Capítulo 2:
Habían pasado 6 meses más desde que la pequeña hija de Rosemary Ardlay había desaparecido. Esos años no fueron fáciles en absoluto, la policía había interrogado a varios sospechosos, incluso testigos que daban información con el propósito de obtener una recompensan por parte de la familia. En ambos solo se daban pistas que hacían que la investigación retrocediera, nada era fructífero.
A pesar de la llegada de Candy a la familia, Rosemary se convertía en una mujer cada vez más distante y absorta en sus pensamientos, una fuerte depresión se había apoderado de ella en los últimos meses, no quedaba siquiera rastro de la cálida sonrisa que la caracterizaba. No obstante, aún compartía tiempo con el pequeño Anthony y Candy, su hija adoptiva, a quien Elroy calificaba como un mal reemplazo para su sobrina-nieta.
Una de esas tantas tardes en las que Rosemary compartía la merienda con su pequeño Anthony, Vincent, su querido esposo, llegó en compañía del detective a cargo de la búsqueda de su pequeña hija. Al ver a este hombre llegar su corazón comenzó a acelerarse, ¿sería posible que finalmente hubiese noticias de su pequeña? Pero al ver el rostro pálido del señor Brown, los ojos empezaron a inundársele.
-Querida, el detective Roberts quiere hablar con nosotros –dijo el señor Brown con una voz que se esforzaba en no quebrarse.
Rosemary camino del brazo de su esposo directamente al estudio, Anthony se quedó mirando como la figura de madre se alejaba lentamente por la puerta mientras su nodriza le preparaba la merienda para tratar de distraerlo. Últimamente el pequeño Anthony se había vuelto muy apegado a su madre, era como si tuviera miedo de perderla.
Al poco rato se escuchó un llanto lleno de dolor y desesperación emerger del interior de la casa, Priscilla Ardlay ordenó a una de las doncellas preparar la recamara de su hija, pues al parecer la noticia que había recibido la había puesto en Shock. Anthony se asomó por la puerta para ver a su madre sumida en la desesperación, al ver la escena el niño se quedó paralizado en el pasillo y comenzó a llorar mientras su nodriza lo cargaba para llevarlo a la habitación.
Aparentemente, la policía había encontrado la cobija de la pequeña enredada entre unos árboles a orillas del río, seguramente había sido arrastrada por la corriente.
-¡No! ¡Yo nunca dejaré de buscarla! – Grita Rosemary mientras había la cara en el pecho de su madre -¡No está muerta! Una simple cobija no prueba nada…
-Yo lo sé, hija mía, yo lo sé –Respondía entre sollozos Priscilla –Seguiremos buscando, todos.
Pasaron 11 años, en todo este tiempo la búsqueda no ceso, pero no pudieron encontrar nada, retratos de la niña recién nacida seguían pareciendo de vez en cuando en los diarios, la policía, le gente, todos comenzaron a olvidar. Rosemary se convirtió en una mujer muy enfermiza, jamás pudo reponerse del todo la pérdida de su hija y aunque aún tenía el cariño de su familia, sentía un vacío que enorme en su pecho. Anthony y Candy eran todo para ella.
En la familia Ardlay hubo cambios repentinos, el patriarca William y su esposa Priscilla fallecieron en un accidente en carretera, mientras que Albert había sido enviado a estudiar a Inglaterra, ya que sería el futuro patriarca de la familia. Para Albert no hubo tiempo de vivir un duelo y aflicción apropiados, la vida tenía que seguir y él debía ocupar el lugar de su padre como estaba dispuesto. La tía Elroy no permitió que volviese a tener contacto con el resto de la familia, salvo con su hermana Rosemary a quien mandaba cartas constantemente desde Inglaterra.
Candy y Anthony habían convivido con Albert solo un par de ocasiones cuando eran muy chicos, ya casi no recordaban como era su rostro ahora que tenían 11 y 13 años respectivamente. En algunas ocasiones Candy le mencionaba a Anthony que su cara le recordaba mucho alguien.
-Hermano, te estás pareciendo mucho a alguien con quien soñé
-Pues estarías soñando conmigo –inquirió Anthony
-No, yo soñé con un príncipe –suspiró Candy
-No crees que ya eres un poco mayor para andar pensando en niñerías – dijo Anthony inflando las mejillas molesto
-Anda, que te has puesto celosos –se rio Candy
-¿Celoso de un sueño? No me hagas reír… solo eres mi hermanita –recalcó Anthony
En ese momento Candy se puso de pie de un saltó y montó a su caballo:
-Oye, a ver quién llega primero al lago, nuestros primos Stear y Archie ya Andan por ahí esperándonos.
-No me retes, sabes que soy mejor montando que tú –presumió Anthony mientras subía al caballo de un saltó.
Al tirar de las riendas los dos salieron al galope. Recorrieron los hermosos senderos del bosque rodeado por árboles que escondían en el cielo detrás de sus espesas hojas, el sonido de los cascos de los caballos interrumpían el silencio del bosque. Candy era muy feliz pasando el tiempo con su hermano mayor y sus primos cada verano en la residencia de Lakewood.
Al llegar a la orilla del lago vieron a los hermanos Cornwell sentados bajo un gran árbol, pero el semblante de alegría en Candy Cambió cuando notó que no estaban solos. Al lado de ellos estaban sus queridos primos Eliza y Neal, hijos de su tía Sarah.
-Debe ser una broma –musitó Anthony mientras detenía a su caballo de golpe
Candy continuó adelante y victoriosa se coronó como la campeona indiscutible de aquella carrera.
-¡Sí! ¡He ganado por primera vez a Anthony! –Gritó mientras Stear y Archie se acercaban a celebrar el triunfo con ella.
-¡Gente ridícula y escandalosa! –Gritó Neal mientras observaba a Candy con desdén
-Otra vez tendremos que soportarte toda la tarde, ¡Qué martirio! –Agregó Eliza frunciendo el ceño y haciendo a un lado sus preciosos bucles castaños.
-En primera… nadie los invitó –murmuró Stear
-¿Qué dijiste? –preguntó Eliza molesta
-Eliza, no debes ser tan grosera con mi hermano, nosotros no solicitamos su presencia, fueron ustedes los que se unieron sin consultar
-Tú también Archie, estoy seguro que a la tía abuela no le gustará enterarse que han sido descorteses con nosotros –Alegó Eliza, hasta que su voz se bajó al escuchar la llegada de Anthony en su caballo blanco cual príncipe de cuento, justo en ese momento la chica corrió hasta donde Anthony para tratar de ganar su atención.
Anthony parecía un tanto fastidiado con la presencia de su prima Eliza, desde hacía meses que la muchacha no hacía más que escribirle constantemente, incluso aprovechaba las constantes visitas de la tía Sarah a la mansión Ardlay como pretexto para pasar tiempo con él. Para todos era evidente, Eliza se había enamorado de Anthony y todos estaban a la expectativa del anuncio de algún compromiso. Para Vincent y Rosemary eso no era algo factible, pues preferían que su hijo eligiera a su futura esposa, pero la tía Elroy no congeniaba del todo con esa idea, pues Eliza estaba completamente calificada para convertirse en la prometida de Anthony algún día.
Continuará…
