Capítulo Diez:
[OTRO MILAGRO]
Hinata estaba en la cama, mientras que Natsu le colocaba salve alheña en las piernas. Afortunadamente, Chiyo mantenía el ungüento para las quemaduras en la alacena de la cocina para las emergencias. Estas no eran graves y era poco probable que dejaran cicatrices, pero Natsu insistió en tratarlas. Cuando Naruto había llevado a Hinata a la fortaleza, se había puesto a trabajar, inmediatamente, quitándole la ropa quemada y lavándole la espesa capa de hollín y cenizas.
— ¿Os duele, muchacha?—, preguntó Natsu.
— Las quemaduras en las piernas pican, pero no son insoportables. El ungüento es calmante. Gracias. — lanzo un suspiro irregular. —La pérdida de mis hierbas y remedios en el fuego es un golpe terrible. Sera muy difícil reemplazarlos.
—Alégrate de estar viva—, la regañó Natsu. —¿No sabéis de qué modo se inició el fuego? ¿Seria una de las velas que cayo?
— No. No tenía velas encendidas. Había suficiente luz para ver sin ellas. ¿Dónde está Naruto? — preguntó, consciente de repente de la ausencia de su marido.
— Chiyo le está vendando las manos.
— ¿Esta herido?
— Sí, sus manos se llenaron de ampollas cuando golpeo tu ropa para apagar las llamas. Sospecho que va a estar aquí tan pronto como acabe con él.
Hinata comenzó a levantarse.
— Tengo que ir con él. Quiero saber cómo esta.
Natsu con suavidad volvió a recostarla de espaldas.
— No, muchacha. Habéis tenido una experiencia desgarradora. Estuviste a punto de morir. Si no es por Naruto, habrías perecido en el incendio.
— ¿Cómo está?— preguntó Naruto desde la puerta.
— Va a estar bien, gracias a ti—, dijo Natsu. —Ven, yo ya me iba.
Naruto entró en el dormitorio y se acercó a la cama. Natsu pasó junto a él por la puerta, cerrándola suavemente detrás de ella.
— Tus manos— exclamó Hinata, horrorizada por las vendas gruesas que cubrían sus dedos.
— Van a sanar—, le aseguró Naruto. — Unas cuantas ampollas y una cicatriz o dos, no me molestaran demasiado.
— Salvaste mi vida—, susurró Hinata. —¿Cómo lo hiciste, como sabias que te necesitaba?
Los ojos azules de Naruto se oscurecieron por la emoción.
— Es extraño cómo sucedió. Algo me dijo que me necesitaban en Konohagakure. ¿Me llamaste?
— Te necesitaba, Naruto, pero jamás pensé que pudieras llegar a tiempo. Ella se estremeció. —Sin ti no habría sobrevivido a la primera prueba.
Naruto se sentó en el borde de la cama.
— ¿Prueba? ¿De que estas hablando?
— La profecía dice que un hada debe enfrentar las pruebas del fuego, el agua y la piedra. Ha sido así a lo largo de los siglos. Gracias a ti he sobrevivido al incendio.
— Pensé que la única manera en que podrías perder tus poderes era si amabas a alguien que no correspondiera a tu amor.
— No, también hay pruebas que debo soportar. El fuego era el primero; todavía faltan el agua y la piedra.
Cuando él levantó la mano en señal de protesta, Hinata lanzó un grito y las agarró entre las suyas.
— ¡Es mi culpa. Esto es mi culpa!.
— Hinata. Va a sanar. ¿Qué tan grave son las quemaduras en las piernas?
— No está nada mal. Mis faldas llevaron la peor parte. La piel de mis tobillos a las rodillas se quemó, y enrojeció, pero dijo Natsu que no quedara ninguna cicatriz.
— ¡Es un milagro que sobrevivieras!. Alguien estaba buscando hacerte daño. Parece ser que tenemos un pirómano en Konohagakure, pero no temas, tengo la intención de descubrir al culpable.
— ¿Qué vas a hacer?
— Revisar en las cenizas en busca de pistas, pero dime una cosa. ¿Crees que el incendio pudo haberse iniciado por una vela?
— No encendí velas, y apague el fuego del hogar después de salir para hervir la corteza de sauce. Me quedé dormida esperando que escurrieran los jugos. Me desperté en un infierno.
Naruto trató de apartar las manos de ella.
— Será mejor que empiece a hacer preguntas de una vez, así voy a encontrar al criminal en medio de nosotros.
Hinata se negó a soltarlo.
— Espera. No te vayas todavía. Déjame hacer algo por ti.
Naruto le dirigió una mirada perpleja.
— ¿Hacer qué?
— Puedo curar tus manos.
Naruto la miró fijamente.
— ¿Al igual que curaste a Jiraya? Chõji me contó sobre el ataque. Jiraya sufrió una herida casi mortal, pero fue curado milagrosamente. Estos poderes tuyos me asustan, Hinata. No quiero que practiques la magia negra. Es peligroso. ¿El fuego no te ha enseñado nada?
— No hay nada de malo en mi curación—, argumentó Hinata. Mis poderes vienen de Dios. ¿Preferirías que hubiera dejado morir a Jiraya?
Un destello de dolor pasó por las facciones de Naruto.
— No, pero no se como manejar estos 'regalos' tuyos. No quiero que mueras por ellos.
— No puedo morir por una curación, Naruto. Cierra los ojos.
— ¿Por qué?
— Haz lo que digo y no trates de apartar tus manos de las mías no importa lo que pase. Tus manos son importantes para ti. Déjame ayudarte.
— No creo en la brujería.
Hinata no le hizo caso.
— Cierra los ojos y piensa en cosas agradables. Debes confiar en mí, Naruto. Cree que puedo ayudarte. Cree en el poder de curación.
Hinata miró hacia abajo las manos vendadas de Naruto, que ahora descansaba en las suyas. Para su alivio, el aura de Naruto cambio de gris a azul claro, aunque dudaba que tuviera pensamientos agradables. El agotamiento estaba grabado en las líneas de su rostro, y mientras se relajaba por debajo de su tacto suave, las líneas se suavizaban.
Hinata comenzó su encantamiento hablando en voz baja, por lo que Naruto no podía oír lo que estaba diciendo. Sus manos comenzaron a temblar y el dolor se disparó hasta que su cuerpo entero temblaba con él. Sentía que Naruto trataba de sacar las manos, pero no se lo permitió, agarrando los dedos vendados con todas sus fuerzas. Justo cuando el dolor se hizo insoportable, ella gritó y cayó hacia atrás, liberando las manos de Naruto al mismo tiempo.
— Hinata, ¿qué has hecho?— Gritó Naruto. —¿Estás bien? ¿Qué ha pasado ahora?
El habla volvió lentamente a Hinata. Cuando su visión se aclaró, ella tomó la mano derecha de Naruto.
— ¿Qué pasó en este momento? Parecías estar en una especie de trance. Sus ojos se abrieron como platos— ¡Era un hechizo! Lo hiciste, Hinata. Utilizaste tu magia sobre mí.
— Por favor, Naruto, dame tu mano—, dijo Hinata con calma. —Simplemente deseo deshacer el vendaje.
— ¿Se supone que voy a creer que me has sanado?— exigió Naruto.
— Confía en mí—, le susurró Hinata, —sólo por esta vez.
— Esta bien, hazlo a tu manera. Chiyo se molestara al ver su trabajo sin terminar, pero lo haré como tú dices aunque sólo sea para refutar los poderes que dices tener.
Hinata comenzó a desenrollar el vendaje. Cuando la mano quedó al descubierto, la mirada incrédula de Naruto contó su propia historia. Quizá ahora se creyera en sus poderes curativos.
Naruto se miró la mano en incredulidad. Hacia unas cuantas horas había visto la salvaje propagación de las quemaduras. Ahora solo existía el enrojecimiento de sus manos. El dolor se había ido, y su piel era suave, aun sin los callos que habían existido antes. Se arranco el vendaje de su mano izquierda, flexionó los dedos y levantó a la luz para asegurarse de que no estaba imaginando cosas. ¿Cómo podía ser esto?
— Tú eres una bruja—, dijo con una voz llena de frustración y no desprovista de miedo.
— ¡No! ¿Cómo puedes decir semejante cosa?
Levantó sus manos inmaculadas.
— ¿Cómo explicas esto? Ningún sanador, no importa cuan experto sea, podría hacer lo que acabas de hacer.
— Soy un hada. Mis poderes se extienden más allá de una simple curación.
Empujó a sus pies.
— ¡Basta!
— ¿De que?
— Sea lo que sea que acabas de hacer. Los rumores ya se están difundiendo acerca de la recuperación milagrosa de Jiraya. —Se paso las manos por la cara. —¿Qué crees que pasará cuando se corra la voz acerca de esto? Habrá mas intentos por acabar con tu vida. ¿La valoras tan poco para cortejar abiertamente al peligro?
— Soy lo que soy, Naruto. Sí, tengo poderes, pero los utilizo para ayudar a los demás.
— ¿A qué costo?— bufo Naruto. —Se que sufriste ¿no? Sentí la rigidez de tu cuerpo, te oí gritar y sabía que lo que estabas haciendo te dañaba de alguna manera. ¿Cuánto tiempo puedes continuar convocando a las fuerzas sin dañar tu salud?
Hinata bajó la mirada.
— No puedo pensar mas allá del aquí y el ahora.
— ¡No!—, Gritó Naruto. —No voy a aceptar eso. Si voy a protegerte tienes que comprometerte a limitar tus curaciones a la dispensación de hierbas y ungüentos. No más, no ninguna milagrosa cura.
— No puedo hacer eso, Naruto. Continuare usando mis poderes —lo miró con los párpados bajos — El día que deje de curar a la gente será el día que haya muerto.
Naruto se estremeció, con una expresión sombría.
— La despensa se reconstruirá. ¿Crees que quiero tu muerte?
El brillo en los ojos de Hinata se suavizó.
— No, yo nunca pensaría tal cosa. Pero no puedo dejar de ser lo que soy, mi padre también intento cambiarme y fracaso.
— ¿Por qué no me amas? Si lo hicieras podríamos librarnos de tanta angustia.
— Quieres que pierda mis facultades. Ese ha sido tu objetivo desde el principio. Sabes que jamás vas a amarme.
— No te amo, solo quiero protegerte.
Hinata no dijo nada, parpadeó para contener las lágrimas. Naruto gimió cuando sintió que una de las paredes que protegían su corazón se agrietaba. Lastimar a Hinata era la última cosa que quería hacer, pero ella no parecía darse cuenta del peligro que enfrentaba. Alguien tenía que mantener la cabeza en alto y parecía que él era el único lo suficientemente cuerdo.
Se sentó junto a ella y le levantó la barbilla.
— Hinata, mírame. ¿Quieres vivir?
— Sí.
— ¿Quiere hijos?
Sus ojos se iluminaron.
— Sí, si Dios quiere.
— Entonces debes hacer lo que te digo. Ocúpate de los remedios herbales, pero jamás vuelvas a hacerlo que hiciste por Jiraya y por mi otra vez.
Ella se veía tan triste, que Naruto se sintió miserable. Bajando la cabeza, la besó en los labios, tan solo con la intención de tener un gesto conciliador. Pero el sabor de su boca era tan dulce, que una necesidad imperiosa brotó en su interior.
La posibilidad de perder a Hinata le horrorizaba. No podía soportar la vida sin ella. Sus dedos se cerraron alrededor de sus estrechos hombros, cuando profundizó el beso, la lengua penetro profunda en su dulce esencia.
Sintió como su miembro crecía y se endurecía y la habría poseído ahí mismo, si no la hubiera sentido tan frágil. Sólo una bestia querría aparearse con una mujer que había pasado por una experiencia tan estremecedora y aun estaba recuperándose del agotamiento.
Por otra parte, era obvio que la curación de sus quemaduras habían tomado una gran cantidad de ella. De mala gana la soltó y rompió el beso.
— Será mejor que vaya a mi propia cama. Es tarde y hay mucho que hacer mañana. No tendré reposo hasta que encuentre a la persona que ha querido hacerte daño. Quédate en la cama hasta que tus piernas sanen.
Se acercó a la puerta, se detuvo bruscamente y se volvió, levantando las manos y flexionando los dedos.
— ¡Es un verdadero milagro!. Gracias. Y Gracias por salvar a Jiraya.
Entonces abrió la puerta y se marcho, dejando a Hinata con una mezcla de emociones. Le había pedido que dejara las curaciones a continuación, le dio las gracias por haberle ayudado y a Jiraya. No entendía a ese hombre.
Naruto le dijo que había sabido que ella lo necesitaba. ¿Cómo podría saberlo si no había una fuerte conexión entre ellos? ¿Era Dios jugándole una mala pasada? Dos veces Naruto la había salvado de extremas circunstancias, y en ambas ocasiones, según él, había respondido a sus instintos. ¿Seria Naruto el hombre de su vida?
La mente cansada de Hinata se quedó en blanco mientras su cuerpo se relajaba para dormir. Si Dios lo permitía, no soñaría que la atormentaban esa noche.
Para consternación de Naruto, no se encontró ninguna pista sobre la identidad del pirómano después de que concluyó su investigación. No había pasajes secretos, y el postigo había sido sellado hace mucho tiempo. La conclusión de Naruto no era reconfortante. Alguien dentro de la fortaleza había iniciado el fuego. ¿Quién se beneficiaría de la muerte de Hinata? ¿Quién le temía lo suficiente para matarla?
Naruto no quiería creer que uno de sus parientes lo haría. Continuó caminando a través de las cenizas, sin saber que Amaru se dirigía en su dirección.
— ¿Qué estáis buscando?— preguntó Amaru.
Naruto la miró.
— ¿Qué estás haciendo aquí?
— Estaba en el huerto cuando te he visto hurgando en las cenizas. ¿Habéis encontrado lo estabas buscando?
— No. Tenía la esperanza de encontrar una pista sobre la identidad del hombre o mujer que provocó el incendio.
Los ojos de Amaru se abrieron como platos.
— ¿Crees que alguien lo provoco deliberadamente?
— Sí, lo sé. Alguien que deseaba hacer daño a Hinata.
— ¡Bah! Soy más propensa a creer que una chispa del hogar encendió algunas de las hierbas secas que a tu esposa le gusta coleccionar. O quién sabe si una vela se vino abajo.
— Me gustaría creerlo, Amaru, pero creo que hay una explicación siniestra. Voy a seguir buscando hasta que encuentre las respuestas que necesito.
La mirada de la joven descendió a las manos de Naruto. Sus ojos se abrieron y respiró sobresaltada.
— ¡Tus manos! ¿Cómo se curaron tan rápido? Ayudé a Chiyo con el vendaje y vi las ampollas.
Naruto escondió las manos en los pliegues de la tela escocesa. Explicar su curación milagrosa no iba a ser fácil.
— Las quemaduras no eran tan malas como pensábamos.
Amaru le cogió la mano y miró mas cerca de el.
— ¿Qué hace Hinata, Naruto? ¿Utiliza la brujería para sanar?
Naruto apartó la mano.
— ¿No tienes nada que hacer?
— Ah, bueno, me voy. Sólo recuerda, yo estoy por si algun día tienes necesidad de mi —se volvió y se dirigió afuera, agitando sus faldas para revelar un tobillo y la pantorrilla bien proporcionada.
Cuando Naruto regresó a la sala para la comida del mediodía, Hinata no estaba por ningún lado.
— Hinata todavía esta demasiado débil para levantarse de la cama—, explicó Natsu cuando Naruto se acercó a la palangana con agua, jabón y toalla.
— ¿Cómo van las quemaduras de sus piernas?— preguntó Naruto metiendo sus manos en el agua y se trató con espuma.
— No esta tan mal como al principio, se recuperara.
Naruto termino de lavarse y secarse las manos y la cara. Le devolvió la toalla a Natsu.
— ¿Por qué no se cura a si misma?—, le preguntó con curiosidad.
— Sus poderes no funcionan de esa manera. Recibe visiones sobre acontecimientos futuros y puede curar a otros, pero no a sí misma.
— ¿Cómo sabes esto?
— Yo estaba allí cuando Hinata nació. Vi como sus poderes crecían y se fortalecían. Ni la madre ni la abuela de Hinata eran mujeres del País de las Hadas, pero reconoció sus poderes a una edad temprana y fue guiada por los espíritus.
Naruto negó con la cabeza.
— No lo puedo entender. Las edades oscuras sucedieron hace mucho tiempo. ¿Cómo puede ser una bruja?
Natsu chasqueó la lengua.
— Qué vergüenza, laird. Hinata podría usar sus poderes para el mal, pero ella optó por seguir el camino de la luz y la bondad. Ella no es una bruja, es una sanadora.
Naruto estudió sus manos inmaculadas.
— Sí, un sanador, pero lo que hace va mucho más allá de los límites de la curación. Si ella sigue utilizando la magia, me va a ser muy difícil protegerla de los que quieren hacerle daño.
Natsu se encogió de hombros, pero sus ojos tenían una gran tristeza.
— El padre de Hinata tenía los mismos temores, pero ella no podía dejar de ayudar a más gente de lo que podía dejar de respirar.
Naruto comió su comida sin probarla. Cuando Jiraya se unió a él, dio la bienvenida a su tío con una sonrisa.
— Pareces perdido en tus pensamientos, sobrino—, dijo Jiraya.
La sonrisa de Naruto se ensanchó.
— ¡Es bueno verte en pie!.
— No puedo permanecer en la cama tanto tiempo.
— Siéntate, pues, y cuéntame sobre el ataque. Chõji me dijo todo lo que sabía, pero todavía tengo preguntas. ¿Tienes alguna idea de que te atacó?
— Nunca los había visto antes—, se quejó Jiraya. —Salieron de la nada y trataron de llevarse a Hinata. No recuerdo mucho después de eso. —Él negó con la cabeza. — Así es más desconcertante. Claramente, alguien quiere ver a tu esposa muerta.
— Sí, soy consciente de eso.
— Todo el mundo sabe de la magia que Hinata utiliza para curar las heridas. Yo mismo debía estar muerto, pero estoy vivo. No es que no se lo agradezca. Pero los poderes curativos de Hinata han planteado preguntas y dudas. El rey ha impuesto severas penas a los que practican la brujería. Me preocupaba tu matrimonio con ella al principio, pero desde entonces he cambiado de opinión. Esa muchacha es incapaz de hacer daño.
—Nada va a sucederle a Hinata mientras este bajo mi protección —prometió
Naruto— Me gustaría que todos nuestros hermanos sintieran lo mismo que tu tío.
Sin embargo, temo que alguien la tema o la odia lo suficiente como para prender fuego a la despensa con ella dentro.
— ¿Piensas que el incendio fue provocado deliberadamente?
— Sí, aunque no pueda demostrarlo.
Naruto Terminó de comer y apartó el plato. Estaba levantándose de la mesa cuando Shikamaru se precipitó en la sala.
— Visitantes en la puerta. Piden entrar.
— ¿Quiénes son?
— Hidan MacHyuga, acompañado por una docena de hombres en armas. Él ha oído hablar del fuego y quiere ver a su hermanastra. El sacerdote esta con él.
— Las noticias viajan rápido—, reflexionó Naruto. Era curioso, sin embargo, quería escuchar lo que Hidan tenía que decir. —Déjalos entrar.
Poco tiempo después, Hidan y sus hombres entraron en la sala. Naruto ordenó cerveza para todo el mundo e invitó a Hidan y el Padre
Lachlan a unirse a él en la mesa principal.
— ¿Qué te trae a Konohagakure?—, Preguntó Naruto. —¿te había dicho que te mantuvieras alejado?
Hidan hizo un gesto despreocupado hacia el sacerdote.
— He traído al sacerdote conmigo para probar que no vengo a provocar el mal. Me preocupa mi hermana. Me dijeron que ella viviría feliz aquí, que nadie le haría daño y sin embargo... Me gustaría ver el cuerpo.
Naruto se estremeció.
— ¿Qué te hace pensar que Hinata está muerta?
— Eso no tiene importancia. Sé que no tienen sacerdote en Konohagakure, así que traje al Padre Lachlan para que diga unas palabras sobre el cuerpo de mi hermana.
— ¿Es cierto?— preguntó el padre Lachlan. —Ay, la pobre muchacha. La vida no es justa. Bendita sea.
—¡Bendita!—, Criticó Hidan. —La niña estaba poseída por el diablo. Quiero llevarla a casa para enterrar el cuerpo en el terreno de la familia. Es lo que nuestro padre hubiera querido.
— Hidan, ¿qué estás haciendo aquí?
Los tres hombres alzaron la vista hacia el sonido de la voz de Hinata. Uno de ellos se santiguó, y el otro maldijo por lo bajo. Naruto se levantó y sacó una silla para Hinata. Le dirigió una sonrisa y le permitió tomar asiento.
— Gracias a Dios que estas viva—, el sacerdote ofrecía en humilde acción de gracias. —Tuve miedo de que los rumores fueran ciertos.
— Como puede ver, Padre, estoy bien—, dijo Hinata. Miró a Hidan
— Escuché que habías muerto en un terrible incendio.
— Habéis oído mal. Hubo un incendio, pero sobreviví.
— Estoy contento—, dijo Hidan con amargura. Se levantó. —Tengo que irme. Soy necesario en Byakugan Tower.
— Quizá me quedaré unos pocos días—, aventuró el padre Lachlan,
— Si Laird Naruto no tiene ninguna objeción.
— Le invitamos a hospedarse en Konohagakure, el tiempo que desee. Ha sido mucho el tiempo desde que mis parientes asistieron a la misa —Un destello de dolor oscureció sus ojos. —el sacerdote de Konohagakure murió en Francia.
Hidan se dispuso a salir, pero Naruto lo detuvo.
— No, no te vayas todavía. Desde hace tiempo he querido hablar contigo.
Hinata se levantó.
— Venga conmigo, Padre. Usted me puede decir todo sobre lo que ha sucedido en Byakugan durante mi ausencia. —Salieron de la sala de juntos.
— ¿Qué es lo que deseas hablar?—, Preguntó Hidan a Naruto con una marcada falta de interés.
— Los términos de la dote de Hinata no se han cumplido— dijo Naruto.
— Yo no tome parte en los acuerdos—, argumentó Hidan. —Hinata iba a casarse con Õtsutsuki. Hice las negociaciones con él.
— Actuaste sin autoridad—, denunció Naruto. —Hiashi MacHyuga estaba vivo cuando me pidió que me casara con Hinata.
— Mi padre estaba enfermo y viejo, y no en su sano juicio.
— Hay quienes juran que estaba lúcido hasta el momento de su muerte. Mi matrimonio con Hinata era legal, pero todavía tengo que recibir los ingresos de sus tierras en la isla de Skye.
— Esas tierras y sus ingresos son míos. Cuando Hinata iba a casarse con Õtsutsuki, él me hubiera dejado mantener su dote. —Naruto se puso de pie, le sacaba a Hidan por media cabeza.
— Sin embargo, Hinata rechazo casarse con el y lo hizo conmigo.
— Jamas tendrás su dote,— gruñó Hidan.
— Voy a solicitarla a los tribunales—, amenazó Naruto. —No estas por encima de la ley.
— La dote de Hinata volverá de nuevo a mí si ella muere—. Le dirigió a Naruto una mirada de maldad pura. —La vida de una bruja es precaria. No creo que viva lo suficiente para tener un hijo, incluso si sois lo suficientemente valiente como para sumergir vuestra vara en su caldero de bruja.
— ¿Estás amenazando a mi esposa?— rugió Naruto.
— Sé que ha habido problemas por la estancia de Hinata en Konohagakure, no soy tonto. El olor a carne quemada todavía perdura en el aire. ¿Qué pasó? ¿Tiene uno de tus parientes que ver con eso?
— Fue un accidente—, dijo Naruto. —Como puede ver, todo esta bien en Konohagakure.
— Entonces no os molestare por más tiempo con mi preocupación por mi hermana. —señaló Hidan haciéndoles un gesto a sus hombres, se levantaron para seguirlo hacia la puerta.
— No has oído la última palabra de esto—, prometió Naruto. —Presentare mi petición a los tribunales. La tierra es suya. Uno de nuestros hijos la va a heredar.
Hidan salió furioso, Naruto era consciente de que Hidan estaba esperando una muerte prematura de Hinata. ¿Acaso quería su dote lo suficiente como para matarla por ello?
— ¿Cómo van las cosas en Byakugan?— preguntó Hinata al padre Lachlan cuando se sentaron frente a la chimenea en la habitación principal.
— Nada es igual desde que murió tu padre—, se lamentó Lachlan.— nadie quiere a Hidan. Es verdad que tiene el oído del rey, pero el sólo piensa en sí mismo y en el poder que la amistad del rey, le traerá. Quiere utilizarlo como usa a todos los demás. —
Hinata lanzó un suspiro. —¿los nuestros sufren a causa de su codicia?—
—Todavía no. El clan de MacHyuga no esta en la miseria, pero eso podría cambiar con el tiempo. Nuestros hermanos sufren, sin embargo, por falta de tus habilidades de curación. Los Namikazes no saben la suerte que tienen.
Hinata sonrió con amargura.
— Me gustaría pensar como usted.
El padre Lachlan la miró, levantó las cejas en cuestión.
— ¿Qué es, muchacha? ¿Dijo Hidan la verdad? ¿tienes problemas?
— No es Naruto—, confesó Hinata. —pero se han hecho atentados contra mi vida en dos ocasiones.
— ¡Santa Madre! ¿Qué pasó, muchacha?
— Natsu, el tío de Naruto y yo fuimos atacados mientras recogía hierbas en el bosque. Jiraya fue gravemente herido, pero usé mis poderes para detener el sangrado, y él está en recuperación completa. Días más tarde, la sala de destilación fue incendiada y casi morí ahí. Si Naruto no hubiera llegado en ese momento, yo no estaría aquí hablando con vos
— ¿No sabéis quién está detrás de esas malas acciones?
— No. Los cinco atacantes fueron encontrados muertos. Y Naruto no ha encontrado ningún sospechoso para el fuego.
— Seguramente Dios te esta protegiendo—, dijo Lachlan.— ¿Aun posees tus poderes curativos, entonces?
— Sí.
Lachlan sonrió.
— Entonces, Naruto Namikaze esta enamorado de ti. La profecía se ha cumplido. Me complace.
Hinata frunció el ceño.
— ¿Qué te hace pensar que amo a Naruto? Quizá todavía conservo mis fuerzas porque no me he permitido amarlo. Naruto ama a otra, no hay amor entre nosotros.
— Veo tus ojos y estos me dicen lo que te niegas a admitir. Amas al hombre que se caso contigo. Si los poderes todavía existen, es porque Naruto te ama también.
Hinata deseaba que fuera cierto, pero Naruto jamás había sugerido que la amaba. Era su amante ideal. Se había convertido en su salvación, su protector. Sin embargo, él no podría amarla. Le hacia más sentido creer que había tenido éxito en la retención de su propio corazón.
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Continuará...
