Capítulo Siete:
[CONEXION]
Naruto ladeó la cabeza y escuchó. Alguien lo estaba llamando. Echó un vistazo a Shikamaru, que estaba trabajando junto a él.
— ¿Me llamaste?
Shikamaru le envió una mirada burlona.
— No.
— ¿Estás seguro? Oí claramente que alguien me llamaba.
Naruto miró a su alrededor. Nadie más parecía haber oído.
— Tengo que estar escuchando cosas.
Shikamaru le envió una mirada de preocupación. Entonces, claramente, Naruto escuchó de nuevo una petición de ayuda. ¿Hinata? Salió corriendo convencido de que Hinata lo necesitaba. ¿Estaba enloqueciendo? Entonces oyó la voz de nuevo.
El pueblo, le susurró dentro de su cabeza. Ven al pueblo. Ayúdame, te necesito.
¡Hinata estaba en problemas!
Naruto se alejó a la carrera, con el miedo golpeando en sus venas, y su corazón latiendo con furia. Si alguien había hecho daño a Hinata, lo destrozaría con sus propias manos.
Afortunadamente, no estaba a gran distancia del pueblo. Llego a las afueras y casi se derrumbó de alivio cuando vio a Hinata corriendo hacia él.
La cogió en sus brazos y la abrazó.
— ¿Estás herida? ¿Alguien trató de hacerte daño?
Jadeando, Hinata señaló detrás de ella, alertando a Naruto del peligro inminente. Echando un vistazo por encima del hombro de Hinata, Naruto vio a Hidan y Õtsutsuki en persecución de su esposa. Empujó a Hinata a sus espaldas, maldiciendo la falta de un arma.
— ¿Qué quieres?— gruñó Naruto cuando los hombres se detuvieron delante de él. — Están invadiendo las tierras de Namikaze.
— Yo solo quería hablar con Hinata — dijo Hidan.
— ¡Mientes!— denunció Hinata. —vino en busca de motivos para anular nuestro matrimonio. Él y Õtsutsuki me atrajeron a la aldea para que Guren me examinara. Tenían la esperanza de demostrar que todavía era una doncella —se estremeció — Guren quiso poner sus manos sobre mí, así que la golpee con una vela, cuando me dio la espalda.
— He escuchado que me llamabas —dijo Naruto en voz baja — Hablaremos de eso más adelante. —Se volvió a Hidan. —¿Cómo te atreves insultar a Hinata de manera tan vil? Si deseabas hablar con ella, debiste haber llegado al castillo.
— Tengo una propuesta para vos, Namikaze —dijo Õtsutsuki —¿Queréis escuchar lo que tengo que decir?
La primera intención de Naruto fue ordenar que se fueran de su tierra. Pero decidió escucharlos antes de desterrarlos para siempre.
— Voy a escuchar— acepto a regañadientes. —Pero sólo si me acompañan al castillo. Una vía pública no es lugar para tratar asuntos de familia.
— ¿Quién garantiza nuestra seguridad?— cuestiono Õtsutsuki.
Naruto se puso tenso.
— ¿Estás cuestionando mi honor?
— Por supuesto que no— dijo Õtsutsuki. —Sin embargo...
— Al final de nuestra conversación, estarán en libertad de salir. Todo lo que necesito es su promesa de dejar a mi esposa tranquila.
— Sugiero que escuches la propuesta de Õtsutsuki antes de exigir promesas de nosotros — dijo Hidan. —Lo que tiene que decir debe ser de gran interés para ti.
Naruto sinceramente dudaba estar interesado en cualquier cosa que estos dos canallas tenían que decir. La idea de que pusieran sus manos sobre su esposa lo dejó indignado. Colocando un brazo alrededor de Hinata se dirigió hacia el castillo.
No le importaba si lo seguían, sus pensamientos estaban consumidos por la indignación que Hinata había sufrido en sus manos.
A medida que siguieron el camino, Shikamaru y Jiraya se les unieron. Cuando Naruto habían escapado sin decir una palabra, se habían preocupado y decidieron seguirlo. Conociéndolo como lo hacían sabían que no se habian apresurado sin una buena razón.
— ¿Qué están haciendo aquí?— preguntó Jiraya, señalando con la cabeza hacia MacHyuga y Õtsutsuki.
— Te lo diré más tarde.
— ¿Por qué te fuiste de esa manera?— pregunto Shikamaru.
Naruto le dio un apretón a Hinata.
— Una premonición.
— Pensamos que te vendría bien un poco de ayuda— explicó Chõji — Pero veo que tenéis todo bajo control.
— Gracias a mi esposa —, dijo Naruto sombrío.
Cuando llegaron al castillo, Naruto soltó a Hinata diciéndole en voz baja. — Me gustaría hablar con Hidan y Õtsutsuki a solas.
Hinata— lo miro rebelde. — ¿Por qué? Lo que tienen que decir me concierne.
— Por hoy has tenido suficiente. Escúchame, Hinata. Las cosas podrían ponerse feas. —Ella continuó mirándolo —Por favor — suplico.
Su súplica sincera la convenció, aunque no del todo.
— Esta bien, pero espero un informe completo después de que se vayan.
Naruto le regalo una sonrisa arrogante.
— Pregúntale a los espíritus, cariño. Ellos parecen saber las cosas antes que yo.
Hinata le envió una mirada candente, y luego se marcho.
— El que le hayas despedido ha sido prudente—, dijo Hidan cuando se unió a Naruto. —Nuestra propuesta solo es para vos. ¿Dónde podemos hablar en privado?
—Sígueme— dijo Naruto, llevándolos a una pequeña antesala. Se sentó detrás de un escritorio — Me gustaría ofrecerle unas gotas de licor, pero no permanecerán aquí el tiempo suficiente para terminarlo. No puedo olvidar lo que trataron de hacer a Hinata, y mi temperamento está colgando de un delgado hilo.
Sin complejos, Hidan se encogió de hombros.
— Era la única manera de probar la farsa de su matrimonio.
— Podrían haber preguntado — dijo Naruto — Lo que pretendían hacer a Hinata era despreciable.
— Era necesario— sostuvo Hidan. —Ella ya estaba comprometida. Si el matrimonio no había sido consumado, tenía la intención de entregarla Õtsutsuki.
— No conozco ningún compromiso previo—, dijo Naruto —Hiashi MacHyuga me prometió a Hinata a mí mientras estaba vivo. El padre Lachlan renuncio a las amonestaciones y se realizó la ceremonia en el dormitorio de Hiashi. De acuerdo con la ley de la Santa Iglesia, Hinata y yo somos marido y mujer.
— Hiashi no estaba en su sano juicio— denunció Hidan. —Actué en su lugar cuando ella estaba prometida a Õtsutsuki.
Los labios apretados de Naruto formaban una linea furiosa.
— Hiashi estaba lucido cuando me preguntó si quería casarme con Hinata. Nuestro matrimonio es legal y real.
— No, si el matrimonio no ha sido consumado— insistió Õtsutsuki.
Un aire de amenaza era inherente a las palabras de Naruto cuando respondió.
— ¿Qué te hace pensar que nuestro matrimonio no se ha consumado?
— Los sirvientes del castillo Byakugan— dijo Hidan — rumorean, ya sabéis. Les oí susurrar la falta de sangre virgen en las sabanas después de haberos dejado a solas con ella en Byakugan.
— ¿Tu llamas a eso una prueba?— se burlo Naruto.
— No, hay más— dijo Hidan con suficiencia. — Hinata imagina que es una mujer del País de las Hadas y tiene poderes.
— ¿Crees en sus poderes?
—Mis creencias son mías— dijo Hidan evasivamente. —Estamos hablando de las creencias de Hinata. ¿Y qué hay de los rumores sobre ti? Dicen que habéis regresado de Francia, muy cambiado, que jamas te enamoraras, que eres alguien inalcanzable. Probablemente has oído los rumores de la profecía que dice que una hada perderá sus poderes si ama en vano, así que es lógico pensar que ella se negaría a sí misma arriesgar su corazón, así como sus poderes.
— Te equivocas, Hidan— respondió Naruto. —Dejamos Byakugan tower con cierta brusquedad, pero nuestro matrimonio se consumó en Konohagakure.
—¡Demuéstralo!— ladro Õtsutsuki
Naruto se puso de pie.
— Mi palabra es toda la prueba que necesitas. No voy a repetirlo, Hinata es mi mujer en todos los sentidos.
— Tal vez sea así, pero eso no nos impide llegar a un acuerdo— aventuró Õtsutsuki.
— ¿Qué clase de acuerdo tienes en mente?— exigió Naruto con dureza.
— Permítanme ser franco—, comenzó Hidan. —¿Podéis ser feliz con una bruja para esposa? Todos sabemos que te has casado con Hinata para pagar una deuda de tu padre —levantó la mano cuando Naruto intento protestar. —Todo el mundo sabe por qué te casaste con ella. —se acercó más.
—Õtsutsuki, y yo te ofrecemos la oportunidad de deshacerte de la bruja.
La indignación oscureció la cara de Naruto.
— ¡Salgan de aquí y no vuelvan jamas!
— Escúchame— dijo Õtsutsuki. —Si me juras que el matrimonio no fue consumado, mi clan nunca volverá otra vez.
— No voy a mentir— dijo Naruto con los dientes apretados.
— Entonces, lo siento por ti— escupió Hidan. —Hinata es más problemas de lo que vale la pena. He vivido con ella toda la vida y sé lo es capaz de hacer.
—Sí, no nos le entregas, Namikaze,— insto Õtsutsuki— Juro que te arrepentirás.
La mirada de Naruto sondeo en la dura de Õtsutsuki y no le gustó lo que vio. — Si Hinata significa tantos problemas, ¿por qué la quieres?
— Es suficiente que sepas que estoy dispuesto a quedarme con ella
— Tienes la intención de explotar sus poderes— denunció Naruto. —Pero te lo voy a decir, ella no los tiene.
— Eres un tonto si crees eso— siseó Hidan.
— Sí, un tonto,— estuvo de acuerdo Õtsutsuki. — Con la capacidad de Hinata de 'ver' las cosas, Hidan, puede llegar a ser muy valiosa para el Rey. Hinata puede utilizar sus poderes para decirnos como apoyarlo. Podemos convertirnos en los hombres más poderosos de Escocia. El rey ya confía en nosotros y espera nuestro apoyo.
—¡Fuera!— Gritó Naruto. —Voy a expulsarlos de mis tierras, si intentan regresar.
— Te vas a arrepentir de esto—, advirtió Õtsutsuki
— ¡Fuera! —repitió Naruto. —Les aseguro que soy más que capaz de defenderme a mí mismo contra ustedes.
— La bruja no vale tu vida— criticó Hidan cuando los empujo hacia la puerta.
— Yo se lo que hago. Fuera, los dos.
Se acercó a la puerta y la abrió. No se sorprendió al ver a Shikamaru y Chõji esperando en el otro lado.
— ¿Necesitas ayuda?— preguntó Shikamaru.
— No. MacHyuga y Õtsutsuki se van.
De repente, Hinata llegó corriendo. — ¿Qué quieren? Espero que no te hayan convencido de nada.
Naruto sonrió. Nadie podría decir que su esposa no era impetuosa. Su postura beligerante, con las manos en las caderas y la barbilla levantada, era casi cómica.
— Pensé que te había enviado a tu habitación.
— No sabes cómo manejar a la chica—, se burló Hidan. —Deberías haber dejado que Õtsutsuki te la quitara de encima.
La mirada de Hinata chocó con la de Naruto. Entonces ella se volvió hacia Õtsutsuki con los ojos llameantes de furia.
— Eres despreciable. ¿Debo recordarte el hechizo del que hablé antes?
Õtsutsuki la miró fijamente cubriéndose la ingle de inmediato.
— Sí valoran su vida, se irán de aquí sin causar problemas.
La miraba a distancia, con el rostro desencajado por el miedo.
— No podrás vivir entre gente temerosa de Dios— Hidan agito su puño en la cara de Hinata. —Se merecen el destino que les espera.
— ¿Los acompaño de regreso a Byakugan?— preguntó Chõji.
— Solo hasta la la puerta de entrada— dijo Naruto. —Estoy seguro de que pueden encontrar su propio camino de vuelta a casa sin una escolta. —Su mirada se encontró con Hinata — ¿Con que hechizo les has amenazado?
Hinata le envió una mirada descarada.
—Les dije que marchitaría sus partes.
Shikamaru hizo un sonido de gorgoteo en la garganta, mientras que Naruto lanzó la cabeza hacia atrás y se rió.
— ¿Podrías hacer eso?— preguntó, secándose las lágrimas de risa.
Hinata se encogió de hombros.
— Lo dudo—. Luego se volvió y camino haciendo que los volantes de sus faldas se movieran sobre sus caderas curvilíneas.
— Que curioso— denunció Shikamaru. —Deberías haberla entregado a Õtsutsuki. Cualquier mujer que amenaza con marchitarte la polla debe ser una bruja. —rozó con su mano sobre la ingle, como si quisiera asegurarse de su propia virilidad todavía estaba intacta.
Aparentemente satisfecho con lo que encontró, se marcho.
Naruto se le quedó mirando con una expresión pensativa en su cara. ¿Era él el único que se negaba a creer que Hinata era una bruja?
Había visto como terminaban y no podía soportar la idea verla sufrir el mismo destino. No podía amarla, pero no quería verla sufrir. No sólo porque Hiashi MacHyuga le hubiera pedido velar por ella, sino porque no le deseaba el destino de Sakura a nadie. Era una manera horrible de morir. Hasta que no tuviera pruebas más sólidas, se negaba a creer que Hinata era una bruja.
Hinata entró en su habitación y cerró la puerta. Si Naruto no la hubiera escuchado habría sido violada de manera repugnante. Por otra parte, sabía que tenía poderosos enemigos en su hermanastro y Õtsutsuki.
No tuvo necesidad de consultar a los espíritus para saber lo que deseaban. El aura que los rodeaba era negra, un color peligroso.
Sintió su animosidad hasta la médula de sus huesos. Hidan siempre había temido sus poderes y estado celoso del amor de su padre. No podría contar las veces que había tratado de volver a su padre en contra ella. Aún más alarmante, temía que su hostilidad se hiciera extensiva a Naruto. La puerta se abrió y Naruto entró. Ambos se miraron, separados por la anchura de la habitación. Entre ellos estaba la profecía y todo lo que representaba. Ella sabía lo que Naruto estaba pensando, y retrocedió.
— Ni siquiera lo pienses—, dijo. —No soy una bruja.
Se dirigió hacia ella.
— ¿Cómo sabes lo que estoy pensando?
Su mirada se deslizó a lo largo de su cuerpo. Vestía calzas. El material se aferraba a sus muslos musculosos como una segunda piel, y recordó con total nitidez cómo esos muslos duros golpeaban contra sus caderas mientras empujaba dentro de ella. Un estremecimiento la recorrió negó con la cabeza para despejarse mientras Naruto consideraba la cuestión.
— Tu aura sugiere lo que estás pensando.
— ¿Mi aura? ¿De qué diablos estás hablando?
— Colores. Soy capaz de leer los estados de ánimo de la gente y, a veces decir lo que que están pensando en el color que les rodea. En este momento tu aura es de color púrpura, el color de la duda y la acusación.
— Tonterías— resopló Naruto. — Con esa clase de discurso puedes meterte en problemas. No quiero oír nada más acerca de las auras, y leer en la mente.
— No puedo cambiar lo que soy, Naruto. Pero no me avergüenzo de mis facultades, porque vienen de Dios.
— ¿Puedes lanzar hechizos?
Se mordió el labio inferior mientras consideraba la cuestión.
— Algunos podrían llamarlos los hechizos, pero no son tal.
— ¿Cómo se llaman?— presiono Naruto.
— Naruto, ¿Debemos continuar con esta conversación? Nunca haría nada para dañar a otro ser humano.
— Hidan y Õtsutsuki estaban convencidos de que podrías marchitar su hombría.
Ella se encogió de hombros.
— Que crean lo que quieran. No me importa. Me temo que los dos hemos ganado su enemistad. Hidan y Õtsutsuki estuvieron en Inverness recientemente, en una reunión con el rey. Me temo que van a convencerlo para actuar en tu contra de alguna manera.
— No lo creo posible— se burlo Naruto. —No he hecho nada para ofender al rey.
— ¿Qué pasa con su plan para unificar las tierras altas? La mayor parte de los terratenientes están en contra, y supongo que tu también.
— Sí, Preferimos nuestras propias leyes, eso, sin embargo, no me hace el enemigo del rey.
— Quizá no, pero la influencia de Hidan con el rey...
— Deja que yo me preocupe por eso, Hinata. Ni tu hermanastro ni Õtsutsuki te volverán a molestar. Les he prohibido pisar mis tierras.
De alguna manera Hinata dudó de que Hidan sabría aceptar la derrota. El orgullo de Hidan había sido dañado, y sabía que iba a tomar represalias de un modo u otro.
Hinata se frotó la frente como si sintiera el comienzo de un dolor de cabeza. Había estado bajo mucho estrés y estaba empezando a resentirlo.
— Tú no estas bien.
— Estoy bien.
— No, no lo estas — la tomó en sus brazos, la llevó a una silla y se sentó, acomodándola sobre su regazo. No habló por mucho tiempo. Luego dijo — Dime cómo me hablaste para ir a la aldea. Oí claramente que me llamabas. ¿Solo yo te podía escuchar?
— Sí. He utilizado la telepatía mental para llamarte.
— ¿Qué? No en tiendo.
— Envié a mis pensamientos a través del tiempo y el espacio.
— ¿Puedes hacer eso con alguien?
— Sólo con una persona a la que estoy conectada de una manera especial.
— ¿Quieres decir porque somos marido y mujer?
Hinata considero su conexión y decidió que iba mucho más allá. ¿Qué tan profundo? Debido a que aún poseía sus poderes, no podía estar enamorada de Naruto.
— No estoy segura— reconoció a regañadientes.
— Creo que tienes miedo de admitir la verdad. ¿Te gusto, Hinata?
Se echó hacia atrás en estado de alarma.
—¡No! No puedo amarte.
Él le levantó la barbilla con el dedo y rozó sus labios contra los de ella.
— Dime que no sientes nada cuando te beso.
Ella sacudió la cabeza.
— ¿Crees que estoy hecha de madera? Eres un hombre atractivo, Naruto. Ninguna mujer viva podría resistirte.
— Quiero que me ames, Hinata.
Hinata se quedó muy quieta.
— Quieres que pierda mis poderes.
— Yo quiero que mi mujer sea normal. No quiero que cuando te miren lo hagan con miedo, cariño. Sé que no hay maldad en ti, pero otros dicen que no quieres compartir mi fe.
— ¡Es mi deber de cumplir la profecía! Por difícil que sea, jamas podre amarte.
Su sonrisa le dijo lo contrario.
— Entonces, esa sera mi misión en la vida. Soy un hombre difícil de resistir cuando derrocho todo mi encanto.
— No juegas limpio.
— ¿Crees que sea injusto que una esposa ame a su marido?
— ¡No, no, si un marido ama también a su esposa!
Se ruborizó bajo su mirada.
— Si yo pudiera, te amaría, Hinata. Pero mi corazón está vacío.— puso su mano sobre su corazón, el latido de su ritmo constante se hizo eco de la suya.
— A menos que su corazón lata por mí, estas en un callejón sin salida, mi señor. Me di cuenta de que no te amo cuando pude pedirte ayuda. Si estuviese enamorada de ti, mis poderes no habrían funcionado
El corazón de Naruto casi saltó de su pecho. Su reacción al toque de Hinata le sorprendió. Se sentía correr la sangre hasta el lugar donde su mano descansaba. El resultado fue una erección instantánea que pujaba contra su trasero. Ella se alejó, y él supo que había sentido su excitación.
— Yo... tengo cosas que hacer — objetó ella.
— Yo también, pero puede esperar. ¿Estas demasiado ocupada como para ignorar el dolor de mi amigo?
Ella asintió con la cabeza al mismo tiempo que su boca formó una negativa respuesta.
— ¿Dices, sí o no?. Quiero hacerte el amor.
Sus ojos se abrieron.
— Es de día.
— Soy consciente de eso, y no me importa.
— No creo que debamos— saltó de su regazo. Naruto la alcanzo, pero Hinata se salvó cuando Natsu entro en la habitación sin llamar.
— Acabo de oírlo, muchacha. ¿Sabías que Hidan esta en el pueblo?
—Sí— dijo Naruto con repentino interés. —Dinos, Hinata. Como logro hacerte ir hasta allá.
— Hidan envió un muchacho a buscarme. Dijo que Guren necesitaba mi ayuda— su voz temblaba con las palabras siguientes. —Hidan y Õtsutsuki trataron de que Guren... me examinase. Querían comprobar que mi matrimonio con Naruto no había sido consumado. Hidan afirmó que había un compromiso previo entre Õtsutsuki y yo.
—¿Piensas que Guren habría mentido acerca de tu falta de virginidad?— preguntó Naruto.
— Sí. Ella le habría dicho a Hidan y Õtsutsuki lo que querían oír.
Natsu miró a Naruto y a Hinata, al parecer, llegando a la conclusión correcta. Una sonrisa estiró sus labios.
— Estoy contenta de que hayas seguido mi consejo, muchacha.
— ¿Qué consejo fue ese?— preguntó Naruto.
— No te atrevas— advirtió Hinata cuando Natsu abrió la boca para responder.
Una risa retumbó en el pecho de Naruto.
— No te preocupes, lo se. Guren pudo haber mentido, pero no podría cambiar el hecho de que Hinata no es una doncella. —se levantó. —Supongo que debería asegurarme que nuestros visitantes encontraron su camino a casa. —Su expresión se endureció. —Y quién sabe si también haga una visita a Guren.
— No vayas a despedirla, Naruto— dijo Hinata —Los aldeanos necesitan sus habilidades.
— ¿Está segura que eso es lo que quieres?
— Sí.
— Sin embargo, tendré unas palabras con ella. Quiero asegurarme de que esto no vuelva a suceder. No debes alejarte del castillo los próximos días, Hinata — dijo como despedida.
— No debiste ir a la aldea sin mí— la reprendió Natsu.
Estuve buscándote pero nunca apareciste. Si hubiera existido realmente alguien que necesitaba de mi ayuda, no podía detenerme a perder el tiempo, un minuto hubiera significado la diferencia entre la vida y la muerte. No podía saberlo.
Natsu buscó la cara de Hinata.
— ¿Hidan te lastimo?
— No. Ellos esperaron afuera mientras Guren intentaba examinarme — levantó la barbilla desafiante. —No podía permitir que esa sucia mujer pusiera sus manos en mí. Una vez que me dio la espalda, la golpe con una vela y huí por la puerta trasera. Naruto me encontró antes de que Hidan me alcanzara.
— ¿Cómo supo Naruto que estabas en problemas?
— Le envié un mensaje mental. No estaba segura de que podría oírme. Pero tenía que intentarlo.
— Naruto Namikaze es tu amor verdadero, tu destino. Lo sabía, el vino a ti en sueños, antes de conocerle en persona. Y ahora le perteneces en todos los sentidos. Me alegro por vosotros, muchacha.
— Naruto no me ama, Natsu. Su corazón pertenece a otra mujer. Una contra la que no puedo competir. Mi cuerpo le puede pertenecer a Naruto, pero jamas le daré mi corazón. Lo sabes tan bien como yo.
— No sé nada de eso— se burló Natsu. —Escucha a una sabia vieja. Puedes ayudar a tu marido, el os amara tanto como tu a él.
— Pero yo no puedo...
Natsu levantó la mano.
— No puedes negarlo.
— La Profecía. Todavía tengo mis poderes.
Natsu sonrió.
— ¿Y esto no te dice nada?
— Tengo miedo, Natsu. El dijo que su corazón estaba vacío.
— Och! Llénalo, muchacha, llénalo.
Después de haber impartido su sabiduría, Natsu se despidió.
Hinata se quedó unos momentos para ordenar sus pensamientos. Debía continuar recogiendo plantas, así que hizo una lista mental de lo que había que hacer en el castillo. Amaru entro de pronto con una carga de ropa de cama limpia, cuando Hinata se iba.
— No te escuche llamar— dijo Hinata.
Amaru sacudió la melena de pelo rojo.
— No sabia que había alguien aquí —le dirigió una mirada rencorosa a Hinata. Yo sólo limpio la cama del laird, había sangre manchando las sabanas. Naruto debería haber tenido más sentido antes de acostarse con una bruja.
las manos de Hinata cubrieron sus mejillas encendidas. ¿Todos sabían que había pasado la noche en la cama de Naruto? ¿Y que? Estaban casados y no tenía la necesidad de contestar a nadie. Podría no gustarles, pero ella era su esposa y la dueña del castillo.
— Si valoras tu trabajo, deberías mantener la boca cerrada — dijo Hinata mientras salia de la habitación. Cuando salio al pasillo, la llamó Jiraya. Le sonrió al tío de su marido y esperó a que la acompañara.
— Siento lo que paso hoy, muchacha— dijo Jiraya. — ¿Pensáis que su hermano hará daño a Naruto? Él esta cerca del rey y puede traer problemas a nuestro clan.
— Hidan no es de fiar— respondió Hinata. —Él y Õtsutsuki son un par peligroso. No sé qué forma tomara su venganza, pero sospecho que será dirigida contra mí personalmente. Si yo fuera el causante de esto me iría de Konohagakure.
— ¿No podéis hacer nada para detener los problemas antes de que lleguen? ¿Podéis poner un hechizo a ese par antes de que hagan alguna travesura? Es lo que hacen las brujas, ¿no? — Hinata se quedo sin habla. ¿Había oído bien? ¿El tío de Naruto le pedía que usase la brujería?
— No creo lo que acabo de escuchar— gruño Naruto atrás de ellos —¡Debería darte vergüenza, tío! Has acusado a mi esposa de ser una bruja. Discúlpate con ella.
— Vamos, muchacho— tartamudeó Jiraya —Todos sabemos que tu esposa posee poderes. ¿Por qué no los utiliza para que nos ayude? ¿Qué tan difícil puede ser para ella poner un hechizo sobre nuestros enemigos?
— No tolerare más este tipo de conversación— replicó Naruto.
Puso un brazo sobre los hombros estrechos de Hinata.
— ¿Crees que soy incapaz de defender a mi esposa y mis gentes?
— MacHyuga y Õtsutsuki tienen el oído del rey— advirtió Jiraya —Temo por ti, muchacho.
— Aprecio tu preocupación, pero tengo todo bajo control.
— Ah, bueno, entonces, pido disculpas, muchacha—, dijo Jiraya.
— Tus parientes me temen— se lamentó Hinata. —He traído la molestia a Konohagakure.
— No debes pensar así— gruñó Naruto. —Eres mía, Hinata Namikaze. Y lo que es mío, lo mantengo.
Hinata casi podía creer que Naruto se preocupaba por ella.
.
.
Continuará...
