Capítulo 46: Tiempo
Sesshomaru se encontraba sentado mientras reposaba en la cueva junto al mar que Kiyohime utilizaba como madriguera. A pesar de que él y Kiyohime se conocían hacia mucho y hasta estuvieron comprometidos, no confiaba lo suficiente en ella como para caer en un sueño profundo. Ella parecía compartir el mismo recelo que él ya que lo miraba con los ojos semi cerrados mientras permanecía recostada en un agujero en la arena.
En el agua poco profunda más allá de la cueva, un grupo de sirenas comenzaron a cantar. Las voces se alzaban y caían formando una melodía que complaciera a la Dama del Sur.
—Le ofrecccería mi cuerpo por esta noche, Sssessshomaru-sssama— dijo Kiyohime rompiendo la tranquilidad con sus palabras.
Sesshomaru no se movió, ni siquiera parpadeó.
—Y yo la rechazaría, Kiyohime.
Kiyohime le sonrió y agitó una mano en el aire para indicarle que no estaba ofendida por el rechazo. Rara vez ella perdía la cordura debido a que era un ser inclinado por la fría lógica, como él. Él había considerado que ella sería una buena pareja por esa misma razón.
Y ahora esos modos le parecían… insuficientes.
—Desssea a la Pequeña Vulpina, lo entiendo. Sssi ella tuviera la posssibilidad de engendrar a misss herederos, yo misssma la cotejaría.
—No necesito más herederos.
¿Por qué sentía como si estuviera repitiendo un mantra?
Pero no tuvo tiempo de pensarlo más. El amuleto de protección que llevaba consigo comenzó a quemarle contra el pecho debido a una punzada de fuego zorruno que pudo sentir por entre la tela de la ropa. Luego de ese momento sintió la presencia de un aura que se acercaba.
No era tan poderosa como la suya o la de Kiyohime, pero aun así era notoria.
Se puso de pie y se dirigió a la entrada de la cueva de Kiyohime, el viento le agitó el cabello y las mangas de la ropa, así como la agitación de las olas le humedeció el rostro. Las sirenas habían dejado de cantar.
El mar comenzó hervir y a arremolinarse, las olas cambiaron de dirección hasta que se formó un remolino. Kiyohime se paró detrás de Sesshomaru.
—Madre— dijo ella.
Con una velocidad digna de superar la de Kiyohime en su forma de serpiente, el youkai emergió del centro del remolino de agua. De la cintura para arriba parecía ser una hermosa doncella humana, excepto por el hecho de que poseía seis brazos y dos largos colmillos que le sobresalían de los labios y le llegaban hasta la mandíbula. De los colmillos le chorreaba el veneno que Kiyohime había heredado.
De la cintura hacia abajo, el youkai poseía un cuerpo de serpiente y ciempiés del color del alga marina con una franja amarilla en el estómago. Gracias a unas cientas de patas segmentadas podía ganar impulso en la arena, una de las razones por las que se movía con tanta agilidad.
No vestía ropas, aunque tenía la cabeza adornada con un círculo de perlas que le colgaban hasta la frente. Lo único que la cubría era el largo cabello negro que le colgaba por sobre los pechos.
Sesshomaru la recordaba ya que se la habían presentado en el palacio del Sur cuando ella todavía era la Dama de las Islas del Sur.
—Jishinamazu —la saludó con educación.
—Sessshomaru-sssama— le devolvió el saludo con un pronunciado siseo debido a sus grandes colmillos.
—¿Qué es lo que quiere, madre? – preguntó Kiyohime sin rodeos.
Jishinamazu contempló a su hija y luego la ignoró para dirigirse a Sesshomaru:
—He oído que essstas en bússsqueda de mi nieto.
Sesshomaru asintió y reposó la mano sobre la empuñadura de Bakusaiga.
—Sssé lo que ha hecho, te ayudaré a encontrarlo ssssi vienesss conmigo a mi palacccio bajo el mar.
Sesshomaru dudó solo por un instante. Deseaba terminar sus asuntos con Myobu sin tener que recurrir a la guerra con el Este, lo cual sería inevitable si atacaba el palacio del Este directamente. No, necesitaba retar a Myobu en un duelo solo entre ellos dos fuera del territorio de este último.
Solo en ese caso la manada de Sesshomaru se encontraría a salvo.
Con sutileza, Sesshomaru incitó el aura de Jishinamazu con la suya. No cabía dudas de la impresión que había tenido al principio. Mientras que ella le había parecido peligrosa cuando él era un cachorro, ahora apenas era una amenaza para él.
Sintiéndose confiado de que ella no era rival, Sesshomaru aceptó visitar el palacio bajo el mar.
—¿Vendrás, Kiyohime?— preguntó Jishinamazu antes de que Sesshomaru entrara al vórtice de agua.
—No tengo tiempo para esssasss cosssasss.
La voz de Kiyohime llegó a los oídos de Sesshomaru por entre la marea.
—I—
—Estoy preocupada— le dijo Kagome a Inari y Yukiko mientras miraba por el rabillo del ojo cómo las crías jugaban, para asegurarse de que no la oyeran—, ya ha superado el tiempo que ha estado lejos del palacio desde los tiempos de Naraku. Al menos… Ya ha superado el tiempo sin llevarme con él ¿Y si algo le sucedió? ¿Y si Myobu…?
—El Dragón Comadreja no es rival para mi hijo— opinó Yukiko abriendo el abanico con un ademán para esconder el movimiento de sus labios a cualquiera que estuviera observando.
Kagome suspiró, realmente no creía que Myobu fuera capaz de derrotar a Sesshomaru. Pero no tenía el coraje para hablar de su mayor temor.
¿Y si él permanecía lejos solo para evitarla? ¿Y si había descubierto que Kiyohime era quien lo hacía feliz?
¿Y si las crías lloraban por su padre en la noche y la razón de que no volviera era Kagome?
¿Y si se lamentaba por la promesa que había hecho que ella dijera, de que jamás dejaría la manda?
—Estoy segura de que ya volverá— dijo Inari pasando la lengua por el incisivo izquierdo. Kagome parpadeó ante esto sintiéndose incómoda por el gesto que seguramente Inari había heredado de su tío Myobu—, pero no debería añorarlo tanto, Kagome-hime. Usted merece un hombre que esté presente cuando usted lo desee.
Yukiko resopló, pero no pronunció palabra en defensa de Sesshomaru.
Kagome sintió que se le encogía el corazón.
—I—
El palacio de Jishinamazu resplandecía lujos por doquier: había coral predispuesto de forma que creciera en las paredes y torrecillas. Por dentro no había agua, pero los pasillos estaban iluminados por peces brillantes atrapados en orbes de vidrio.
La entrada estaba rodeada de huesos que conformaban los restos de demonios acuáticos vestidos con sus armaduras, algunos todavía portaban armas.
Jishinamazu se percató de la dirección en la que Sesshomaru miraba.
—Me casssé con el padre de Kiyohime por sssu poder, riquezzza y possssicccción. Cuando ella lo mató antesss de que le llegara ssssu momento y me arrebató el título, yo necesitaba gobernar un nuevo reino. Esssste sssolía sssser el palacccio de la Princccesssa del Mar. Ahora esss mío— contó y gesticuló hacia los huesos, en especial a un esqueleto de guerrero que todavía sostenía un arco polvoriento, un caraj se encontraba junto a él— , la tonta llamó a un humano para que la ressscatara. Urassshina Taro, lo envenené con mucha facccilidad.
Sesshomaru inclinó la cabeza. Jishinamazu estaba muy orgullosa de su fuerza y había dejado los huesos de sus enemigos derrotados como si fuera un testamento. Y aún así… no podía evitar no pensar en lo que Kagome tendría para decir de dichas acciones.
Estaba seguro de que ella no estaría contenta con eso.
Jishinamazu se dirigió hacia el hall y Sesshomaru la siguió asegurándose de permanecer atrás lo suficiente como para no chocarse con la larga cola de ella. La gran cantidad de pies de la demonio producía un sonido escurridizo que resonaba en las paredes.
Ella lo condujo hacia lo que parecía una sala de hechicería de alguna clase. Mientras él miraba, ella buscaba entre estantes llenos de frascos e instrumentos. Con sus seis brazos podía trabajar mucho más rápido. Uno de sus brazos sostenía lo que parecía ser un caparazón de tortuga, los demás comenzaron a agarrar botellas con mucha rapidez para descartarlas o vaciarlas en el caparazón como si este se tratara de una canasta. Una vez satisfecha con que había hecho lo que necesitaba, se dirigió al centro de la habitación y predispuso su cuerpo en espiral para alzarse y superarlo en altura.
—Necccesssitaré algo ssssuyo, Sessshomaru-sama— le dijo—, un cabello, sssangre, una garra, un colmillo… no importa.
Sesshomaru no era hechicero, no tenía conocimiento sobre la complejidad de la magia. Aun así, sabía que sus colmillos eran muy preciados por aquellos como Totosai, que practicaba la transmogrificación ¿Acaso no era razonable que el resto de su cuerpo era igual de valioso?
—¿Por qué?— le preguntó a Jishinamazu.
Ella se succionó los dientes y la lengua se le llenó de veneno que le salía de los colmillos.
—Sssoy una bruja de sssangre— le respondió—, de esssa forma puedo realizzzar mi magia. Realizzzzo un hechizzzo para ti, asssí que debesss pagar essse precccio.
—I—
Con el tiempo, la preocupación de Kagome la sobrepasó. Ella se había dicho a sí misma que no haría esto a menos de que fuera una emergencia, pero Sesshomaru no se había contactado con ellos ni había sido visto por nadie en mucho tiempo…
Kagome sacó el pequeño espejo circular y exhaló aire en la superficie para así buscar la chispa de su poder que vivía dentro del amuleto de protección que portaba Sesshomaru. El corazón le latió agitado, esperaba verlo atrapado en alguna parte, tal vez mal herido, luchando por regresar con ellos, de conseguir ayuda, tal vez perdido en otra dimensión…
Pero se encontraba sentado en un palacio lujoso y le estaban sirviendo el té.
Kagome no se percató de la fuerza con la que estaba sujetando el marco del espejo hasta que el vidrio se partió dividiendo el rostro de Sesshomaru en dos.
Durante todo ese tiempo… Durante todo ese tiempo ella había temido por él, y Lin había contemplado el cielo y Shippo había llorado… todo ese tiempo, y él se encontraba tomando el té en un palacio, probablemente el de Kiyohime al juzgar por la decoración.
—¿¡Por qué ese bueno para nada… arrogante… desconsiderado…!? ¡Cuando le ponga las manos encima…!— vociferó Kagome ahogándose de rabia.
Se obligó a bajar el espejo con calma. Él ya había causado que lo rompiera, así que no lo iba a arrojar contra la pared.
—I—
—Lamento no haber podido llegar a un acuerdo— dijo Jishinamazu mientras abría el remolino de agua que le permitiría a Sesshomaru abandonar ese reino y regresar al Puerto de las Sirenas.
Sesshomaru le lanzó una mirada de hielo.
—En el futuro, no me haga perder el tiempo nuevamente.
—Le pido mil disssculpasss— respondió ella inclinando la cabeza y agitando las seis manos a él antes de que se marchara por el remolino.
Sesshomaru se marchó todavía con la mirada fría.
Emergió en la costa junto a la madriguera de Kiyohime, en el mismo lugar que se había marchado. Cuando había partido estaba anocheciendo y ahora el sol se encontraba alto en el cielo ¿Acaso había pasado tanto tiempo en el reino de Jishinamazu? Tan solo le había parecido un par de horas.
Entró en la madriguera y descubrió que Kiyohime se había ido, lo cual no lo sorprendió. Lo que le resultó extraño fue que el aroma de ella también se había desvanecido.
Sesshomaru se giró sobre los talones y abandonó la caverna, buscó por entre las olas hasta que encontró la oscilante cabeza de una sirena.
—Tu, sireno— llamó al youkai— ¿Cuándo fue la ultima vez que Kiyohime se hizo presente en esta playa? Dímelo.
El sireno se elevó en el agua revelando un torso y brazos humanoides.
—La luna ha causado que el agua entrara a la caverna siete veces desde la última vez que nuestra Dama de las Islas del Sur nadó por estas aguas.
Sesshomaru apretó los dientes y un gruñido le emergió desde lo profundo del estómago.
Siete lunas. Habían pasado siete lunas allí afuera mientras él pasaba solo un par de horas con Jishinamazu. En su reino el tiempo se manejaría diferente… y ella no le había advertido de esto.
Se le inundó la mente con una larga lista de maldiciones, de las cuales la mayoría había aprendido de Inuyasha.
Había comenzado a sospechar que Jishinamazu lo condujo hasta su palacio solo con la intención de obtener una parte de su cuerpo para poder usar con magia… pero no sabía con qué propósito. Por lo que se había negado a pagar el precio por dicho hechizo y solo simuló tomar el te que los sirvientes de ella le prepararon, negándose a rechazarlo porque necesitaba que ella volviera a abrirle el pasaje que le permitiría volver a ese mundo.
Pero ahora todo le parecía más siniestro ¿Y si acaso ella solo quería distraerlo?
Y él había estado ausente de este mundo por siete lunas, y había estado lejos del Oeste por diez.
Con una violenta explosión de poder, Sesshomaru se despojó de su forma corpórea y se alzó a los cielos como una vibrante bola de energía.
FIN DE LA SEGUNDA PARTE
Notas de la autora:
Cuanto dura una "luna": En muchas culturas, y en las convenciones históricas, una "luna" se refiere al periodo que tarda una luna en pasar por un ciclo completo de menguante a creciente. Este proceso tarda un mes, por lo que una "luna" conlleva un mes.
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Notas de la traductora:
¡Hola a todos, espero que se encuentren muy bien!
Gracias por acompañarme en este largo camino hasta aquí, estar terminando la segunda parte es todo un logro para mi, y si bien he tomado mi tiempo, siempre encuentro las ganas y motivación para seguir traduciendo.
En respuesta al mensaje de 1827Forever1827, la historia original ya está terminada hace mucho tiempo, es más, varios lectores se han pasado a la historia original porque no han soportado la espera de la actualización (¡Y no los culpo, yo soy muy ansiosa también!), lo importante es que no les recomiendo hacerlo si no saben el idioma inglés, ya que si recurren al traductor de Google van a encontrar algunas incoherencias bastante complicadas para continuar el hilo entre esta traducción y… bueno, Google. (Si, los traductores detestamos a Google por obvias razones)
¡Sin más, espero poder leerlos pronto también, saben que siempre espero sus reviews con muchas ganas!
Starebelle
