Capítulo uno:


[RUMORES]


Torreón de Konohagakure, Tierras Altas, 1432

—¡Estas loco, Naruto! — reprendió Shikamaru Nara a el laird de Konohagakure — ¿Te casaras con la muchacha MacHyuga? ¿Es que no habéis oído? Sé que llevas lejos mucho tiempo, luchando en Francia con Sakura, la doncella de Orleáns, pero seguramente recuerdas la profecía de MacHyuga. Se dice que la muchacha viene del país de las Hadas — bajó la voz hasta que apenas se oía el tintineo de los arneses de sus caballos — Algunos dicen que es una bruja.

Las rubias cejas Naruto se levantaron en posición obstinada. — Yo no creo en las brujas, primo.

— Pues deberías — se quejó Shikamaru.

Naruto instó a su caballo a seguir hacia delante, hacia la torre Byakugan donde se encontraba Hiashi MacHyuga, jefe del clan MacHyuga y un aliado de los Namikaze.

— Hiashi MacHyuga se está muriendo — dijo Naruto rotundamente — Y teme por la vida de su hija. No puedo ignorar su llamado. Lo menos que puedo hacer es hablar con él, quizás le puedo sugerir a otro para casarse con ella.

Shikamaru negó con la cabeza — Considero que no deberías considerar siquiera una boda con una mujer del país de las Hadas.

— Pones demasiados oídos a los rumores — se burlo Naruto — Hinata MacHyuga es conocida por su habilidad para las curaciones. Se habla de otros poderes, pero no creeré en ellos hasta no verlo con mis propios ojos.

— ¿Qué pasa con Sakura la Doncella? ¿No poseía poderes antinaturales? Afirmó que su mandato de luchar provenía de Dios.

Naruto miró a lo lejos donde el sol se levantaba para arrojar una luz roja sobre la tierra. Recordando el horrible destino de la joven a quien había luchado por proteger mas no había podido salvar de una muerte ardiente. Sus ojos azules se volvieron turbios endureciendo sus hermosos rasgos.

— Sakura era una verdadera santa. Realmente creía que Dios dirigió sus acciones. Murió mártir de su fe, no fue fácil para mí aceptar su destino. A mis ojos, ninguna mujer puede compararse con ella. Pero ella no esta mas y tengo la intención de obedecer la convocatoria de MacHyuga. Salvó la vida de mi padre una vez, y se lo debo.

Shikamaru parpadeó consternado.— Entonces tienes la intención de casarte con la bruja.

— Yo no diría eso, simplemente tengo la intención de escuchar a MacHyuga.

— Dicen que la chica tiene el pelo negro, cuerpo fibroso y una verruga en la punta de la nariz.

— Basta ya primo— advirtió Naruto. — Puedo tomar mis propias decisiones.

— Sí — dijo Shikamaru con tristeza — Prueba de ello fue cuando tomaste la decisión de ir a combatir a tierra extranjera.

— Es mejor que los ingleses centren su ejército en Francia que en Escocia. Hice lo que creí correcto.

— Y descuidaste tus tierras. Por no hablar de la herida que sufriste a manos del Inglés.

— El tío Jiraya resultó ser más que capaz en mi ausencia. En cuanto a la herida, a su tiempo sanó.

— Sigo insistiendo en que esto es una locura — suspiró Shikamaru — No dudo que la bruja pueda lanzar un hechizo sobre vosotros.

Naruto negó con la cabeza ante la superstición de su primo. Estaba demasiado cansado del mundo y era demasiado cínico para creer en maleficios o brujería.

Había visto y hecho cosas en Francia que terminaron por acabar con su inocencia. Se había acostado con cortesanas, prostitutas consumadas y viudas solitarias. Había matado y mutilado a muchos enemigos en las batallas libradas en suelo extranjero, hasta que termino por encontrar algo tan sagrado, puro e inocente, en Sakura la Doncella, la pobre muchacha que había encontrado una muerte violenta en las llamas.

Después de su muerte, había regresado a Escocia intentando curar sus heridas, pero su recuerdo, aún seguía doliendo en su interior. La confianza en la humanidad ya no existía para él. Sólo Escocia, era real, y Konohagakure.

A pesar de que había obedecido la urgente llamada de MacHyuga, no se casaría con su hija si podía evitarlo. No había muerto la pasión en su interior por otra mujer. Se había jurado velar el resto de su vida por la causa de Sakura con la intención de proteger las tierras altas de la amenaza inglesa.

Cuando el castillo quedó a la vista, Naruto se detuvo, sorprendido al ver una turba bulliciosa agrupada fuera de la puerta. Sacó su espada, animando a sus acompañes a hacer lo mismo.

— ¿Quiénes son esas personas? ¿Podéis oír lo que estás diciendo? — preguntó Shikamaru.

Naruto se movió con cautela. — Estad en guardia.

— No son MacHyugas — señaló Shikamaru — Algunos usan colores del clan de los Õtsutsuki. ¿Qué os parece que están haciendo?

— No lo se, pero tengo la intención de averiguarlo — dijo Naruto, espoleando su caballo. Cuando llego lo suficientemente cerca para oír lo que decían, la sangre se heló en sus venas.

— ¡Quemen a la bruja, quemen a la bruja!

Maldijo por lo bajo sumergiéndose entre los agitadores, aventando golpes en todas direcciones.

— ¿Qué significa esto? — tronó.

— ¡Es la bruja Hinata! — hablo un hombre irguiéndose con valentía. — Sus maleficios están causando estragos.

— Sí — una mujer de rostro duro estuvo de acuerdo — Mi pequeña cayó enferma cuando ella lo miró. Esto es brujería.

— Cuando ella pasó por mis campos, mis cosechas se marchitaron y murieron — observó a un hombre mal vestido.

— Mis vacas no dan leche — afirmó otro — La bruja no puede continuar aquí, viviendo entre gente buena y decente.

— ¿Quiénes de ustedes son MacHyugas? — preguntó Naruto.

El revuelo y miradas evasivas respondieron a su pregunta. No había un MacHyuga entre los denunciantes de Hinata. ¿Quiénes eran? ¿Quién los había puesto en esto? ¿Por qué razón?

— No existe la brujería — gritó Naruto — Volved a vuestras casas

— No mientras esta bruja viva aun y pueda emitir sus maleficios — gritó un hombre— Muerte a la bruja.

Naruto había visto y oído lo suficiente. El jefe MacHyuga estaba en lo cierto. El peligro impregnaba el aire a su alrededor. Según todas las indicaciones, Hinata MacHyuga estaba en serios problemas. La pregunta era si los cargos en su contra tenían justificación.

Naruto agitó su espada sobre su cabeza y gritó: — ¡Fuera les digo! Si vuelvo a verles por aquí, mis hombres y yo acabaremos con ustedes.

La amenaza fue suficiente para que los acusadores de Hinata huyeran.

— ¿Pensáis que lo hicieron por si mismos? —preguntó Shikamaru.

— Alguien los puso en esto, y tengo la intención de averiguar quién.

Naruto golpeó la puerta con la empuñadura de su espada.

— ¿Quién sois? —preguntó el portero.

— Naruto Namikaze. Su Laird envió por mí.

La puerta se abrió, admitiendo a Naruto y sus guardias.

— ¿Se ha ido los demás? — preguntó el portero, asomándose.

— Sí, los he expulsado. ¿Dónde están los guardias del laird?

El anciano dio un bufido de desprecio.

— Hidan se los llevó con él a Edimburgo, dejando tras de sí nada más que un puñado de campesinos para atender al anciano Laird y su hija — Cerró y atrancó la puerta. — Vamos hasta el castillo. Mi señor os espera. Su visita es todo lo que lo mantenía vivo.

Naruto se deshizo de su sentimiento de aprensión mientras se acercaba al castillo. Un muchacho corrió a tomar su caballo mientras desmontaba, y rápidamente subió las escaleras, mientras sus hombres seguían al muchacho a los establos. Un anciano que llevaba el plaid MacHyuga abrió la puerta; su rostro se iluminó cuando reconoció la manta que Naruto Namikaze llevaba.

— ¿Sois Naruto Namikaze?

— Sí — dijo Naruto, pasando por encima del umbral — Su señor me está esperando.

— Tomad asiento y descansad, mientras le avisamos que estáis aquí.

Naruto cruzó el amplio vestíbulo y se sentó en una silla junto a la chimenea. Una sirvienta apareció, empujando una taza de cuero llena de espuma de cerveza en su mano.

— ¿Queréis un poco de güisqui mejor? — preguntó con timidez.

— No, muchacha — dijo Naruto. En verdad que una gota del fuerte Whisky escocés le sentaría bien en el estómago después de su largo viaje, pero quería tener la mente clara cuando hablara con Hiashi MacHyuga.

Naruto estaba terminando su cerveza cuando sus hombres entraron en la sala.

De inmediato les ofrecieron jarras de cerveza y vasos de licor. Mas la situación seguía siendo tensa para Naruto, era más grave de lo que había sospechado.

Con cautela, miró por encima del hombro, como si esperara encontrar a una bruja de nariz aguileña echándose sobre él. Maldijo para si mismo sintiéndose un tonto, apuró el último trago.

Los escoceses eran muy supersticiosos. Naruto recordó historias de un hombre llamado Jubertus que se suponía había asesinado a unos niños convirtiéndolos en polvo. Desde el polvo, los niños se convirtieron en demonios. De acuerdo con la iglesia, la brujería era una herejía y se castigaba con la hoguera.

Por desgracia, el rey Rikudõ no había hecho nada para aliviar la histeria que rodeaba a la brujería. De hecho, parecía tener una fascinación enfermiza con esto y no sentía ningún remordimiento por la quema de brujas. Naruto pensaba en Hinata, y un escalofrío de temor corrió por su espina dorsal.

— El laird MacHyuga está ansioso de veros — dijo Tokuma a Naruto — Sígueme. Yo os llevaré con él —hablo arrancándolo de su pensamientos.

— No hay nadie más ansioso de verlo que yo. ¿Cómo está?

— Débil, pero lúcido. Me temo que no durará mucho en este mundo. No hagáis mucho caso de mis palabras, pero las cosas van a cambiar mucho por aquí, una vez que Hidan se convierta en Laird. Y no para bien.

Hablaba con tal amargura que Naruto se puso de inmediato en guardia. Lo poco que sabía acerca de Hidan MacHyuga eran rumores.

— Hiashi se cansa rápidamente — advirtió Tokuma mientras le guiaba hasta la escalera que llevaba al dormitorio del amo.

— Voy a tratar de no cansarlo demasiado — dijo Naruto cuando Tokuma abrió la puerta y se quedó a un lado.

— Estaré aquí afuera si tenéis necesidad de mí —dijo Tokuma.

Naruto entró en la habitación.

— Cierra la puerta y acércate —exigió con voz débil. Naruto cerró la puerta y se acercó a la cama.

—Estoy aquí como vos lo solicitáistes, Laird MacHyuga.

— Gracias, Naruto. He oído que habéis sido herido en Francia.

Naruto apenas reconoció al hombre escuálido tendido en la cama. MacHyuga era una mera sombra de sí mismo. Sus ojos hundidos y las mejillas ya tenían el aspecto de la muerte sobre ellos.

— No fue nada — dijo Naruto — Una herida de lanza en el muslo, que ya sanó — acercó un banco a la cama.

— ¿Habéis leído mi carta? — pregunto Hiashi.

— Sí.

— ¿Es todo lo que vais a decir? ¿Solo responder sí o no? No me queda mucho tiempo, y me gustaría ver a mi hija segura. Vos sois el único hombre lo suficientemente fuerte como para protegerla.

Naruto considero mencionar su enfrentamiento en la puerta, pero decidió que sería mejor para la salud de Hiashi no enterarse del peligro que corría su hija, se mantuvo callado.

La contemplación silenciosa de Naruto parecía agitar Hiashi.

— Decid algo. Es bastante poco lo que pido ¿No salve la vida de tu padre cuando éste fue detenido en 1425 acusado de haber apoyado el duque de Senju durante los años que el rey Rikudõ lo tuvo prisionero?

— Sí — reconoció Naruto — Y os estoy muy agradecido por ello. Pero lo que pedís es...

— Supongo que habéis oído el alboroto en la puerta cuando llegasteis — interrumpio Hiashi — Nada de eso es verdad. Mi muchacha no es una bruja, es solo una sanadora. Un hada amada por los miembros de su clan por sus habilidades curativas —se levantó sobre un codo y agarró el brazo de Naruto con una mano huesuda — Amo a mi hija, Naruto. No quiero que le hagan daño.

Naruto le obligo a recostarse.

— ¿Quién le haría daño si esta con los suyos?

— Escucha con atención, Naruto, porque el tiempo se acorta. Es necesario que desposéis a Hinata y te la lleves antes del regreso de Hidan. He establecido una generosa dote para ella, y todo esto será tuyo, incluidas las tierras en la isla de Skye.

Naruto frunció el ceño.

— ¿Estáis diciendo que Hidan desea hacer daño a Hinata?

— Sí. Esta celoso de su hermana y teme a sus poderes. Por mucho que me duela decirlo, Hidan no es un buen hombre.

La confusión oscureció la frente de Naruto.

— ¿Cómo podría hacer daño Hinata a Hidan o Õtsutsuki contra de sus deseos?

— He estado enfermo durante mucho tiempo, y Hidan ha ido poco a poco usurpando mi autoridad. Se ganó la lealtad de mi guardia cuando se dieron cuenta que estaba en mi lecho de muerte.

— ¿Qué tiene que ver Õtsutsuki en todo esto?

— Hidan ha formado una alianza con Õtsutsuki. No estoy seguro pero creo que Õtsutsuki quiere a Hinata por sus poderes. Con su ayuda pretende convertirse en el jefe más poderoso de las Tierras Altas. Él la codicia por razones egoístas y no por la dulzura que habita en ella. Quiero un mejor destino para mi muchacha.

— Lo siento, Hiashi, pero no tengo ningún deseo de casarme.

— No me digas no, Naruto —declaró Hiashi— eres mi única esperanza de salvar a Hinata.

La respiración de Hiashi fue tan dificultosa que Naruto temía que estuviera en peligro inminente de expirar. El color desapareció del rostro del anciano, y su rostro demacrado comenzó a temblar incontrolablemente.

— Muy bien, Hiashi, me casaré con tu hija — dijo Naruto, respetaba demasiado a MacHyuga para negar su petición al morir.

— Anunciaremos el compromiso, y en unos años nos casaremos

El malestar de Hiashi era palpable.

— ¡No! ¡Es necesario casarse con ella ahora! Hoy mismo antes del regreso de Hidan. Debéis estar debidamente casados y el matrimonio consumado de inmediato. Si Hinata pretende protegerse de las maquinaciones de Hidan, no debe haber ninguna duda sobre la legalidad del matrimonio. Una vez que Hinata este casada y sea tu mujer, la puedes llevar a Konohagakure contigo.

— ¿Hinata quiere esto? ¿Está dispuesta a casarse con un desconocido?

Al ver los párpados caídos de Hiashi. Naruto pensó que se había quedado dormido, hasta que abrió los ojos.

— Hinata es una chica testaruda, pero me va a obedecer. Vosotros sois conscientes de la Profecía, ¿Has oído hablar de ella?

— Sí, lo he escuchado, pero no creo en las mujeres del país de las Hadas, ni en las brujas.

— Hay una cosa más que debes saber acerca de Hinata. Tiene miedo de enamorarse. Según la leyenda, perderá sus poderes si ama en vano, por lo que resistirá.

Naruto se sintió aliviado de que Hinata no esperara más de él que su protección. Había entregado su corazón a Sakura y todavía sufría por esa niña inocente que creía que Dios le habló. Dudaba de que alguna vez volviera a amar.

— ¿Qué decís, Naruto Namikaze? ¿Vais a casarse con mi muchacha y mantenerla a salvo?

— Quizá deba hablar primero con su hija — hablo Naruto.

— Os advierto — dijo Hiashi con un grito de asombro dolido — no hay tiempo para vacilar.

En el momento justo, Tokuma apareció en la puerta. — ¿Queréis que vaya a buscar a la muchacha, Hiashi?

— Sí, Tokuma, dile a Hinata que venga a atenderme.

Hiashi volvió a caer sobre la almohada, con el rostro ceniciento.

— ¿Por qué no te sana tu hija? — preguntó Naruto — Dices que es una sanadora, y vos estáis muy enfermo.

Hiashi dirigió a Naruto una sonrisa triste. — Soy anciano y me he ganado el descanso eterno. Hinata no hace milagros. La he visto curar una herida con solo tocarla, pero no hay cura para el cáncer dentro de mi estómago —suspiró y cerró los ojos — Mi único pesar es dejarla a merced de aquellos que desean hacerle daño. Es por eso que os he llamado a mi lecho de muerte, Naruto. ¿Vais a proteger a mi hija sea quien sea?

La puerta se abrió.

— ¿Querías verme, padre? ¿Te duele? ¿Traigo algo para aliviar tu sufrimiento?

Preparándose para su primera mirada a la mujer a la que llamaban bruja, Naruto se volvió para hacer frente a Hinata MacHyuga. Pidió en voz baja que no fuera tan fea como Shikamaru había descrito. ¿Podría ir a la cama con a una mujer de inusual belleza y olvidar su reputación como bruja?

Naruto parpadeó, parpadeó otra vez, mirando bruscamente la visión junto a la puerta. La chica era delgada y delicada, con una calidad etérea. Un manto de pelo oscuro con destellos azulados envolvía su forma delgada en el misterio. Vio que se acercaba a la cama.

No caminaba como un simple mortal, flotaba. Su rostro no mostraba ni una sola mancha, ni una sola marca de brujería. Sus ojos eran como dos lunas, iguales al mismísimo satélite natural que iluminaba los páramos de los escoceses.

Naruto se dio cuenta que tendría que buscar muy lejos para encontrar a una mujer tan hermosa como Hinata MacHyuga. Tenía la nariz recta y pequeña. Su mirada apreciativa se detuvo en sus altos pómulos, los labios generosos y la barbilla con un gesto terco antes de pasar a sus otros atributos.

El vestido de color morado oscuro cubría su esbelta forma de pies a cabeza e hizo poco para disimular sus curvas femeninas.

Hinata MacHyuga no era una hechicera escuálida.

— Acércate, muchacha —ordeno Hiashi, doblando un dedo huesudo hacia ella.

Con una mirada de soslayo reconoció la presencia de Naruto cuando se acercó a la cama.

— ¿Qué puedo hacer por vos señor? ¿Te duele?

— No más de lo habitual, muchacha. Hay alguien aquí me gustaría que conocierais.

Hinata se volvió para saludar a Naruto y se congeló.

¡Era él!

El hombre de sus sueños, que poseía la misma vitalidad y la fuerza masculina como el amante en su visión.

Sus cejas eran rubias que figuran por encima de los ojos azules como el mar, y el pelo rubio visible debajo de su gorro. Más alto que los MacHyugas, irradiaba poder y agilidad.

Estaba rodeado de un aura de masculinidad y peligro. Sus manos eran grandes, y las piernas por debajo de la falda escocesa estaban en forma. En general, su masculinidad implacable era intimidante, pero aún así no podía apartar la mirada.

— ¿Ella es Hinata? — preguntó Naruto.

— Sí, esta es mi muchacha. Hinata, saluda a Naruto Namikaze, tu futuro marido — refirió con orgullo.

La sonrisa de Hinata se disolvió en una mirada de asombro. — Padre, ¿qué has dicho?

— Solo lo que cualquier buen padre haría — dijo Hiashi — Naruto, os mantendrá a salvo después de que me haya ido. No confió en que Hidan cuide de ti.

El corazón de Hinata cayó a sus pies mientras lanzaba una mirada de reojo a Naruto Namikaze. ¿Qué iba a esperar de ella como una mujer? No podía entregar mucho de si misma a ningún hombre. La profecía es clara. No podía amar, o amaría en vano. Ser sanadora era su vida y en esta no tenía cabida para un marido.

Se volvió hacia Naruto. — ¿Esta usted de acuerdo con esto?

Naruto se movió incómodo.

— Le debo a su padre una gran deuda. Es lo menos que puedo hacer por él.

— ¿Por qué no se casa con él entonces?

— Yo podría decir lo mismo de ti — disparó Naruto.

— ¡Basta!— gruñó Hiashi — ¿Vais a casarte con mi muchacha, Naruto Namikaze?

La barbilla obstinada de Hinata se inclinó hacia arriba.

— No me casarse con Naruto Namikaze... o con cualquier otro hombre.

Hiashi abrió la boca:

— ¿Prefieres a Toneri Õtsutsuki? Quiero lo mejor para ti, Hidan te ha prometido al laird Õtsutsuki.

Un estremecimiento de repulsión recorrió a Hinata. Ella sabía para qué la quería Õtsutsuki. Codiciaba sus poderes y la obligaría a utilizarlos con fines malignos.

— No quiero a Õtsutsuki. No quiero a ningún hombre.

Y especialmente no un hombre como Naruto Namikaze. Todo sobre él la atraía. Era un hombre sin igual, un hombre que cualquier mujer podría amar. Pero la voz interior le advirtió que su corazón pertenecía a otra.

¿Podría casarse con Naruto Namikaze, si no la amara? , se preguntó. Su alianza con el laird Namikaze era el deseo de su padre. ¿Podría negar lo que pedía y tener paz después?

Afortunadamente, no tenía que amar a Naruto Namikaze.

— Me gustaría hablar con Hinata en privado antes de que decida —pidió Naruto, interrumpiendo sus pensamientos.

— Sí, pero no aceptare una negativa —dijo Hiashi — Hinata tienes que valorar tu vida.

Naruto miro a Hinata dirigiéndose hacia la puerta, al parecer esperando que ella le siguiera. Odiando su arrogancia, Hinata fue tras el a terminar con esto de una vez por todas.

— ¿Dónde podemos hablar? — preguntó Naruto.

— Aquí — dijo Hinata, empujando por delante de él para salir al pasillo y entrar en una alcoba. Naruto la siguió de cerca. Ella se volvió para enfrentarse a él. — ¿Qué es lo que deseas decirme y que no puede escuchar mi padre?

— Sólo esto. Tu padre está muriendo, y teme el daño que vendrá sobre ti después de su muerte. Me ha pedido que me case contigo y estoy dispuesto a cumplir su petición — le envió una mirada desafiante.

— ¿Has escuchado hablar de la profecía?

— No es más que una leyenda. No creo en ellas, ni en espíritus o hadas. Tampoco te pido tu amor, si eso es lo que temes. Soy un hombre de amplia experiencia y no tendré dificultades para satisfacer mis necesidades. Si no deseas una relación íntima, entonces que así sea. No necesito un heredero. Tengo parientes en abundancia como para que puedan tomar mi lugar después de que me haya ido.

Ella se estremeció.

— Haces que esta alianza entre nosotros suene tan fría.

— Estoy siendo práctico.

— ¿Amas a otra?

Naruto miró hacia otro lado, una nube de tristeza recayó en sus ojos.

—Sí, pero no en la forma que piensas. Mi amor es puro y verdadero. En un plano más elevado que el amor terrenal.

Hinata se preguntaba qué prodigio de mujer seria esa, mas rápidamente desestimó su pregunta. No quería saber. Si debía casarse con Naruto Namikaze, cuanto menos supiera sobre su estado emocional, mejor. Sin embargo, no podía olvidar sus sueños. El era tan real.

Tan real que cuando lo miró, su mirada parecía penetrar por encima de la ropa al cuerpo de su guerrero. Cerró los ojos y lo vio elevarse sobre ella erguido y listo. En sus sueños, ella le habría dado la bienvenida.

El calor la envolvió, y un grito escapó de sus labios.

La voz ronca de Naruto la arrancó de su visión.

— ¿Estás bien, muchacha?

Sus párpados se abrieron de golpe y lo vio mirándola fijamente, entornando los ojos con sospecha.

— Sí, estoy bien.

Naruto estudió el rostro de Hinata con la intensidad.

— Tu padre dijo que tenías poderes curativos. ¿También tienes visiones? — su expresión se volvió severa. — Antes de responder, te advierto que no permitiré cualquier incursión en la brujería. Una vez casados no asustaras a mis parientes con hechizos y tonterías. Podrás sanar sus males, pero no habrá nada mágico.

Hinata dio la vuelta.

— Quizá tengo que pensar en mis posibilidades con Õtsutsuki. Aunque estoy totalmente dispuesta a entenderlo no quiero negar mis poderes, y hay veces que no puedo deshacerme de ellos cuando me visitan los espíritus.

Naruto le envió una mirada tensa.

— Esa forma de hablar es peligrosa en estos tiempos.

Hinata se irguió en toda su estatura.

— No voy a negar quien soy, mis poderes no se utilizan con fines perversos.

— Lo he dicho no habrá conjuros en Konohagakure sean buenos o no. ¿Volvemos con tu padre?

Hinata se negó. No conocía a Naruto Namikaze. Su belleza exterior contrastaba con su carácter áspero. ¿Qué clase de marido podía ser? Le había prometido protegerla, pero a su manera. Tenía otro amor en su corazón y jamás la amaría. Pero eso era bueno ¿no? Saber que jamás la amaría le impediría perder su corazón. Debía prestar atención a la profecía.

— Bien, Naruto Namikaze. Me casare contigo para que mi padre pueda morir en paz, pero no habrá intimidad entre nosotros — Naruto parecía mas divertido que decepcionado.

— Como quieras, muchacha. No tengo ningún problema al tomar una amante o dos.

La idea de pensar en Naruto con otra mujer provocó una punzada desagradable en Hinata. ¿Por qué me importa? Sabía muy poco sobre el laird Namikaze. Solo lo que veía en sus sueños recurrentes. Y era más erótico que informativo. Por más que trató de negarlo, los espíritus lo habían proclamado su futuro.

— Que así sea —dijo Hinata— Me caso contigo en mis términos, Naruto Namikaze.

— Me caso contigo para pagar una deuda a tu padre — contestó Naruto. Le ofreció su brazo — ¿Vamos a darle la buena noticia?

Volvieron juntos a la habitación, donde les esperaba con ansiedad Hiashi.

— ¿Qué habéis acordado?— preguntó Hiashi.

— Aceptamos — anunció Naruto.

— ¡Sabía que no iban a defraudarme! — dijo Hiashi — Por lo mismo he enviado a Tokuma por el sacerdote. Debéis llevar a Hinata con vos a Konohagakure inmediatamente después de la consumación.

— ¿Consumación? — chillo Hinata.

— ¿Es necesario? — preguntó Naruto.

— Sí. No debe haber ningún motivo para disolver el matrimonio. Nada debe ser dejado al azar. Deben consumar sus votos inmediatamente después de la ceremonia.

— ¡No! — exclamó Hinata.

— Debes obedecer, hija — insistió Hiashi fijando su mirada en Naruto — Voy a confinar en ti, Naruto Namikaze. ¿Cumplieras con tu deber de esposo?

Naruto miró a Hinata, conmovido por su belleza, sin embargo, incómodo con lo que ella era. Ni él ni Hinata querían ése matrimonio, pero no tenía corazón para negarse a la petición del laird.

— Voy a cumplir con mi deber, Hiashi — estuvo de acuerdo — Me casare con tu hija, y la llevare a Konohagakure conmigo cuando me vaya. Juro que la protegeré con mi vida.

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Continuará...


Contexto Histórico:

Juana de Arco, es de quien hablan aquí al referirse a Sakura, quise adaptar la historia completamente a los personajes de Naruto... pero es importante en el corazón del personaje de Naruto por eso quiero poner un poco de la historia de ella si no la conocen:

Juana de Arco
, también conocida como Santa Juana de Arco o la Doncella de Orleans, fue una joven campesina francesa que guió al Ejército francés en la guerra de los Cien Años contra Inglaterra, logrando que Carlos VII de Valois fuese coronado rey de Francia.

Mientras su país estaba en plena guerra, Juana de Arco comenzó a experimentar una serie de sucesos que calificó como tan solo 13 años, la joven Juana aseguró haber visto a San Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita.

Estas visiones cambiaron el destino de la doncella. Según se cree, estas visiones le ordenaron llevar una vida "devota y piadosa". Años más tarde, fue Dios el que la encomendó otra misión: ayudar a Francia a recuperar el trono.

En 1429, Juana de Arco, bajo órdenes divinas, dirigió el ejército de más de cinco mil hombres que le confió el heredero francés a la victoria en Orleans. Este hecho permitió que Carlos VII fuera coronado de manera simbólica como rey de Francia en Reims.

La joven Juana de Arco, tras cumplir su misión, dejó de oír las voces y quiso regresar a su casa. Sin embargo, antes de partir, le esperaban dos combates más: en París y en Compiègne.

En esta última batalla, el 24 de mayo de 1430, fue capturada por el duque de Borgoña. Tiempo después fue vendida al ejército inglés para que fuera procesada.

Juana de Arco fue trasladada a Ruán y juzgada por un tribunal eclesiástico. Durante este proceso, la joven francesa declaró que las voces que oía procedían de los santos y de Dios. Sin embargo, el tribunal la acusó de brujería y afirmó que las voces a las que hacía referencia eran del diablo.

El proceso contra Juana de Arco duró unos tres todo ese tiempo, el tribunal eclesiástico se aseguró que la heroína francesa no tuviera posibilidad de defensa.

Se cree que Carlos VII, a pesar de haber recibido la ayuda de Juana, no hizo nada para ayudarla.

En un momento de su declaración durante el proceso, Juana de Arco se retractó de sus declaraciones. Esto hizo que se le conmutara la pena de muerte por la cadena perpetua.

Tiempo después volvió a reafirmarse en que las voces que oía tenían origen divino, por lo que la condenaron a muerte. condenada a la hoguera, fue ejecutada el 30 de mayo de 1431 en la plaza del mercado viejo de Ruán

Fue beatificada en 1909 y canonizada en 1920, convirtiéndose en la patrona de Francia y en símbolo de la unidad nacional.