Capítulo Catorce:


[INOCENTE]


Hinata despertó lentamente y se estiró, sorprendida de lo contenta que se sentía. Naruto podría no amarla, pero le había hecho el amor como si lo hiciera. Más importante aún, el frío que había sentido desde que no tenía a Naruto había desaparecido. No tenía idea de lo que significaba todo aquello.

Momentos más tarde, Naruto irrumpió en la cámara. Temía que algo terrible hubiera sucedido hasta que vio su rostro. Su expresión era de asombro y, sorprendentemente, de respeto.

—¿Qué pasa?—, Exclamó Hinata. —¿Sucede algo?

—No, Hinata—, dijo Naruto sentándose en el borde de la cama. —Todo está bien, muy bien.

—¿Vas a decirme, o tengo que sacártelo?

—Salvaste mi vida. Si hubiera ido a Inverness, habría sido acusado de traición y ejecutado junto con otros cinco caciques. El resto de los jefes fueron encarcelados en Edimburgo.

Hinata se quedó boquiabierta.

—¿Traición a la Patria? ¿Cómo puede ser eso?

—Evidentemente, Rikudõ descubrió un complot, para ganar el trono. Acusó a los jefes de conspirar con sus enemigos.

—¿Por qué el rey podría sospechar que eras uno de los conspiradores? ¿Cómo sabes lo que pasó en Inverness?

Naruto lanzo un bufido de disgusto.

—Quizá debería preguntarle a Hidan, o a Õtsutsuki. Ellos son como uña y carne con el rey. No me sorprendería si me hubiesen acusado de conspiración por el simple placer de deshacerse de mí. Me enteré de lo sucedido esta mañana, cuando Shikamaru regresó de Inverness. Contrató a un bote y remó a través del lago.

—No entiendo porque Hidan o Õtsutsuki quieren verte muerto.

—¿No?. Tu hermanastro no quiere separarse de tu dote. Después de oír lo que pasaba en Inverness, ya no me cabe duda de tus poderes. Perdóname, mi amor. La próxima vez que me adviertas de peligro, voy a confiar en ti.

Los hombros de Hinata se desplomaron.

— Mis poderes se han ido.

— ¿Cómo sabes?

— Hay un extraño vacío en mi interior. Es como si hubiera perdido una parte importante de mí misma.

Él la tomó en sus brazos.

— ¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte?

— Ámame, No quiero amar a un hombre que no pueda corresponder a mi amor.

Naruto se quedó inmóvil.

—Hinata, yo...

—No, no digas nada, Naruto. Olvida que he dicho eso. Cada palabra de la profecía es familiar para mí, y yo deliberadamente ignore la advertencia sobre amar en vano. Debería haberte hecho caso, cuando dijiste que no podrías amarme.

Naruto se sintió perdido por sus palabras. A continuación, con el ceño fruncido, la miro como su si recordase algo.

—Natsu dijo que estabas embarazada de mi hijo ¿Tiene razón?

Las manos de Hinata volaron a su estómago.

—Sospecho que sea así, aunque es demasiado pronto para decirlo.

Naruto medito sus palabras, y luego asintió con la cabeza, al parecer dispuesto a aceptar su respuesta.

—Me dirás si voy a ser padre, ¿no es cierto?

—Por supuesto. ¿Por qué no habría de hacerlo?

Buscó su rostro, y luego dijo:—Vístete y ven abajo a la sala conmigo. Quiero que todos sepan que salvaste mi vida. No quiero que las gentes del clan sigan pensando mal de ti. Les explicare que el asunto de las lluvias fue por una buena razón.

Hinata retrocedió.

—¡Naruto! Si les hablas de que yo manipule las luvias, estarán mas que convencidos de que soy una bruja. ¿Sabes lo peligroso que es eso?. En este momento los miembros del clan sólo pueden especular. No tienen ninguna prueba de que yo hice nada. Pero si admito que convoque a los espíritus de la naturaleza, su miedo se va a intensificar. El que te haya salvado la vida no sera ninguna diferencia. Ellos me verán como el mal.

—Pero...

—Déjalo, Naruto. No quiero darle a Guren ninguna excusa para acusarme de utilizar la brujería.

—He desterrado a Guren de la aldea. No tienes nada que temer de ella.

Hinata palideció.

—Es una mujer sola. ¿Adónde irá?

—Es una Õtsutsuki por nacimiento. Se ira con ellos — la expresión de Naruto se torno pensativa —Le dije a Shikamaru que reuniera a todos en el pasillo. Tengo que decirles algo.

—Diles cualquier cosa menos la verdad.

—Aun así te necesito a mi lado. Date prisa. Voy a esperar, mientras te vistes.

Hinata se apresuró a prepararse mientras que Naruto miraba, sus ojos entornados e intensos. Hinata se dio cuenta de su deseo y sintió que su cuerpo respondía. Sin embargo no era el momento de ceder a la lujuria, por lo que le dio la espalda mientras terminaba de vestirse.

—Estoy lista—, dijo Hinata mientras se trenzaba el pelo largo.

Naruto le ofreció su brazo. —No hagamos esperar a los demás.

Hinata no tenía idea de la finalidad de Naruto de avisar a su pueblo. Sabia que le temían, y se preguntaba qué podía decir Naruto para aliviar sus mentes. En el momento que entro a la sala fue recibida por miradas hoscas, pero caminaba del brazo de Naruto. Quien llamo la atención. Empezó por explicar por qué el Rey Rikudõ había convocado a los jefes de las Highlands en Inverness. Los gritos de protesta llenaron la sala a la traición del rey.

—Si no fuera por las inundaciones, me habría ido a Inverness y hubiera sido ejecutado junto con otros cinco desafortunados jefes. Shikamaru estuvo allí. Él trajo la noticia de las ejecuciones. Los demás fueron acusados de traición. El rey ordenó que fueran llevados a Edimburgo y encarcelados.

»Pero anuló las órdenes cuando recibió la noticia de que el ejército ingles estaba concentrando en la frontera y amenaza con tomar Sterling, si su rescate no se pagaba. El rey necesita la ayuda de los Highlands para recaudar dinero para su rescate.

—¿Qué paso con esos pobres diablos que ejecutó?—, preguntó Jiraya — ¿Les quitaran a sus familias sus tierras?

—Creo que no era esa su intención—, respondió Shikamaru. —Pero se fue de Inverness con su ejército antes de que se diera la orden. Por el momento ellos están a salvo.

—¡Gracias a Dios por el diluvio!—, Gritó alguien. Pronto un coro de voces los siguió.

Naruto señalo en silencio. —Si yo hubiera ido a Inverness, como había previsto, habría sido ejecutado. Pero como ustedes bien saben, jamas he cometido traición a la patria.

—Eran Hidan MacHyuga y Toneri Õtsutsuki quien acusaron a nuestro laird — declaró Shikamaru.

—¡Es culpa de la bruja!— dijo una voz desde el fondo de la sala.

—Mi esposa es inocente—, gritó Naruto por encima del estruendo — Ayer fue atacada por un grupo de aldeanos furiosos. Estuvo a punto de morir en sus manos. Mi señora fue lanzada en el lago y se habría ahogado, si no hubiera estado yo cerca. Estoy dando a todos una justa advertencia. No voy a tolerar violencia de cualquier tipo en contra de mi esposa. Ella es inocente de cualquier delito. Su hermano no quiere desprenderse de la dote de Hinata por eso me odia. Cualquiera que intente hacerle daño será castigado. ¿He sido claro?

—Lo ha hechizado— acuso uno de los miembros del clan.

Naruto sonrió a Hinata. —Sí, pero no en la forma en que tu piensas. Un día tu o los tuyos tendrán la necesidad de las habilidades curativas de Hinata, y cuando ese día llegue, se le alegran por su ayuda.

Él le cogió la mano y la sostuvo contra su corazón. —Estoy casado con una mujer del País de las Hadas y me alegro de ello. Vayan ahora y corran la voz. Protegeré lo que es mío hasta mi último aliento.

Hinata no podía creer lo que estaba oyendo. Las palabras de Naruto lo eran todo para ella. Nadie, excepto su padre y los MacHyugas que la amaban la habían defendido así.

—Gracias—, le susurró Hinata cuando fueron a sentarse a la mesa.

—Salvaste mi vida. Es lo menos que puedo hacer. —le dio un beso en la frente. —Me tengo que ir. Aún hay trabajo que hacer en el puente.

Los días siguientes fueron los más felices para Hinata. Durante el día trabajaba con sus hierbas, y la noche la pasaba entre los brazos de Naruto, haciendo el amor hasta terminar agotados. Era maravilloso despertar con Naruto a su lado. A veces hacían el amor por las mañanas, y ella saboreaba esos momentos preciosos, porque algo le decía que no iba a durar. Toda su vida le había parecido que la felicidad se encontraba justo fuera de su alcance. Otros podrían alcanzarla, pero ella no.

Un día, Hinata estaba en la despensa, cuando Natsu entro por la puerta.

—El Padre Lachlan está aquí. Dice que hay una peste en Byakugan Tower.

—¡Oh, no! Tengo que hablar con él. Alista el paquete de mis hierbas y medicamentos. Si mis parientes necesitan de mis habilidades, voy a ir con ellos.

—Tu esposo tendrá algo que decir al respecto—, resoplo Natsu . —No creo que te permita ir.

—Vamos a ver eso—, dijo Hinata mientras corría hacia la puerta. El padre Lachlan estaba esperando en el pasillo. Su rostro se iluminó cuando vio Hinata.

—Tienes buen aspecto, muchacha—, dijo el sacerdote.

—Estoy muy bien, Padre. ¿Qué anda mal en Byakugan Tower?

—Desconozco la naturaleza de la enfermedad, porque no se me permite ver a nadie, pero uno o dos servidores de confianza de tu hermano dicen que es él quien se ha contagiado. Me ofrecí para confesarlo, pero se me negó la entrada a la enfermería.

—¿Qué hay de Tokuma y Kõ?

—Hidan ha despedido a la gente de tu padre y los reemplazó con criados leales a él. Nadie más está enfermo, que yo sepa. El hombre de Hidan me dijo que ha estado preguntando por ti.

Los ojos de Hinata se abrieron con incredulidad.

—¿Hidan está preguntando por mí?. Algo extraño sucedía para que el lo hiciera.

—Yo pensé lo mismo. Lo que me impulsó a venir aquí es el miedo a que su enfermedad se propague. Hidan no te pediría ayuda a menos que creyera que estaba muriendo. No hay ningún curandero experto en Byakugan, y me temo que una enfermedad contagiosa puede diezmar a nuestra gente. ¿Vais a venir a Byakugan conmigo, muchacha?

Hinata consideró la solicitud de Lachlan. Sabía que el sacerdote no trataría de hacerle daño, ni permitir que fuera perjudicada, pero al mismo tiempo, no podía olvidar los pasado trucos de Hidan. Sin embargo, la necesitaban en Byakugan. Gracias a Dios que aún conservaba sus habilidades de curación y el conocimiento de las hierbas.

—Padre. ¿Cuándo desea salir?

—Cuanto antes mejor, muchacha. Voy a hablar con tu marido en primer lugar.

Como si fuera el momento justo, Naruto entró en la sala.

—Padre Lachlan, escuché que estabas aquí. ¿Pasa algo?

—Hay una enfermedad en Byakugan—, explicó Hinata. —Hidan está enfermo y el padre vino a buscarme.

—¿Quieres ir a Byakugan?—, Preguntó Naruto, asombrado— No voy a permitirlo.

—Naruto, se razonable. Mis parientes me necesitan. No hay sanador en Byakugan.

—No confío en él.

—El padre Lachlan no hubiera venido por mí si intuyera peligro.

— Cuestioné los hombres Hidan acerca de esto y juraron que está cerca de la muerte, y que él la llama.

—Me sentiría mejor acerca de esto si lo hubieras visto por ti mismo, padre —, dijo Naruto.

—Tengo que ir, Naruto—, insistió Hinata.

—No.

—El padre Lachlan estará conmigo.

—Puedo manejar una espada — dijo Lachlan.

—Si Hinata se va, yo también— insistió Naruto.

—No, Naruto, Tienes que estar aquí, aun no acaban con las reparaciones del puente a demás, Byakugan Tower es mi casa, no me harán daño.

—Eso no me gusta—, se quejó Naruto. —Desconfío de tu hermanastro. El padre Lachlan no puede jurar que esta está enfermo, porque no lo ha visto.

—Si la enfermedad amenaza a mis parientes y me niego a ayudar—, dijo Hinata — Nunca podre perdonarme las muertes que he causado.

—Es extraño que nadie mas aparte de Hidan este enfermo—, observó Naruto.

—Quizá—, dijo Hinata, —pero tengo que ir, Naruto.

—La protegeré con mi vida—, prometió Lachlan.

—No es suficiente—, dijo Naruto. —Si Hinata insiste en ir a Byakugan, voy a enviar a seis guardias armados para protegerla.

—Me voy a preparar para el viaje—, dijo Hinata, corriendo fuera.

Naruto miró detrás de ella, con expresión preocupada.

—No confío en él. Esta tramando algo ¿verdad, padre?

—Si yo pensara eso de Hidan, jamas habría venido. No se nada sobre la enfermedad de Hidan pero si se que tiene días sin salir de su dormitorio.

—No puedo impedir a Hinata ir a atender a sus parientes, pero no puedo estar seguro que vaya a estar a salvo.

—Sí,— estuvo de acuerdo Lachlan. —Confío en Hidan tan poco como lo haces tu. Voy a descansar aquí esta noche, mientras que Hinata se prepara para el viaje. Nos iremos al amanecer.

Naruto se apresuró a hacer los arreglos. Una vez terminados fue a buscar a Hinata. La encontró en su dormitorio, preparando su bolsa de viaje.

Hinata le saludó con una sonrisa.

—Gracias por dejarme volver a Byakugan. —con las cejas arqueadas hacia arriba Naruto la miro

— ¿He tenido otra opción?

—No. Soy una sanadora. Voy donde me necesitan.

—Te necesito—, dijo Naruto con sentimiento.

Hinata se quedó inmóvil.

—¿En serio?

Colocando las manos sobre sus delgados hombros, él la apretó. —¿Por qué dudas de mí?

Su respuesta murió en su garganta cuando él levantó la cara y la besó, pasando la lengua por sus labios, y luego sumergiéndose en el interior de su boca. Ella le abrió sin protestar, saboreó su gusto y dulce esencia. Él no rompió el beso hasta que sintió que sus piernas flaqueaban.

—¿Cuánto tiempo estarás fuera?— Le susurró al oído.

—No lo se, no se cual sea la naturaleza de la enfermedad de Hidan y el número de personas que se han enfermado. Te enviare un mensaje tan pronto como tenga respuestas. Te echaré de menos. Los ojos de Hinata se abrieron. —¿Y tu?

—Sí. Quiero hacerte el amor.

—¿Ahora?

No puedo pensar en un mejor momento.

—Ni yo—, dijo Hinata, levantando la cara para que la besara.

No se cansaba de sus dulces besos, pero quería más, mucho más. Sus manos se movían con rapidez, desabrochando los botones hasta que ella se quedó desnuda ante él. Nunca se cansaba de mirarla, su cuerpo dulcemente redondeado y femenino, le cautivaba como ninguna otra mujer lo había hecho.

Soltó su pelo y pasó los dedos por la masa de seda, que se extendía por sus hombros y el pecho hasta que sólo sus pezones asomaban entre las hebras oscuras. la sola visión lo despertó. Podía sentir su miembro inflamado en contra de sus calzones. La levantó en sus brazos y la llevó hasta la cama. La habría poseído ahí mismo pero Hinata le susurró: —Quiero que estés desnudo.

Gimiendo por el retraso, se despojo de sus ropas echándolas negligentemente a un lado. Luego se unió a ella, tirando de ella en contra de él, dejandole sentir la fuerza de su necesidad. Cuando ella se apretó contra su cadera estuvo a punto de explotar.

—No tan rápido, cariño—, jadeó Naruto. —No quiero que esto termine demasiado pronto.

Él la cortejó con besos lentos y tiernos. Amando su cuerpo con sus manos y la boca. Cuando finalmente, entró en ella, estaba tan excitado, que estuvo a punto de explotar cuando se deslizó dentro de su vaina apretada.

— Dame un momento, amor. Espera hasta que tenga el control de mí mismo.

— Por favor, Naruto—, declaró Hinata. —Te necesito ahora.

Sus palabras desataron algo salvaje en su interior. Una vez que comenzó a moverse, no había nada que lo detuviera. Agarrando su trasero con sus manos, la levantó, empujando profundo, una y otra vez. Como si esto no fuera suficiente, levantó las piernas por encima de sus hombros para ganar la penetración profunda que buscaba.

Hinata se volvió loca por debajo de él, sollozando y gimiendo. Sabía que estaba cerca de terminar y se dejó ir, empujando rápida y profundamente. La oyó gritar su nombre. Luego se desahogo dentro de ella, gritando su alegría a los cielos.

La escolta de Hinata estaba esperando en el patio a la mañana siguiente cuando aparecieron. Ella reconoció a Chõji, pero no conocía los nombres de los otros cinco. Naruto llevaba el ceño fruncido lo que demostraba su falta de voluntad para dejarla ir de Konohagakure.

—Me voy con vosotros, muchacha—, insistió Natsu.

—Hablamos de esto ayer—, dijo Hinata. —Una persona con conocimientos de curación debe permanecer en Konohagakure. Como Guren se ha ido, no hay partera en el pueblo. Te necesitamos aquí.

—Preste atención a la muchacha—, dijo Jiraya. —Konohagakure necesita de vos, Natsu.

Aunque Natsu no se veía feliz, ella aceptó la decisión y entregó la canasta a Hinata. Luego Naruto la estaba levantando en su montura.

—Voy a fijar esto a la silla de montar—, dijo Naruto, tomando la canasta —Chõji tiene instrucciones para enviar un mensajero tan pronto como lleguen a Byakugan.

—Te preocupas innecesariamente—, dijo Hinata, mientras que secretamente satisfecha por su preocupación. Sacó la cabeza y la besó, al parecer sin preocuparse de que estaban siendo observados.

Hinata miró por encima del hombro mientras se marchaba, se sorprendió al ver que Amaru se unía a Naruto. Los miro hasta que se reprocho consigo misma por dejar que la sirvienta la irritara.

El viaje a Byakugan transcurrió sin incidentes. Llegaron al castillo que había sido su hogar durante casi toda su vida cerca del anochecer. La puerta se les abrió de inmediato y atravesaron. Chõji la ayudo a desmontar y le entregó la cesta que contenía sus medicinas Entonces los hombres Namikaze formaron un estrecho círculo a su alrededor a medida que la acompañaba en el interior del torreón.

Un hombre que Hinata no reconoció los saludó.

—¿Dónde está Tokuma?—, Preguntó Hinata.

—Se fue—, dijo el hombre. —Yo soy Gordon, el nuevo administrador.

— Llévame con Hidan—, ordenó a Hinata.

—Voy a ir con ella—, dijo Lachlan.

—Voy a arreglar los aposentos de su escolta—, dijo Gordon. —El Laird ha hecho arreglos para ellos. Sabía que Namikaze no os enviaría sola.

—Me gustaría ver a Hidan inmediatamente—, insistió Hinata. —Si esta tan mal como me hicieron creer, necesito verlo sin demora.

—Ustedes harán lo que su hermano ordeno, señora—, dijo Gordon. —La llevare tan pronto como acomode a su escolta.

—Me parece que pasa algo extraño—, comentó Lachlan.

Chõji saludó y se ofreció a mostrar a sus hombres los cuarteles. Miró a Hinata pidiéndole autorización y cuando ella asintió con la cabeza, se marcharon.

A Hinata y Lachlan se les ofreció una copa de cerveza por una tímida mucama. Ellos aceptaron y se sentaron en una de las mesas a esperar el regreso de Gordon.

—No reconozco a nadie—, dijo Hinata. —¿Son miembros de un clan?

—Sí—, dijo Lachlan. —Vienen de pueblos de pescadores a lo largo del costa. Algunos son MacHyugas, algunos son MacAkatsuki, y el resto son Kincaid. Todos son leales a Hidan.

Gordon regresó poco tiempo después, con una mirada de suficiencia.

—Los hombres son atendidos —, dijo. —Voy a llevaros a ver su hermano ahora— Lachlan se levantó para acompañarla, pero Gordon negó con la cabeza — No, padre, la muchacha viene sola. Laird Hidan no desea que nadie lo vea enfermo.

—Prometí proteger a la muchacha—, protestó Lachlan.

—Nadie le hará daño—, prometió Gordon. —Si usted desea ser útil, vaya a la capilla a rezar por nuestro laird. Si está lista, señora, la llevare a ver a su hermano ahora.

Él la llevó hasta un tramo de escaleras, y luego otro.

—¿Por qué Hidan no ocupan la cámara del laird?—, Preguntó Hinata cuando se detuvo para tomar aliento.

—Él pensó que lo mejor era aislarse en la torre. Hasta que conociera la naturaleza de su enfermedad. Kakuzu y yo somos los únicos autorizados para servirle.

—¿Cómo se las has arreglado para estar bien?

Gordon murmuró algo que no entendía. Cuando volvió a repetir la pregunta, Gordon se detuvo ante una puerta cerrada. Un escalofrío se deslizó por su espina dorsal. ¿Que le esperaba detrás de esa puerta cerrada?

—¿Estáis lista, señora?—, Preguntó Gordon.

Empujando a un lado su miedo, Hinata asintió con la cabeza. Haría cualquier cosa para curar a Hidan. Quizá esto pudiera reparar la brecha entre ambos.

Gordon abrió la puerta y Hinata entro. Se sorprendió cuándo oyó cerrarse la puerta detrás de ella y girar la llave en la cerradura.

—Bienvenida, Hinata.

Hinata quedó sin aliento cuando Hidan salió de las sombras.

—Hidan, me has asustado— lo miró fijamente. —no estás enfermo en absoluto, ¿verdad?

—Sabia que vendrías si te hacia creer que si—, se regodeo Hidan. —Tienes un corazón tierno. Pero me sorprende que tu marido no haya venido contigo

El miedo caló hondo en el corazón de Hinata.

—¿Que están tramando tu y Õtsutsuki?

—Tu perteneces a Õtsutsuki. Hiashi trató de destruir mis planes de boda para entregarte a Namikaze, pero lo haré, prevalecere hasta el final.

—¿De qué estás hablando?

Saco un pergamino enrollado de su ropa y con cuidado lo desenrolló. — Puedes leerlo por ti misma.

Hinata se acercó, con el corazón en la boca mientras examinaba el documento. —¡Oh, no!— Exclamó cuando llegó a la final y reconocer el sello real.

—Sí—, se regodeo Hidan —El rey se enojó cuando Namikaze no se atrevió a aparecer en Inverness con los otros terratenientes. Así que logre persuadirlo de deshacer su matrimonio. Eres libre para casarte con Õtsutsuki ahora. Uno de mis hombres ha salido a buscarlo.

—Naruto envió una escolta que me proteja de ti.

Hidan rió con aspereza. —¿Son esos seis hombres encerrados en mi calabozo?

El aliento se congelaba en la garganta de Hinata.

—¿Cómo pudo pasar?

—Tu escolta es tan crédula como tu. Gordon los llevó directamente hacia un grupo de hombres armados. Ellos lucharon con valentía, pero eran menos. Fueron desarmados rápidamente y encarcelados. Una vez que te hayas casado con Õtsutsuki los voy a soltar.

—¿Alguno de ellos esta herido? Tengo que verlos

—Olvídate de ellos. Ahora ve a prepárate para la boda.

—Nunca conseguirás que me case con Õtsutsuki,— escupió Hinata. —Ya estoy casada, no me importa lo que dice el rey. Además, ningún hombre de Dios obligaría a una mujer a casarse con un hombre sin su consentimiento.

La sonrisa de Hidan le dijo todo — Él fue a buscarte.

—Tu lo has engañado.

Hidan se encogió de hombros. —No necesito al Padre Lachlan. Õtsutsuki traerá a su propio sacerdote. Si decís: sí o no no importa.

—El Padre Lachlan no va a permitir esto.

—El sacerdote se ha unido a los guardias de Namikaze en el calabozo. No me hace falta nunca estuvo de acuerdo conmigo — Hizo un gesto expansivo. —Estas en tu casa, te enviare comida y ahí hay un catre donde puedes descansar hasta que Õtsutsuki venga por ti.

Se volvió para irse. —¡Espera!—, Exclamó Hinata. —¿Por qué me quiere Õtsutsuki? No lo puedo entender.

—Yo tampoco. El quiere tus poderes. Estuvo de acuerdo en que me quedara con tu dote y las tierras si te entregaba a él. Si siguieras casada con Namikaze, con el tiempo lo habría reclamado para sí mismo. A mi solo me importa que voy a librarme de ti.

Hinata trató de correr junto a él, pero cerró la puerta en sus narices. La golpeó sin éxito, luego se deslizó hasta el suelo, atragantarse con las lágrimas que le obstruían la garganta. ¿Cómo podría el rey hacerle eso?

Un pedazo de papel podía revocar su matrimonio, pero no pondría poner fin al amor que sentía por Naruto. ¿Cómo pudo haber sido tan tonta para salir de Konohagakure? Si se hubiera quedado Naruto no hubiera permitir que anularan su matrimonio. Él había tomado sus votos en serio cuando le había prometido a su padre que la protegería.

¿Qué haría Naruto cuando se enterara de la anulación? ¿Asaltar el castillo Õtsutsuki?. Sabia que esa fortaleza era inexpugnable.

Estaba perdida. Despojada. Y sin poder. Los espíritus ya no estaban con ella. Las lagrimas se derramaban de sus ojos mientras enviaba un mensaje mental a Naruto que sabia jamas llegaría a su destino.

Naruto merodeaba en su dormitorio como un animal enjaulado. Algo estaba mal. Una sensación de ardor en el estómago le advirtió del peligro. ¿Peligro para quién? ¿Hinata, le necesita?. El gemido del viento entre los árboles le hizo una seña, y él se acercó a la ventana.

Temió estar loco cuando escuchó la voz de Hinata en el viento. El temor por su esposa se intensificó. ¿Cuánto tiempo tenía que esperar antes de que uno de sus hombres trajera el recado de su llegada segura a Byakugan?

Exhalando un suspiro de frustración, salió de la habitación para unirse a sus hombres en la sala. Aunque Hinata se había ido hacia unas pocas horas, sentía que era una eternidad. Tal vez un juego de cartas o dados le distraería.

Se detuvo, consciente de repente de la dirección que sus pensamientos habían tomado

¿Podría ser?

¿Amaba a Hinata?

Sus sentimientos por ella no eran la inocencia pura, la adoración que sentía por Sakura la Doncella. Lo que sentía por Hinata no tenía nada de inocente ni puro. La deseaba con un ansia que casi le sobrepasaba. No, él no podía permitirse amarla. La última cosa que quería era que sus poderes regresaran.

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.

Continuará...