—Dios, me encanta esa película. Lo he visto más veces de las que me gustaría
admitir.
—Es Chris Pratt, ¿verdad? Incluso como un tipo de ladrillos de plástico en miniatura, es sexy.
—Definitivamente es Pratt —acepta Sasuke —. ¿Has visto los abdominales de ese tipo? Incluso me dan ganas de desmayarme.
—¿Y ese sentido del humor?
Agarra su pecho.
—Ni siquiera entiendes lo que me hace eso.
Me río y empiezo a recoger nuestra basura. Sasuke se agacha para ayudar, nuestras manos se rozan entre sí, las cabezas muy cerca.
Hacemos una pausa, y nuestras miradas se encuentran por un instante.
Estamos atrapados en un concurso de miradas, una batalla de voluntades. Si alguno de nosotros se moviera solo medio centímetro más cerca, nuestras bocas se fusionarían.
Soy la primera en apartar los ojos, porque hemos estado tambaleándonos toda la noche, demonios, toda nuestra... lo que esto sea. Nuestros mensajes han bordeado la línea, y nuestras breves conversaciones telefónicas también. Estoy esperando que volquemos, que caigamos sobre esa cornisa.
Quiero hacerlo, pero también tengo miedo de la caída.
Saliendo de mi bruma, digo:
—¡La gente bailó! ¡Puedes creerlo!
—Puedo. Deberíamos haberles mostrado nuestros movimientos.
Le doy una mirada de sorpresa.
—Te haré saber que soy un excelente bailarín. —Se inclina más cerca y susurra—: ¿Sigue siendo un paso de baile el Running Man?
—Creo que eso desapareció o evolucionó. No estoy muy segura.
Resopla.
—Bueno, de cualquier manera, podría haberlo logrado.
—Claro que lo hubieras hecho, Sasuke. Sigue diciéndote eso.
Guardamos la hielera y doblamos las mantas, y Sasuke es lo suficientemente caballeroso como para llevarlo todo al auto.
Cierra el baúl y me acerca a mi lado, listo para abrirme la puerta.
—Entonces, quieres regresar a casa o... —Se detiene, esperando mi respuesta.
No lo dudo ni por un segundo. No quiero que esta cita termine.
—O.
—¿Sí? Vámonos entonces. Tengo la cafetería más genial para mostrarte.
Abre mi puerta y entro.
—Es una cafetería... ¿qué la hace tan genial?
—Solo espera.
Al rodear el automóvil, se desliza dentro y acelera el motor. Ronronea, y aunque no sé mucho sobre automóviles, sé que este es caro. El fino cuero es frío contra mi tacto y me inclino hacia abajo para encender el calienta trasero.
—¿Trasero frío? —Levanta una ceja.
—Mi trasero es caliente, muchas gracias. —Sonríe y niega—. Este es un auto realmente lindo, Sasuke. No creo haber dicho eso antes.
—Gracias. Es lo único en lo que realmente gasté dinero después de vender mi empresa.
—Lo siento, ¿tu compañía? ¿Como si tuvieras tu propio negocio y fuera lo suficientemente grande como para vender? ¿No fuiste siempre un "reclutador de nerds"?
Se encoge de hombros, sus ojos centrados en la carretera.
—No siempre, pero resulta que me gusta ser un empleado más de lo que me gusta ser el jefe. Quiero decir, todavía soy un jefe de muchas maneras, pero ya no tengo que despedir ni contratar gente. No tengo que lidiar con toda la mierda que viene con ser el gran hombre.
—Eso es... eh. Nunca había oído hablar de alguien haciendo eso antes.
—Tenía más sentido para mí. Trabajo desde casa, pero todavía tengo horario de oficina, así que puedo cerrar por un tiempo. No podía hacer eso antes, ni siquiera cuando salía de la oficina.
—No me lo puedo imaginar. —Niego—. No trabajo mucho con la escuela, pero moriría sin poder abandonar el trabajo.
—¿Dónde trabajas? No puedo creer que no hayamos llegado a esa pregunta.
—Una sala de cine, en realidad. La Casa de la Película.
—¡Cállate! —Golpea su pierna con emoción—. Ese es bueno. Me encanta que te sirvan comida mientras miras la película.
—Soy una de las camareras allí.
—¿Quieres saber algo divertido? Estuve así de cerca —estira dos dedos, juntándolos—, de llevarte allí en vez de una película en el parque.
—Eso hubiera sido gracioso, y un poco incómodo.
—Para ti. Todavía me habría divertido.
—Qué egocéntrico, Sasuke.
Ese maldito hoyuelo aparece de nuevo.
Estamos en silencio mientras nos lleva por el área en la que he vivido durante los últimos años. Con la carga de estudio y el trabajo, no he explorado mucho. A pesar de eso, amo el vecindario.
No pasa mucho tiempo antes que Sasuke nos lleve a un estacionamiento.
—Aquí es.
Miro por la ventana, tratando de encontrarlo, pero nada me grita cafetería.
—¿Estás seguro?
—Positivo. ¿Estás lista?
—Supongo —digo, abriendo mi puerta. Lo encuentro del otro lado y señalo con un dedo en su dirección—. Pero será mejor que este lugar sea alucinante por dentro, porque hasta ahora es tan penoso como tú.
—Así que, para nada penoso, ¿eh?
—Ahí está ese ego otra vez, Sasuke.
—Oye, tú eres quien lo sigue acariciando.
Hago una pausa a mitad de camino, puedo sentir mi rostro calentarse con una risa reprimida. Miro a Sasuke, cuyo rostro se ha vuelto verde pálido.
—Es lo peor que me ha salido de la boca —susurra—. Estoy tan avergonzado.
La risa finalmente escapa y estoy casi doblada, tratando de recuperar el aliento. Sasuke se yergue alto sobre mí, ojos entrecerrados mientras me mira desmoronarme.
—¿Has terminado?
Levanto un dedo.
—Un segundo. —Tomando una respiración profunda, me levanto derecha y paso mis manos por mi cabello en un intento de suavizarlo—. Gracias por eso.
—De nada... creo.
Sasuke nos lleva a una delgada puerta marrón. Se detiene frente a esta, y me pregunto si hará un golpe secreto.
—Probablemente sea ruidoso a esta hora de la noche. No pensé en eso. ¿Está bien?
—¿Pensé que las cafeterías eran tranquilas?
Pone los ojos en blanco.
—Te espera una sorpresa.
En el momento en que gira la perilla y la puerta se abre, mis oídos son atacados con el ping ping de las máquinas de pinball.
Mis ojos se abren cuando entramos. Pintado de un color azul brillante, con varios personajes de la vieja escuela adornando las paredes, es un completo homenaje a los videojuegos: Pac-Man, Donkey Kong, Mario, Zelda, Sonic, incluso Pong. Hay al menos diez máquinas de pinball, algunos juegos de Skee-Ball en la esquina y sillas grandes y cómodas alrededor de una estantería. El lugar cuenta con la capacidad de permitir jugar juegos y "estar en la oficina" al proporcionar auriculares con cancelación de ruido para cualquiera que trabaje.
Apenas hemos pisado el edificio y ya me encanta.
—Bienvenido a Level Up —dice Sasuke —. Si alguna vez necesito salir de mi casa por un tiempo, vengo aquí para tomar cafeína, jugar algunos juegos y hacer un poco de trabajo. Se ha convertido en mi hogar lejos de casa.
—Nunca hubiera sabido que esto estaba aquí a menos que lo mostraran.
—Lo mantienen oculto durante el día, sin señalización visible a menos que estés mirando detalladamente, pero mas o menos... —comprueba el reloj Donkey Kong que cuelga cerca del mostrador—, bueno, ahora, iluminan el exterior.
Durante el día, es una cafetería excéntrica. —Guiña un ojo—. Los nerds salen por la noche.
Sasuke saluda al barista y nos acerca a una mesa alta que está pintada del mismo color que el chico azul de Pac-Man. Los taburetes están decorados como el señor y la señora Pac-Man, y trato de no pensar demasiado en la mesa que eligió mientras me guía para sentarme con una mano en mi espalda baja.
—¿Sabes lo que quieres? Básicamente es el menú de un café promedio.
—¿Algo helado? ¿Y dulce? Sorpréndeme.
—¿Estás confiando en mí con tu pedido de café?
—Sí. —Estrecho los ojos—. A menos que no deba.
Levanta sus manos en inocencia.
—Oye, solo estoy diciendo. Podrías ser exigente y podría arruinar esto.
—No es como si estuviera basando toda nuestra cita en este café. —Sonrío—. Aunque...
—¿Deséame suerte?
—La mejor.
Observo mientras se aleja con confianza, marchando hacia el mostrador como un profesional. El hombre detrás de la registradora extiende su mano e intercambian dos palmadas, un movimiento de dedo y un golpe de puño antes de que Sasuke señale en mi dirección.
Incluso desde el otro lado de la habitación, su sonrisa es magnética. Su mirada Oscura es brillante y claramente la diversión baila en el centro. No hay nada que oculte la atracción en sus ojos. Le gusto a Sasuke, y definitivamente me gusta.
Después de hacer nuestro pedido, se mueve hacia el otro extremo de la barra, con las manos en los bolsillos traseros mientras observa a un niño jugar al pinball Roller Coaster Tycoon. No estoy segura de cómo puedo saberlo, pero sé que está ansioso por ayudarlo. El niño golpea la máquina; es ruidoso, provocando que algunas cabezas se vuelvan hacia él. Mientras se mueve para dar un paso hacia el niño, el barista desliza nuestras bebidas en el camino de Sasuke.
Se acerca a la mesa, toma algo en la mano y se muestra terriblemente orgulloso de sí mismo.
—Aquí estamos. Dale una probada.
Tomo el café tostado y lo miro con escepticismo mientras muevo la pajilla.
—¿Qué es?
—Buen intento. Pruébalo. Entonces te lo diré.
Después de tomar un sorbo pequeño, me sorprende el sabor. Es familiar, pero no puedo reconocerlo. Tomo otro trago más grande de la bebida, con la esperanza de identificar el sabor.
Mis ojos se ensanchan.
—Esto es... no. De ninguna manera. —Los labios de Sasuke se contraen en las esquinas y sé que estoy en lo cierto antes de siquiera decirlo—. Esto es un jodido Cinnamon Toast Crunch, ¿no?
—Increíble, ¿verdad?
—Nunca más voy a tomar café de ningún otro lugar.
—Esa es una gran promesa para hacer...
—Sí, pero ¿has probado esto?
Levanta un hombro.
—Yo podría ser quien lo inventó aquí.
—Podría besarte ahora mismo.
Digo las palabras, y realmente quiero decirlo. Claro, lo he pensado, pero no creo haberme dado cuenta de lo mucho que quiero que suceda hasta ahora.
—¿Ah, sí? —No pierde el ritmo—. Porque no me opondría a eso. —Su mano se escabulle, retirando el mechón de cabello que cae sobre mi ojo, deteniéndose en mi mejilla por el más breve de los momentos—. Esto es lo más directo que he dicho en mi vida, pero te besaría tan fuerte si me lo permites.
Mi pecho se siente como si tuviera quinientos kilos presionando en él.
Respirar es un esfuerzo extenuante, y mi cabeza está girando como un molinete atrapado en el viento.
Quiero que me bese, duro, suave, de cualquier forma que pueda conseguirlo.
Quiero sentir sus labios sobre los míos, quiero saber si son tan suaves como parecen. Me muero por sentir su barba contra mí mientras su boca se mueve sobre la mía. Quiero saber si besa de la forma en que habla, dulce con un toque de suciedad.
—Estamos en público. —Me las arreglo para decir.
—Así es.
—No creo que este sea un buen lugar para eso.
—¿No?
—No.
—¿Y por qué es eso, Sakura?
—Porque estoy segura que una vez que empiece a besarte, no podré parar.
Apartándose, pone su pajita entre sus dedos, sus ojos se centran únicamente en sus movimientos.
—Ese es un buen punto, pero uno de estos días, Sakura, voy a besarte como un loco.
—Uno de estos días, Sasuke, te dejaré.
Saltando de su taburete, aplaude.
—Está bien, necesitamos una distracción. Hagámoslo. Vamos a jugar.
—¿Tú contra mí? —Me levanto de la señora Pac-Man—. ¿Por qué tengo la sensación que estoy a punto de que me pateen el culo?
—Probablemente porque estás a punto de que te pateen el culo.
—Hablando de culos... ¿no se supone que debo tocar el tuyo? Recuerdo vívidamente esa conversación.
Me lanza una mirada.
—¿Recuerdas que no pudimos besarnos porque nos dejaríamos llevar? No habrá toques de trasero esta noche.
—Pero... —guiño—, en nuestra próxima cita, ¿verdad?
Pone los ojos en blanco y mueve la cabeza hacia los juegos.
—Ven aquí, así puedo patear tu culo en el pinball.
8
—¿Te divertiste esta noche?
—Ese café fue orgásmico. Todo lo demás palideció en comparación.
—Sí que sé cómo usar los derrite bragas.
—¿Qué? ¿Esos hoyuelos?
Sasuke se detiene en la acera.
—¿Acabas de llamar a mis hoyuelos, derrite bragas?
—¿Acabas de decir derrite bragas no una, sino dos veces?
—Puedo hacer eso —Se inclina hacia mí—. Por mis hoyuelos.
Juguetonamente lo empujo, me río.
—¿Cómo puedes ser tan lindo, pero tan agotador?
—Ah, crees que soy lindo. Me han llamado lindo antes... pero esa relación no terminó tan bien.
—¿No? ¿Qué pasó?
Sisea.
—¿No está prohibido hablar de tus ex en la primera cita?
—Pregunté, así que creo que está bien. Además, estorealmente no parece una primera cita para mí. Hemos estado hablando por, cuánto, ¿tres o más semanas ahora? Siento que estamos más allá de la primera cita, pero no en la segunda cita, si eso tiene sentido.
—Lo tiene, de una manera extraña. Debo admitir que estaba nervioso de conocerte... preocupado porque lo que había construido en mi cabeza no coincidiera.
—¿Y?
—Es mejor. Mucho mejor.
Ni siquiera trato de ocultar mi sonrisa.
—Tu ex; te diré del mío si me dices de la tuya.
Piensa en esto un momento antes de inhalar una respiración profunda.
—Entonces, mi última y única novia real barra prometida, me dejó porque renuncié a mi "fortuna".
Levanto mi mano.
—Pausa. ¿Tú qué?
—Fortuna, si así es como quieres llamarlo.
—¿Te importaría explicar?
—Formé una compañía en la universidad, hice algo bueno con ella, y luego la vendí por... bueno, digamos que fue una gran suma. Claro, me llevé a casa un montón de dinero vendiéndola, pero habría ganado más manteniéndola. Ella estaba bastante perturbada por todo eso. Luego, cuando doné un pedazo decente, pagué los préstamos estudiantiles de ella y de mi hermano porque soy un buen tipo, y compré un automóvil que no era "apto para familias", aunque "allí nos dirigíamos", se fue. Nunca lo entendí. Creo que solo le gustaba mi dinero y lo que podría hacer por ella.
Me quedo allí, con la boca abierta, el aturdimiento saliendo de mí.
—¿Quieres decir que porque hiciste cosas buenas con tu dinero de tu compañía, se fugó?
—Y porque de repente era un "hombre de todos los días" con un horario de nueve a cinco, no era lo suficientemente bueno para ella. Es gracioso, teniendo en cuenta que no tuvo ningún problema con que pagara sus préstamos o salir conmigo cuando no dejaba la pocilga de mi dormitorio por días porque estaba demasiado metido en un código o en el último videojuego. —Se encoge de hombros—. Esa compañía la cambió y me cambió, simplemente cambiamos de diferentes maneras.
Niego y continúo nuestra lenta caminata.
—¿Dijiste que estabas comprometido?
—Fue breve, pero sí. Afortunadamente, no habíamos empezado a planear nada todavía.
Mantenemos un ritmo pausado en silencio durante aproximadamente una cuadra. No sé qué decir. Podría decir lo siento, pero eso siempre parece una palabra vacía en situaciones como estas. Podría decirle que es la mujer más loca viva por dejarlo, pero no sé su historia. Podría haber tenido otras cosas en marcha que no estaba lista para explicar. No puedo juzgar lo que no sé.
—Ahora que he matado la conversación... —Sasuke se calla—. Prometiste contarme del tuyo.
—No hay mucho de eso. Fuimos mejores amigos más que cualquier otra cosa, y finalmente decidimos ser honestos y estar a la altura. Fue amistoso y seguimos siendo amigos.
—Me alegra que hayas tenido un cierre con él.
—Odio que no lo hayas tenido con ella. No puedo creer que te haya dejado sin una razón sólida.
—Le gustaba mi parte del dinero.
—Eso es triste.
Suspira.
—Es parte de la vida.
—¿Crees que aún estarían juntos si no hubieras vendido la compañía?
—Probablemente no. No hubo...
—¿Fuegos artificiales?
Me mira.
—Fuegos artificiales. Era más como esos pequeños estallidos que te divertían cuando eras niño, diversión por un brevísimo momento.
—Cuando lo pones así...
—¿Suena triste? Lo sé. Entonces, estoy feliz de haber viajado por el camino que elegimos. Todo salió como debería haberlo hecho.
—¿Siempre eres tan optimista?
—Nah. Tengo mi parte justa de "ay de mí". —Se encoge de hombros—, pero trato de, ya sabes, mantenerme feliz y todo eso.
—Me gusta eso. Me recuerda a mi Ino.
—Ah, la toca traseros.
Me río.
—Esa sería ella. Es salvaje pero muy divertida.
—Pude notarlo. —Sasuke se ríe mientras bostezo en medio de él hablando—. ¿Dos cafés no fueron suficientes?
—Tuve una larga noche. Tuvimos una función a medianoche y yo fui una de las que cerró. Tomé una siesta rápida después de mi última clase, pero tenía esta cita con un chico nerd lindo, así que tuve que levantarme.
—¿Sí? ¿Y cómo salió eso?
Me encojo de hombros.
—He tenido mejores.
—Admítelo, esta es la mejor cita en la que has estado.
—No sé... Mi primera cita fue en un parque temático. Esa es difícil de superar.
—¿Un parque temático? Pff. Puedo rentar un parque temático completo.
—No puedes.
Me guiña un ojo.
—Nunca lo diré.
Pongo los ojos en blanco y lo tiro hacia la acera.
—Vamos, Romeo. Llévame a casa antes de dormirme y roncar o algo así.
8
