Capítulo 24
A la mañana siguiente los despertó un ruido mecánico y continuo. Aún permanecían abrazados cuando Sasuke alargó el brazo para coger su walkie-talkie.
«¡Oh, Dios mío!, me encanta estar entre tus brazos», pensó Sakura somnolienta.
Cuando dormía con Nagato, ya desde la primera vez que lo habían hecho juntos, cada uno despertaba en su lado de la cama, ambos necesitaban su espacio. Sin embargo, con Sasuke era diferente: le gustaba sentir su cuerpo, su calor y su cercanía, y eso la hizo sonreír.
—Cariño —dijo de pronto él saltando de la cama—. Te prometo que esto se repetirá tantas veces como quieras. Volveré a traer té de Starbucks, piratearé estrenos y compraré palomitas, pero ahora levántate, por favor —susurró mientras cogía sus pantalones—. Óbito ha llamado: Geraldine está de parto.
Oír el nombre de la vaca hizo que Sakura se pusiera en marcha de inmediato. Era la vaca de Homura, y todos ansiaban que esa vez el ternero consiguiera sobrevivir.
Sin apenas hablar por las prisas, en menos de quince minutos estaban en el todoterreno camino de la granja. Al llegar allí se encontraron con Temari, que de inmediato buscó respuestas en la mirada de Sasuke. No obstante, enseguida intuyó que no le había contado la verdad a su hermana.
—¡Maldita sea! —murmuró al verlo pasar por su lado.
Sasuke se detuvo y se volvió hacia ella.
—Tranquila, cuñada —dijo dándole un beso en la mejilla—. Intenté decírselo ayer, pero vuestra pasión española no me lo permitió. —Temari no pudo evitar sonreír—. No te preocupes, que en cuanto resuelva el parto de Geraldine, te prometo que volveré a llevármela y se lo diré. De hoy no pasa.
—Te tomo la palabra —le advirtió Temari al verlo correr hacia el establo.
—¿De qué le tomas la palabra? —preguntó su hermana al acercarse a ella.
—Ehhh..., vaya, vaya, Saku... —se mofó Temari al verla—. Hoy tienes la tez más tersa y radiante. ¿Tienes algo que contarme?
—Nada especial —contestó Sakura, que salió corriendo detrás de Sasuke—, sólo que soy feliz.
—Hola, tía Saku —la saludó de pronto Lexie acercándose a ella.
«¿"Tía Saku"?», pensó Sakura, pero como quería presenciar el parto de Geraldine, la saludó únicamente con una sonrisa y siguió a Sasuke.
Nunca había visto nada parecido en directo. Al llegar al establo se encontró con Ko, Suigetsu, Óbito y Sasuke, que se miraban con cara de preocupación.
—¿Qué ocurre? —inquirió.
—Han llamado al veterinario —señaló Sasuke arremangándose—, pero viene desde Aberdeen, y está demasiado lejos.
—Y ¿vosotros no sabéis qué hay que hacer? —planteó incrédula Sakura—. Se supone que estáis acostumbrados a estas cosas.
—Sí, tesoro —asintió Ko con gesto de preocupación—. Lo que ocurre es que nos acabamos de dar cuenta de que el ternero viene de costado.
—Ko, vamos —le indicó Óbito asiéndola por el brazo—. Ahora que Sasuke y Sakura están aquí, vayamos a desayunar nosotros. No hemos probado bocado desde hace horas, y creo que todos lo necesitamos.
La anciana se movió de mala gana, pero tras convencerse de que no se podía hacer nada hasta que el veterinario llegara, se marchó con Óbito y Suigetsu.
Sasuke y Sakura permanecieron junto a Geraldine durante más de una hora. No podían hacer nada, pero tampoco podían marcharse y dejarla sola.
—Cliver ya está aquí —anunció Jūgo, que entró junto a un joven veterinario.
—Hola, Cliver —saludó Sasuke tendiéndole la mano—. Creo que el ternero viene con problemas.
—No te preocupes. —El chico empezó a sacar el instrumental de su maletín—. Esta vez, Homura nos ayudará y todo saldrá bien.
Fue una ardua tarea, y en muchos momentos pensaron que Geraldine no lo superaría. Sin embargo, de pronto, la pequeña cabeza peluda apareció detrás de las pezuñas y el parto terminó con éxito.
Con la felicidad dibujada en el rostro, Sasuke abrazó a Sakura, que aún estaba conmocionada por lo que acababa de presenciar. No podía apartar la vista de la ternera recién nacida.
—Aún estoy temblado —confesó cuando él la besó con dulzura.
—Yo también, pero de emoción. La pequeña España vivirá —dijo él con los ojos vidriosos—. Seguro que el abuelo debe de estar aplaudiendo de felicidad.
—¿De verdad vais a llamarle España?
—Por supuesto. El abuelo me dijo que el ternero debía llamarse España o Sakura —explicó él, que a continuación rompió a reír a carcajadas.
—Ni se te ocurra llamarla Sakura —protestó ella—. Sólo me faltaba ahora tener nombre de vaca.
—No, cariño —la corrigió Sasuke riendo aún—. En todo caso, la vaca tendría tu nombre.
—Anda..., anda, ve —dijo Sakura al ver que Ko no dejaba de mirarlos desde la casa—. Dile a tu abuela que todo ha salido bien.
Tras darle un rápido beso, él salió corriendo como un niño pequeño. Al oír la buena noticia, Ko se llevó las manos a la boca emocionada y abrazó a su nieto. A la alegría colectiva se sumaron Óbito y Suigetsu, mientras Lexie y Temari se acercaban a ellos acompañados de Stoirm.
«Homura, lo has conseguido, tu pequeña España ya esta aquí», pensó Sakura emocionada mientras miraba a la ternera.
—Señorita —dijo entonces el veterinario dirigiéndose a ella—, ¿sería tan amable de coger este papel?
—Sí..., sí, por supuesto —accedió Sakura acercándose.
—Tome. —Le entregó varios documentos—. La copia rosa es para ustedes. Necesito que el conde Uchiha firme la amarilla y me la devuelva.
—No se preocupe —repuso ella—. En cuanto el conde regrese de su viaje, se la entregaremos para que la firme y se la haremos llegar por correo.
Al oír eso, el veterinario la miró extrañado.
—¿Para qué me la van a mandar por correo si él conde está ahí? —preguntó el joven.
—No lo entiendo. —Sakura aún sonreía.
—Disculpe —insistió él—. Quizá soy yo quien no la ha entendido a usted. Creí que había dicho que el conde estaba de viaje.
—Y así es —asintió Sakura.
Ahora sí que el veterinario estaba hecho un lío.
—Pero si el conde está ahí —indicó señalando hacia el grupo que reía—. El señor Fugaku Sasuke Uchiha.
De pronto Sakura sintió que la sangre se le congelaba en las venas. Sin embargo, trató de mantener la compostura delante del veterinario.
—No se preocupe —murmuró comenzando a andar hacia el porche de la casa grande, donde estaban todos—. Ahora mismo se la firmará el conde.
Mientras caminaba hacia ellos, sentía cómo el corazón le latía con fuerza. La habían vuelto a engañar como a una tonta, y ella había caído de nuevo en la trampa.
«Te odio, Sasuke Uchiha... Por segunda vez en mi vida me han utilizado, y eso no te lo voy a perdonar», se dijo tratando de contener las lágrimas.
Tras soltarse del abrazo de Óbito, Temari volvió la vista hacia su hermana y la sonrisa se le congeló en el acto al verla caminar hacia ellos. Su mirada fría como el hielo le indicó que lo había descubierto todo.
—¡Conde Fugaku Sasuke Uchiha! —gritó Sakura parándose a escasos metros de todos ellos.
Sasuke cerró los ojos con fuerza al oír su voz, y tomó aire antes de volverse hacia ella.
La calidez de su mirada había desaparecido por completo y ahora sólo veía rabia y desilusión en aquellos ojos verdes.
—Escúchame, Sakura, deja que...
—¡No! —chilló ella tirándole el papel amarillo—. No quiero escucharte. Firma este maldito documento para que el veterinario termine su trabajo y olvídate de mí a partir de este mismo instante, maldito hijo de puta.
—Ven, Saku —murmuró Temari cogiéndola del brazo, pero su hermana también la rehuyó a ella.
—Lo habéis pasado bien, ¿verdad? —gritó mirándolos a todos—. Os habéis reído a mi costa durante estas últimas semanas. Maldita pandilla de mentirosos. Por un momento creí que os importaba y que vosotros erais lo más genuino que había conocido en mi vida.
Con gesto serio, Ko no apartaba la vista de ella. No podía decir nada, sabía que la muchacha se sentía decepcionada por todos, y ella era una más en aquella trama.
—Necesito un coche para volver a Edimburgo, ¡ya! —chilló Sakura andando hacia la casa. Al pasar junto a Sasuke, él se interpuso en su camino—. Quítate de en medio, conde.
—Por favor, cariño. Necesito que me escuches —intentó explicarse el escocés, desesperado por el modo en que se habían precipitado los acontecimientos—. Anoche intenté decirte la verdad en varias ocasiones, pero...
—Anoche me utilizaste —le escupió ella.
—Eso no es así, y tú lo sabes.
Sakura lo fulminó con la mirada y, sin responderle, lo rodeó para entrar en la casa. No obstante, antes de cerrar la puerta vociferó sin volverse:
—¡Quiero un coche para regresar a Edimburgo dentro de diez minutos, Sasuke, no pienso volver a repetirlo!
Cuando la puerta de entrada se cerró, todos se miraron confundidos. A su modo, cada uno de ellos se sentía partícipe de aquella trama, y todos cargaban su parte de culpabilidad por no haberlo aclarado y haber dejado que la mentira continuara un día tras otro.
Con el corazón en un puño, Temari sintió que le había fallado a su hermana, pero ya nada se podía hacer. Sakura se había enterado por un extraño, y sabía que eso le había llegado al corazón.
—Sasuke —lo llamó Temari para atraer su atención.
—¿Qué?
—Te lo dije —susurró entrando en la casa.
Cuando Temari entró en el dormitorio, se encontró a Sakura metiendo sus escasas pertenencias en su trolley Versace.
—Saku, yo...
—¡Cállate! No quiero escucharte. Eres tan embustera como todos ellos —gritó—. ¡Eres la peor! Se supone que eres mi hermana y que al menos tú deberías haber sido sincera conmigo.
—Tienes razón —susurró ella sentándose en la cama—. Y te juro que lo intenté. Lo intenté cientos de veces, pero...
—¿Desde cuándo lo sabes?
—Me enteré la tarde que estabas en la clínica —respondió Temari rompiendo a llorar—. Me enfadé muchísimo cuando lo supe, y pensaba decírtelo, pero entonces ocurrió lo de Homura y me dejé llevar por mis sentimientos. Además, Sasuke me hizo prometer que dejaría que él te lo contara.
—Oh, sí, claro. Vas tú y le concedes a ese idiota más tiempo para que siga riéndose de mí, ¿verdad? —chilló Sakura tirando sus carísimos manolos rojos contra el trolley—. Gracias, hermanita. Gracias por nada.
—Saku, por favor. Entiendo que estés enfadada, pero... tú misma me dijiste que aquí tu vida estaba cambiando, incluso me animaste a seguir mi relación con Óbito porque su fondo te parecía excepcional.
Sakura se llevó entonces las manos a la cabeza y cerró los ojos. Su hermana tenía razón. Su corazón le había gritado que aquella gente, cuando le sonreía, lo hacía de verdad, pero ella se resistía a pensar eso, así que continuó con su equipaje.
—Creo que ya es hora de volver a la realidad —afirmó sentándose junto a su hermana, que cogió a hurtadillas el pijama de tomates cherry y lo metió en el trolley—. Quédate si es lo que deseas y...
En ese momento se abrió la puerta y Ko y Karin entraron en la habitación.
—¿Podemos pasar? —preguntó la anciana.
—Por supuesto —repuso Sakura endureciendo el tono—. Estás en tu casa.
Con el portátil de Homura en las manos, Ko se acercó hasta ella. En su cara se veía la pena y la tristeza por lo ocurrido, pero la rabia de Sakura le impidió reaccionar.
—Llévate esto —dijo la anciana tendiéndole el ordenador—. Aquí nadie lo va a usar, y es una pena que algo tan valioso se eche a perder.
—De acuerdo —accedió Sakura, y a continuación lo arrojó de malos modos en el trolley.
—Te traigo la chaqueta que me dejaste —susurró Karin—, y quería decirte que te voy a echar mucho de menos.
—Vale..., vale... —respondió ella fríamente.
Tras un silencio sepulcral, Ko y Karin decidieron marcharse, aunque la anciana aún tenía algo que decirle.
—Sakura, quiero que sepas que te entiendo —murmuró—. Entiendo que pienses que todos te hemos engañado y hemos seguido un absurdo juego que al final se ha vuelto en contra nuestra. No me gustó en un principio y mucho menos al final, pero Sasuke...
—No quiero oír hablar de Sasuke —la cortó Sakura.
—De acuerdo —convino la anciana—. Sólo permíteme decirte una cosa más. Nunca dudes de los sentimientos verdaderos y sinceros que Homura tenía hacia ti.
Al oír eso, Sakura se vino abajo.
—Ko —susurró con un hilo de voz al tiempo que echaba a andar hacia ella—. Gracias por los bonitos momentos. —Y, tras cogerlas a ella y a Karin de las manos, añadió—: Jamás os olvidaré.
Y, dicho esto, Sakura se volvió y, cuando las dos mujeres hubieron salido de la habitación, corrió a los brazos de su hermana, donde lloró amargamente durante unos largos minutos.
