Capítulo 8
Cuando el taxista se detuvo en la puerta del hotel, Sakura y Temari sonrieron de alegría. ¡Por fin habían llegado!
Tras pagar al taxista, se dieron una ducha y durmieron encantadas, disfrutando del lujo y el confort que el hotel les ofrecía.
Al día siguiente, tras despertarse pasadas las cuatro de la tarde, Sakura comenzó a hacer balance de todo lo perdido, mientras tomaban unas cervezas.
—Necesito con urgencia un portátil y un móvil.
—Son casi las cinco, Saku. Creo que lo tienes crudo.
—Para eso tengo una secretaria —dijo ella marcando el número de Tenten.
La muchacha se apresuró a tomar nota de todo lo que su jefa le pedía y le aseguró que se encargaría personalmente de que le llegara a Escocia al día siguiente.
—¡Qué nivel, Maribel! —se mofó Temari.
—Necesito reemplazar lo perdido —insistió Sakura tras colgar y coger su vaso de cerveza—. Menos mal que suelo hacer una copia de seguridad de todos mis documentos. Y, sobre todo, ¡menos mal, que la copia se quedó aquí!
-¡Ostras, Saku!
—¿Qué pasa?
—Esta noche juega el Atlético de Madrid contra el Liverpool —recordó Temari.
—¡Qué emoción! —se burló su hermana.
—¡No me lo puedo creer! Pero si tú eras la mayor colchonera de la peña.
—Eso fue hace tiempo —repuso Sakura con desgana.
—No me jodas —replicó su hermana y, llevándose las manos a la cabeza, gritó—: ¡No te habrás hecho del Real Madrid, ¿verdad?!
—Eso nunca —respondió Sakura al ver su expresión de terror—. Mi vida ha podido cambiar en muchos aspectos, pero papá me enseñó a adorar al Atleti y eso es inamovible.
—Ufff..., menos mal. Por unos segundos temí lo peor. El relamido de tu ex era del Madrid, ¿no?
—Sí, pero nunca supo que yo era del Atlético.
—Y ¿qué hacías? —se mofó Temari—. ¿Lo sufrías en silencio, como las hemorroides?
—Más o menos —contestó entre carcajadas Sakura—. Por cierto, fue una pena que Torres se marchara al Liverpool.
—Calla..., calla..., que menudo disgusto tuvimos en la peña. ¿Cómo pudieron consentirlo?
—Poderoso caballero...
—Pues yo estoy convencida de que Torres volverá. Creo que lleva los colores del Atleti grabados en el corazón —expuso Temari golpeándose el pecho—. Sería genial verlo jugando con Agüero, Pernia, Forlán, Perea, Camacho... Ufff... ¡Sería la leche!
—¿Sabes, Temari? Yo nunca le haría eso a papá —declaró Sakura tras darle un trago a su cerveza.
Su padre había sido el mayor colchonero del mundo. El mayor indio y el mayor hincha del Atlético de Madrid.
—Hoy juegan en el Vicente Calderón. Seguro que estaría allí —comentó Temari mirando a su hermana—. Oye, ¿te apetece que vayamos a verlo?
—Seguro que lo echan por la tele —aseveró Sakura mientras cogía el mando, vestida aún con su elegante pijama Moschino.
—¿Por qué no vamos al pub de la otra noche? —sugirió su hermana—. Seguro que allí es más divertido. Habrá más ambiente.
—¿Tú quieres que nos linchen? El Liverpool es un equipo inglés, bonita.
—Sí. Pero estamos en Escocia, princesita —replicó Temari.
—¿Sabes? Llevo tiempo sin disfrutar de un partido como Dios manda —murmuró Sakura.
Durante los años que había sido novia de Nagato, nunca se le había ocurrido decir que era del Atleti. Era su secreto, y más cuando el equipo bajó a segunda división.
—Pues ya es hora, ¿no crees? —la animó Temari—. Vamos a pasarlo bien. Y, por favor, sé una hincha rojiblanca como papá te enseñó. Olvídate de clases, marcas y categorías por unas horas y disfruta del espectáculo.
Sakura sonrió. ¡A la porra con los convencionalismos!
Era del Atlético de Madrid y pensaba disfrutar de aquel partido. Así pues, tras enfundarse sus vaqueros Dolce & Gabbana, una camiseta blanca Moschino y la sobrecamisa que días antes Sasuke le había dejado, ella y su hermana se dirigieron hacia el pub.
Esa noche, el ambiente en el Mclean era animado, aunque, nada más entrar, Sakura ya arrugó la nariz, pues el local olía intensamente a cebada. En un primer momento se sintieron algo intimidadas al estar rodeadas de todos aquellos tipos escoceses que miraban el partido, pero cuando el Liverpool marcó en el minuto 14 y comprobaron que la gran mayoría de los asistentes iban con el equipo español, se sintieron mucho más relajadas.
Respiraron aliviadas al observar, con el corazón en un puño, cómo el Liverpool fallaba un posible gol, y aceptaron unas pintas de Guinness a las que las invitaron dos hombres que había junto a la barra.
—No me gusta nada el ritmo del partido —se quejó Temari.
—Pero vamos a ver —protestó Sakura, que comenzaba a estar achispada después de haberse tomado tres cervezas—. ¿Por qué no sacan a Agüero? ¿Qué hace ahí sentado?
—Pobre Simão —suspiró Temari—. Por Dios, ¡no dejan de agobiarlo!
Se encontraban al borde del infarto cuando Forlán estuvo a punto de meter un gol, lo que hizo sonreír a los hombres que las habían invitado y que las observaban desde el mostrador.
—¡La madre que parió al árbitro! —gritó Temari—. ¿Cómo puede sacarnos tarjeta amarilla?
—Se la merecía tu jugador —respondió uno de aquellos tipos acercándose a ella—. Se la merecía por tirarse dentro del área.
—Cierra el pico, amigo —señaló Sakura molesta.
—De acuerdo, española —convino él levantando las manos—. De acuerdo.
Segundos después, él y su colega se presentaron. Eran Izumo Kamizuki y Aoba Yamashiro, dos ejecutivos de General Motors que estaban de viaje de negocios en Escocia, aunque vivían en Londres.
El primer tiempo del partido terminó con el resultado d favor del Liverpool. Sakura aprovechó entonces para ir al baño, ya que tenía la vejiga a punto de explotar y, tras mirarse al espejo y ver que parecía una salvaje, apenas sin pintar, en vaqueros y con aquella enorme sobrecamisa militar, sonrió. «¡Si me vieran ahora los del trabajo alucinarían!», se dijo.
Entonces, sin saber por qué, se acordó de Sasuke. Le habría gustado ver su cara en ese momento.
«Maldito prepotente», pensó, aunque sintió una pequeña punzada en el corazón al recordar que no volvería a verlo.
A su vuelta, Izumo se acercó hasta ella. Lo atraía esa española, y no pensaba desaprovechar la oportunidad.
Entonces comenzó la segunda parte del partido.
—Hombre. ¡Gracias a Dios! —aplaudió Temari al ver a Agüero en el terreno de juego—. Menos mal que Aguirre ha despertado.
—No tenéis nada que hacer —le aseguró Aoba a Temari—. Como equipo, el Liverpool es superior.
Pero antes de que ella pudiera contestarle, los ingleses marcaron de nuevo.
—¿Lo ves? No tenéis nada que hacer —asintió él, con lo que se ganó una dura mirada de las dos hermanas.
Sin embargo, segundos después, el gol se anuló, y el pub entero comenzó a saltar de alegría.
—¡Toma, por listo! —exclamó Temari manoteando en dirección a Aoba.
Después, los cuatro estallaron en risotadas. No importaba que no defendieran al mismo equipo: la velada estaba siendo divertida, y Sakura estaba disfrutando del partido como llevaba tiempo sin hacer.
—¿Os apetece otra pinta de Guinness? —preguntó Izumo.
—Sí —respondió Sakura—. La verdad es que estoy muerta de sed.
—Iré contigo —dijo Aoba a su amigo al tiempo que le guiñaba un ojo a Temari—. Así traeremos cuatro.
—Qué morbazo tienen estos ingleses —se guaseó Temari mientras ella y su hermana los observaban alejarse en dirección a la barra—. Y yo que pensaba que eran sosos y descafeinados...
—Son agradables y correctos —afirmó Sakura sin dejar de mirar el partido—. Una estupenda compañía masculina.
Al igual que ellas, los dos hombres estaban en Escocia en viaje de negocios. Se los veía cultos y educados. Izumo era alto, moreno y con unos impresionantes ojos color avellana, mientras que su amigo Aoba era más bajo y tenía unas pestañas que quitaban el sentido. Ninguno de los dos era especialmente guapo. Eran más bien tipos corrientes, pero tenían ese toque caballeroso que tanto gustaba a las mujeres.
—¿Has visto qué sonrisa tiene Izumo? —preguntó Sakura a su hermana.
—Sí, igualita que la de alguien que tú y yo conocemos.
—¡Ni de coña! —repuso Sakura con la lengua más suelta de lo normal—. No le llega ni a la suela del zapato. Izumo es un caballero.
—Ay, Saku, Saku... ¡Que tú a mí no me engañas! —replicó Temari sonriendo al ver cómo su hermana intentaba disimular—. Yo no he dicho a quién se parecía, pero tú me has entendido. ¿En quién estabas pensando, eh?
—¡Gooooollllllll! —gritó entonces Sakura, y ambas comenzaron a chillar y a saltar, al igual que el resto de los presentes en el pub.
Sin embargo, el gol también se anuló momentos después.
—¡A ese árbitro lo han untado pero bien! —ladró Sakura sin dar crédito.
—¡Joder, joder!... —exclamó Temari enfadada.
Los ingleses regresaron entonces con las cervezas.
—Chicas, lo siento... —murmuró Izumo al ver sus caras de decepción.
—¡Tú! —dijo Temari señalando a Aoba, que rio—. Que no se te ocurra decir nada o te juro que te tragas la pinta.
Lo estaban pasando tan bien con aquellos dos, y en especial con el partido, que ni ella ni su hermana se habían percatado de que dos pares de ojos contrariados las observaban desde hacía más de veinte minutos.
Más allá, Sasuke y Óbito no daban crédito al verlas disfrutar en compañía de aquellos dos tipos.
—¡Qué curioso! —dijo Sakura con la voz un poco gangosa—. ¿Esto es un trébol?
—En Escocia es costumbre dibujar un trébol en la espuma de la Guinness —susurró Izumo cerca de su oído—. En mi familia se dice que quien sorprende con un trébol a una mujer será bendecido con una estupenda noche de pasión.
Al notar el aliento de Izumo tan cerca, Sakura se encogió. Llevaba meses de abstinencia, sin tener sexo con nadie. A excepción de los besos de Sasuke. Aunque, ¡cómo besaba ese hombre...!
Creyendo que el gesto de ella confirmaba su noche de pasión, Izumo agarró entonces a Sakura por la cintura y le plantó un seco beso en el cuello que la hizo estremecer, aunque no precisamente de placer.
Temari miró incrédula a su hermana. Estaba borracha, y tenía claro que si pasaba la noche con aquel tipo al día siguiente lo iba a lamentar. Sin embargo, no estaba dispuesta a permitirlo, por lo que, con disimulo, gritó mirando de nuevo el televisor para desviar su atención.
—Pero ¿qué coño les pasa hoy a éstos? No hacen más que perder balones y destrozar jugadas.
—Hoy no es vuestro día, española, dad gracias a Dios porque Torres está lesionado, u os habríamos metido cinco goles —se mofó Aoba.
Temari era consciente del modo en que el inglés la miraba, y supuso que, al igual que su amigo, él también debía de buscar algo más.
—Danos tiempo, ¡descafeinado! —replicó haciéndolo reír—. Verás de lo que somos capaces los del Atleti. Además, voy a decirte algo: si mi Torres está en el banquillo es porque tiene lesionado el corazón. Y ¿sabes por qué?
—No, dime —dijo él acercándose a Temari, que no se retiró. Sabía que aquél podría ser el típico polvo de una noche, algo divertido y sin complicaciones.
—En Madrid tenemos un proverbio que dice: «De Madrid al cielo, siendo del Atlético de Madrid primero». ¡No lo olvides!
—No lo olvidaré —murmuró Aoba casi leyéndole el pensamiento.
Desde la distancia, Sasuke y Óbito seguían sin quitarles ojo a las españolas, y cada vez estaban más disgustados al presenciar las muestras de intimidad entre ellas y los dos tipos que las acompañaban.
—¡Vamos, Forlán, vamos! —gritó entonces Sakura desbocada al ver al jugador disputar un balón por lo alto.
Y al poco llegó el momento más ansiado de la noche.
—¡GOOOOOLLLLL! —exclamaron Temari y Sakura, junto con el resto de los parroquianos, al ver a Simão batir a Reina en un disparo cruzado.
Pletóricas de alegría, comenzaron a saltar. El Atlético había empatado. La gente se abrazaba y se felicitaba, momento que Izumo aprovechó para coger a Sakura y besarla. No obstante, apenas si había posado los labios sobre los suyos cuando un nuevo tirón los separó.
"Qué asco de beso», pensó ella mareada, cayendo en brazos de otro hincha. Pero no pasaron ni tres segundos cuando sintió que aquellos brazos que la sujetaban no la dejaban respirar. Tras pestañear y percatarse de a quién pertenecían, no supo qué decir. Allí estaba el payaso, mirándola de nuevo con su gesto insolente.
Sasuke estaba consumido por los celos. Llevaba gran parte de la noche observando la chispeante alegría de Sakura y sus flirteos con el inglés, y cuando había visto que él la besaba, había sentido deseos de estrangularlo.
Ahora que la tenía desconcertada entre sus brazos, atrapó su boca y la devoró sin piedad hasta que Sakura consiguió soltarse y le propinó un empujón.
—Déjame, bruto, que me ahogas. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Tengo que hablar contigo —bufó él molesto—. ¿Y tú?, ¿qué haces dejándote manosear por ese imbécil?
—No tengo que darte explicaciones —replicó Sakura muy digna.
—¡Eres insoportable! —murmuró Sasuke.
Y, sin poder contener su impulso, volvió a besarla, hasta que Sakura lo apartó de nuevo. Esa española lo estaba volviendo loco.
—No vuelvas a besarme —le ordenó ella sin mucha convicción, pues en realidad sentía que deseaba más. ¿Dónde diablos se había metido Temari?
Sin embargo, al poco la vio. Un par de pasos más atrás, su hermanita estaba besándose como una posesa con Óbito, que, entregado a la pasión, la cogió en brazos y echó a andar en dirección a la salida.
—¿Quiénes son esos tipos? —preguntó Sasuke con gesto serio.
Izumo y Aoba los observaban atónitos, aunque no se acercaron. Y Sasuke lo agradeció, puesto que bastante tenía ya con pelear con Sakura.
—Unos amigos —respondió ella pensando que su hermana y Óbito se iban a asfixiar.
—Pues despídete de tus amigos —rugió él—. ¡Nos vamos!
—Pero vamos a ver, ¿tú eres tonto o qué? —repuso Sakura, intentando zafarse de la garra que la sujetaba—. ¡Suéltame! Yo no voy a ningún sitio contigo
—Escúchame —dijo él atrayéndola hacia sí—. Vas a salir conmigo de aquí.
—Ni lo sueñes.
Sasuke la miró desafiante. No estaba borracha, pero sus ojos, sus mejillas y sus palabras revelaban que había tomado algunas copas de más.
—Estoy viendo el partido de fútbol con mi hermana y mis amigos —señaló ella desafiante—. Así que suéltame, ¡payaso!
—El partido ha terminado y yo no voy a marcharme de aquí sin ti.
Al oírlo decir eso, Sakura se estremeció de arriba abajo. No sabía por qué, pero la voz y la presencia de aquel hombre conseguían que no fuera dueña de su propia voluntad. Su tacto y su mirada la excitaban, la estimulaban hasta unos límites tan insospechados que incluso estaba comenzando a asustarse. Era tal la lujuria que provocaba en ella que, de no haber sido porque él abrió de nuevo la boca para hablar, se le habría arrojado al cuello para besarlo.
—O sales de aquí por tu propio pie —la amenazó con voz ronca—, o te saco yo como tú ya sabes.
Eso la despertó de pronto de su ensoñación.
¡Adiós, lujuria!
¡Hola, enojo!
Provocaciones como aquélla la hacían reaccionar. No consentía que nadie le hablara de ese modo, y menos aún aquel tipo, que ya la había humillado en varias ocasiones. ¡Ni hablar!
—De acuerdo, princesita —dijo Sasuke con una sonrisa triunfal.
Y, antes de que ella pudiera hacer nada, se la echó al hombro, lo que provocó una nueva tanda de aplausos en el pub. Aquello se estaba convirtiendo en un ritual. Horrorizada, Sakura cerró los ojos y no los abrió hasta que el aire fresco de la noche la golpeó en la cara.
—¡Estúpido engreído! —gritó dando un traspié cuando él la dejó en el suelo.
En ese momento Sakura se percató de lo borracha que estaba. Todo giraba a su alrededor.
—¿Estás bien? —preguntó él agarrándola, pero ella se soltó de un manotazo.
—Estaré bien el día que te pierda de vista.
Tras un incómodo silencio, Sasuke clavó la mirada en Sakura, mientras ella, con la boca abierta, observaba cómo su hermana y Óbito seguían besándose en una esquina de la calle.
—He pensado acerca de lo que comentaste ayer —dijo entonces él.
—¿Has pensado? ¿De verdad? Pero ¿tú piensas? —se mofó ella. Aunque al poco se rindió y preguntó—: Vale, ¿qué has pensado?
—Sobre el negocio que quieres proponerle al conde.
Al oír eso, Sakura lo miró. ¡Una pequeña luz!
Sí, eso era precisamente lo que necesitaba oír, y al instante su mente comenzó a trazar estrategias. Sin embargo, había tomado demasiadas pintas de Guinness y eso le dificultaba la tarea.
—Mañana hablaré con él —prosiguió Sasuke sin apartar los ojos de ella—. Quizá pueda saber el tiempo que estará fuera. Cuéntame lo que quieres y yo se lo referiré.
—¿Harías eso por mí? —preguntó ella sorprendida.
—No lo hago por ti —aclaró Sasuke—. Simplemente cuido los intereses de mi jefe, los intereses del conde.
