Capítulo 39: El acertijo
Kagome se despertó en medio de la noche, una extraña sensación le indicaba que debía observar el espejo. Con temor de que se tratara de la perla de poder que le había entregado a Sango, de que algo andaría mal con esta, Kagome entró en pánico y con cuidado salió al pasillo sujetando el objeto con torpeza.
Empañó el vidrio con su aliento y vio a una mujer con el rostro lleno de lágrimas arrodillada frente al zorro de origami que estaba hecho de una hoja.
—¡Por favor, Kitsune-sama!— rogó la mujer— ¡No tengo a nadie más a quien acudir! ¡Sé que ha visitado a mi hija! ¡Y ahora le ruego, por favor sálvela!
Con intriga, Kagome realizó un hechizo para comunicarse a la distancia. Ya había practicado mucho por lo que no necesitó mirar mientras doblaba un zorro de origami idéntico al que se encontraba frente a la llorosa mujer que le imploraba.
—¿Qué le ha pasado a su hija?— preguntó Kagome hablando a la boca del zorro de origami que tenía entre las manos.
Contempló en el espejo cómo el zorro de origami que había dejado en la habitación de la pequeña niña hacía dos años repetía sus palabras, vio saltar a la mujer que luego volvía a arrodillarse.
—¡Aobozu me la ha robado! ¡Temo por su vida y nadie puede ayudarme por miedo a que Aobozu se lleve también a los demás niños!
—¿Y qué hay de su esposo?— preguntó Kagome por medio del zorro.
—Dice que tendrá otro hijo— respondió la mujer con tristeza—, un barón que pueda continuar con el apellido familiar.
Kagome entrecerró los ojos que brillaron con enfado. El padre de la niña sonaba como la clase que pensaba que las mujeres no valían nada.
—¿Kitsune-sama? ¿Vendrá?
Kagome ladeó la cabeza.
—Estoy en camino.
Se metió el espejo y el zorro de origami en el cinturón y se dirigió hacia Sesshomaru para despertarlo y avisarle sobre lo que iba a hacer para saber si él querría acompañarla. Sin embargo, ni bien se puso en marcha para dirigirse hacia la habitación, sus pensamientos se arremolinaron volviéndose confusos.
—No hay tiempo de decccirle a nadie a donde vasss. Ella esss tu humana, tu missssssssión— le susurró una voz en el oído.
Se olvidó de Sesshomaru al instante, se olvidó de todo, menos de la niña robada.
Esta era una prueba de colas.
Saltó de una ventana y se transformó en zorro antes de aterrizar para luego empezar a correr deseando poder volar como Inari. Incluso con el rápido andar de su verdadera forma, le tomaría todo un día y toda una noche poder llegar a la aldea donde había hecho sus primeras travesuras. Para ese entonces la niña podría ya estar muerta.
Con las piernas quemándole, pero dejando marcas feroces a su paso, Kagome apuró el andar.
—I—
Sesshomaru se despertó esa mañana con una extraña sensación de que algo no marchaba bien. Al principio creyó que la razón era que Kagome no se encontraba en el mismo lugar de siempre en la cama ya que era poco usual que ella despertara antes que él. Y en caso de hacerlo, el que no se hubiese llevado a los cachorros con ella era incluso más extraño. Así que allí se encontraba él, con un cachorro a cada lado, pero sin su vulpina a la vista.
Entonces expandió su aura buscando encontrar el de Kagome, y al no encontrarla se percató de qué tan mal estaba la situación.
Kagome no se encontraba en el palacio, podía sentir los rastros del poder que ella había dejado en el aire, más no a la kitsune. Ella todavía no tenia el poder suficiente para ocultarse de él, y menos cuando él la estaba buscando a ella en particular.
O Kagome estaba muerta, o lo había abandonado.
Algo primitivo dentro de él comenzó a aullar ante la idea de la muerte de Kagome, lo llenaba de tanta ira que su propia aura demoníaca se embravecía a tal punto de despertar a los cachorros. Ambos se sentaron con los ojos bien abiertos y temerosos abrazándose y mostrando los pequeños colmillos brillantes.
Sesshomaru inhaló con profundidad para tranquilizarse e inmediatamente suprimió su naturaleza bestial. Necesitaría tener la mente despejada para descifrar qué había sucedido con su vulpina, y no le importaba poder oler el miedo de los cachorros.
—Todo irá bien— los tranquilizó con suavidad y les acarició a cada uno la coronilla.
Shippo lo observó con lágrimas asomándoseles por los ojos y preguntó:
—¿Dónde está mamá?
—¿Dónde está mi madre?— repitió Lin con voz ahogada.
Sesshomaru se quedó sin aliento.
—La encontraré y se las traeré de regreso— les prometió Sesshomaru y se puso de pie para ponerse la armadura y agarrar sus dos espadas teniendo extremo cuidado en no olvidarse de Colmillo Sagrado.
Esperaba no tener que utilizarlo.
—I—
Su madre e Inuyasha se encontraban al otro extremo del gran pasillo cuando Sesshomaru abrió las enormes puertas dobles que llevaban a las habitaciones.
—¿Qué sucede?— preguntó Inuyasha sin perder tiempo. Sesshomaru se sintió agradecido por la naturaleza rápida de su hermano— ¿Dónde está Kagome?
—No está aquí— respondió Yukiko antes que Sesshomaru. Tenía esa expresión que le indicaba a Sesshomaru que estaba expandiendo los sentidos—, se marchó en la noche. Los rastros de su aura indican que se dirigió hacia la frontera con el Norte.
Madre siempre había tenido sentidos más agudos que él.
—Oh, diablos— dijo Inuyasha con una mueca—. Vamos, entonces. Debemos ir tras ella.
Sesshomaru arqueó una ceja, sabía que definitivamente iba a ir en búsqueda de su vulpina y tal vez la regañaría por haberse atrevido a marcharse… pero no sabía qué es lo que había causado esa expresión de resignación en Inuyasha.
Las orejas del hanyou se movieron.
—Mira, debes conocer a Kagome ya. Se ha comportado muy bien desde que pidió ese deseo y todo, pero ella a veces… hace cosas. Será mejor que la encontremos antes de que adopte un bebé troll o se le proponga un dios o algo.
Sesshomaru resopló.
Inuyasha bajó la vista y se dirigió a Lin y Shippo, que se encontraban uno a cada lado de Sesshomaru, cuando habló:
—Sabes a lo que me refiero, enano.
Shippo asintió con aires de sabio que impartía sabiduría en el universo.
Sesshomaru comenzó a caminar y pasó junto a Inuyasha y dijo:
—Ven.
Inuyasha comenzó a seguirlo. No le indicó a su madre que vigilara a los cachorros ya que sabría que ella lo haría sin que se lo pidiera.
—I—
Era de noche cuando Kagome llegó a la aldea de la pequeña niña.
La madre de la niña se encontraba sentada fuera de la casa haciendo vigilia, tenía un pequeño farol rojo a su lado, se trataba de una luz para guiar a su pequeña niña de regreso a casa.
La mujer exhaló un grito ahogado cuando Kagome se detuvo frente a ella y su aroma se inundó de miedo, sin embargo, no tuvo indicios de correr o pedir ayuda, en cambio, le preguntó a Kagome con voz temblorosa:
—¿Kitsune-sama?
Todavía en su verdadera forma y sin poder hablar, Kagome inclinó la cabeza teniendo especial cuidado en que el fuego zorruno que le rodeaba las patas no dañara el hogar de la mujer. Sin querer perder más tiempo, ya que había pasado mucho, llevó la nariz al piso y rodeó la casa de la humana olfateando hasta que detectó el aroma de un youkai que le resultó familiar.
Aobozu, el monje azul. El ladrón de niños.
Había algo extraño en ese aroma ya que era opaco, antiguo, tenía solo un sabor.
Kagome exhaló un gruñido profundo.
Luego se marchó siguiendo el rastro. Aobozu era astuto ya que se movía por agua para así esconder su aura demoníaca. Pero Kagome era una kitsune y el mismo Gran Perro del Oeste le había enseñado a seguir un rastro por lo que encontró la madriguera de Aobozu un par de minutos luego de llegar.
Le pareció demasiado fácil.
Regresó a su forma humanoide y entró con valentía.
—¿Qué esss esssto? ¿Qué esss esssto?— preguntó Aobozu con una risotada y lanzando pequeños huesos contra el piso de la cueva.
Tenía la piel de un color verde azulado pútrido y los ojos entre rojo y violáceos, pero además de esos rasgos, se veía humano, vestido de negro y con cabello del mismo color. Se encontraba sentado en un nido de huesos descoloridos con la niña humana detrás de él, inconsciente sobre la tierra, pero todavía con vida. Kagome pudo oírla respirar.
—He venido por la niña, ella es mía. Robarle a un kitsune es de mala suerte.
—¿Tuya? No, oh no. Bozu esss sssabio y no le robaría a un zzzorro ¡No veo tu nombre en ella!— dijo el monje azul y juntó los huesos para luego agitarlos con las manos.
Kagome arrugó la nariz, podía notar que los huesos eran de niños humanos.
—Es mía desde que le cambié un zorro de origami por un juego de hanetsuki. Devuélvemela.
—¡Essso no cuenta y lo sssabesss, pequeña embaucadora!— chilló Bozu haciendo tintinear los huesos.
Kagome enderezó la postura y mantuvo las colas quietas negándose a sentirse intimidada. Ella había reunido los fragmentos de la Perla de Shikón, se había enfrentado a Naraku. Ahora era Kagome de las Cuatro Colas, Creadora del Deseo de la Perla de Shikón y Dama de la manada de Sesshomaru ¡Había enfrentado demonios peores que este!
—¡Pero hagamosss esssto, hagamosss esssto!— prosiguió Bozu succionándose los dientes—. Hagamosss un juego ¡Sssi, un juego! Losss kitsssune aman losss juegosss ¿Verdad?
—Claro que si— respondió Kagome y su voz resonó por la madriguera del Monje Azul—¿A qué jugaremos?
—¡Tiramosss losss huesssossssssss!— respondió Bozu lanzando los pequeños huesos redondos al aire— Sssi gano, me quedo con la niña y tú, kitsssune-hime, deberásss obedecccerme por todo un día y una noche. Sssi tu ganasss, puedesss quedarte con la niña.
Kagome frunció el entrecejo.
—No me agrada ese juego, hay mucho en riesgo— dijo y pensó, además, seguro que Bozu hace trampa—. Propongo otro juego, uno que ponga nuestra astucia a prueba.
Bozu pareció pensarlo.
—¡De acuerdo, de acuerdo, pero sssi tu elijesss el juego, entoncccesss la apuesssta debe ssser mayor!
—Estoy de acuerdo.
Kagome pensó con rapidez y su mente se dirigió hacia una de las historias que Sesshomaru le había contado bajo las estrellas.
—Te daré un acertijo. Si te equivocas, entonces la niña viene conmigo y tu debes abandonar las Tierras del Oeste para siempre. Si tu respuesta es correcta, entonces te quedarás con la niña y también conmigo, yo seré tu esposa.
—¡Pareja, no esposa!— Bozu corrigió con astucia ante el juego de palabras de Kagome. Siendo su esposa, ella tendría la libertad de marcharse cuando quisiera, pero una pareja youkai estaba unida a la otra de por vida.
—De acuerdo— dijo luego de inhalar profundamente, le estaba cayendo sudor por la frente—. Pero solo podrás adivinar una vez y debes prometer dejarnos ir si te equivocas. Ya sabes lo que significa romper tu palabra ante un kitsune.
Así como se encontraba de asustada, también estaba llena de júbilo. Esto seguramente era lo que Amaterasu y los poderes de la Perla de Shikón querían que ella hiciera cuando la transformaron en kitsune. Ella protegería a aquellos que la necesitaban, fuesen humanos o demonios. Los salvaría de las garras del otro, los ayudaría a comprender.
Una vez como humana, ahora como youkai, ella había pasado los últimos años caminando en cuerda floja entre dos mundos. Y antes de eso, ella se encontraba dividida entre dos épocas, siempre estuvo partida a la mitad. Pero ahora podía verlo, y cómo podía verlo, se trataba de una revelación tan clara como el agua: no se encontraba atrapada, no estaba dividida, no estaba hecha de dos partes que nunca se encontrarían.
Ella era un puente.
Ella sería la encargada de unir dos épocas y dos pueblos, serviría como la puerta por la cual el futuro que ella recordaba dejaría de existir y sería reemplazado por un mundo donde los humanos y los demonios vivían con libertad, codo a codo.
En su corazón comenzó a crecer una risa, una que no era suya y que no había oído ni sentido desde el día en el que pidió el Deseo de la Perla de Shikón. Se trataba de la risa de un demonio que ahora se encontraba muerto, el youkai cuyo poder ella utilizaba.
Era una expresión de triunfo.
Sin tener idea de los pensamientos que recorrían la mente de Kagome, Bozu se dirigió a la pila de huesos que formaban su nido y se sentó con la boca abierta mostrando los colmillos. Mientras Kagome lo miraba, él sacó la lengua y la rodó por el incisivo izquierdo.
Kagome sintió una extraña sensación muy en el fondo de su mente.
—Essstoy de acuerdo con tu juego y prometo dejarte ir sssi pierdo. Dime tu acccertijo— demandó Bozu.
Intentando ignorar la mugre que la rodeaba, Kagome puso los pensamientos en su lugar y recitó:
Las aguas quietas calan hondo.
Tengo lecho, más no descanso.
Corro mucho, pero no me canso.
Por sentimientos no respondo.
Bozu respondió de inmediato, así como Kagome se imaginó que haría cuando le agregó un pequeño giro a un acertijo del que muchos han oído hablar.
—¡El río! ¡Essse fue muy facccil! ¡El río!
—¡No!— respondió Kagome y comenzó a bailar de alegría en el lugar por el truco que le había jugado— ¡La respuesta es Sesshomaru-sama!
El viejo Bozu comenzó saltar en el lugar mientras le gritaba que era una tramposa y fanfarrona antes de lanzarse a ella con los ojos encolerizados y lanzando un chillido.
Kagome no se encontraba preparada para el ataque y él logró alcanzarla con tres de sus uñas sucias que le arañaron el brazo. Kagome comenzó a temblar, el estómago le dio un vuelco y un extraño calor que parecía emanarle de la herida le recorrió las venas. Movió el brazo y se alejó de un salto, giró en el aire y aterrizó con gracia frente a la niña humana al mismo tiempo que arrojaba un orbe de fuego zorruno hacia el Viejo Bozu.
—¡Mentiroso!— le recriminó— ¡Prometiste que nos dejarías ir!
Él lanzó una carcajada y un brillo de locura le apareció en los ojos.
—Dije que te dejaría ir… ¡Nunca dije que lo haríasss con vida!
Bozu se volvió a lanzar hacia ella, pero esta vez Kagome estaba preparada por lo que lo esquivó en el último momento y se giró para propinarle una patada que lo golpeó en la espalda para alejarlo de la niña humana. Mientras Kagome se movía, sus dedos estaban trabajando en una hoja que se sacó del cinturón para transformarla en una caja de origami que se llevó a los labios y sopló para inflarla con su aliento.
Tanto ella como la niña humana desaparecieron de vista.
Bozu volvió a reír.
—¿Essssssso essss todo?— cacareó caminando alrededor de Kagome mientras jugueteaba con los huesos dejándolos caer de una mano a otra.
Click click click. Click click click.
—¿Essso esss todo? ¡Todavía puedo ver tu sssombra!— dijo y señaló a la pared que mostraba la sombra de un zorro de cuatro colas extendida por la luz que se colaba por la entrada de la cueva.
Bozu arrojó los huesos y uno de ellos golpeó a Kagome al rebotarle contra el muslo izquierdo.
—¡Te encontré!— susurró Bozu.
Kagome se escabulló agitada mientras doblaba un zorro de origami y exhalaba aire sobre este para que bailara a su lado.
Otra sombra idéntica a la de ella apareció en la pared opuesta de la cueva. Bozu debía elegir a cuál seguir y una vez que se encontrara confundido, Kagome podría rescatar a la niña y escaparse.
Pero antes de poder realizar este plan astuto o añadir otra sombra, el Viejo Bozu levantó ambas manos.
—¡Eres un gran problema!— exclamó.
Luego desapareció en una nube de llamas esmeralda.
Kagome permaneció escondida sin confiar en que realmente se había ido ¿De verdad se había dado por vencido tan fácil? Tenía la intención de matarla hacía un par de minutos.
Contó hasta cien antes de atreverse a mover un poco. Cuando hizo un ruido a propósito y Bozu no apareció, ella se relajó, canceló el hechizo de invisibilidad, dobló y se metió el hechizo de sombra en la manga para volver a utilizarlo. Levantó a su humana y se dirigió hacia la entrada de la cueva todavía preguntándose por el comportamiento del Monje Azul.
Era muy extraño.
Pero luego decidió no pensar más en ello ya que, justo allí, en la fría y húmeda cueva del Viejo Bozu, Kagome obtuvo su quinta cola.
CONTINUARÁ
¡Como siempre, quiero agradecer todos los comentarios!
Este capítulo tuvo sus complicaciones, sobre todo el acertijo… Me tuvo pensando por días en una traducción acertada en español que pudiera comparar a Sesshomaru con un río… Y que rimara, sobre todo. Como sabrán, en español la mayor parte de las rimas son religiosas… por lo que este desafío me dio más de un dolor de cabeza. Al final me ayudó un amigo y estoy bastante conforme con el resultado. Les dejo el original por si desean comparar:
Still waters run deep.
I have a bed, but rarely sleep.
I have a mouth, few hear me speak,
Though with a head, I never weep.
Algo parecido pasó con los huesos que lleva Aobozu… Se supone que son huesos que en la antigüedad se usaban para jugar matatenas o payana… depende como llamen a ese juego en su país, este se trata de levantar cruces mientras una pelotita esté en el aire. Se supone que Aobozu quería jugar dicho juego originalmente antes de que Kagome se lo cambie por un acertijo.
Pues nada, solo les contaba un poco de la dificultad de este capítulo y por eso la tardanza en subirlo. No es fácil traer una traducción comprensible sin tener que poner largas explicaciones en el medio como otras que he leído antes de estudiar traducción, no deseaba caer en eso, por eso lo explicó en este momento en caso de que hubiesen dudas.
¡Saludos a todos!
Starebelle
