Capítulo dos
[EL MATRIMONIO]
Un discreto llamado a la puerta anunció al sacerdote. Naruto miro con gran asombro como el huesudo escocés llevaba el plaid MacHyuga sobre su negra sotana dirigiéndose a la cámara. Se fijó también en sus cabellos color de llama y la barba, parecía que los vikingos habían invadido sus tierras hacía mucho tiempo.
— Tokuma dijo que estaba todo listo — dijo el sacerdote con gran voz.
— Gracias por venir, Lachlan. Naruto Namikaze está dispuesto a casarse — dijo Hiashi — Pueden empezar Lachlan.
Escudriñó el rostro de Naruto, y luego extendió la mano.
— Soy el Padre Lachlan MacHyuga. ¿Habéis acordado casaros con Hinata?
— Sí— contestó Naruto.
— ¿Y tu Hinata? ¿Quieres casarte con Namikaze?
— Por supuesto que lo hará — replicó Hiashi.
Hinata asintió con la cabeza bruscamente. Naruto pensó que parecía un ciervo atrapado buscando la manera de escapar.
— Sí, me casare con Naruto Namikaze.
Como si fuera el momento justo, Tokuma y una mujer mayor, que Naruto jamas habia visto antes entró en la cámara. El Padre comenzó el ritual que uniría para siempre a Naruto y Hinata.
La ceremonia fue breve. Cuestión de minutos nada más, dejando a Naruto con una extraña sensación en la boca del estómago. Hinata no era la mujer de sus sueños. Sin embargo, era suya para protegerla hasta que la muerte los separase.
— La consumación — exclamó Hiashi. — Sigue con la consumación.
Hinata le dirigió al Padre Lachlan una mirada suplicante, pero no hizo caso de su muda súplica.
— Tu padre tiene razón, muchacha. Es para tu propia protección. Namikaze es tu esposo ahora, no debes avergonzarte por ello.
— Ahora puedo morir en paz —dijo Hiashi instándolos a retirarse — Lachlan me acompañara en mis últimas horas.
— Por favor padre —sollozó Hinata. — Déjame quedar contigo.
— No, hija. Mi alma está en paz ahora que sé que habéis de estar a salvo de las maquinaciones de Hidan. Si todavía estoy vivo mañana, ven a decirme adiós. Si ya he muerto, no llores demasiado por mí. He vivido una vida plena. Mis últimos votos son por tu felicidad, así que haz lo que digo, muchacha, y obedece a tu marido. En cuanto a ti Naruto Namikaze, habla con mi administrador, él se encargará que la dote de Hinata te sea transferida.
Sintiendo que Hiashi estaba en el extremo de su resistencia, Naruto agarró el codo de Hinata y la condujo fuera de la cámara.
— ¿Dónde está tu habitación? — preguntó con voz ronca.
— No pensaras hacerlo ahora mismo... mi padre se está muriendo y...y...
Naruto se puso tenso.
— ¡Es lo que tu padre quiere, Hinata!. Hemos perdido demasiado tiempo ya.
Si bien se había resignado a la suerte que su padre había elegido para ella, Hinata se dio cuenta de que no podía escapar del hecho que ahora era la esposa de Naruto Namikaze. A pesar de que habían acordado en privado que no intimarían su padre había frustrado sus intenciones imponiendo su voluntad sobre ellos.
— Hare esto por mi padre, pero sólo por esta vez — insistió Hinata
— De acuerdo — dijo Naruto. — Aunque prefiero que mis mujeres estén dispuestas y ansiosas.
Haciendo caso omiso de su observación Hinata camino a lo largo de la galería y torció por un largo pasillo. Deteniéndose ante una puerta cerrada, vaciló un momento antes de abrirla.
— Dame un poco de tiempo... para prepararme — dijo Hinata.
Unos pasos deslizándose por el oscuro pasillo alertaron a Naruto, se giró en la dirección del sonido.
— ¿Quién anda ahí?
Echando un vistazo por encima del hombro de Naruto, Hinata vio que Natsu se acercaba
— ¡Es sólo Natsu, mi doncella!
— He venido para ayudar a preparar a Hinata. Déjadnos, Laird Namikaze. Os iré a buscar cuando Hinata esté lista para vos.
— ¿Tienen un cuarto de baño? — preguntó Naruto.
— Sí, más allá de la cocina. Pregunte a Tokuma, él os lo mostrará
— Sí, pues. Voy a darme un baño mientras espero por mi novia. — girando sobre sus talones, se alejó.
— No es tan malo — cacareó Natsu cuando noto la expresión de pánico de Hinata. — Es un buen mozo, grande y fuerte.
— ¿Crees que me importa eso? — exclamó Hinata. —¿Te has olvidado de la profecía? No puedo dejar que Naruto Namikaze entre en mi corazón. El ama a otra y nunca la olvidara. Tendré que endurecer mi corazón porque amar en vano traería el fin de mis poderes.
— Ay— se burlaba Natsu. —Eso no significa que no puedas disfrutar con él en la cama. Es un hombre viril. No esperes que viva como un monje.
— Lo sé. Le di permiso para tomar una amante, y él estuvo de acuerdo. Esta noche es por mi padre, porque él exigió una consumación, pero será la primera y última vez que voy a acostarme con Naruto Namikaze.
— Muchacha tonta — murmuró Natsu— Ven conmigo. Vamos a prepararte, no sea que tu marido se impaciente si llega y no estas lista.
Renovado por el baño, Naruto regresó a la sala y se sentó en una silla delante de la chimenea. Cuando una criada se acercó, le solicito una jarra de wisky. Sentía la necesidad de algo más fuerte que cerveza antes de acostarse con una virgen rebelde.
Estaba mirando a las llamas, meditando acerca de su destino, cuando su primo Shikamaru se unió a él.
—¿Vas a casarse con la muchacha?— pregunto Shikamaru mientras sacaba un banco al lado de Naruto.
—Sí— contestó Naruto, renuente a decir más.
Shikamaru se quejó.
— Och, es una vergüenza. ¿La habéis visto? ¿Es tan fea como dicen?
Naruto suspiró y tomó otro sorbo de whisky, saboreando su suavidad cuando se deslizó por su garganta. — Se parece más a un ángel que a una bruja.
— Es lo que me temía— suspiró Shikamaru— Te han embrujado. Es lo que hacen las brujas. Vayamos ahora antes de que te arrastre mas profundo.
— Mi señor, su esposa está esperando — informo Natsu mientras se acercaba a los dos hombres.
— ¿Tu esposa? — jadeó Shikamaru. — No me dijiste que te habías casado con la bruja.
Naruto se levantó y se estiró, con una expresión sombría.
— Tu consejo llega demasiado tarde, Shikamaru. Mi novia me espera en el lecho nupcial.
Impresionado por sus palabras, Shikamaru se congeló con la boca abierta, cuando Naruto poco a poco se abrió paso desde el vestíbulo.
Los sentimientos de Naruto fueron mixtos. Se había casado en contra de su mejor juicio para complacer a un hombre moribundo, y no esperaba nada del lecho nupcial. Hinata dejó muy en claro su objeción a la intimidad entre ellos, y él sabía que no podría disfrutar al acostarse con ella en contra de su voluntad.
No es que la encontrara repulsiva. Cualquier hombre en su sano juicio la querría en su cama. Era el hecho de que fuera una bruja lo que lo detenía, Hinata misma confesó que poseía poderes. Pero él no era un hombre supersticioso, más tenía que ser prudente.
Naruto llego a la alcoba y se detuvo con la mano en el pestillo. Llamándose a sí mismo absurdo por dudar, abrió la puerta y entró. El día se había oscurecido con la tormenta, y la habitación era una profunda sombra, un recordatorio inquietante de con quien se había casado.
Al principio no la veía. Cuando sus ojos se acostumbraron a la tenue iluminación, espió su posición cerca de la ventana, los brazos levantados, como si abrazara a alguien que no podía ver. Un escalofrío le recorrió la espalda.
Ella debió haberlo escuchado, porque se dio la vuelta, y su visión lo dejo sin habla. Iba vestida con algo blanco, casi transparente. Sus brazos estaban desnudos, el pelo oscuro detrás de sus hombros parecía un halo brillante alrededor de su cabeza. Era espectral y frágil, como si estuviera a punto de echar a volar. A medida que su apreciativa mirada vagaba libremente sobre su figura, sintió una clara agitación en la ingle.
Hinata MacHyuga era muy femenina, y tenía curvas para demostrarlo. Bruja o no, no tendría problemas para hacer el amor con ella. Un zumbido se apodero de su cabeza, cuando sintió crecer su falo en toda su rígida longitud. Poco a poco avanzó hacia ella, encogiéndose cuando la vio alejarse de él.
— No debes temer Hinata MacHyuga. No te haré daño
la barbilla de Hinata se alzo. — No le temo a ningún hombre. La Profecía...
— Olvída la Profecía. Estamos casados. El último deseo de tu padre se debe cumplir. — le tendió la mano. — Ven a la cama, muchacha.
Evitando su mano, Hinata se deslizó cuidadosamente hacia la cama. Tocar a Naruto Namikaze no era una buena idea.
Sus sueños eran aún demasiado vivos, demasiado reales. Lo recordaba en sus visiones tan fuerte y viril, su cuerpo debajo de su ropa, ¿Cómo se sentiría en su interior?
Tragó saliva.
Esta era la realidad. Mucho más potente que sus sueños. Lo había visto en sus sueños y visiones tantas veces que sentía que ya lo conocía íntimamente, cada duro plano, cada musculo esculpido. Y ahí estaba el, excitante y peligroso. Sería tan fácil amarlo.
Naruto miro a Hinata subir a la cama con gran anticipación. Con impaciencia se quitó el chaleco y comenzó a desabrocharse la camisa, tirando ambas prendas en un banco cercano. Entonces empezó a desenrollar la tela escocesa.
Como la mayoría de los Escoceses, no llevaba nada debajo, y cuando se la quitó la escucho jadear.
Sabía que iba demasiado rápido para una doncella a quien había conocido apenas unas horas atrás, pero no era capaz de ayudarse a sí mismo. Ella desvió la mirada mientras se subía a la cama.
— Hinata, mírame.
Cuando ella se negó, la tomó de la barbilla y la volvió hacia él. — No debes ser tímida, muchacha. Si esta va a ser nuestra única vez, quiero que sea agradable para ti —se estiro a su lado. — Relajate.
Antes de que ella se diera cuenta de lo que estaba diciendo, las palabras que había pronunciado en sus sueños se escaparon de sus labios.
— No puedo amarte.
— No estoy pidiendo tu amor
Hinata lo sabía. Él amaba a otra.
— Lo siento por ti, Naruto Namikaze. Quedaste atrapado en este matrimonio por culpa de mi padre.
— Sin embargo, vamos a aprovechar lo mejor de este matrimonio una vez que pasemos la prueba de la consumación ¿Entiendes por qué esto es necesario?
Ella asintió con la cabeza bruscamente. Sabía suficientemente bien lo que sucedería una vez que Hidan se convirtiera en jefe del clan, pero el matrimonio con Naruto parecía una medida demasiado drástica.
Sus visiones, sin embargo, le habían señalado claramente que tendría un futuro con el laird de los Namikaze.
Su pensamiento se detuvo de golpe, cuando Naruto suavemente comenzó a acariciar su piel retirando su camisola.
— ¿Qué estás haciendo?
Sus manos se detuvieron.
— Quiero verte.
— ¿Es necesario?
— Sólo estás retrasando lo inevitable. ¿No sabes nada sobre hacer el amor?
Sabía cómo se sentía hacerlo con él.
— Lo suficiente.
Estaba tan distraído, que fue apenas consciente de que había descubierto sus pechos. Fue empujando la tela por sus caderas con su mano libre. Ella hizo un intento desesperado por coger el camisón, pero se le escapó entre los dedos.
Él lo levantó arrojándolo lejos sobre el montón de ropa desechada. Las manos de Naruto se movieron con lenta deliberación sobre el cuerpo de Hinata, saboreando la sensación satinada de su piel, su cuerpo reaccionaba fuertemente a la mujer suave debajo de él.
Ella lanzo un pequeño sonido inarticulado y se movió sin cesar. Él sonrió, consciente de que no era totalmente inmune a él. Su mente podía no estar dispuesta, pero la necesidad de su cuerpo era inconfundible. Había estado con suficientes mujeres en su vida, para reconocer el deseo. Su propia necesidad fue rápidamente en aumento.
Era como si estuviera con alguien a quien había conocido íntimamente en el pasado. Pero, ¿cómo podía ser eso? Su piel debajo de sus dedos se estremeció, pero no sintió miedo en ella. Miró en el fascinante gris perla de sus ojos y sintió una punzada de algo que sólo describen como reconocimiento.
Cuando ella se estremeció por debajo de sus manos, el pensamiento racional ceso. Conducido ahora por la cruda lujuria, bajó la cabeza y capturó un pezón rosado que parecía estar pidiendo su atención. Se amamanto con suavidad, su lengua lamiendo el capullo endurecido hasta que ella gritó y se empujó a sí misma más profundamente en su boca.
A continuación, el impulso de besarla, superó todas las barreras. Su boca dejó su seno para capturar sus labios rojos y carnosos. Él gimió de placer en su boca, profundizando su beso cuando probó la dulzura de su interior con la lengua. Nada en su vida lo había preparado para Hinata MacHyuga.
¿Qué había sentido por Sakura la doncella, un amor inocente, adoración? Mientras que con esta bruja que se retorcía debajo de él todo le sabía a misterio, oscuridad y secretos prohibidos. De repente su boca se apartó de las suya y levantó la mirada a sus ojos fijo.
— ¿Qué eres? — preguntó con voz ahogada. — ¿Quién eres tú?
Hinata levantó la mirada hacia él notando su expresión aturdida.
— Sabes quién soy.
— Quizá... pero quiero que me lo digas. Si vas a lanzar un hechizo sobre mí, muchacha, olvídalo. Seria en vano.
Hinata quería que Naruto siguiera besándola y tocándola.
Cuanto más tiempo demorara la consumación, mas complicado seria el proceso. Algo que había prometido evitar. No quería sentir placer. No quería sentir nada, pero Naruto Namikaze lo hacía tan difícil.
La sangre caliente se apoderó de ella, y su cuerpo vibro de necesidad al experimentar el placer que había encontrado con él en sus sueños. Pero en algún lugar profundo, escuchaba voces susurrantes advirtiéndole del peligro, de poderes perdidos y dolor. Sin embargo, no podía prestar atención a esas voces, mientras Naruto la estaba besando, era prácticamente imposible.
¿Por qué no podía portarse egoísta como los demás hombres? ¿Por qué no le abría las piernas y la tomaba? No deseaba que su cuerpo la atormentara. Pero las palabras de Naruto sobre los hechizos la trajeron abruptamente a la realidad. Creía que era una bruja y se sentiría siempre así, no importaba cuanto lo negara.
— No hago hechizos —explicó a la defensiva. — Soy una sanadora. Las personas que no me conocen me llaman bruja, pero no lo soy. Lo que hago no hace daño a nadie.
Él murmuró algo que no entendía, y luego se apodero de nuevo de sus labios en un beso que destruyo sus sentidos. Llevado su mente a otra parte, no estaba preparada cuando él deslizó la mano entre sus piernas y le tocó íntimamente.
Sintió que su cuerpo se hinchaba, llenándose de humedad, y gritó cuando inserto un dedo dentro de ella. Sus piernas temblaban y su cuerpo, literalmente, explotó con la sensación de su dedo moviéndose a fondo por el estrecho pasaje, preparándola para su entrada.
— Ábrete para mí, Hinata.
Hinata resistió durante un momento, luego se dio cuenta de la inutilidad de sus reservas y dejo que le abriera las rodillas. Se acercó a ella, acomodando su duro miembro en la entrada de su cuerpo. Se sentía duro e hinchado en contra de su carne... y tan caliente.
Ella se tensó un poco, preparándose para su invasión.
Escuchó la conmoción en la puerta antes de que Naruto lo hiciera. Lo empujó en el pecho, pero él estaba tan concentrado en la consumación que tomó varios intentos desesperados ponerle sobre aviso antes de que notara a los visitantes no deseados.
— ¿Quién es? — rugió tan fuerte que se escuchó a través de la puerta cerrada.
— Tokuma, Laird Naruto. Tengo que hablar con vos.
— ¿Ahora? Por Dios, estoy con mi esposa.
— Lo siento, pero es importante — insistió Tokuma.
Hinata ya se había bajado de la cama y se ponía la túnica.
— Padre me necesita. Tengo que ir con él.
Naruto se envolvió su falda alrededor de la cintura y camino a la puerta.
— ¿Qué pasa?— Gruñó, no muy satisfecho por la interrupción.
— El laird está muerto— dijo Tokuma— Murió en paz. El padre Lachlan estaba con él.
— Padre— se atragantó Hinata en un sollozo.
Se abrió paso entre Naruto antes de que pudiera detenerla. La siguió de cerca.
El padre Lachlan estaba llevando a cabo los últimos ritos cuando llegaron al dormitorio de MacHyuga. Hinata se arrodilló junto a la cama, mientras que Hiashi era ungido con el óleo sagrado y le colocaban monedas en los ojos.
Cuando terminó, dio un paso atrás y coloco una mano consoladora en el hombro de Hinata.
— Las últimas palabras de Hiashi fueron para ti y tú marido, muchacha. Insistió en que tú y Naruto debe dejar Byakugan de inmediato.
— ¿Ahora? — cuestionó Naruto.
— Justo antes de que Hiashi muriera —explicó Tokuma— un mensajero de Hidan llegó. El nuevo laird vuelve a casa mañana, y Hiashi quiere que no estéis aquí.
— No puedo irme dejando a mi padre así — exclamó Hinata— Tengo derecho a estar con él.
— Era el último deseo de tu padre —le recordó Lachlan. — Hiashi no descansara en paz si hay peligro. Natsu ya ha sido avisada y os espera en la sala con el equipaje listo. Desea viajar con vosotros a Konohagakure, si el Laird Namikaze no tiene ninguna objeción.
— Estoy seguro que Natsu va a ser de gran consuelo para Hinata —asintió Naruto.
— Sí —estuvo de acuerdo Hinata. —Tendré mucho gusto en que Natsu me acompañe. Sin embargo, no puedo marcharme hasta después del funeral de mi Padre.
— No es posible —dijo Naruto con firmeza. — Tienes que cumplir con su última voluntad, muchacha.
Ella sacudió la cabeza, lo que provoco que una cascada de rizos oscuros cayera sobre sus ojos.
— No, es lo único que pido.
— Tendrás tiempo de despedirte de tu padre antes de que nos vayamos.
Hice una promesa a Hiashi MacHyuga y tengo la intención de mantenerla.
La tarde estaba cayendo en el momento que estuvieron listos para partir. Plagado por la impaciencia, Naruto abrió la puerta de la cámara y entró. Hinata estaba arrodillada al lado de la cama de su padre, la cabeza inclinada, sus labios se movían en la oración silenciosa.
— Ya es hora de salir, muchacha— dijo Naruto. Ella no daba ningún signo de haberle escuchado. Tomando el control la levantó por un brazo y le dio vuelta hacia la puerta. —Vístete lo más rápidamente posible y reúnete conmigo en la sala.
Hinata se trasladó inexpresivamente hacia la puerta, haciendo una pausa para mirar una vez más por encima del hombro. Luego se apresuró a ir a su habitación.
— Voy a enviar Natsu para ayudarte— dijo como despedida.
Hinata se sentó en el borde de su cama, incapaz de moverse o pensar más allá del hecho de que su padre había muerto y ella se veía obligada a abandonar el único hogar que había conocido, para vivir con un hombre del que sólo sabía por sus sueños y visiones.
Había sabido a muy temprana edad que era una mujer del país de las Hadas, incluso para entonces había percibido sus poderes y habla con los espíritus, pero no fue sino hasta los últimos meses que se había detectado un verdadero peligro para ella.
No importaba lo que la gente pensaba, no era una bruja. A pesar de que había admitido invocar espíritus, era sólo para buenos propósitos. Hubo momentos en que usó sus poderes para sanar las heridas que no podía ser curadas por otros medios.
¿Cómo podría alguien acusarla de brujería cuando ella creía en el poder y bondad de Dios y sólo quería ayudar a la gente?
— Tu esposo está esperándote, muchacha — dijo Natsu bulliciosa— ¿Por qué no os habéis vestido?
— Sé que padre quería que me marchara antes de Hidan llegara, ¿Pero es realmente necesario, Natsu?
— Sabéis que lo es. Ahora tienes a un marido que te espera. Ya he hecho vuestro equipaje mientras estabas orando por tu padre a fin de no retrasar el viaje. Con un poco de suerte, podrás estar en Konohagakure antes de que Hidan se de cuenta que te has ido.
Naruto envió a buscar a Hinata y su doncella. En el momento en que las mujeres llegaron a la sala, una comida apresurada había sido servida en las mesas para ellos.
— No tengo hambre —dijo Hinata, mirando a la comida con desagrado.
— Nada de eso, muchacha— dijo Naruto con severidad— Vas a comer, incluso si tengo que obligarte. Vamos a montar por largas horas y haremos pocas paradas. — El laird Namikaze tiene razón— dijo Natsu. —Come, muchacha.
Hinata comió, pero Naruto podría decir que su corazón no estaba en ella. No podía culparla. No debía ser fácil para ella salir antes de que su padre fuera enterrado. Pero una promesa es una promesa.
Los hombres de Naruto habían comido y se fueron a ver a sus monturas cuando Naruto se levantó y señaló a Hinata y Natsu que era el momento de partir. El padre Lachlan salió para darles la despedida.
— Desafortunadamente, el administrador murió antes de que Hiashi pudiera hacer los arreglos necesarios para la dote de Hinata, por lo que debéis hablar con Hidan cuando regrese.
Esta bien. Hay algo que debo pedirle, padre — dijo.
— Lo que sea. Si esta en mi poder lo haré.
— Quiero ser informado de cualquier daño que Hidan pudiera planear en contra de Konohagakure.
— Muchos aquí siguen siendo fieles al viejo laird y a su hija. Si los planes de Hidan son hacer daño, lo sabrás — llamo a Naruto a un lado, fuera de la vista de Hinata. —Trátala bien, Namikaze.
— Jamás he abusado de las mujeres— dijo Naruto, —pero le he prohibido lanzar hechizos o invocar a los espíritus.
Justo en ese momento Shikamaru llamo la atención de Naruto. Era hora de irse.
— Adiós, Padre Lachlan, —se despidió Naruto mientras subía a su caballo y empezaba la marcha lejos de Byakugan. A Hinata le dolía la espalda y sus piernas estaban irritadas, pero de alguna manera logró mantenerse al día con Naruto.
Sabía montar, pero nunca había montado una gran distancia antes. Al llegar la noche hicieron un campamento pero ensillaron poco después del amanecer.
Si no hubiera estado tan angustiada, habría apreciado los picos de las montañas majestuosas elevarse por encima de ellos y la alfombra púrpura de brezo en flor en los páramos. No recordaba viajar tan lejos de Byakugan. A causa de sus poderes, su padre no estaba dispuesto a dejarla aventurarse más allá de la aldea.
— Estamos cerca de casa— dijo Naruto, emparejando su caballo al de ella — Sigue buscando hacia el oeste y verás las torres de Konohagakure. No es tan grande como el castillo de tu padre pero debes encontrarlo cómodo.
Hinata vio las torres situadas a una legua. Konohagakure podría no ser tan grande como Byakugan, sin embargo, era impresionante, con sus gruesos muros y rastrillos de hierro custodiando el castillo. Mientras cabalgaban a través de la aldea los campesinos salieron de sus casas para mirarla.
Sus expresiones, que iban desde hosca hasta un miedo francamente hostil, no presagiaban nada bueno para ella. Hinata no fue inmune a los susurros detrás de si mismo. Pero sí Naruto escucho algo no dio indicio de ello. Al parecer, su reputación inmerecida la había precedido. La palabra —bruja— la lastimo una y otra vez, como los golpes físicos.
— No hagas caso, muchacha — advirtió Natsu mientras cabalgaba a su lado Pronto todo cambiara.
— Naruto debe saber lo que su gente piensa de mí— dijo Hinata— ¿Por qué padre me hizo esto?
— Sabes por qué— sostuvo Natsu. —Dale tiempo, Hinata. Las cosas van a cambiar.
Pasaron por el rastrillo y se dirigieron a los escalones de la entrada del castillo. Naruto desmontó y levantó a Hinata de su caballo, mientras que Shikamaru ayudaba a Natsu.
— Bienvenida a tu nueva casa, Hinata—, dijo Naruto.
La puerta de roble estaba abierta cuando empezó a subir las escaleras. El tío de Naruto, Jiraya Namikaze, salió a su encuentro.
— Me alegro de que hayáis podido evitar la boda con la bruja. —Su mirada apreciativa se encontró con Hinata —¿Quién es esta muchacha? ¿Una parienta de MacHyuga? Es hermosa. Amaru estará un poquito celosa, os ha tenido para sí misma demasiado tiempo.
Naruto le envió a Jiraya una mirada de advertencia y se aclaró la garganta, con la esperanza de detener la charla de su tío. Desafortunadamente, Jiraya parecía ajeno a la advertencia de Naruto.
— ¿Me la presentaras, muchacho?
— Deja tus disparates, tío— dijo Naruto. —Voy a presentarle a mi esposa. Hinata, este es mi tío, Jiraya Namikaze. Tío, ella es Hinata, la hija de Hiashi MacHyuga y mi esposa. Nos casamos ayer.
Jiraya se tambaleó hacia atrás, como si le hubieran golpeado.
— ¿Te casaste con una bruja? ¿Qué pasó con la nariz ganchuda y pelo negro desordenado? ¿Dónde está la verruga?
— Las historias de Hinata fueron exageradas violentamente. Mi esposa es una curandera, no una bruja. Y como pueden ver, es hermosa.
— Una bruja— murmuró Jiraya.
Con las manos en las caderas, Natsu dio un paso adelante, con la mirada fija en Jiraya.
Puedes mantener vuestra opinión para vos mismo. Mi señora es dulce y buena, mejor que las de ustedes.
— ¿Quién eres tú? —preguntó Jiraya, manteniendo la distancia y la desconfianza en la mujer iracunda.
— Natsu. Cuido de Hinata desde que era un bebe. La conozco mejor que nadie en este mundo, y les digo que no es una bruja.
Naruto intervino ante la defensa beligerante de Hinata.
— Hazme un favor y encuentra a Chiyo, tío. Los aposentos tienen que estar preparados para Hinata y Natsu, y quiero presentarle a Chiyo a su nueva señora. Te lo explicaré todo más tarde. Estamos cansados del largo viaje y tenemos la necesidad de comida y baño. Chiyo es el ama de llaves— le contó a Hinata. —Ella y su esposo Jamie han trabajado en la fortaleza desde la época de mi padre.
— ¿Me estaba buscando mi señor?— una anciana con el pelo gris, ojos oscuros se apresuró a unirse a ellos.
— Sí, Chiyo— dijo Naruto. —Quiero presentarles a la nueva señora —empujo a Hinata hacia adelante. —Saludad a mi esposa, Hinata MacHyuga.
Chiyo se quedó mirando a Hinata, y luego a toda prisa se santiguó, sus labios se movieron en una oración silenciosa.
— Lo has hecho, Naruto Namikaze. ¿Habéis perdido el juicio? Te has casado con una bruja.
Una vez más Natsu salió a la defensa de Hinata.
— ¡Muérdete la lengua mujer! Mi muchacha no es una bruja. Si sabéis lo que es bueno para vosotros deben aceptar que es la nueva señora aquí y...
— Deja, Natsu —dijo Hinata con suavidad. —No puedes luchar mis propias batallas— sonrió a Chiyo. —Estoy segura que Chiyo y yo vamos a llevarnos muy bien. Soy sanadora, Chiyo, y espero que mis habilidades sean útiles a los parientes de mi marido. Puedo preparar infusiones, hierbas, ungüentos simples para sus males y lesiones.
Chiyo no parecía muy convencida, a pesar de que poner una cara valiente.
—Sí, señora, lo que diga. Si usted lo permite, voy a preparar la comida y el baño — Se deslizó fuera tan rápido como sus piernas regordetas la llevaron.
— Espéradme—, dijo Natsu, apresurándose a seguir a Chiyo. —Voy a ayudaros a preparar la comida de Hinata.
— Tu pueblo me teme— dijo Hinata.
— Es lamentable— estuvo de acuerdo Naruto— pero su opinión puede cambiar. Puedes hacer lo posible por demostrarles que eres lo que dices.
— ¿Y tú, Naruto Namikaze? ¿Crees que yo soy lo que dicen?
Hinata no tenía necesidad de oír su respuesta, el aura violeta que emanaba de él habló por sí misma. Púrpura era el color de la duda y confusión. Temía y estaba confundido acerca de sus propios sentimientos con respecto a su matrimonio. Su relación estaba condenada al fracaso incluso antes de empezar.
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Continuará...
