegurara de que los más pequeños se habían dormido.

—Necesito hablar contigo— le susurró en el oído apenas moviendo los labios.

Él asintió de inmediato y ambos se sentaron con los cachorros entre ellos, como era de costumbre.

No pasó mucho tiempo hasta que Shippo, durmiendo con la cola hacia arriba, comenzó a roncar suavemente. A Lin le llevó más tiempo, antes solía caer dormida, pero desde que se volvió un demonio perro desarrolló un extraño sentido que la alertaba sobre lo que sucedía a su alrededor. Sesshomaru por lo general remarcaba que ella sería una buena Dama del Oeste, él la amaba.

Amor.

Kiyohime.

Al final los ojos de Lin se cerraron mientras Kagome le trazaba círculos en la espalda para calmarla.

—Kiyohime-sama me pidió permiso para comenzar a cortejarte— soltó Kagome sin ser capaz de pensar en un modo más sutil de contárselo y sin ser capaz de esperar más tiempo. La espera la había puesto más nerviosa que el problema en sí mismo.

Sesshomaru giró la cabeza con rapidez para observarla, la expresión le había cambiado a una neutra y ella sabía que él se encontraba perplejo.

—¿Y cuál fue tu respuesta?

La voz de Kagome se tornó pequeña y ahogada cuando dijo:

—No, le dije que no.

En ese entonces Sesshomaru pareció interesado. Se inclinó hacia adelante por sobre las crías y se acercó tanto que sus narices casi se rozaban.

—¿Y cual es la razón?— preguntó casi ronroneando.

—Amor—dijo y Sesshomaru abrió más los ojos y se le dilataron las pupilas. Abrió la boca para hablar, pero Kagome se le adelantó creyendo que él iba a reírse al igual que la serpiente—. Kiyohime dijo que no te amaba, y además puede que sea el ama de Inari, y tal vez puede que el amor sea algo de los humanos, pero…

—El amor no es solo para los humanos— la corrigió Sesshomaru con rapidez y se alejó.

Kagome comenzó a balbucear y luego se quedó en silencio. Sesshomaru observó hacia el frente, a las enormes puertas azules que conducían al pasillo, estas estaban pintadas con las montañas sobre las que se había construido el castillo.

—No quise decir… Ni siquiera sé que quise decir— dijo Kagome y pasó las garras apenas por la muñeca de Sesshomaru, él seguía sin mirarla—. Tienes razón, por supuesto que tienes razón. Hablé sin pensar.

Sabía que los youkai podían amar, claro que podían amar. Tan solo le pareció que ellos no le daban tanta importancia como lo hacían los humanos, o tal vez se trataba de esta era…

Kagome hizo una pausa para considerar lo que ella parecía ante los ojos de Sesshomaru. Ella aprovechaba cada oportunidad que tenía para remarcar que los humanos no eran esas criaturas sin propósito —esa espuma de mar— como las veían los demás demonios.

Y en ese proceso, ella sonaba como si creyera que los demonios no tenían corazón, que eran desconsiderados.

Monstruos.

En el interior se le abrió un amplio agujero, sentía como si estuviera cayendo.

No es fácil darse cuenta de que eres todo aquello contra lo que luchas.

Prejuicios ¿En verdad sentía prejuicio hacia aquellas fantásticas criaturas que dominaban las Cuatro Tierras? ¿Era posible ahora que era uno más de ellos? ¿ Y acaso podría saberlo?

Había pasado tanto tiempo defendiendo su naturaleza humana perdida desde que se había transformado en un demonio…

—Lo lamento— murmuró con sinceridad.

—Kiyohime y yo fuimos comprometidos para solidificar un acuerdo— dijo Sesshomaru cuando Kagome había perdido toda esperanza de que él volviera a hablarle en esa noche—. A mi padre le encantaban los bienes extranjeros, como bien puedes ver dentro del palacio. Las Islas del Sur poseen los mejores puertos en nuestro lado del mar.

Así que todos esos muebles extraños habían provenido de allí. Las sillas, las mesas altas y camas con doseles elevadas, como las de la era de Kagome. No se le había ocurrido y había pensado que todos los palacios de los youkais poseían los mismos muebles.

—¿Por qué rompiste el compromiso?

—No fui yo. Kiyohime ya no consideró que fuera necesario una vez que se convirtió en la heredera y luego la Dama de las Islas del Sur.

—¿Quieres decir que antes no lo era?

—No hasta que retó y mató a su padre y hermana mayor por tal derecho— respondió Sesshomaru.

—¡Oh!— exclamó Kagome antes de presionar los labios formando una línea delgada y blanca. No pensaba insultar a Sesshomaru más de lo que ya lo había hecho en esa misma noche. Si él la aceptaba por quien ella era (una kitsune con alma de humana de veinticuatro años) entonces ella podía abstenerse de juzgar a las serpientes dominantes del Sur.

Al menos en voz alta.

I—

Algo no cuadraba cuando Kagome regresó a la habitación que compartía con Lin y Shippo a la mañana siguiente para ponerse el kimono y pintarse el rostro con el maquillaje formal que usaba para el banquete. Aquello que ella había comenzado a llamar su sentido de colas comenzó a resonarle. Se le erizó el pelaje produciendo que las colas parecieran el doble de grandes.

—¿Qué sucede?— murmuró para sí misma pasando las manos por la cama, los cajones e inspeccionando la ropa y juguetes de las crías.

Al final se topó con su espejo. Había un ápice de energía demoníaca ajena en el vidrio, era suave, pero estaba allí hasta que se esfumó con rapidez, tan rápido que Kagome hubiese creído que se lo había imaginado de no ser porque tenía las colas infladas.

Tal vez fue un criado, a lo mejor tocaron el espejo cuando estaban limpiando. Kagome levantó el objeto y se lo metió en el cinturón. Igual lo llevaré conmigo de ahora en adelante.

Para cuando dejó la habitación, olvidó que algo extraño estaba ocurriendo y sus pensamientos respecto al espejo se le esfumaron de la mente como si fueran neblina.

CONTINUARÁ

¡Gracias por sus reviews, como siempre, y espero que se encuentren todos bien!

Nos vemos en el próximo capítulo, se viene algo interesante.

Starebelle