Capítulo 49: Años
La relación de Kagome con Takeshi duró siete meses más luego del regreso de Sesshomaru y finalizó una calmada tarde en los jardines privados. Takeshi y Kagome caminaban, como siempre lo hacían.
—Lamento que no hayas podido ver mucho a las crías— dijo Kagome y se detuvo debajo de su árbol de cerezo favorito, luego puso las manos bajo una flor—, Lin ha estado pasando mucho tiempo con Sesshomaru y donde quiera que ella vaya, Shippo la sigue— agregó y alzó la vista hacia el balcón que daba a la habitación de Sesshomaru.
Takeshi inclinó la cabeza y esbozó una sonrisa cálida, poseía un temperamento firme, pero tranquilo. En el año que había pasado cortejándola, Kagome solo lo había oído alzar la voz una sola vez y solo había sido para gritarle a un compañero que tuviera cuidado.
—Está bien, para ellos solo soy su sirviente y maestro después de todo. Sesshomaru-sama es su padre.
—¡Eres más que solo eso, Takeshi! — lo reprendió Kagome girándose para mirarlo a la cara. Él no era tan alto como Sesshomaru, pero seguía siendo más alto que ella. Les habían dicho que ambos formaban una linda pareja, ambos con cabello negro y mirada vibrante. Superficial es como Sesshomaru lo había descripto poco después de su llegada, por lo cual Kagome lo reprendió, a lo que él luego agregó "pero aceptable".
—No lo soy— respondió Takeshi con calma—, al menos no para ellos. Y, yo creo, miladi, tampoco para usted.
Kagome sintió cómo la sangre abandonaba su rostro.
—¿Takeshi? ¿Que... ?
Él la silenció y le ofreció un pañuelo.
—Está bien, de verdad.
—No lo está, incluso menos si estás diciendo... si estás sugiriendo que...
—Kagome-hime, dígame la verdad ¿Por qué me permite cortejarla?
Kagome hizo una pausa y se permitió pensar por las respuestas que ya tenía asimiladas y se le agolpaban en los labios. Takeshi era serio, por lo que ella le debía el pensar en la pregunta que le había hecho, de deshacerse de las palabras que ella sabía que él quería oír y decirle las palabras de las que incluso ella se había escondido. Torció el pañuelo con las manos y lo arrugó sintiéndose desesperanzada.
—Porque eres confiable— le respondió Kagome, avergonzada—, siempre has estado aquí cuando te he necesitado, y siempre lo estarás. Eres un buen amigo ¿Cómo podría ser menos para ti de lo que tú has sido para mí?
Takeshi permaneció en silencio.
—¿Acaso está mal? — preguntó Kagome mientras las lágrimas se le agolpaban en los ojos, le empezaba a temblar la voz — ¿Una vida juntos basada en el respeto y amistad mutua?
—No — respondió Takeshi con una sonrisa, una de esas sonrisas brillantes y acogedoras que parecían iluminar el aire que lo rodeaba. Acarició las mejillas de Kagome con ambas manos y ella se dejó llevar por el toque — algunos amores son tranquilos ¿Pero sería capaz de vivir sin pasión? ¿Una vulpina sin su fuego?
—Te equivocas— protestó Kagome enojada —, te amo, de verdad.
Takeshi le dio un suave beso en los labios posándole ahora las manos sobre los hombros. El beso tenía sabor a despedida y Kagome no sintió nada más que alivio.
—Le creo, pero creo que el nuestro es un amor que asemeja más el de hermanos que de una pareja— le dijo en un tono bajo una vez que se separaron—. Me he ofrecido para ser uno de los exploradores que proteja los alrededores de las Tierras del Oeste. Sesshomaru-sama aprobó mi transferencia esta mañana.
—Por supuesto que lo haría— respondió Kagome con amargura en la voz, el cabello se le estaba volviendo rojo en las puntas.
—Kagome-hime, ahora se encuentra enojada, pero durante un tiempo he percibido que usted está conmigo por honor y lealtad. Eso muestra un lado muy noble de su parte, pero yo no deseo una pareja que esté conmigo por deber. No deseo ser la opción más sensata, sino la única. Además— agregó juguetonamente, este había sido el hombre tan amable que había ayudado a Kagome en sus días de ser una madre soltera y también la había ayudado a ella e Inuyasha cuando luchaban para aprender a gobernar el Oeste solos— ¿Qué demonio puede conformarse con un soldado cuando puede tener a un lord?
Kagome se sonrojó y apartó a Takeshi, no había duda de que él quería que ella lo hiciera.
—No puedo tener un lord. Y si así fuera el caso, no lo quiero. Tengo demasiado respeto por mí misma como para hacer eso.
—¿A quién trata de convencer, Kagome-hime?
El que Takeshi usara el término honorífico la lastimaba. Era culpa de Takeshi, él siempre remarcaba la diferencia de estatus entre ambos.
—Déjame en paz— le reprochó tratando de esconderse detrás de su temperamento. Una corriente de aire comenzó a soplar por el jardín arremolinándole el cabello a Kagome en el rostro y esparciendo flores de cerezo a su alrededor.
Decidió culpar a Sesshomaru por lo ocurrido ¿Por qué no debería hacerlo? Ni bien había vuelto a poner los ojos en él luego haberse marchado, ella se había sentido herida y enojada y triste y asustada... pero detrás de todo eso se escondía el amor que le rodeaba el corazón como una enredadera sofocante. Ella todavía lo amaba a pesar de lo que le había causado a ella y a las crías. Ella todavía lo amaba, incluso si buscaba compartir su vida con Takeshi, ahora podía admitirlo.
Ella amaba a Sesshomaru, tan arrogante e inconsiderado como era, pero ella no sabía cuándo había comenzado todo, o cómo detener lo que sentía.
¿Pero cómo podría hacerlo cuando cada día ella se despertaba en los brazos de él y ambos se ocupaban de construir su propia familia y gobernar el reino juntos? ¿Cómo no iba a amar al padre de sus hijos y al lord de sus tierras?
Pero ella había aprendido la lección durante esos dos años que habían transcurrido. Takeshi tenía razón. La amistad y el respeto no eran suficientes por sí mismos.
Y a veces, tampoco lo era el amor.
—I—
Seis años después de que Kagome salvara a Jun de Aobozu, cuando la niña cumplió los dieciséis años de edad, Kagome y Sesshomaru regresaron a la aldea para reclamarla. La aldea celebró un festejo en honor a ellos y Sesshomaru se contentó al notar que algo del oro que él le había dado a Jun tras su primer encuentro se había gastado para comprarle una valija llena de bellas y útiles posesiones.
Jun todavía vestía el kimono de pelo de zorro y sus ojos marrones que solían ser enormes ahora tenían un tamaño que encajaba con su rostro adulto. Era una mujer demasiado alta para ser humana, llegaba hasta la nariz de Sesshomaru. Cuando tuvo posibilidad de hablar con ella, se contentó con saber que ella había continuado practicando las habilidades que una vez le había enseñado.
—¿Podría preguntar qué planean la Princesa Zorro y su esposo hacer conmigo? — preguntó Jun una vez que habían abandonado la aldea, su maleta reposaba sobre la espalda de Au Un. La joven se encontraba sentada al frente de la montura.
—Sesshomaru-sama no posee ninguna pareja— dijo Kagome y una sonrisa de zorro se le formó en los labios.
Sesshomaru se preguntó por qué se sentía herido por oírla repetir algo que él mismo se había dicho tantas veces.
—Oh— respondió Jun mirando a uno y luego al otro. Abrió la boca para hacer una pregunta más, pero Sesshomaru habló antes de que pudiera manifestarla.
—Viajaremos al Este, a la aldea de Edo. Allí vivirás con un clan de humanos que la Dama de esta manada ha elegido para proteger. Entrenarás en la escuela de exterminadores, serás aprendiz de la sacerdotisa de dicha aldea, o buscarás un hombre aceptable con quien casarte. La decisión es tuya.
Jun se mantuvo en silencio luego de eso, le habían dado mucho en qué pensar.
Pero el viaje a Edo fue largo. A pesar de que Jun volaba en la espalda de Ah Un y Sesshomaru y Kagome volaban en la nube hecha por este, al final pararon para acampar.
Una vez en el suelo, Jun se bajó de la montura de Ah Un y se inclinó ante Sesshomaru con las palmas contra los muslos.
—Me gustaría humildemente pedirle un regalo de cumpleaños.
Sesshomaru le dirigió una mirada a Kagome y se encontró con que ella le estaba sonriendo con suavidad, le dirigía una mirada que le brindaba en muy contadas ocasiones después de que se exilió del Oeste por diez lunas.
—Dime tu deseo— le dijo a Jun para que Kagome no dejara de sonreírle.
De todas formas, le hubiese dado un regalo a la humana ya que sentía... cariño hacia ella.
—Mi deseo es que Sesshomaru-sama vuelva a contarme la historia de La Joven Que Cruzó las Barreras del Tiempo.
Kagome exhaló un pequeño grito ahogado.
Sesshomaru se sentó contra uno de los flancos de Ah Un.
—No estoy seguro de recordar esa historia.
Jun comenzó a reír.
— ¡Claro que sí! Hace mucho tiempo una mujer humana muy ruidosa apareció en un pozo cruzando la barrera del tiempo. Vestía un kimono indecente del futuro que la hacía parecer una mujer de mala vida y tenía una maraña de cabello como la paja que le cubría toda la cabeza.
Kagome comenzó a gruñir.
— ¿Por favor, Sesshomaru-sama? Hágalo por mi cumpleaños.
Tomándose el cuidado de no mirar a Kagome, Sesshomaru respondió:
—Los demonios no celebramos cumpleaños.
—Pero yo soy humana.
Sesshomaru permaneció en silencio. Kagome y Lin habían sido humanas.
Entonces comenzó a contarle la historia.
—Hace mucho tiempo una mujer humana muy ruidosa apareció en un pozo cruzando la barrera del tiempo. Vestía un kimono indecente del futuro que la hacía parecer una mujer de mala vida y tenía una maraña de cabello como la paja que le cubría toda la cabeza.
Le lanzó una mirada a Kagome que tenía el rostro de color rojo y los brazos cruzados sobre el pecho, el pelaje que le cubría las colas estaba de punta. Prosiguió diciendo:
—Pero a pesar de sus obvios defectos, la mujer poseía un gran honor y valentía y una fuerza de espíritu capaz de enfrentar a cualquier demonio...
Kagome tomó asiento frente a Sesshomaru.
—I—
Llevaron a Jun a Edo un par de días después. Antes de marcharse, ella les preguntó:
—¿Los volveré a ver?
—Tal vez.
—¿Qué le sucedió a La Joven Que Cruzó las Barreras del Tiempo luego de pedirle su deseo a la perla mágica?
—Te lo contaremos cuando lo descubramos— esta vez fue Kagome quien le respondió.
—I—
Pasados unos meses de dejar a Jun en la escuela de exterminadores, Sesshomaru le entregó un regalo a Lin y otro a Kagome. A Lin le entregó una tan deseada espada de práctica hecha de madera. A Shippo le entregó una igual como parte del regalo de Lin así podría tener un compañero con quien practicar. Los labios de Kagome se torcieron cuando hoyó esa explicación ya que podía percibir la verdad.
Sesshomaru no quería que solo una de las crías recibiera el regalo.
A Kagome le regaló un nuevo Kimono, uno más hermoso que todos los anteriores que le había dado. Las primeras dos capas estaban hechas de las telas familiares de color dorado y rosa, los cuales complementaban el cabello y piel de la vulpina. Pero la capa superior, la cual estaba compuesta por la tela más pesada de todas, era diferente de los distintos tonos de verde que había vestido desde que se convirtió en kitsune, este poseía un patrón en las mangas y el cinturón compuesto de un grupo de flores dentro de formas geométricas.
Se trataba del sello de Sesshomaru, el mismo que se encontraba decorando la ropa de Lin y Sesshomaru.
Cuando ella le preguntó el por qué, él solo le respondió:
—¿Acaso no eres la Dama del Oeste?
La Dama del Oeste.
Ya hacía años que poseía ese puesto, pero hasta ese entonces nadie la había llamado por ese título a excepción de las historias que contaban los humanos que acampaban. En ese entonces incluso la llamaban Princesa Zorro o Vulpina Roja.
—¿Por qué ahora? — le susurró ella sin percatarse de que lo había dicho en voz alta hasta que Sesshomaru le respondió.
Él la estudió con una intensidad digna de ser incómoda, pero no lo era.
—Es el aniversario del día en que te uniste a mi manada.
Entonces fue que Kagome lo comprendió. La conversación que tuvo con Jun el otro día cuando la llevaron a la aldea.
Los demonios no celebramos cumpleaños.
Pero yo soy humana.
Sesshomaru no sabía cuando era el cumpleaños de Kagome, o el de Lin, por lo que en su lugar estaba celebrando el día en el que volvieron a nacer como demonios. El día del deseo.
Se trataba de una concesión. Un reconocimiento a las costumbres de la raza de ambas.
Algo que nunca antes había hecho.
Kagome sonrió y comenzó a llorar.
Sesshomaru le lamió las lágrimas saladas de las mejillas.
—I—
La magia de Inari se estaba desvaneciendo. Todavía peor, su mente también parecía estarse desvaneciendo junto con esta. Rara vez tenía algo bueno para decir respecto de Sesshomaru, y a veces se sobresaltaba y miraba alrededor salvajemente sin estar segura de en dónde se encontraba o cómo había llegado allí. Kagome se preguntaba si no tenía algo que ver con la perla de poder que había perdido.
Pero todo lo que tenían en su poder para encontrar a Myobu ya se había hecho. Parecía como si se hubiese desvanecido de la faz de la tierra. Sesshomaru incluso había ido tan lejos como para enviar un mensajero a China sobre Ah Un en caso de que Myobu hubiese abandonado Japón.
Kagome solo esperaba que se pudiera hacer algo con Inari antes de que fuera demasiado tarde, tanto por Inuyasha como por la vulpina. Mientras tanto, la nueva guardia de Inari, Shiori, una demonio murciélago que Inuyasha había reclutado a servicio del Oeste, permanecía junto a ella día y noche.
—I—
Kagome siempre había deseado visitar a sus amigos humanos con más regularidad, pero inevitablemente el tiempo se le escapaba de las manos y pronto descubrió que habían pasado muchos años.
El tiempo para un youkai era muy rápido y muy lento a la vez. Las crías, los miembros de la manada e incluso ella misma apenas habían envegecido, pero sin embargo, al mirar en el pequeño espejo circular, descubría que Miroku y Sango ahora tenían otro hijo, o arrugas, o el cabello blanco, y entonces ella se iba a visitarlos recordando las palabras de Inuyasha sobre pasar la mayor parte del tiempo posible con ellos.
Miroku y Sango sabían que ella no quería pasar mucho tiempo alejada de ellos a propósito, por lo que comenzaron a celebrar un festival anual en Edo y enviaban un mensajero, por lo general Jun ya que ella no le temía a Sesshomaru, al palacio del Oeste para invitar a Kagome. Lo llamaban el Festival de la Sombra del Zorro.
Cada año, Kagome iba al festival con un disfraz diferente y jugueteaba con los aldeanos. El festival duraba nueve días y nueve noches y estaba repleto de bailes y diversión, los aldeanos usaban máscaras de zorro y colas falsas mientras se jugaban bromas entre ellos. A la noche dejaban regalos o baratijas para honrar a la vulpina.
El festival adoptó ese nombre el primer año que se realizó, cuando el hijo mayor de Miroku y Sango, llamado Higurashi en honor a ella, descubrió la sombra de Kagome y le pidió que se mostrara. Ella así lo hizo permitiendo que el cabello tomara su color rojo y manifestando sus colas mientras reía con aquella risa de zorro al ver a los aldeanos maravillados con ella.
Como premio por haber sido tan astuto, el hijo de Miroku había demostrado que la manzana no cae tan lejos del árbol y le pidió un beso. Él la había considerado hermosa desde que era un niño y la había visto trepar hasta la ventana de él una noche en la que ella los había visitado, o eso decía él. Sintiéndose halagada, Kagome cumplió su deseo y le dio un beso que el joven no olvidaría jamás incluso si encontraba otra mujer con cara de vulpina.
Al día siguiente, cuando Sango preguntó le , Higurashi le dijo simplemente que Kagome le había cumplido un deseo por haber descubierto la sombra de zorro.
Desde entonces, cuando se celebraba el festival, todos los aldeanos buscaban a alguien con sombra de kitsune con la esperanza de que Kagome les cumpliera un deseo. Hasta el momento había cumplido unos ocho, uno por cada año en el que había sido descubierta.
Este año, Sesshomaru la acompañó hasta las afueras de la aldea antes de marcharse hacia la cabaña donde Jun vivía, que en ese entonces era la exterminadora más respetada de la aldea. Las personas se detenían para hacerle una reverencia cuando él pasaba y murmuraban palabras de respeto. Rara vez Sesshomaru les respondía.
Al pasar los años, Kagome se preguntaba si Sesshomaru se había enamorado de Jun ya que ella era la única humana de la aldea que él visitaba, siempre recordaba su cumpleaños e incluso se las presentó a Lin y a Shippo. Pero a medida que el tiempo pasaba y no había noticias del nacimiento de ningún mitad bestia, Kagome decidió que tales cosas eran improbables. Jun, que ahora tenía cuarenta años y muchas cicatrices de sus batallas, era otra de las hijas adoptivas de Sesshomaru, y ella lo amaba a él como a un padre ya que no había podido amar a la pobre excusa de padre que había tenido.
Luego de observar a Sesshomaru llamar a la puerta de Jun con suavidad, Kagome se transformó en una pequeña niña tras un chasquido y salió a correr para jugar con los niños de la aldea.
—¡Abuela, abuela! — llamó a Sango mientras subía los escalones en dirección al Torii para luego lanzarse a los brazos de la mujer.
Sango y Miroku se habían marchitado con los años, sus rostros lucían como cerezas resecas y sus cabellos se habían vuelto matas de color blanco. Sin embargo, Kagome todavía los amaba y ellos la amaban, su vieja amiga se había vuelto un espíritu guardián. Ella los mantenía saludables y les brindaba toda la fuerza que podía, introduciéndose en la habitación de ellos cada año que los visitaba para realizar hechizos en sus almohadas y exhalar de su magia sobre ellos.
Se aseguró de aprenderse los nombres de todos sus hijos y nietos con la determinación de que se ocuparía de todos ellos una vez que Sango y Miroku no estuvieran más en este mundo.
—I—
En la cuarta noche del festival un humano descubrió la sombra de Kagome, este año se trataba de una joven, no era hija de Sango y Miroku, y ella quería un hechizo que le revelara su verdadero amor.
Sintiéndose astuta y con una pícara sonrisa, Kagome le entregó una espina.
—Coloca esto en la cama e invita a tus pretendientes a tu casa por la noche. Si el hombre siente la espina, dile que has revisado y que no hay nada allí. El que se quede de todas formas será el hombre para ti.
La joven le agradeció y se marchó.
Kagome rio con su risa de zorro y el festival se detuvo en seco cuando todos los humanos se sobresaltaron ¡Le había jugado una de las mejores bromas! No había ninguna clase de magia en la espina que le había dado a la joven. Cualquier hombre la sentiría.
Pero el hombre que se quedara a pesar del dolor valoraría a la joven más allá de su propia comodidad.
—I—
Cincuenta años después de que Inari comenzara a desvanecerse, entró tambaleándose al estudio de Sesshomaru en plena noche. Él estaba despierto, ya no podía recostarse ni un segundo cerca de Kagome sin revelar el deseo que sentía por ella. Una vez ella había dejado en claro que no deseaba ser su amante, él no deseaba deshonrarla ni a ella ni a sí mismo con su obvia necesidad.
—¿Inari?— preguntó cuando la kitsune dorada entró en la habitación, tenía los nudillos blancos mientras se sujetaba del borde del escritorio— ¿Dónde está Inuyasha?
—Dormido.
—¿Y Shiori?
—Afuera.
Ella dio un paso adelante respirando agitadamente.
—Mátame— le rogó antes de colapsar en el suelo, como si esas palabras que había pronunciado eran todo lo que le quedaba de fuerza.
Sesshomaru se puso de pie y la observó.
—¿Deseas morir?
—Es la única forma— murmuró ella— Inuyasha no lo hará... pero usted sí... Por favor... ya no puedo... pelear.
Sesshomaru se arrodilló y giró a Inari para luego posar las garras en la suave piel justo por debajo de su mandíbula. Le tomaría solo un pequeño ademán o solo un momento de concentración para envenenarla.
—¿Acaso este es tu deseo? ¿Por qué?
Los ojos de Inari se cerraron. Ella murmuró la palabra "dolor", luego una vez más. Dolor.
Sesshomaru flexionó los dedos. Si hacía eso, si le cumplía el deseo, Inuyasha nunca lo perdonaría, Kagome lo despreciaría y la manada se dividiría... Pero él había incluido a Inari como una de los suyos. Él le debía un favor, terminar con su dolor.
Sesshomaru contempló cómo Inari se retorcía en el suelo mientras se enmarañaba el cabello y las colas, ya no tenía color en el rostro y poseía los labios entreabiertos.
—He fallado en protegerte— le dijo, a pesar de las extensas búsquedas todavía no habían encontrado a Myobu, a pesar de que él misteriosamente seguía controlando el Este desde donde fuera que se escondía. Todavía debían recuperar la perla de poder de Inari.
Sesshomaru tomó una decisión.
—Si todavía deseas esto para cuando el sol se ponga mañana, te brindaré una muerte honorable.
Hablaría con la manada, les haría comprender.
Pero ese momento jamás llegó.
Parecía como si la noche en el estudio hubiese sido un punto de quiebre. Al atardecer del día siguiente, Inari lo saludó con más color en las mejillas que nunca antes, se veía llena de vida y hablaba mucho, y a pesar de que no actuaba como solía hacerlo, parecía encontrarse bien. Incluso su magia había regresado, aunque parecía haber perdido gran parte de su habilidad.
Inuyasha se encontraba eufórico y la risa de Kagome llenaba los pasillos.
Y Sesshomaru no dijo nada en absoluto. No le contó a nadie de la noche en la que Inari le pidió morir por sus propias manos, ya que no era asunto suyo hablar de eso.
—I—
—Pones demasiado empeño— le dijo Inari a Kagome sacándole el tótem de las manos.
—He dejado de mejorar— se quejó Kagome, sentía un dolor entre los ojos que la enojaba.
—No se presione tanto, ya has ganado tres colas los primeros años que has vivido como kitsune, deberías sentirte orgullosa.
Kagome suspiró, pero aun así se inclinó desde el asiento.
—Intento imitar a mi maestra.
—¡Feh! — respondió Inari imitando perfectamente la voz de Inuyasha.
Kagome soltó una risita.
—Vamos a caminar por los jardines y visitemos a Ah Un ¡A veces lo mejor que podemos hacer es tomarse un respiro y relajarse! Tal vez salir a volar por un rato...
—Sabes que Sesshomaru-sama no quiere que me vaya del palacio sin él o sin Inuyasha.
Los ojos de Inari resplandecieron un destello dorado, pero Kagome no la estaba mirando y no se percató.
—Hablando de relajarse...— dijo Kagome una vez en los jardines pasando el brazo por el de Inari— He visto a Inuyasha muy... suave... últimamente.
Inari esbozó una sonrisa pequeña pero sigilosa.
—Voy a darle un acertijo, le diré que si adivina, seré su pareja, pero solo tiene un intento.
—¡Oh, que cruel! —soltó Kagome, sin embargo, comenzó a reír cuando Inari lo hizo— Déjame adivinar, sin importar lo que diga, la respuesta será la correcta.
Inari asintió y su boca se ensanchó de una forma inhumana.
—¿Y qué hay de ti, Kagome? ¿Acaso tienes algún amante?
Kagome negó con la cabeza.
—Le prometí a Sesshomaru-sama que no abandonaría la manada. Además... — le confesó— creo que tener a Sesshomaru como guía en mi kitsuneno'otan me ha arruinado la oportunidad de tener más amantes. No existe comparación alguna.
—¡Si, lo recuerdo!— respondió Inari, las colas se le arremolinaron.
No se habían percatado de que Sesshomaru las estaba escuchando y debido a eso se pavoneó por el resto del día.
CONTINUARÁ
¡Lamento la demora! Avisé que el capítulo era el más largo de la historia y que iba a tomar un tiempo en traducirlo, sumándole que estuve en periodo de exámenes y se me hizo casi imposible tocar la historia.
Starebelle
