Capítulo 41: Ilusión
Inuyasha hizo tanto ruido al regresar que Kagome pensó que les estaba advirtiendo a propósito: pisaba fuerte, hablaba para sí mismo en voz alta y se aseguró de posicionarse en la dirección en la que soplaba el viento a modo que ellos no pudieran evitar su aroma o el del pescado que acababa de atrapar.
Era como si temiera encontrarlos haciendo el amor en el medio del bosque.
Sesshomaru acercó a Kagome para frotarle la nariz contra el cuello y pasarle uno de los colmillos por la piel con mucha suavidad. Ella tiritó y las colas se arremolinaron alrededor de él mostrándose en conformidad. Los arañazos que tenía en el brazo seguían punzándole y la cabeza le palpitaba al mismo ritmo mientras que algo caliente y dulce se le enroscaba en el estómago. Se le nublaron los pensamientos y volvió a acercar los labios a Sesshomaru mientras ronroneaba con suavidad.
Escuchó más pisadas, maldiciones y maleza que se apartaba, lo cual produjo que Kagome volviera en sí.
—Inuyasha ha regresado— susurró ella sorprendiéndose luego del tono sensual que había adoptado su voz. Sentía algo más que su naturaleza kitsune la cual luchaba para tomar las riendas de su poder.
Era muy improbable que ella pudiera hechizar a Sesshomaru, pero no quería vivir con dicha duda.
Sesshomaru levantó la cabeza y la contempló con una ceja arqueada. No era necesario que hablara para que Kagome comprendiera lo que quería comunicarle ya que ella casi podía oírlo decir "deja que Inuyasha nos vea, no me importa."
Ella levantó la mano y le dio un golpecito en el lóbulo de la oreja usando una de las garras. La ceja de Sesshomaru subió aún más y Kagome rodó los ojos antes de alejarse de él para luego alisarse el kimono con las mejillas encendidas.
Ese no era el momento para pensar en lo que había entre ellos dos ¿verdad?
No, no lo era.
Para cuando Inuyasha se hizo visible, Kagome se encontraba parada tranquilamente junto a Sesshomaru, pero haciendo un gran esfuerzo por controlarse. Inuyasha miró primero a uno y luego al otro, abrió la boca, pero pareció pensarlo mejor y la cerró, luego les lanzó unos pescados a cada uno.
Comieron el pescado crudo sacándoles las escamas con las garras y cortando rodajas de carne rosada y suculenta. Kagome disfrutó del sabor dulce ya que la sangre le agregaba un tono de sal que apaciguó la bestia que se encontraba en las profundidades de su alma.
—I—
Sesshomaru esperó hasta que Kagome había calmado su hambre antes de comenzar a interrogarla por haberse ido, y luego pidió más detalles sobre el encuentro que tuvo con la criatura que ella llamaba Aobozu.
—Lo extraño es que al final solo se rindió— dijo la vulpina de Sesshomaru sacudiendo el pescado que tenía en la mano antes de llevárselo a la boca. Sesshomaru la observó mientras se lamía una mancha de sangre que le había quedado en los labios sin ser capaz o sin atreverse de despegar los ojos de ella—. Oh, eso y también el aroma.
—¿Aroma?— preguntó Inuyasha que se había mantenido en un extraño silencio desde que regresó de cazar. Sesshomaru decidió no hacer comentarios al respecto.
Kagome arrugó la nariz y se le formó un pliegue entre las cejas mientras buscaba las palabras que podrían expresar lo que intentaba describir. Incluso cuando ponía esa cara, su semblante se veía bello.
—Era como… ¿descolorido? No, esa no es la palabra. Era como una gastado, como si el rastro del aroma fuera antiguo, excepto que él se encontraba parado frente a mí.
Inuyasha lanzó una mirada a Sesshomaru y este inclinó la cabeza señalando que ambos estaban de acuerdo.
—Suena como si fuera una ilusión— dijo Inuyasha.
—¿Una ilusión?
—Si— respondió Inuyasha limpiándose los dientes con una espina.
Pero Sesshomaru no se encontraba satisfecho, iba a examinar esa cueva y encontraría una forma de rastrear a esa criatura repugnante. Ese Aobozu había intentado dañar a Kagome y por esa razón Sesshomaru iba a arrancarle la carne y derretirle los huesos, y luego, si Colmillo Sagrado se lo permitía, lo resucitaría y lo volvería a hacer.
Kagome le sonrió con una sonrisa de zorro y le pasó los dedos por el cabello plateado.
—Alguien está teniendo pensamientos malos.
Inuyasha comenzó a hacer ruidos de arcadas.
—Abajo— respondió Kagome.
A pesar de que habían pasado tantos años desde que el rosario había dejado de funcionar, Inuyasha todavía se estremecía y se protegía del impacto. Kagome una vez le había explicado que dicha conducta se llamaba "Condicionamiento Pavloviano". Sesshomaru pensaba que este humano, Pavlov, era un hechicero muy astuto, y tenía planes de formar una alianza con el hombre una vez naciera.
—Hey— dijo Inuyasha enderezándose— eso fue muy feo.
Kagome lanzó una risa de zorro y le dio la espalda a Inuyasha para dirigirse hacia la guarida de Aobozu.
Una vez llegaron a la cueva, Sesshomaru le ordenó que esperara junto a Inuyasha. No podía sentir ninguna presencia dentro de la cueva, pero no quería arriesgarse a poner en peligro a su manada.
Por el rastro que olía en el ambiente y las marcas del suelo, pudo reconstruir la batalla. Tenían razón en pensar que Aobozu había utilizado la ilusión para esconder su verdadero aroma.
Ilusión.
Sesshomaru fue en busca de Kagome y le pidió que registrara la guarida. Inuyasha se recostó contra uno de los costados que formaba la entrada de la cueva posando una mano sobre la empuñadura de Colmillo de Acero.
—Feh ¿Qué podría encontrar ella que tu no?
Hacía poco tiempo, la actitud de Sesshomaru había sido la misma que Inuyasha, pero esta vez le respondió:
—Hay algunas cosas que solamente puede saber un kitsune.
Kagome la encontró debajo de la pila que formaban los huesos humanos colocados en forma de nido: una escama manchada con una gota de sangre. Era igual a la que había encontrado en la aldea destruida y la que hacía parecer que los culpables habían sido los lobos de Kouga. Cuando Sesshomaru e Inuyasha miraron hacia el punto que ella indicaba, solo podían ver el suelo.
Luego Kagome levantó la escama y esta comenzó a brillar haciéndose visible para ellos junto con el aroma del youkai llamado Aobozu.
—Supongo que esto es parte de quien realmente eres, Kagome— dijo Inuyasha a modo burlón—, primero detectas fragmentos, ahora detectas escamas.
Sesshomaru ignoró todo el parloteo, cerró los ojos e inhaló con profundidad en busca del mismo aroma en los recovecos de su mente. Conocía ese aroma, se había encontrado con esa criatura, quien fuera que esta sea, con anterioridad, y no como Aobozu.
Si tan solo pudiera recordarlo.
Fue hace mucho tiempo, al menos de eso estaba seguro. Podía recordar una vaga imagen de la arena y el sonido de olas de mar.
Las Islas del Sur, pero la última vez que estuvo allí fue cuando era cachorro y todavía estaba comprometido con Kiyohime.
—Vengan— dijo volviendo a abrir los ojos—, regresaremos al palacio.
CONTINUARÁ
¡Disculpen la tardanza, estamos a fin de semestre y los exámenes y entregas me están volviendo loca… Prometo actualizar esta semana si el tiempo me lo permite 3 Pronto sabrán quién es el verdadero villano!
Starebelle
