Capitulo 3: Exámenes, discursiones, y enfermedades...

BELLA:

Habían pasado dos meses desde que hablé con Edward en la cafetería. Desde entonces no habíamos vuelto a dirigírnos la palabra, y por mí estaba bien. No quería escuchar como, él mismo se tiraba flores. Y lo que no entendía es porque se comportó así en su casa cuando quedé con Alice. Él lo único que hacía era enviarme miradas burlónas y cuando se las devolvía, él agarraba a Tanya y la besaba de esa manera que me hacía querer echar hasta mi primera papilla.

Lo único que me había dicho en una ocasión fue:

-¿Eso que noto tras tu camiseta en grasita, Bellita?

Ese comentarío me había dolido mucho. Jamás me había preocupado por mi figura; pero tampoco estaba tan mal, es decir, sabía que tenía un par de kilos de más, pero tampoco era algo que se notara mucho. Por eso nunca me había dado por las dietas o algo así.

Así que solo le di una mirada envenenada y me marché.

Era domingo por la noche, me encontraba en la cama llena de apuntes de biología. Esa era una de mis pesadillas. La biología se me daba fatal. No entendía nada; y lo peor de todo es que mañana tendría un exámen muy importante, el cual sería el 70% de la nota final. Me jugaba mucho en ese exámen. El profesor Benner nos había avisado el viernes, lo que quería decir, que solo teníamos el fin de semana para estudiar tres temas. Si ya en una semana me costaba estudiarme un tema, ¿qué le hacía pensar que podría estudiarme tres, en tres días? Definitívamente se había vuelto loco.

No me sentía bien. Me dolía la cabeza, tenía escalofríos, a pesar de tener la ventana cerrada, la calefacción puesta y dos mangas, más una manta por encima. Definitivamente algo no estaba bien. Sumando que llevaba prácticamente todo el fin de semana sin probar bocado.

Siempre era así. Cuando tenía exámenes o cosas muy importantes; los nervios me atacában al estómago, y no me dejaban comer.

Por suerte Charlie había salido todo el fin de semana de pesca con Harry y Billy, así que no había tenído que lidiar con él por no comer.

Con mucho cuidado de no desordenar los apuntes me levanté y caminé despacio al baño. Me sentía debil.

Abrí el botiquín y saqué el termómetro y me lo puse. Mientras que esperaba, me miré en el espejo y mi reflejo no era muy bueno que digamos.

Tenía las mejillas sonrojadas, el pelo revuelto, y los ojos casi cerrados.

Cuando el termómetro pitó, lo miré y mis sospechas se hicieron realidad. Tenía 38´5.

No podía dejar que subiera más, así que me tomé una pastilla para bajar la fiebre y que me quitara el dolor de cabeza.

Tenía que curarme para mañana. Por nada del mundo faltaría a ese exámen, aunque estuviera muriéndome.

Bajé a la cocina y me comí medio plátano. Tenía el estómago cerrado, pero lo necesitaba para que la pastilla no me cayera mal.

Cuando terminé subí las escaleras despacito y me fui a la habitación a seguir estudiando.

No sé en que momento me quedé dormida, pero la voz de mi padre me despertó.

-Bells- me removió el hombro.

-Papá- me giré y la cabeza me retumbó-. ¿Qué hora es?

-Son las siete y media- dijo y vi que llevaba el uniforme de policía puesto. Me senté de golpe y me mareé.

-Oh...- dije poniendo una mano sobre mis ojos.

-¿Estás bien?- me preguntó.

-Si, si, me levanté rápido- le tranquilicé-. ¿He dormido toda la noche?

-Eso parece. Bueno me voy al trabajo- se despidió.

Por suerte Charlie no era muy observador, pero no me sentía nada bien. A decir verdad, me sentía peor que a noche.

Cuando me aseguré de que se había marchado, me levanté tambaleándome y fui al baño para mirar mi temperatura.

Había subido. Ahora tenía 38´8. Con un suspiró cogí ropa abrigada y me fui a la ducha. Como ya había dicho antes, por nada del mundo faltaría a mi exámen.

Al acabar, me preparé, y sin desayunar, me fui al instituto.

Como llegué algo temprano, seguí estudiando en mi caminoneta, o al menos era lo que intentaba, pero las letras se estiraban y encogían.

Unos golpes en la ventana me hicieron saltar.

-Bella- me saludó Alice, y le puse mi mejor intento de sonrisa.

-Hola- saludé, y guardé todo para salir. Quedaban dos minutos para que sonara el timbre.

-¿Cómo lo llevas?- me preguntó señalando los apuntes.

-Puff..., espero al menos poder aprobar aunque sea raspado- suspiré.

-Vamos dentro- dijo entrando dándo saltitos delante mí.

Iba mirando el suelo intantando no marearme pero desgraciadamente choqué con alguién.

-Pero mira que eres torpe- dijo aquella voz aterciopelada.

-Lo siento, no te vi- me disculpé sobándome la frente. Me iba a estallar la cabeza.

-Pues claro que no me has visto, vas mirando tus zapatillas en vez de al frente- dijo enfadado.

-Perdón- no tenía ganas de discutir, así que me moví y pasé por su lado para llegar a mi siguiente clase.

Lo malo es que el éxamen no lo tenía hasta después del almuerzo. Así que tendría que esperar hasta poder irme a casa y descansar.

Las clases se me hicieron largísimas, a pesar de que no presté atención.

Según iban pasando las clases me iba sientiendo peor. El cuerpo me pesaba, estaba más mareada, y la cabeza me explotaría en cualquier momento.

Al llegar el almuerzo, ni siquiera me molesté en ir a la cafetería. Necesitaba tranquilidad, así que fui a la biblioteca y aproveché para estudiar.

Diez minutos después me llevó un sms de Emmett.

Belly, ¿dónde estás?, te estamos esperando.

Claro, me había olvidado de avisar a mis amigos.

Lo siento, estoy estudiando para mi exámen. No os preocupéis.

Por suerte no había pasado más de dos minutos con ellos hoy, así que no se habían dado cuenta de mi estado, y faltar ahora también me vendría bien para que no de dieran cuenta.

¿Y no vas a comer nada?

Suspiré. A veces Emmett se ponía insistente.

Ya comí antes de entrar. Deja de preocuparte, y déjame estudiar :P Después nos vemos.

Dicho eso, apagué el teléfono y continué con el estudio, o al menos lo intenté.

Al sonar el timbre fui al exámen de biología. En teoría ahora tendría matemáticas y después biología, pero el exámen iba a ser largo, y como en matemáticas íbamos algo adelantádos, el profesor Benner había pedido esta hora para su clase.

Con un suspiro cansado me senté en mi sitio y me preparé. Lo único que quería era acabar lo más pronto posible para poder irme a casa.

De lo mal que me sentía tenía ganas de llorar. Me dolía todo.

Cuando el profesor Benner entró, repartió los exámenes y todos empezamos.

Era horrible, no me acordaba de nada. Tenía en la mente un gran agujero negro que no me dejaba concentrarme. Por más que miraba la hoja, no conseguía entender nada. Las letras cada vez se hacía más borrosas.

-Señorita Swan, estamos en un exámen, no en la hora de la siesta- me regañó el profesor.

-Perdón- dije e intenté escribir algo.

Cuando tan solo quedaba media hora para acabar lo que sería la clase de biología, recogí mis cosas, y le entregué el exámen al profesor, para después marcharme.

Ese había sido el peor exámen que había hecho en mi vida. Se podría decir que me lo había inventado entero.

Fui a mi taquilla para coger un par de cosas y cuando me giré choqué con alguién.

-Vaya, parece que hoy es tu día de chocar conmigo- dijo...

-Edward- murmuré.

-¿Te has vuelto una rebelde y ahora te saltas clases?- preguntó burlón.

-No es asunto tuyo- dije-. Además tendría que decir lo mismo de ti.

-No es lo mismo. Mi profesora de español me ha dejado irme a cambio de un favor- sonrió-. Es una suerte que alguien en este instituto sea fan de mis películas- se pasó la mano por el pelo.

-Me alegro por ti- dije e intenté marcharme. Mis piernas no aguantarían mucho más de pie. Pero Edward no me lo dejó. Colocó ambos brazos a cada lado de mi cabeza apoyándose de las taquillas. No pude evitar dar un salto y cerrar los ojos al escuchar el fuerte golpe al cochar sus manos en las taquillas.

Quizás no fue tan fuerte, pero la cabeza me iba a estallar.

-Qué pasa Bellita, ¿tienes miedo?

-Claro que no- le miré mal.

-Entonces te pongo nerviosa- dijo acercándose más y yo me pegué todo lo que pude a las taquillas.

-Edward, déjame- dije. Solo quería irme y meterme en la cama. Todo me daba vueltas.

-Mira pero si estás roja- se burló.

-Edward, por favor, déjame irme- le pedí en un susurro.

-¿Y por qué crees que te haría caso a ti?- dijo mirándome de arriba a bajo.

-Mira, ¿por qué no mejor te vas con tu novia y me dejas en paz? No tengo ganas de aguntar tonterías de ti- me quejé. Las manos me temblaban del mareo que tenía encima.

-Es más divertido ver tus reacciones cuando estoy cerca de ti- se burló.

-¿Reacciones?- bufé-. ¿Cómo cúal?

-Te pongo nerviosa, porque te gusto- me susurró al oído.

-¿Y no querrás decir que eres tú el que está enamorado de mí?- le cuestioné y él se rió a todo pulmón.

Me masajeé las sienes por el dolor.

-Mira niñita- dijo más serio-. Yo jamás me enamoraría de alguién- me miró despectivamente- tan simple y... soso como tú.

Sus palabras me dolieron.

-Entonces no sé que haces perdiéndo el tiempo aquí conmigo- susurré bajando la mirada para que no viera las lágrimas que empezaban a formárse en mis ojos.

-Eso mismo quisiera saber yo...- dijo tan bajo que casi ni le escuché.

-Tengo que irme- dije.

Como pude le empujé y empecé a correr mientras que las lágrimas empezaban a caer, pero entonces la vista se me nubló completamente, y perdí el conocimiento. Lo último que sentí fue un golpe en la cabeza.

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EDWARD:

Desde que el otro día molesté a Bella, no había podido sacármela de la cabeza. Su olor a fresas me tenía totalmente enloquecido, y no sabía que hacer para olvidarme de ella.

Me había encantado molestar, sonrojarla y ponerla nerviosa, pero hoy la veía especialmente delicada y me apetecía incordiarla. Por eso cuando la vi en su taquilla no lo dudé ni un segundo y me acerqué a ella.

-Vaya, parece que hoy es tu día de chocar conmigo- dije cuando volvímos a chocarnos.

-Edward- murmuró.

-¿Te has vuelto una rebelde y ahora te saltas clases?- pregunté burlón.

-No es asunto tuyo. Además tendría que decir lo mismo de ti.

-No es lo mismo. Mi profesora de español me ha dejado irme a cambio de un favor- sonreí-. Es una suerte que alguien en este instituto sea fan de mis películas- me pasé la mano por el pelo.

-Me alegro por ti- dijo e intentó marcharse, pero no la dejé.

Coloqué ambos brazos a cada lado de su cabeza apoyándome de las taquillas y ella saltó cuando choqué las manos en las puerta.

Esa reacción me sorprendió.

-Qué pasa Bellita, ¿tienes miedo?- pregunté burlón, aunque esa no era la impresión que quería que tuviera de mí. No quería que me tuviera miedo.

-Claro que no- dijo mirándome mal.

-Entonces te pongo nerviosa- me acerqué más y ella se pegó todo lo que pudo a las taquillas.

-Edward, déjame- dijo.

-Mira pero si estás roja- me burlé.

Hoy la veía más roja que de costumbre

-Edward, por favor, déjame irme- pidió en un susurro.

-¿Y por qué crees que te haría caso a ti?- la pregunté mirándola de arriba a bajo.

-Mira, ¿por qué no mejor que te vas con tu novia y me dejas en paz? No tengo ganas de aguntar tonterías de ti- se quejó.

-Es más divertido ver tus reacciones cuando estoy cerca de ti- seguí burlándome.

-¿Reacciones?- bufó-. ¿Cómo cúal?

-Te pongo nerviosa, porque te gusto- le susurré al oído y su olor a fresas me inundó.

-¿Y no querrás decir que eres tú el que está enamorado de mí?- preguntó y no pude evitar reír.

-Mira niñita- dije más serio-. Yo jamás me enamoraría de alguién...- la miré despectivamente- tan simple y... soso como tú.

Jamás admitiría que había algo en ella que me llamaba.

Vi que mis palabras le habían dolido ya que puso una mueca de dolor que disimuló rápidamente.

-Entonces no sé que haces perdiéndo el tiempo aquí conmigo- susurró bajando la mirada.

-Eso mismo quisiera saber yo...- dije para mí mismo.

-Tengo que irme- dijo y me empujó para irse corriendo y la dejé ir.

No pasaron ni cinco segundos cuando escuché un golpe. Me giré y la vi.

Bella estaba tirada en medio del pasillo. Seguro que se había caído con sus propios pies. En el tiempo que llevaba aquí, casi siempre tropezaba a diario, y la mayoría de las veces era con sus propios pies. Jamás había conocido a alguien que hiciera tantas visitas a la enfermería cómo ella.

Rápidamente me acerqué a Bella para burlarme de su torpeza, pero cuando llegué a su altura y vi que aún no se movía me preocupé.

Me agaché, le aparté el pelo de la cara y noté que estaba muy caliente, además de que tenía los ojos cerrados, vi como unas cuantas lágrimas habían salido de sus ojos.

Con mucho cuidado la giré, y noté el chichón que había empezado a formarse en su frente.

-Bella- la removí suavemente del hombro, pero no reaccionó-. Bella, esto no es divertido- me quejé, pero nada.

No sabía que hacer, así que lo primero en lo que pensé fue en llevarla a la enfermería. Si se había hecho daño al caer tendrían que revisarla.

La cogí en brazos y una electricidad me recorrió todo el cuerpo. Jamás había sentido algo así, pero ahora no podía preocuparme por eso, tenía que llevarla a la enfermería; pero cuando llegué a la puerta, vi un cartel que decía que la enfermera había salido, así que no lo dudé ni un segundo y salí con ella hasta mi coche dónde estaba Sam esperándome.

-Señor- dijo cuando me vio.

-Sam, llévame a casa y llama a Carlisle para que se reuna conmigo allí. Es importante. Y dile que lleve su maletín- dije acomodándo a Bella en el asiento de detrás y subiéndome con ella.

Su cabeza iba apoyada en mis piernas. Todavía tenía las mejillas sonrojadas, pero pequeñas gotitas de sudor empezaron a formarse en su frente. Coloqué mi mano en su mejilla y noté que seguía muy caliente. Algo no estaba bien. El clima era demasiado frío como para que la hubiera calentado así. Definitivamente tenía fiebre.

Rápidamente llegamos a casa. Sam abrió mi puerta para ayudarme a llevar a Bella, pero no dejé que la cogiera. Haberla tenido en mis brazos había sido una de las mejores esperiencias de mi vida.

Cuando la tuve asegurada, entré en casa y la llevé hasta mi habitación para dejarla encima de mi cama.

-Señor, su padre está de camino. No ha podido salir antes, y estará aquí en diez minutos- me dijo Sam y asentí.

Sam habrió la cama y yo dejé a Bella dentro. La quité sus convers y la arropé.

Me sentía como un grandísimo imbécil. Ella estaba enferma, y yo ni siquiera lo había notado. Se suponía que mi gran sueño, a parte de ser actor, era ser médico, y ni siquiera había visto que ella no se sentía bien.

Ahora entendía sus reacciones. Ella quería irse a casa a descansar y yo lo único que había hecho era molestarla y probablemente ponerla peor.

Me pateé mentalmente por mi estupidez.

Unos minutos después unos golpes en mi puerta sonaron.

-Adelante- dije.

-Hijo- Era Carlisle-. ¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué estás en casa tan pronto?

-No tengo tiempo para eso- dije levantándome-, tienes que revisarla.

-Es Bella- murmuró-. ¿Qué le ha pasado? ¿Qué le has hecho?- me preguntó.

-Nada- agaché la cabeza avergonzado-. Tiene fiebre y se a caído- dije.

-¿Se tropezó?

-No lo sé, pero creo que más bien se ha desmayado, estaba algo pálida minutos antes- dije.

-¿Sabes si se ha golpeado la cabeza?- preguntó sacando un termómetro de su maletín.

-Sí, le ha salido un huevo en la frente- dije.

Carlisle le colocó el termómetro, y mientras que esperába a que sonase, la revisó el golpe.

-Así no sé cuán grave pueda ser el golpe, pero por el momento le pondrémos hielo para bajarle el hinchazón, luego llamaré a su padre para llevarla al hospital y hacerle un escaner.

En ese momento el termómetro sonó. Tenía 39,00 de fiebre.

-Voy por hielo- dije dándome la vuelta.

-Edward, hay que bajarla la temperatura y con eso no será suficiente- dijo-. Ve al baño y llena la bañera con agua templada. Yo mientras llamaré a tu madre y a Charlie para avisarles que en una hora irémos al hospital- dijo. Iba a darme la vuelta cuando continuó hablando-. Confío en tu juicio y que no harás nada indevido mientras le bajas la fiebre.

-Por supuesto que no. Está enferma; jamás haría algo así- dije ofendido.

Rápidamente llené la bañera, y preparé unas toallas. Cuando salí, Carlisle no estaba, pero escuchaba como seguía hablando por teléfono, así que me acerqué a Bella, la desarropé y empecé a sacarle la ropa, dejándola solo con su ropa interior.

Ni siquiere tuve tiempo para algún pensamiento pervertido. Esto era importante.

La cogí en brazos y la llevé al baño.

Con mucho cuidado la metí en la bañera y sin soltarla empecé a echarle agua en la cara con cuidado. Ella ni se inmutó.

-Edward- Carlisle me habló tras la puerta.

-¿Sí?- pregunté.

-Ya he avisado a todos, así que tenla ahí durante unos quince minutos y después envuélvela en una toalla para que no se enfríe. Esme va a ir a su casa para recoger ropa seca y poder cambiarla antes de ir al hospital.

-Entendido- dije y volví mi atención a Bella.

No podía dejar de sentirme el peor ser del mundo al haberla estado molestando mientras que ella estaba tan enferma. Además, aún no entendía que era lo que hacía ella en el instituto. Lo que tenía que haber hecho era no haberse movido de la cama hasta sentirse bien.

Entonces mi móvil empezó a sonar. Con mucho cuidado de no soltar a Bella, me sequé la mano en el pantalón y lo cogí sin ver quién era.

-¿Sí?- pregunté.

-Eddy- la voz de Tanya contestó- ¿Dónde estás? Te estoy esperando para salir- dijo.

-No estoy allí, me a surgido un imprevisto- dije.

-¿Dónde estás?- volvió a preguntar.

-En casa.

-Entonces voy hacia allí- dijo.

-No- respondí rápidamente-. No vengas, porque voy a salir.

-¿Y se puede saber a dónde?- preguntó molesta.

-Al hospital.

-Oh, nene, ¿te pasó algo?- preguntó algo preocupada.

-No, pero Bella está enferma...-

-¿Bella? ¿La amiga de tu hermana? ¿La sosa que no sabe vestirse?

Me molestó que hablase así de ella.

-Tanya...- la advertí.

-¿Qué pasa? ¿Ahora vas a convertírte en su protector? Además, todavía no me has dicho que haces con ella.

-Ya dije que está muy enferma, y he sido un imbécil con ella.

-¿Y?- se quejó-. ¿Osea que no estás conmigo, solo porque ella está enferma?- preguntó molesta.

-Sí, ella me necesita.

-Oh vamos Edward, ¿desde cuanto ella te importa?- preguntó enfadada-. Además, alejate de los gérmenes, si te pega lo que tenga...

-Tanya...- la advertí cortándola. La paciencia se me estaba acabando.

-Mira Eddy, si no estás aquí en diez minutos lo nuestro se acaba- dijo decidida.

-Entonces te ahorraré la espera. Hemos acabado- dije y corté la llamada.

Toda mi atención volvió a Bella, que empezó a removerse.

-¿Dónde...?- preguntó con voz débil.

-Tranquila- dije y ella terminó de abrir los ojos y me vio.

-¿Qué?- rápidamente se quiso levantar al ver en las condiciones que estaba.

-No, no- la paré-. No te muevas. Te has dado un golpe muy fuerte en la cabeza y no sabemos los daños, además, tienes fiebre, y tenémos que bajártela.

-Pero...

-Lo siento- dije. Hacía mucho tiempo que no dejaba mi imagen de chulo con alguién que no fuera Alice-. Siento haber sido un idiota precisamente hoy, que estás tan enferma.

-¿Qué me pasó?

-Al momento de marcharte escuché un golpe y te vi en el suelo. Creía que te habías tropezado, pero cuando me acerqué y vi que no te movías me asusté mucho. Ahí fue cuando me di cuenta que algo no iba bien.

-Estaba muy mareada- murmuró.

-¿Por qué fuiste a clase si estábas enferma?- pregunté algo molesto.

-Tenía que hacer un exámen muy importante, pero no sirvió de nada. No pude recodar nada por el dolor de cabeza- suspiró.

-¿Alguién más sabía que estabas enferma?- si Alice lo sabía hablaría muy seriamente con ella después.

-No, mi padre se fue rápido esta mañana, y tampoco es que sea muy observador- se encogió de hombros-. Y no pasé más de dos minutos con los chicos, así que tampoco se dieron cuenta.

-Por eso no fuiste a la cafetería- entendí.

-Necesitaba tranquilidad y estudiar.

-¿Entonces no comíste?- pregunté y ella agachó la mirada.

-La verdad es que llevo sin comer desde el viernes- susurró y abrí los ojos sorprendido.

-¿Y se puede saber por qué?- pregunté molesto. Entonces la comprensión me llegó-. ¿Es por lo que te dije el otro día?- si no había estado comiendo por mi culpa... jamás me lo perdonaría.

-No, no tiene nada que ver- dijo.

-No te creo- entrecerré los ojos.

-Pues es verdad. La culpa la tiene ese estúpido exámen- suspiró-. Cuando estoy nerviosa no puedo comer nada.

-¿Y tu padre te permíte que no te alimentes?

-No lo sabe. Salió de pesca todo el fin de semana- dijo-. Edward.

-Dime.

-¿Puedo salir de aquí? Tengo frío- dijo y un escalofrío la recorrió.

Miré mi reloj y vi que ya había pasado el tiempo.

-Sí- dije-. Si te suelto ¿te puedes sostener? Tengo que coger la toalla.

-Creo que si- dijo y se agarró del borde de la bañera.

Cuando me aseguré de que no se caería, me levanté y cogí la toalla que había dejado antes encima del lavabo. Me acerqué a Bella y la ayudé a ponerse en pie.

-Por favor no me mires- suplicó sonrojada.

-Ya te vi antes cuando te desvestí- dije y ella se puso más roja.

-Pero antes no estaba consciente- dijo y sonreí mientras la tapaba con la toalla. La cogí en brazos y la llevé a la cama-. No, no, mojaré la cama.

-No importa- dije dejándola sentada.

-Pero quizás a tu madre si- dijo.

-Es mi cama, así que yo decido, y he decidido que te quedes ahí sentada.

-Está bien- suspiró.

-Iré por hielo para el golpe- dije y salí de la habitación.

Justo cuando llegué a la cocina, Esme entró con una bolsa.

-Edward, ¿cómo está?- me preguntó.

-Creo que le ha bajado algo la fiebre- dije sacando el hielo y envolviéndolo en un paño.

-Charlie no puede venir hasta las ocho, pero me dio la llave para que pudiera coger la ropa de Bella.

-Entonces será mejor que se cambie rápido- dije y cogí la bolsa que había dejado encima de la encimera-. Yo se la llevaré- sin esperar respuesta volví a mi habitación. Bella estaba tenía la espalda apoyada en el colchón-. Te he traído ropa seca- dijo bajito para no asustarla.

-Gracias- se levantó despacito y se llevó la mano a la frente-. Oh- frunció el ceño.

-¿Te duele?- pregunté.

-Sí, es como si me fuera a estallar, además del golpe- se quejó.

-Cámbiate de ropa y así te pondré el hielo. En un rato irémos al hospital.

-¿Al hospital?- preguntó.

-Sí, ya te dije que no sabíams los daños del golpe, así que te tienen que revisar- la expliqué.

-Odio los hospitales- se quejó.

-Pues lo siento, pero es lo que hay- dije encogiéndome de hombros-. Voy a dejarte para que puedas cambiarte. Estaré detrás de la puerta. Cuando acabes llámame- dije y ella asintió

Me giré y salí cerrando la puerta detrás de mí, quedándome pegado a ella para escuchar cuando Bella me llamase.

Unos minutos después escuché un susurro.

-Edward- dijo y entré.

Bella estaba sentada en la cama con un vaquero, una camisea azul, y un jersey de lana azul oscuro.

-Vamos a ver ese golpe- dije cogiendo el hielo que estaba encima de la mesilla-. Túmbate- dije y ella lo hizo. Me me agaché para quedar a su altura y vi que el huevo se había hecho más grande. Con cuidado coloqué la bolsa de hielo encima del golpe.

-Oh- frunció el ceño.

-Lo siento, pero es necesario- dije.

Entonces nuestros ojos se encontraron y fue como si lo demás no existiera a nuestro alrededor. La habitación desapareció, y solo estabamos nosotros, mirándonos a los ojos.

De repente unos golpecitos en la puerta sonaron y nos sacaron de nuestra burbuja.

-Edward- Carlisle entró directamente-. Ya está todo listo para marchárnos.

-Muy bien- contesté dejando el hielo encima de la mesa otra vez.

-Bella ¿como te sientes?

-Si te digo la verdad... horrible- suspiró.

-Tranquila, vamos al hospital y te revisaré- dijo y ella asintió.

Con cuidado de fue incorporándo en la cama. Estaba casi levantada, cuando las rodillas se le doblaron y volvió a caer sentada.

-Oh- colocó una mano en su frente apretando los ojos.

-¿Estás bien?- pregunté nervioso.

-Estoy algo mareada- murmuró.

-Entonces déjame ayudarte- dije y la cogí en brazos.

-No, suéltame, yo puedo bajar- se quejó.

-Oh, sí, seguro- rodé los ojos y salí de la habitación con ella en brazos.

Cuando vio que estaba segura entre mis brazos, y que no la iba a soltar, se relajó y colocó su cabeza en mi hombro, mientras cerraba los ojos.

Llegámos al coche, dónde Carlisle y Esme ya estaban subidos, y Sam esperaba al lado de la puerta de detrás. En cuanto me vio, la abrió.

-Yo puedo subir. Gracias- dijo Bella, y la bajé, asegurándome de que no se caería. Se sentó y yo lo hice a su lado.

-Sam, cuando lleguen mis hermanos, avísalos de donde estamos- le dije a Sam.

-Sí, señor- respondió y cerró la puerta y Bella se estremeció.

-Ven- dije y pasé el brazo por sus hombros y coloqué su cabeza en mi hombro.

Mientras que hacíamos el viaje al hospital en silencio, no pude quitar mi vista de su cara. A pesar de estar enferma, seguía siendo preciosa, y más ahora, que estaba dormida en mi hombro.

Carlisle paró el coche. Levanté la mirada y vi que habíamos llegado al hospital.

Hola! Se suponía que esta semana iba a subir un nuevo capitulo de #QHPSVTP, pero éste ya lo tenía prácticamente hecho desde que subí el capitulo anterior, así que no vi porque no subirlo ya. Jajaja. Quizás actualice durante la semana un nuevo capitulo de #QHPSVTP. Bueno, ¿qué os ha parecido? Edward poco a poco se va ablandando, y más con una Bella totalmente delicada y enferma. XD

Me gustaría que me dijérais siempre, que es lo que os gusta y lo que no, de los capitulos, o si os gustaría que algo en particular pasara en el siguiente. Ya sabéis que acepto peticiones, así que si lo que pidáis me viene bien para el capitulo, lo meto.

Gracias a todas por leer mi historia, y dejarme siempre reviews =) Sois las majores.

(NiCullenRoBri): Me alegra que te gustara el capitulo. Tranquila, este Edward poco a poco se irá dando cuenta de que tiene que dejar de ser tan estúpido. Besitos =)

Ya sabéis que sois más que bienvenidas a mi grupo de facebook: EML-Fanfiction, dónde pondré adelantos de los capitulos, imágenes, fechas orientativas de cada historia... Y también para que me comentéis cualquier cosa que queráis de los capitulos de manera más directa. También podéis agregarme a mi perfil del facebook, dónde también subo imágenes de la saga: Eli MusicLove. Y si necesitáis una Beta, contar conmigo. =)

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Sorry por las faltas que encontréis, y por meteros semejante biblia XD

Espero que os haya gustado el capitulo y me dejéis muchos reviews.

Besitos =)