Capítulo 13


El 2 de noviembre celebraban en Escocia el Día de Difuntos, una tradición muy parecida a la española.

Después de comer, Sakura miraba con tristeza por la ventana mientras recordaba a su padre. Qué diferente habría sido todo si él no hubiera enfermado. No obstante, después de un rato, se enjugó las lágrimas y decidió dejar de pensar en el pasado.

En ese momento, la realidad de su vida era que se encontraba en Escocia, en medio del campo, rodeada de bichos, viviendo como una humilde granjera mientras esperaba el regreso de un conde, sintiendo algo que no debía por un tipo cachas que muy bien podría haber protagonizado un anuncio de Coca-Cola Light.

Tras su encontronazo con Sasuke la Noche de Brujas, no habían vuelto a dirigirse la palabra; aun así, sus miradas coincidían con frecuencia. Ko los observaba en silencio, feliz, puesto que estaba segura de que su nieto había encontrado su media naranja.

El día 4 de noviembre, mientras regresaban del trabajo para comer, Óbito, Jūgo y Suigetsu no paraban de hablar en la furgoneta.

—¿Vendréis hoy a Inverate a ver el partido? —preguntó Jūgo.

—Yo paso. —A Óbito no le gustaba el fútbol.

—¿A qué hora empieza? —quiso saber Suigetsu.

—A las ocho menos cuarto —indicó Jūgo mirando a las mujeres—. Hoy juega un equipo español en Andfield.

—¡Ostras! —exclamó Temari llevándose las manos a la cabeza—. Pues claro, hoy juega de nuevo el Atlético de Madrid.

—Sí —asintió Sakura comedida, ya que no quería mostrar sus emociones delante de Sasuke—. El partido de vuelta.

—Nosotros iremos a verlo a un pub de Inverate con unos amigos.

—¿Podemos acompañaros? —pidió Temari.

—Eh... ¿Adónde vas tú sin mi? —saltó Óbito al oírla.

—Vamos a ver... —Temari no estaba dispuesta a dejar pasar ni un comentario machista—. El hecho de que yo vaya a ver un partido con mi hermana y unos amigos no tiene que...

—Os llevaremos nosotros —anunció Sasuke.

A las siete y cuarto de la tarde entraban en el Chester, un pub de la localidad. Allí, Jūgo y Suigetsu se encargaron de presentarlas al numeroso grupo de amigos, todos ellos hombres, mientras Sasuke y Óbito pedían las bebidas en la barra y observaban a las chicas relacionarse con los demás.

—¿Qué hacemos tú y yo aquí si no nos gusta el fútbol? —preguntó sonriente Óbito.

—Dímelo tú, porque yo me lo estoy preguntando aún —respondió su primo mientras miraba a Sakura.

El pub estaba a reventar. La mayoría de los parroquianos animaban al Atleti, mientras que un número mucho más reducido eran hinchas del Liverpool. En los diez primeros minutos, el equipo inglés monopolizó casi por completo el control del balón.

—¡Córner! —gritó Temari mientras Sakura bebía de su cerveza, y acto seguido comenzó a corear como todo el pub y la afición rojiblanca del televisor—: ¡Kun, Kun, Kun...!

—¡Ay, Dios, que no quiero verlo! —bramó Sakura viendo correr al jugador del Liverpool Robbie Keane.

—¡Fuera! —abucheó Suigetsu al ver cómo, tras meter Leo Franco la mano, despejaba el balón de la banda.

—Pero ¿es que este árbitro está ciego? —chilló Sakura. Nadie que la viera en ese momento pensaría que era una alta ejecutiva de una empresa de publicidad.

—¡Joder! ¡Joder! —Temari estaba nerviosa—. Qué peligro tiene el Liverpool.

Pero, tras un par de minutos, el local entero estalló:

—¡GOOOOOOLLLLLLLLLL!

Y la marea humana estalló de nuevo, como días atrás en el pub de Edimburgo, aunque esta vez Sakura se lo tomó con mucho mejor humor. Al verla desde la barra, Sasuke no pudo evitar sonreír.

—¡Gol! El Atlético de Madrid ha metido un ¡GOL! —vociferó Temari mientras Óbito le hacía la señal de la victoria desde la distancia.

—A tu Chewbacca no le va mucho esto del fútbol, ¿verdad? —señaló Sakura al ver cómo aquellos dos hablaban de sus cosas sin mirar el televisor.

—Creo que a tu highlander tampoco.

Y, tapándose la boca, ambas sonrieron y comenzaron a brindar con sus cervezas junto al resto de los forofos.

—No puedo entenderlo —comentó Óbito.

Su primo y él las observaban con una mezcla se asombro y diversión. Nunca había conocido a dos mujeres que se lo pasaran tan bien viendo jugar a su equipo.

—Son españolas, Óbito —puntualizó Sasuke—. ¿Qué esperabas?

Al término del primer tiempo, Sakura y Temari se acercaron a ellos dando saltitos como dos niñas pequeñas.

—¡Oé, oé, oé, oé, oé...! —cantaban al unísono.

—¿Has visto, Óbito? —señaló Temari, abrazándolo—. ¿Has visto qué equipo más bueno tenemos?

—Anda, ven aquí y bésame —repuso él tomándola por la cintura.

—¿No te gusta el fútbol, Sasuke? —le preguntó Sakura.

—Prefiero otras cosas —respondió él sin dejar de mirarla.

—¿Como qué?

—Como acabar con la tensión.

Al oír eso, Sakura no supo si debía reír o no. Aún recordaba la ordinariez que le había soltado sobre el mus la Noche de Brujas. Se disponía a contestarle, pero Temari la cogió de la mano y se la llevó. Comenzaba el segundo tiempo del partido.

—¡Madre mía! ¡Madre mía! —gritó ésta—. Esos ingleses atacan como cosacos.

Sakura apenas si le prestó atención a la segunda parte del partido. No podía quitarse de la cabeza las palabras de Sasuke, y su mirada desde el otro lado del pub la estaba poniendo a cien.

Incapaz de seguir mirando el televisor, se acercó al escocés y, para su sorpresa, lo agarró de la mano, lo alejó un poco de Óbito y, sin decir nada, se abalanzó sobre él y empezó a devorarle la boca con pasión.

—¿Qué estás haciendo? —inquirió Sasuke separándola ligeramente.

—Lo que me apetece —susurró ella.

—¿Por qué?

—Porque me fío de ti.

—Pero yo de ti no, princesita —murmuró él, que ardía en deseos de sentirse entre sus piernas.

—Bien, bien... Así me gusta —ronroneó Sakura pasándole la lengua por los labios—. Que no te fíes de mí.

El escocés no entendía nada.

—¿Cuánto tiempo llevas sin disfrutar del sexo? —le preguntó con una sonrisa.

—Demasiado —contestó ella suspirando ella mientras le mordisqueaba el labio inferior.

—Entonces habrá que ponerle remedio, ¿no crees?

—Sí. Lo creo.

Sasuke se dejó llevar por la pasión del momento y besó con ansia sus labios tentadores. Amparada por la semioscuridad del pub, Sakura se atrevió a bajar la mano hasta hallar su entrepierna, que al sentir su tacto se endureció aún más.

—No me hagas esto —le suplicó Sasuke apretándola contra sí—. Si no quieres pagar aquí y ahora el calentón que llevo desde hace días.

De pronto, se oyó «¡GOOOOOOLLLLLLLLL!», y dos segundos después Temari llegó hasta ellos muy enfadada.

—¡Mierda, Saku! El partido ha acabado y esos malditos ingleses han empatado. ¡Qué vergüenza, por Dios!

Al ver con qué cara la miraban aquellos dos, la joven se percató de su indiscreción y compuso una sonrisa tonta.

—Bueno, yo como siempre interrumpiendo en el mejor momento... —dijo antes de marcharse—. Adiós.

—Sasuke —llamó Jūgo entonces—. ¡Sasuke!

—¡Joder! ¿No podrían olvidarse de nosotros durante un rato? —murmuró Sakura harta de tanta interrupción.

Él sonrió. Tener a Sakura a su merced de pronto, sin esperárselo, había sido la mejor de las sorpresas, por lo que sin hacer caso a Jūgo, siguió besándola. La noche pintaba muy muy bien.

—¡Sasuke, tío! —insistió Jūgo acercándose hasta ellos—. Ha llegado Kin.

—¿Kin? —repitió él, apartándose un segundo de Sakura—. ¿Quién es Kin?

—¡Sasuke! —gritó a su vez Suigetsu mientras llegaba hasta ellos—. Acaba de venir la estríper de la despedida de soltero de Naruto. Ha preguntado por ti. ¡Dios, qué buena está!

—¡Vaya, qué emoción! —murmuró Sakura molesta intentando separarse del escocés, cosa que él no le permitió.

—Eh... Eso ocurrió antes de conocerte —explicó Sasuke muy serio mirándola a los ojos.

—¡Primo! Joder... joder... —exclamó Óbito acercándose a ellos también—. Cuando te diga quién ha venido...

—Bueno. ¡Ya basta! —gritó Sakura.

—¿Por qué te enfadas? —preguntó Sasuke mirándola mientras sus tres amigos se alejaban.

—¡Joder! —chilló apartándose de él—. No estoy dispuesta a que media Escocia se entere de que tú y yo..., bueno, intimamos. ¿Entiendes ahora por qué me enfado?

—Pero ¿qué dices? —repuso él incrédulo.

—Mira, lo mejor que podemos hacer es olvidar lo que ha estado a punto de ocurrir aquí y santas pascuas. —Lo empujó para liberarse de su abrazo—. Quédate aquí con esa tal Kin, que ya me ocuparé yo de que alguien me lleve hasta la granja.

Sasuke echaba chispas por los ojos.

—Señorita española —bufó—, eres mi problema. Yo te traje aquí y yo te llevaré de vuelta a casa.

—Como quieras, pero no deseo ser el motivo de que pierdas una estupenda noche con esa estríper —expuso muy digna antes de echar a andar.

Con la mirada fija en ella, Sasuke observó cómo, tras despedirse de los amigos que le habían presentado esa noche, salía del pub sin mirar atrás. Caliente como un horno, él la siguió, consciente de la mala noche que iba a pasar.