Capítulo 3:
Aquella tarde fue maravillosa a la orilla del lago, recorrieron el lago en bote, compartieron galletas y algunas golosinas mientras conversaban de lo que habían hecho antes de la llegada del verano, tanto por conversar y el tiempo que corría como si llevara prisa no tardó en marcar la hora de volver a casa. Stear y Archie partirían por el mismo camino que Eliza y Neal, ya que se hospedaban en la casa de la tía abuela Elroy.
-Anthony, ¿cuándo irás a visitar a la tía abuela? –preguntó Eliza con cierto brillo en los ojos sin dejar de aferrarse al brazo del muchacho.
-Pronto, espero…
-Anthony se porta bastante tímido con Eliza –se rio Stear mientras comenzaba a poner en marcha su automóvil – Debemos irnos Eliza, sube.
-¡¿Es que acaso no puedes esperar?! –replicó la chica lanzando un mirada fulminante al chico, quien solo se acomodó las gafas incómodo.
-Stear tiene razón Eliza, la tía abuela los debe estar esperando en la mansión –dijo Anthony zafándose de las insistentes manos de Eliza.
-¡Ya sé! ¿Qué te parece si mañana vienes a tomar el Té a la mansión con nosotros? –Propuso Eliza –La tía abuela tiene muchas ganas de verte.
Anthony se volvió hacía Candy, recordaba que la última vez que había ido a visitar a su tía abuela el trató había su hermana menor había sido distante y frío, Candy era constantemente excluida de la familia sin razón aparente. Después de aquella reunión en la mansión de los Ardlay en Chicago, había decidido tomar cierta distancia de su tía abuela y Candy lo sabía, así que no tardó mucho en interpretar la mirada de su hermano e inmediatamente se adelantó a decir:
-¡Claro que irá!
-¡A ti nadie te preguntó, entrometida!
-Lo pensaré, pero ahora debes ir a casa Eliza… enviaré mi respuesta por la mañana, ¿de acuerdo? –dijo Anthony mientras estrechaba las manos de Eliza entre las suyas, bastó ese gesto para que ésta asintiera emocionada. Todavía cuando subió al coche tenía una sonrisa de oreja a oreja, nadie tenía dudas, Eliza estaba enamorada de Anthony.
El rubio apoyo a su hermana para subir al caballo y el subió al suyo al instante para comenzar el camino a casa.
-¿Se puede saber por qué decides por mí?
-Pobre Eliza, ella está muy enamorada de ti… además es seguro que la tía abuela muere por ver a su sobrino favorito.
-Entonces ven conmigo
-No es buena idea –dijo Candy bajando la cabeza –sabes que no le agrado mucho a la tía abuela ni a la tía Sarah. No entiendo porque son tan fríos conmigo… es como si yo no fuera parte de su familia.
Luego de escuchar esas palabras, un escalofrío recorrió el cuerpo de Anthony como una descarga eléctrica, él lo sabía, Candy era una hija adoptiva, pero nunca se lo habían confesado. El secreto era solo conocido por una parte de la familia Ardlay, justamente estos miembros de la familia eran quienes rechazaban la chica cada vez que la tenían en su presencia.
-Está bien, no me aflige, mientras Anthony y mis padres me quieran yo me siento muy feliz. También tengo a Stear, a Archie, ¡soy afortunada!, ¿verdad, Anthony?
- Claro que sí… yo siempre voy a quererte Candy
Anthony desvió la mirada sonrojado, como si se hubiera dado cuenta de la magnitud de sus palabras. Estar en compañía de Candy lo hacía muy feliz.
A la mañana Anthony aún se encontraba indecisión sobre ir o no a tomar el té con la tía abuela, Candy por su parte no dejaba de insistirle en que debía visitar a la tía Elroy.
-Yo te pedí que vineras conmigo, creo que me sentiría más cómodo
-Pero yo tengo otras cosas que hacer –replicó Candy
-¿Cómo qué? –le cuestionó Anthony con mirada inquisitiva
-¿Cómo qué? Pues… -miró Candy a su alrededor como si pretendiera inventar una excusa – Estudiar… tengo que estudiar piano, ya sabes que no soy nada buena y la señorita Grace se molestará si al regresar a casa no he pulido mi técnica…
-Está bien –asintió Anthony acariciando la cabeza de su hermana –supongamos que me has convencido, pero no te creo nada
Luego de aquella paradoja Anthony envío su respuesta a la mansión de los Ardlay, por supuesto que Eliza no podía evitar saltar de la emoción, era su oportunidad para impresionar al joven, se estaba esforzando para convertirse en una gran dama, cuidaba su apariencia y modales constantemente, Anthony debía notarlo al igual que el resto de sus conocidos en florida. Ciertamente, pretendientes no le faltaban a la señorita Lagan, era encantadora y refinada en público, pero detrás de la puerta, bueno, su carácter no empataba con lo que mostraba en público.
Esa mañana se había dejado los rizadores por más tiempo, esperando que sus bucles permanecieran firmes por más tiempo, eligió uno de sus vestidos más bonito y una cinta de seda a juego con el color rosa pálido del mismo. Todo debía ser perfecto, ella debía ser perfecta.
Luego de que Anthony partió, Candy comenzó a practicar en el Piano aquella sonata de Beethoven que desde hacía tiempo estaba intentado replicar, no le agradaba practicar en el piano, pero se lo había prometido a Anthony, de lo contrario quedaría como una mentirosa y le había hecho la promesa de tocar para él en cuanto regresara de la mansión de los Ardlay.
-Ya casi se escucha como "Claro de luz de luna" –Se escuchó una voz familiar a través de la ventana, cuando la chica levantó la vista no pudo evitar alegrarse, eran sus primos.
-¡Archie! ¡Stear!
-¡Sigue tocando! Se escucha muy bien –dijo Stear entrando por la ventana seguido de su hermano menor
-¡Qué mentiroso eres! –Exclamó Candy inflando sus mejillas –en vez de burlarte deberías ayudarme a practicar.
-Lo lamento, yo solo soy bueno con la maquinas –mencionó Stear mientras apoyaba la mano en su mejilla –Pero puedo inventar algo que te haga tocar el piano como una experta
-Mejor yo te ayudó, Candy –replicó Archie sentándose al lado de la muchacha –no hagas caso a las patrañas de mi hermano.
Stear se acercó de manera amenazadora a su hermano, no obstante se detuvo al escucharlo tocar la sonata que Candy llevaba mucho tiempo. Sus dedos se deslizaban elegantes sobre las teclas del piano, sus tiempos eran perfectos, logrando transmitir una serie de sensaciones relajantes a sus dos espectadores, quienes observaban admirados. Archie, el hermano menor de los Cornwell, elegante y sofisticado, solía ser admirado por varias jovencitas a pesar de su corta edad.
Naturalmente, Stear no se quedaba atrás, era todo un prodigio en las ciencias exactas, tan joven y ya había logrado construir su propio automóvil, tenía una serie de inventos en su haber: una máquina para hacer nieve, zapatos para caminar en el agua, en fin, las universidades le espetaban con ansias.
Algunas veces Candy sentía envidia del talento de sus primos, mas no dejaba de esforzarse por destacar y ellos la ayudaban cada vez que podía. Mientras Candy escuchaba la melodía de Archie este se colocó más cerca de ella y le tomó las manos para guiarlas sobre las teclas, como si esperará que esta acción ayudara a la chica a replicar los movimientos con mayor facilidad, cosa que no ocurrió, por accidente presionaba las teclas equivocabas y la melodía se desfiguraba por completo.
-Lo siento, Archie –dijo Candy avergonzada, mientras los dos hermanos reían a carcajadas –es que no puedo seguir tu ritmo, es muy avanzado para mí.
-No te preocupes, Candy, entiendo. Si quieres puedo venir a darte lecciones de piano
-Eso sería muy noble de tu parte –le sonrió Candy
-Yo también puedo ayudar… no soy tan bueno como mi hermano, pero en algo ayudaré –agregó Stear mientras se sentaba entre los dos.
-Y a todo esto… ¿no deberían estar tomando el té? –inquirió Candy
Ambos hermanos se miraron con gesto de complicidad y suspiraron aliviados. Fue Stear el primero en romper el silencio mientras tocaba la partitura puesta en el piano:
-Nosotros o fuimos invitados, el té es solo para Anthony. A veces lo compadezco, Eliza no es una persona fácil de tratar, en absoluto, aunque con Anthony se transforma, la mayor parte del tiempo es muy… ¿cómo decirlo? ¿Complicada?
-Mi hermano es muy amable. Tiene la habilidad para transformar a las personas, tiene magia –sonrió Candy mientras miraba por la ventana el jardín de rosas que su madre y hermano habían construido juntos.
Stear se puso de pie de golpe y dijo:
-¿Por qué no vamos al lago un momento? ¡Hay que divertirnos a nuestra manera sin té y pasteles de frambuesa!
-En serio querías probar los pasteles de la mesa de postres –suspiró Archie
-Está bien, ¡vamos! –aceptó Candy –pero regresemos temprano porque debo seguir practicando.
Continuará…
