Capítulo 43: Kitsuneno'otan
Kagome la había pasado bien durante la mayor parte del Banquete de los Cuatro Tratados (excepto por la parte de los dragones-zorros homicidas y envenenamientos accidentales), pero se alegró cuando este llegó a su fin y el palacio comenzó a vaciarse. Sin embargo, nunca estaba del todo vacío, pero en estos últimos tiempos estaba prácticamente atestado.
Volvieron las clases y Sesshomaru volvió a acostarse con más regularidad una vez que las semanas pasaron sin noticias de Myobu. Parecía que la Comadreja permanecía a gusto estando escondida durante un tiempo y Kagome no podía sentirse más que aliviada. De a poco, pero con certeza, la vida en el palacio volvió a la normalidad.
Los arañazos que Aobozu (Myobu) le había hecho en el brazo estaban sanando muy lentamente y le ardían como si la hubiera picado una abeja, pero por alguna razón Kagome nunca tuvo la idea de mostrársela a alguien. Miraba la cáscara que se le había formado sobre las heridas y consideraba ver al curandero del palacio, o contarle a Yukiko o a Inari sobre esta, pero al momento en que se cubría la herida con la manga del kimono, todo ese asunto se le desvanecía de la mente. Incluso se sentía preocupada por olvidarse siempre, pero esos pensamientos duraban menos que un parpadeo.
Mientras los brotes comenzaban a florecer, ella comenzó a caminar dando saltos, y a pesar de que los arañazos se habían curado, comenzó a sentir un aumento de energía que iba acorde a las punzadas que sentía en brazo. Los ojos le brillaban con fuego zorruno y sentía las extremidades llenas de una energía salvaje que pronto se tornó en agitación. Se unió a las plegarias de las crías para ir a patrullar, viajar, irse a donde fuera. En dos ocasiones le gritó a Inuyasha cuando este le dijo que se calmara, algo en el interior de Kagome la hacía desear desafiarlo.
Al final, Inari reconoció lo que estaba sucediendo y confrontó a Kagome.
-Es hora de tu kitsuneno'otan- le dijo sin piedad.
-¡Pero dijiste que era posible que no necesitara de uno! ¡Ya tenía tres colas cuando me convertí en kitsune, y ahora tengo cinco!- respondió Kagome frenética y extendió las colas que le sujetaban el cinturón para extenderlas con orgullo a su alrededor a la vez que las señalaba.
¡Ves! ¡Cinco!
Inari comenzó a reír por el drama de su estudiante y la obligó a volver a sentarse.
-Tu caso dista de lo usual, dije que tal vez no necesites un kitsuneno'otan. Tal vez no significa seguramente.
-¿Y si te equivocas? -dijo Kagome con esperanzas y con las manos en las mejillas.
Inari se acercó y olió el cuello de Kagome.
-No, estoy segura. Y pronto será obvio para todos los demás que estén en el palacio.
Kagome comenzó a gruñir, se recostó sobre la mesa y comenzó a golpearse la cabeza contra la madera oscura.
-Hablaré con Sesshomaru-sama por ti- le dijo Inari.
-¿Sesshomaru?- repitió Kagome con debilidad.
-¿A quién más elegirías?- preguntó Inari sonando muy engreída al respecto.
Genial, simplemente genial. No había tenido la oportunidad de ver mucho a Sesshomaru desde que se habían besado en las afueras de la aldea de Jun, mucho menos estar a solas con él y ahora… esto.
Kagome asintió y volvió a golpearse la cabeza repetidamente contra la mesa produciendo un ruido sordo.
-I-
-¿Ha llegado a la mayoría de edad?- preguntó Sesshomaru con delicadeza tratando de asegurarse de lo que Inari le estaba diciendo.
-Si, Milord- afirmó la vulpina dorada-. Creí que no sucedería con ella ya que por lo general esto sucede antes de la tercera cola… Y sin embargo aquí estamos.
Sesshomaru asintió y permaneció en silencio mientras reflexionaba sobre el asunto.
-¿Qué se puede hacer por ella?- dijo al final, sin estar seguro de si era lo mismo que con los youkai perro.
Inari se lo contó y pareció muy gustosa de hacerlo.
En el curso normal, cuando un kitsune joven alcanza el punto del kitsuneno'otan (el cambio de cola) se elige a un miembro sin pareja de la manada para guiarlo a perder la virginidad. Al ganar conciencia de la sexualidad, consiguen su tercera cola, y se vuelven adultos a los ojos de sus pares. Un miembro anciano de la manada se encarga de supervisar el acto para asegurarse de que no se incurra al abuso y que el kitsune joven no sienta miedo.
-Yo seré su testigo- prosiguió Inari-, y ella te ha elegido como su guía.
Cuando Sesshomaru no le respondió, ella prosiguió:
-Es un gran honor ser elegido, Milord. Si, en todo caso, usted no desea participar del ritual, estoy segura de que el Príncipe Lobo…
-No- dijo Sesshomaru con más frenesí del que hubiese querido. Se puso de pie y comenzó a pasearse y su aura se estremeció a su alrededor revelando lo agitado que se encontraba.
No tenía objeciones en ayudar a su vulpina en esta etapa de celo, no cabía dudas. Tenía un cuerpo que le parecía placentero e incluso había demostrado ser un miembro valioso de la manada. Cuando él despertó y se percató de que ella se había marchado, se había sentido… inquieto. Y por supuesto era natural compartirle el placer de encontrarla a salvo. Esos besos… Pero él no deseaba más que solo placer compartido debido a que más le resultaba innecesario. Ya tenía una heredera en Lin.
Esta ceremonia, este kitsuneno'otan, le otorgaba una gran importancia al rol del guía, una posición de honor y confianza. Era de esperar que Kagome recurriera al alfa para que adoptara dicho rol, y aún así… Sesshomaru no estaba seguro del verdadero significado que tendría para ella el que él aceptara.
¿Y si ella engendraba un cachorro? La ceremonia de la que hablaba Inari no permitía esa clase de magia que asegurara que dicha cosa no diera lugar.
…Kagome era buena madre con Lin y Shippo. Ella era poderosa, protectora, cariñosa. Y el pensamiento de su vientre acunando un cachorro de ambos lo llenaba de un júbilo dulce y preciso que decidió interpretar como orgullo. No había sentido en agregar otro cachorro a la manada y, sin embargo, la idea no le disgustaba.
¿Pero permitirle a un miembro ajeno a la manada que fuera el guía de Kagome?
Eso era inaceptable.
La manada de Sesshomaru era pequeña. Shippo era demasiado joven y veía a Kagome como a una madre, lo cual reducía las posibilidades a Inuyasha o a él.
No permitiría que fuera Inuyasha, y al pensar esto exhaló un gruñido feroz del que no fue consciente a la vez que se le curvaron los labios.
Definitivamente, eso decepcionaría a Kagome, ya que ella había decidido que Inuyasha no era una pareja aceptable, a su vez Inuyasha estaba cortejando a Inari.
Seguro de sus razones, Sesshomaru se giró hacia Inari y parpadeó cuando la vio aplastada contra la pared más alejada de él con el corazón desbocado de terror.
-Sus ojos- dijo con voz quebrada, su aroma desprendía miedo.
¿Se habían vuelto rojos? No se había percatado.
Tras un largo y profundo suspiro, Sesshomaru volvió a centrarse.
-¿Qué pasará con Kagome si esta ceremonia no se consagra?- preguntó luego de convencer a Inari de que vuelva al centro de la habitación.
Inari se encogió de hombros con mucha elegancia.
-Si fuera normal, permanecería como una niña perenne con solo dos colas hasta que se viera forzada a buscar una pareja por su cuenta. Con Kagome podría suceder lo mismo, o tal vez no.
Hasta que se viera forzada a buscar una pareja por su cuenta.
-Dile que yo, Sesshomaru, con gusto seré su guía.
-I-
El nueve era un número sagrado para los kitsune, por lo que pasaron nueve días hasta que Sesshomaru se dirigió hacia la entrada de una serie de cavernas que sus padres solían utilizar como madrigueras cuando deseaban estar alejados del palacio. Él les había indicado a Inari y Kagome sobre las cuevas creyendo que estas serían lo suficiente privadas y seguras para llevar a cabo el kitsuneno'otan de Kagome.
En este lugar ambas vulpinas se habían preparado para su llegada.
Sesshomaru, recordando lo que le habían dicho, se despojó de telas y espadas, dobló la ropa con prolijidad y las dejó en una pila junto a la entrada de la madriguera con las espadas sobre ella. Había una barrera en la entrada de la cueva que aseguraba que no fueran interrumpidos.
Estaba desnudo, a excepción de su largo cabello banco que lo cubría apenas, siguió su nariz hasta la cueva donde Kagome lo esperaba. Como debió haberse imaginado, ella se encontraba en la novena cueva desde la entrada.
Así, desnuda como estaba, se veía dulce y sonrosada, las colas se mecían. Sesshomaru había sentido ese cuerpo presionado contra el suyo en varias ocasiones, pero nunca se había permitido imaginarse con mucho detalle lo que escondía bajo la ropa.
Se encontraba más que a gusto con lo que veía.
No había señal de la presencia de Inari, pero Sesshomaru estaba seguro de que estaba allí, utilizando algún truco kitsune para garantizarles la ilusión de la privacidad.
Ni bien Kagome poso la vista en él, su aroma se llenó de miedo y pudo escuchar como el corazón le latía desbocado. Sesshomaru se detuvo.
- ¿No soy adecuado?
Le había dejado claro en más de una ocasión que ella lo consideraba objeto de deseo. Debido al cambio en el aroma de Kagome, ella no pudo esconder su reacción y había respondido a sus besos con entusiasmo ¿Acaso ella necesitaba algo más que lujuria en un amante?
Él no deseaba que ella viera a su alfa con temor o resentimiento. Si ella no lo deseaba, entonces se tragaría el orgullo y se marcharía. Y a pesar de que lo hacía gruñir ese pensamiento, enviaría a Inuyasha a tomar su lugar, o tal vez le permitiría elegir entre los guerreros que servían al Oeste. Takeshi se encontraba cerca ya que vigilaba a Inari con discreción.
-¡No!- protestó Kagome, casi gritando, aunque luego agregó con más suavidad- No, no, Sesshomaru-sama. Solo estoy nerviosa. Quédate, por favor.
Él asintió, acercándose a ella con lentitud para no alarmarla más. Con gentileza le recorrió el brazo con tres garras.
-En este día puedes llamarme solo Sesshomaru.
-Sesshomaru- repitió con timidez y con los ojos fijos en el espacio entre las piernas de este. El aroma de Kagome había vuelto a cambiar.
-No temas- le aseguró con suavidad antes de acercarse para besarla.
-I-
A la mañana siguiente Kagome despertó entre los brazos de Sesshomaru, adolorida, pero satisfecha. Aun mejor, la sensación punzante y ardiente que la había envuelto ya se había ido, como Inari le había prometido.
Y además tenía una nueva cola.
Sesshomaru la estaba contemplando.
Ella soltó una risita nerviosa.
-Um ¿Gracias?
¿Qué se suponía debía decir en esa situación? ¿Todo eso era extraño? No estaba segura de la respuesta.
-Estas contenta- le dijo más como declaración que como pregunta ¡Que presumido sonaba!
Pero tenía una razón de estarlo.
-Muy- aseguró y recostó la mejilla en su hombro.
Con firmeza se repitió las palabras de advertencia de Inari: No pongas tu corazón en una posición de vulnerabilidad al esperar algo a cambio de tu kitsuneno'otan. Puede que no sea tan especial para tu guía como lo es para ti.
A pesar de esos pensamientos, Kagome sabía que Sesshomaru siempre tendría un pequeño rincón en su corazón.
CONTINUARÁ
Notas de la autora:
Kitsuneno'otan: esta frase deriva de "kitsune no otan" que literalmente se traduce como "el cambio de cola". La ceremonia está inspirada por la ceremonia maiko utilizada para convertirse en geisha. Una geisha en entrenamiento, una maiko, viste un collar rojo para indicar que todavía se encuentran en fase de entrenamiento ya que el rojo es el color de la inocencia. Una vez que están listas para convertirse en geisha, los hombres compiten por la oportunidad de tomar su virginidad. Una vez que la ceremonia del ritual se completa, la maiko se convierte en geisha y comienza a utilizar un collar blanco, color que indica sensualidad. La ceremonia de geisha se llama "el cambio de collar".
La idea de que kitsuneno'otan ocurre como ceremonia cuando se alcanza la mayoría de edad o la adultez proviene de las prácticas que se realizan en las tribus de diferentes culturas. Así como escribí que se realiza entre kitsunes, cuando un miembro de una tribu está a punto de llegar a la adultez, se elige a un miembro mayor de la tribu para que tome su virginidad. Otro miembro de la tribu, por lo general un miembro religioso, supervisa el acto para asegurarse de que el miembro más joven no sea abusado. La idea reposa en que el miembro más joven aprenda sobre cómo tener sexo y que se le muestre como se supone que deba ser para que así comprendan cuando están siendo abusados, y cómo tratar a otros.
Notas de la traductora:
¡Me costó sentarme a escribir! A pesar de todo, no estuve pasando por un buen momento y me quise tomar unos días de descanso de todo. Pero aquí estoy de nuevo.
Quiero agradecerles como siempre por los reviews tan lindos que me dejan, y en particular a que me comentó todos los capítulos de un tirón ¡Qué dedicación! Me encantó leer todos tus comentarios en ese lapso de tres días.
A veces lamento no poder dejarles una respuesta particular a cada uno como se hace en una red social.
Ya faltan solo dos capítulos para terminar el segundo acto ¡Que emoción!
Espero que les haya gustado este capítulo tan revelador.
Sin más que decir y espero que todos se estén cuidando mucho, los saludo y que tengan una linda semana.
Starebelle
