Capítulo 12
El lunes llovía a mares, y el trabajo volvió a ser criminal. Las labores del campo, sumados a los numerosos animales y en especial a bichos, era algo para lo que Sakura no había nacido.
El miércoles tenía tan mala cara que Ko le aconsejó que se quedara en la cama. Tenía fiebre, pero Sakura no quería darle el gusto a Sasuke, por lo que se vistió y bajó a la cocina.
—¡Por todos los santos, muchacha! —dijo la anciana—. ¿Qué haces aquí?
—¡Saku! —Temari se mostró tajante—. Te hemos dicho que te quedaras en la cama.
—Ya estoy mejor —repuso con la voz tomada—, no os preocupéis.
—Pero, por Dios, si respiras igual que Darth Vader —se mofó Óbito.
—Sí, claro, y tú eres Chewbacca. —A pesar de lo mal que se sentía, Sakura tenía el cargador lleno.
—Pero, Saku, ¡si estás ardiendo! —exclamó Temari al ponerle la mano en la frente.
—Qué simpáticos estáis todos hoy —replicó la enferma.
—Tómate esta leche calentita —le indicó Ko entregándole un vaso humeante—, y sube a la cama a dormir.
—Muchacha —intervino Homura—, creo que lo más acertado es que te metas en la cama y sudes. Si no te cuidas, puedes empeorar.
—Basta ya. —Sakura apenas si tenía fuerzas para imponerse—. He dicho que estoy mejor y punto.
Sasuke, que hasta el momento había intentado no hacer ningún comentario, opinaba lo mismo que el resto. La chica no tenía buena cara. Tenía los ojos vidriosos y, por sus ojeras, era obvio que no había pasado una buena noche.
—Sakura —la llamó.
—¡Oh, por Dios! —gritó ella volviéndose—. No irás a echarme tú también el sermón, ¿verdad?
—No. Yo directamente voy a llevarte a la cama —anunció, y sin darle tiempo a reaccionar, se la echó al hombro.
—¡Suéltame! —bramó ella enfadada—. ¡Suéltame ahora mismo!
—Muy bien, Skywalker —comentó un divertido Óbito—. Lleva a la princesita a su trono.
Nada más salir de la cocina, Sakura sintió deseos de llorar. ¿Por qué todos la trataban como si fuera idiota? No obstante, humillada y sin fuerzas para luchar, se dejó llevar.
Al entrar en la habitación, Sasuke la depositó con cuidado en el suelo.
—¡Eres un energúmeno! —chilló ella molesta—. ¿Por qué has hecho eso?
—Porque estás enferma. Hoy llueve, y en tu estado no serías de mucha utilidad.
—¡Maldita sea!... —chilló ella de nuevo, pero el arranque de furia la hizo toser.
—Deja de hacerte la valiente y métete en la cama de una vez.
—No me da la gana —replicó caprichosa, y se plantó cruzando los brazos.
—Esa cabezonería tuya es odiosa —dijo Sasuke acercándose a ella—. Tienes cinco minutos para quitarte esa ropa, ponerte otra vez el pijama y meterte en la cama.
—¿O qué? —lo retó ella echando fuego por los ojos.
—Si no lo haces, me veré obligado a desnudarte yo mismo.
Al ver su mirada, y en especial su sonrisa, Sakura se quedó sin aliento.
—No lo harías, ¿verdad? —preguntó con un hilo de voz.
Sasuke, deseoso de tomarla en sus brazos, se acercó más a ella, y tras rozar con su calloso dedo la vena del cuello, respondió:
—Sí, princesita. Me temo que sí lo haría. —Su tono no dejaba lugar a dudas, e hizo que a Sakura se le pusiera la carne de gallina.
A continuación, con un rápido movimiento se separó de él. Debía hacerlo mientras le quedara algo de cordura. Volver a besarlo era lo que más le apetecía, pero también lo que menos le convenía.
—De verdad —dijo sacando el pijama de debajo de la almohada—, a veces me da la sensación de estar en el salvaje Oeste.
—¿Por qué?
—Por tus modales.
—Creo que no eres la más apropiada para hablar de modales —replicó el escocés acercándose de nuevo a ella.
—No sé qué pretendes, Sasuke —confesó Sakura dándose media vuelta para mirarlo de frente—, pero no estoy dispuesta a que sigas comportándote conmigo de este modo. Soy una mujer del siglo XXI que toma sus propias decisiones, no una virgen de principios del siglo pasado a la que tienen que cuidar como si fuera de porcelana.
—Para mí eres todo lo que tú quieras, menos una virgen, te lo aseguro.
Sakura apretó entonces los puños y cerró los ojos intentando reprimir el deseo que sentía de estamparle un derechazo en toda la cara.
Divertido al ver cómo su rostro pasaba por todos los colores del arcoíris, Sasuke dio un pequeño paso hacia adelante acercándose más a ella hasta quedar pegado.
—Sakura.
—¿Sí?
—Abre los ojos y mírame.
Ella obedeció. Al verlo tan cerca y notar cómo una de sus manos se deslizaba con suavidad por su espalda, soltó un suspiro.
Estaba aterrorizada por el modo en que reaccionaba su cuerpo al sentirlo tan cerca.
—¿Te asusta estar a solas conmigo?
—No —mintió mientras observaba sus carnosos labios, tan deseables.
—¿Estás segura?
—Por supuesto que sí —insistió ella. No podía permitirse perder su porte altivo—. Ahora, si eres tan amable, sal de la habitación, para que pueda desnudarme y meterme en la cama.
—Mmm —Sasuke se separó apenas un paso de ella—, sería una pena no presenciar ese delicioso momento. ¿Te importa si me quedo? Quiero ver si realmente eres Darth Vader.
—Pero ¡habrase visto semejante bestia! —exclamó acercándose de nuevo a él—. ¡Sal ahora mismo de la habitación, pervertido!
—No te vendría mal un poquito de sentido del humor como el de tu hermana, princesa —comentó Sasuke, y finalmente abrió la puerta para marcharse a trabajar—. Métete en la cama y suda ese catarro o te perderás tu fiesta el viernes.
—¿Qué fiesta?
—La Noche de Brujas —respondió él riendo—. Una bruja de pro como tú no puede perdérsela, ¿no crees?
Sin dar crédito a lo que acababa de oír, ella arrojó un cojín contra la puerta, pero el escocés esquivó el golpe al apresurarse a cerrar. Luego, sin poder contener una sonrisa, Sakura se desnudó. Todo era tan absurdo a veces que tenía que sonreír, pensó antes de quedarse profundamente dormida.
Dejar de madrugar, y sobre todo de empaparse bajo la lluvia, hizo que recobrara la salud en los dos días siguientes. Durante ese tiempo Sakura se entretuvo charlando en la granja con Homura y con Ko, quienes resultaron ser unos excelentes conversadores, y en sus ratos de soledad cogió su portátil para intentar preparar nuevos proyectos y solucionar algunos asuntos que tenía pendientes.
El viernes 31 de octubre todos se preparaban para la tradicional Noche de Brujas. En un primer momento, Sakura era reacia a participar de aquella estúpida fiesta, pero poco a poco la casa fue llenándose de gente extraña, la mayoría disfrazados, y al final no tuvo más remedio que unirse a ellos.
Con la ayuda de Ko y de Karin, Temari se había vestido de bruja, y formaba un trío perfecto con las otras dos. Sobre las diez de la noche, varios de los jóvenes que habían acudido a la granja encendieron un par de hogueras, mientras Ko y sus amigas sacaban la comida de la alacena y la gente comenzaba a beber y a bailar.
Sentada junto a Homura, Sakura escuchó cómo el anciano contaba que el 31 de octubre se celebraba la festividad del Samhain, el último día del viejo calendario celta, y todos debían disfrazarse como mandaba la tradición. Incrédula, oyó que los antiguos celtas tenían miedo de la oscuridad y del invierno, y esa noche del año se disfrazaban para que los fantasmas llegados del pasado los confundieran con otros fantasmas. No pudo evitar sonreír cuando oyó que, para alejar a los fantasmas de sus casas, los celtas colocaban alimentos fuera de ellas.
—Por eso Ko está poniendo toda esa comida ahí —dedujo.
—Muchacha, lo manda la tradición —explicó el anciano.
Momentos después, mientras Homura hablaba con un par de amigos, Sakura, que llevaba un ridículo gorro de bruja calado en la cabeza, observó que su hermana bailaba con un tipo disfrazado de gato negro. Era Óbito.
—¿Te apetece bailar?
Al volverse se encontró con Sasuke, vestido de vampiro, que le tendía la mano.
—Yo no sé bailar esta música —dijo ella mirándolo.
—Yo tampoco —bromeó él, y la tomó de la mano—. Hagamos como los demás entonces: demos vueltas alrededor de la hoguera.
Sin saber por qué, Sakura accedió y durante las tres horas siguientes no paró de reír, de bailar y de bromear con el escocés, que se reveló como un excelente bailarín y una buena compañía.
—¿Te diviertes en el Samhain? —preguntó él tras dar un trago a su cerveza.
—Sí. Aunque es la primera vez que asisto a una fiesta de disfraces, la verdad.
—¿En tu glamurosa vida nunca has ido a ninguna?
—Nunca —respondió ella—. No me gustan.
—Pues tu disfraz de bruja es de lo más genuino —señaló él con malicia—. Tus ojos verdes y ese pelo rosa son de lo más demoníaco.
—No pienso enfadarme por nada de lo que me digas hoy, ¡Drácula!
—Mmm..., me encanta cuando late esa venita tuya del cuello —comentó Sasuke haciéndola reír.
En ese momento un chico se acercó a ellos.
—¿Quieres bailar? —preguntó mirando a Sakura.
—No, muchacho —contestó Sasuke—. No quiere.
—Pues claro que quiero bailar —intervino Sakura, y antes de que Sasuke pudiera decir nada, salió junto a las fogatas y comenzó a girar y a reír con el chico.
Apoyado en el tronco de un árbol, Sasuke la observó. Verla reír era algo a lo que estaba poco acostumbrado, pero cuando la pieza de música acabó y vio que otro muchacho la cogía del brazo y empezaba de nuevo a bailar con ella, no le gustó un pelo. Sin embargo, guardó la compostura y esperó a que la pieza acabara para acudir junto a ella y recuperarla.
—Ufff —suspiró Sakura—. ¡Estoy agotada!
—¿Quieres que vaya a por una cerveza? —se ofreció él.
—No, déjalo —respondió ella cogiendo la suya—. Si me das un poco de la tuya, me vale.
Con el rostro perlado de sudor, Sakura bebió de la cerveza. Estaba tan sexy que Sasuke no podía apartar los ojos de ella.
—Por cierto —dijo ella entonces—, te recuerdo que puedo bailar con quien yo quiera. No soy tu novia ni la de nadie.
—¿Quién es nadie? —replicó él y, deseando probar algo, le entregó la botella de nuevo—. Sujétame la cerveza un minuto, princesita, enseguida vuelvo.
Con una sonrisa, Sakura la cogió, pero cuando vio que una muchacha de unos veintipocos años caminaba hacia él, lo besaba en la mejilla y ambos se ponían a bailar, sintió deseos de estamparle la cerveza en la coronilla.
«Pero bueno... Tendrá morro», pensó molesta, y de un trago se bebió lo que quedaba en la botella.
—¿Estás escaneando al escocés con la mirada? —preguntó Temari acercándose a ella.
—Pues no va el cretino y me dice que le sujete la cerveza y se va a bailar con esa tipa... —bufó ella molesta.
—Hace tan sólo unos segundos, tú estabas bailando con otro.
—Ven, vayamos a mover el esqueleto —propuso Sakura a su hermana, que ya estaba harta de ver sonreír a Sasuke mientras bailaba con aquella chica.
Se acercaron a un par de muchachos y éstos las invitaron rápidamente a entrar en el corro.
Sakura respiraba con dificultad a causa del ritmo acelerado de la canción, pero intentó sonreír a su acompañante hasta que por fin la música terminó.
—¡Qué fuerte, hermanita! —exclamó Temari acercándosele.
—¿El qué? —preguntó ella agotada.
—La mirada laxante que te ha echado tu highlander.
—¿Laxante? —repitió Sakura divertida.
—Sí, chica, laxante, porque cuando te mira de ese modo te cagas encima. ¡Dios! Porque no lo has visto, si no, te habrías dado cuenta de lo furioso que estaba.
—¿Bailas conmigo, preciosa bruja? —dijo Óbito entonces cogiendo a Temari de la mano.
—Anda, ve a bailar con Chewbacca —la animó Sakura, lo que hizo sonreír a su hermana.
A continuación se dirigió hacia el cubo de las bebidas y, tras meter la mano entre los hielos, sacó una cerveza fresquita. Mientras paseaba la mirada por la mesa buscando un abridor, de pronto notó que le quitaban la botella de la mano. Era Sasuke, que la abrió dando un golpe seco contra la mesa.
—Gracias, Drácula.
—De nada, bruja —respondió él, y tomándola por el brazo echó a andar con ella hacia la oscuridad.
—¿Adónde me llevas?
—A ningún sitio.
Pero, cuando ya estaban lo suficientemente lejos de las miradas indiscretas, la apoyó contra el tronco de un árbol, le tomó la cara entre las manos y la besó.
En un principio, Sakura se quedó tan sorprendida que no supo cómo reaccionar, pero la cercanía de Sasuke y su olor a hombre tardaron poco en volverla loca. Tras soltar la cerveza, que se derramó en el suelo, levantó las manos y se apretó contra él. Comenzó a jugar con su lengua y sintió cómo todo su cuerpo se estremecía de placer.
Sakura lo besó con tanta pasión que Sasuke notó que casi le robaba el aliento, la voluntad y el juicio. Así que, antes de hacer una locura, tras darle un suave y último beso en los labios, se apartó de ella.
—¿Por qué has hecho eso? —preguntó Sakura respirando con dificultad.
—Necesitaba besarte. —No podía dejar de mirarla.
—Me creas una tensión enorme, Sasuke. ¿Por qué no te limitas a alejarte de mí y no volver a acercar tu boca ni tus manos a mi persona? ¡Dios, qué tensión!...
—¿Sabes una cosa, princesita? —replicó él furioso alejándose de ella—. Lo mejor para acabar con la tensión es un buen revolcón. Aunque me temo que una bruja como tú no necesita uno, sino varios.
Sakura estaba perpleja.
—¿Sabes, cromañón? Follar es como jugar al mus: si no tienes una buena pareja, ruega a Dios que por lo menos te dé una buena mano.
La miró sorprendido por su rapidez para buscar una respuesta hiriente y, tras observarla unos segundos más en silencio, dio media vuelta y se alejó. La fiesta había terminado para él.
