Anteriormente: En cuanto pude poner un pie fuera del hospital, no tenía certeza de lo que iba a suceder conmigo pero, ante todo, solo pensaba en que si había una vida feliz, yo la quería conocer. Quería oler las flores, danzar, crecer, y sobre todo perdonar.
Y para eso, tenía que arrancarme del corazón a quién amé y me hirió. Pero sobre todo, tenía que eliminar a la persona que había ocasionado que yo estuviera ahí en primer lugar.
Mi antiguo yo.
Porque yo también quería ser, la flor que creciera en la adversidad.
Los directivos de mi universidad se habían enterado de mi reciente percance, pero afortunadamente, no de todos los detalles. Acorde a lo que decía el mail que estaba leyendo, podría incorporarme el día de mañana sin ningún problema.
Lo único bueno por ahora, es que no iba a perder mi ciclo escolar.
Hice a un lado el sobrecama que tapaba mi cuerpo y me incorporé lentamente. La herida que tenía en el pecho hacía que movimientos de flexión fueran muy dolorosos.
Las puntitas de mis dedos removieron mi alfombrilla hasta encontrar mis sandalias, las calcé y apoyándome de la cabecera pude ponerme de pie.
Todos estos días había tenido que dormir en mi habitación con mamá, porque tenía que tenerme en "vigilancia". Como si toda mi existencia no hubiese sido de la misma manera.
Hice la cama con mucho esfuerzo y al terminar decidí darme una ducha. Al salir, el espejo estaba empañado por la temperatura del agua que se había evaporado.
Con mi mano removí la bruma, dejando ver mi rostro. Ya no tenía moretes, pero estaba más delgada, mi piel estaba paliducha y las pecas se hacían más notorias. El cabello me seguía creciendo a buen ritmo.
Cepillé mis largas hebras color azul medianoche, tratando de que mi flequillo tapara el inicio de la cicatriz quirúrgica que me quedaría como evidencia de lo que pasó por siempre.
No pude evitar emitir un suspiro con ese pensamiento; Me aferraba más a mi cepillo para el cabello conforme los recuerdos venían a mi cabeza, pero justo cuando empezaba a vislumbrarlos con claridad, se caían en pedazos.
No podía recordar nada.
Me puse un vestido blanco corto de flores rosas, con vuelo en la falda, y me calcé con unas plataformas veraniegas blancas. Mi cabello iba suelto.
Pasé a despertar a Hanabi y juntas bajamos a tomar el desayuno.
Nuestro comedor no era muy ostentoso pero sí que era cómodo. Mamá tenía un estilo muy rústico y papá uno muy modernista, así que se podían notar las yuxtaposiciones en el acabado madera de los muebles con toques de cristal y acero, o los cactus creciendo en macetas cuadradas de colores neutros.
Me encantaba mi hogar.
-Te dije que si tenías hambre te llevaba el desayuno a la cama.-
Neji me miraba con hastío, sabía que no me gustaba que me sirvieran, pero a él tampoco le gustaba que yo no acatara órdenes.
-L-lo siento. Puedo bajar sin problemas, agradezco tu amabilidad.-
Rompí la mirada de un tajo y me senté sobre la silla ahogando el quejido que me provocó el dolor por haberlo hecho tan rápido para demostrar que estaba "bien".
Neji siempre terminaba teniendo razón.
Volteé hacia mi abdomen, en espera de un charco de sangre que lógicamente a estas alturas de la cicatrización no había. Simplemente era una manía que había conservado.
Suspiré con alivio y pasé a hincar el tenedor en mi porción de huevos revueltos con bratwurst.
Terminando el desayuno, Neji y Hanabi se retiraron a sus actividades, dejándonos a mamá y a mí como siempre; ella y yo comíamos lentísimo, casi consciente.
-Hinata.-
Volteé a verla con sobresalto porque no usó ningún sufijo o algún sobrenombre; me costó tragar la comida, así que le di un sorbo a mi jugo de naranja.
-¿Qué pasa mamá?-
-El Dr. Madara falleció.-
Sentí un nudo sujetarse fuertemente a mi garganta y el como la comida que debía descender, subía. Tragué con dificultad y traté de mantener la calma.
-¿F-fue una muerte…dolorosa?
Mi madre negó, un poco melancólica. Durante toda mi estadía en el hospital, él único contacto que ella tenía conmigo era a través de él.
Formó un vínculo de agradecimiento y eso era lo que le estaba doliendo.
-Murió durmiendo. Una buena muerte.-
Mamá cambió su semblante y sin palabra alguna recogió su plato y se marchó. El tema de la muerte no era fácil en la casa gracias a mí, y los desayunos divertidos ahora se centraban en si yo podía comer, si algo me dolía, si necesitaba algo…
Me sentía como un humano no funcional.
A las cinco en punto mi madre me llevó a la clínica donde atendía la Dra. Tomoki de manera particular no asociada con el hospital. Era la primera vez que iba a su consultorio.
El edificio se recubría por grandes paredes de espejo polarizadas y al entrar, el aroma a caoba inundaba la nariz. El piso de azulejo negro brillaba de limpio y en el fondo, a un lado de la sala de espera se encontraba una bella recepcionista.
Caminé unos pasos, insegura, y mi madre asintió para que siguiera. Me puse frente a la señorita de cabellos rojos quien levantó la vista y esbozó una sonrisa.
-Debes ser la paciente de las 5:30 pm, Hyuga Hinata.-
Asentí con timidez.
-El consultorio al que tienes que ir es en el segundo piso dos puertas a la derecha. El paciente anterior no llegó así que puedes tomar tu consulta de una vez.-volví a asentir con timidez.-Excelente.
La señorita tomó el teléfono y marcó un número, después indicó que yo ya iba rumbo al consultorio. Se me erizó la piel.
Volteé a ver a mamá, ella me ofreció una sonrisa sutil y un movimiento con las manos "ve"
Y así lo hice. Subí un par de escalones con sumo cuidado y conté dos puertas a la derecha ¿me estaría equivocando? ¿Cómo tenía que contar dos puertas a la derecha? ¿A partir de la primera? Sacudí mi cabeza para retirar los pensamientos y simplemente caminé y con un poco de valor toqué la puerta…
…pero lo hice muy bajito.
La ansiedad crecía en mí ¿debería volver a tocar? ¿Si no tocaba y no se había escuchado, jamás iba a entrar? Toqué de nuevo, un poco más fuerte y al segundo toque se abrió la puerta dejándome con el puño en el aire.
-Te escuché desde la primera vez, por favor, pasa.-
La sorpresa me inundó cuando ante mí en vez de una pequeña y amable terapeuta de la tercera edad, se erguía un joven, de aproximadamente unos 1.80 M de altura, sosteniendo la puerta.
Era blanco como la leche y tenía el cabello negro azabache, completamente lacio. Su quijada parecía estar marcada con el filo de un cuchillo y sus ojos, negros como la oscuridad misma me observaban penetrante.
Mi primer pensamiento fue vampiro el segundo guapo y el tercero puerta equivocada, pero todo se aclaró cuando anunció:
-Soy tu nuevo terapeuta, Hinata Hyuga. La doctora Tomoki se jubiló la semana pasada.-
Asentí perpleja. Él caminó hacia su escritorio y se sentó en la silla de piel negra detrás de este.
Tomé eso como una indicación y me senté en el cómodo sillón asignado para el paciente.
-Déjame presentarme.-me dijo, con voz grave y monótona.-Mi nombre es Sasuke Uchiha, soy psiquiatra graduado con honores y apenas concluí una subespecialidad en urgencias psiquiátricas. Voy a ser tu terapeuta.-
Asentí tímida. No podía dejar de mover mis piernas y jugar con mis dedos, por más que quisiese.
-Bueno…-el doctor suspiró con un deje de lo que yo percibía como aburrimiento mientras leía mi expediente.-estoy consciente de que sabes por qué estás aquí, y sabes tus diagnósticos actuales pero yo no voy a trabajar con ello por ahora. Vamos hacia atrás.-
Desconcertada, vi como tomaba una hoja de papel y me la extendía.
-Quiero que escribas sobre el día del accidente. Lo último que recuerdes, lugares, caras, personas, diálogos.-
-N-no…-
-Sé que es difícil abrir la herida pero es necesario. Escribirás todo lo que recuerdes antes del accidente, así creas que son cosas mínimas; esperaré pacientemente, tárdate toda la consulta si así gustas.-
Lo volteé a ver con la cara más seria que podía, por si era una broma, pero recibí la misma mirada de vuelta. Realmente quería que escribiese.
Me apenaba porque mi letra no era precisamente bonita, o femenina.
Suspiré, tomé el bolígrafo e incómodamente empecé a escribir
"Recuerdo que estaba en casa con mis hermanos, era un domingo. Habíamos pedido pizza pero no pude disfrutarla bien porque estaba nervios…
¿Por qué estaba nerviosa?
En un instante, la cara de mi novio se plantó en mi memoria. Sus cabellos castaños al aire y su sonrisa de colmillos afilados; mi novio ¿seguía siéndolo? No lo había visto durante todos estos días, capaz fuese por su trabajo. El recuerdo de su rostro atractivo me hacía sentir ¿nauseabunda?
Subí la mirada cuando sentí los ojos del terapeuta clavados en la mano que sostenía el bolígrafo.
-De eso trata el ejercicio. ¿De qué o quién te acabas de acordar?-
-D-de mi pareja…-
-Excelente, deja la hoja por un momento por favor.-Anunció y así lo hice, él raspó la garganta antes de hablar.
-¿Hace cuánto no ves a tu pareja?-
-D-desde creo que… ¿el accidente?-
Sin notarlo, lágrimas caían por mi rostro pero no sabía por qué. Solo sentía un dolor emocional apabullante dando vueltas en mi pecho. El doctor me ofreció una caja de pañuelos.
Eso último me dio vergüenza
-¿Lo extrañas, a tu pareja?-preguntó, trataba de ser compasivo. Yo iba a asentir para confirmar su duda pero algo dentro de mí me detuvo.
No podía extrañar a alguien que me había hecho daño.
De repente, un recuerdo se desbloqueó en mi mente, las lágrimas caían sin parar y los sollozos se engrandecían en berridos sin control.
-Tranquila, Hinata. Estoy para escucharte e ir poniendo juntos las piezas de este rompecabezas en su lugar. No estás sola.-
Aquella frase me hizo sentir un alivio interno. Tenía miedo, pero esta persona frente a mi estaba capacitada para ayudar a los demás; eso me hizo querer colaborar.
-Recuerdo q-que lo había invitado a comer pizza pero,-hice una pausa para sorber mi nariz.-él me dijo que estaría en una reunión familiar, más no le creí.-
-¿Por qué no le creíste?- preguntó, sereno.
-P-Porque… tenía días que me cancelaba los planes pero, si le llamaba, estaba en lugares diferentes a los que me decía…siempre muy ebrio.-
-¿Tú sabías que abusaba de las bebidas alcohólicas?-
Reí, con tristeza. En realidad no sabía nada de él.
-No lo sé, siempre me dijo que no le gustaba el alcohol pero de alguna manera siempre estaba ebrio, siempre me dijo que no le gustaba el cigarrillo pero igual lo fumaba-
Y siempre me dijo que me quería… pero no lo hacía…
Ese último pensamiento no estaba listo para exteriorizarse.
-Ya veo…Regresando a ti, Hinata. ¿Por qué estás aquí? No me digas que porque te obligan, porque como mayor de edad sabes que eres libre de no poner un pie en este consultorio; ¿cómo buscas que yo te ayude?-
La pregunta del doctor me trajo a la realidad.
¿Qué estaba buscando? O más bien ¿a quién estaba buscando?
-R-respuestas, quiero respuestas.-
-Excelente, ¿qué más?-
-Quiero que todos dejen de abusar de mí, dejar de ser la vulnerada, la víctima, la que se compadece…-
Mi boca había hablado más rápido que mi mente. Me ruboricé por el último enunciado… se escuchaba muy triste sentirse tan poca cosa…
-Escúchame.-
Por segunda vez, el doctor me había traído a la realidad. Sus ojos negros azabache clavados en mi pálido iris, sin miedo al contacto visual.
¿Cómo alguien tan atractivo era psiquiatra? Guapo e inteligente, seguro tenía mil mujeres a sus pies, mujeres maduras y seguras de sí mismas…
Ninguna mujer como yo podría aspirar a tener algún hombre como él en su vida.
-Por favor, mantén tu atención en mí.-Subí la cabeza que involuntariamente había bajado, retomando el contacto.- Yo te voy a ayudar a salir de este hueco en el que estás, pero necesito que trabajes conmigo.
Si vas por la vida victimizándote, lo único que ganarás es ser un foco de agresión gratis. Me da gusto que tengas en cuenta tus conductas nocivas, te voy a sacar de aquí, ¿de acuerdo?-
El doctor Uchiha esbozó una sonrisa cordial, más falsa que verdadera, pero me inspiró confianza. Asentí, mi respiración estaba más tranquila.
-N-no puedo recordar aún lo que pasó aquel día, es como si estuviese ahí pero muy borroso. Creo que tengo miedo de verlo con claridad.- externé, más tranquila. El doctor asintió.
-No hay prisa para descifrarlo. Es un recuerdo traumático y recordarlo va a hacer que lo vivas de nuevo; en este momento no es bueno para ti, quiero llevar toda esa situación con calma-
Observé a los ojos al doctor, casi agradeciéndole con la mirada. Cuando lo vi en la puerta y me dijo que era mi terapeuta nuevo, creí que me iba a obligar a entrar en una catarsis y exprimir mi cerebro hasta explicarle lo del accidente, pero no fue así.
Sí que tenía curiosidad, pero mi miedo era más grande. Si llegaba a esa parte de mi mente que tenía el fragmento de aquel día ¿Qué iba a encontrar? ¿Paz? O un sentimiento de culpabilidad que se quedaría conmigo para toda la eternidad. El doctor tenía razón, no estaba lista para aquello.
-Hinata, ¿has podido dormir?- preguntó sin mirarme, mientras escribía un par de cosas en su computador.
-A veces me despierto por la noche, y de ahí no puedo conciliar el sueño.-
-Ya veo. ¿Qué hay del nerviosismo? La Dra. Tomoki menciona en tu expediente que te has sentido ansiosa aún con la medicación.-
Sentí mis mejillas calientes, me estaba ruborizando. Quién sabe cuántas cosas más diría mi expediente… me avergonzaba el solo pensar.
-N-no puedo salir sola… ni conducir.-
El doctor contestó con un monosílabo en afirmación. Tecleó algunas cosas más e imprimió lo que parecía ser una receta médica.
-Voy a cambiar tu benzodiacepina por algo más adecuado. Te ayudará también con la ansiedad; por favor, sigue tomando tus medicamentos, si sigues avanzando bien podremos empezar con una terapia conductual, pero primero tienes que llegar a una estabilidad mediada por fármacos.-
Asentí apenada mientras el doctor me extendía el papel con la orden para la farmacia. La manera en que se expresaba, su voz ronca y grave, la sensibilidad institucionalizada casi obligada… era muy atractivo.
-Cualquier cosa aquí tienes mi número, puedes comunicarte conmigo si tienes alguna emergencia-Me extendió una tarjeta con el logo de la clínica y sus contactos personales.-Eso sería todo por hoy.-
Agradecí que la consulta hubiese acabado tan rápido pero por otro lado sentí que fue muy poco tiempo.
Me puse de pie y acomodé mis vestimentas que se habían arrugado. Antes de llegar a la puerta, el doctor me habló
-Hinata.- volteé inmediatamente.-Por favor, intenta hacer el ejercicio en casa, escribe todo lo que recuerdes, y lo que sientas. ¿De acuerdo?
Asentí tímidamente, el doctor me sonrió formal desde el escritorio.
Cerré la puerta detrás de mí y recorrí el pasillo hasta la sala de espera para encontrarme con mi madre. Ambas salimos de la clínica y subimos al auto.
El recorrido fue tranquilo. Yo no conducía porque no me sentía lo suficientemente preparada para hacerlo, aparte de que desde que había llegado a casa, no había ni rastro de mi auto.
Descendí del vehículo y esperé a mamá en la puerta; hacía bastante calor. Al abrir, me recibieron unos brazos conocidos.
-¡Hina!-exclamó Tenten abrazándome con la suficiente fuerza para provocarme dolor en el abdomen. Mi otra amiga, Temari, nos observaba emocionada.
Aparté un poco a la morena, aliviando así mi dolor abdominal y le sonreí genuinamente. Estaba tan conmocionada por su visita que no pude derramar algunas lágrimas.
Después de las típicas frases que le dicen a uno cuando se recupera, empezamos a platicar de otros temas.
-Mamá, ¿podemos ir a mi habitación?- pregunté, la rubia y la morena pusieron su atención sobre mi madre que, sin pensarlo dos veces, dio una respuesta positiva.
Subimos las escaleras y llegamos a la boca del pasillo donde estaba mi habitación. Pasamos por la primera puerta, que estaba abierta, dejando ver a Neji haciendo tarea en su escritorio; tenía los cascos puestos.
Pude notar el sonrojo de Tenten al verlo y no comprendía como le podía gustar mi hermano. Era introvertido y nada hábil con las mujeres.
Era como yo en hombre. Reí ante el pensamiento.
-¡Hola Neji!-gritó Temari para molestar a mi otra amiga, la cual se escondió detrás de mí. Mi hermano alzó la barbilla como saludo y juré que pude sentir a Tenten temblar.
Es raro el amor.
Nos introdujimos a mi habitación y cerré la puerta. Temari se echó a mi cama y Tenten se sentó a un lado de ella; yo opté por jalar mi sofá frente a ellas.
Platicamos hasta el anochecer sobre la vida, los chismes, la escuela. Las tres estudiábamos la licenciatura en leyes y ellas estaban muy felices de que yo pudiese regresar enseguida; también, me habían llevado los apuntes de las semanas donde tuve que ausentarme.
Vaya que tenía buenas amigas. Sonreí para mis adentros.
Al cabo de un rato mi madre subió una bandeja con té y delicias turcas, que degustábamos felizmente recordando la película de Las Crónicas de Narnia.
-Entonces Hina, ¿Cómo dices que recuerdas lo de Konan? ¡Si estabas en coma!-
-P-pues pude escuchar muchas cosas…simplemente era como si no pudiera moverme, pero mi mente estaba allí.-
Tenten tragó con dificultad y volteó a ver a la rubia, quien no entendió su mirada de consternación.
-Hina… ¿escuchaste lo de Kiba?-
Una punzada atravesó mi corazón en cuanto mencionó aquél nombre. Mis latidos aceleraban y se hacían casi audibles.
-¿Q-qué cosa?
Pregunté temerosa, pero segura. No podía seguir huyéndole al tema siempre, no quería.
-Kiba anunció su compromiso…con aquella chica, Shion. Mientras tú estuviste en coma; un verdadero imbécil-
-¡Temari!-
Tenten empezó a regañar a mi rubia amiga, pero poco a poco sus voces se hacían inaudibles. Sentí como las lágrimas que bajaban sobre mis mejillas dejaban un rastro ardoroso y el té se me revolvía en el estómago como si fuese la colada en la lavadora.
¿Cómo se iba a casar? Si aún era mi pareja… ¿o ya no lo era?
De repente recordé.
Era de noche, Kiba había rechazado sutilmente el comer pizza y ver películas con mis hermanos; me dijo que tenía una reunión familiar.
Abrí mi Instagram, actualizando cada cinco minutos con atención a que me apareciera alguna pista que pudiese confirmar mis sospechas.
Una semana antes, el castaño me había dicho que quería casarse conmigo, pero que le diera tiempo para juntar el dinero para un anillo digno de mí. Le dije que eso no me importaba, que podría ponerme una liga de hule y yo sería felíz. Se rió y me besó la frente.
Él había concluido su carrera universitaria y tenía su primer trabajo como piloto aviador, pero antes se había tenido que ir un año al extranjero a concluir su servicio.
Había regresado hace un mes. No iba a verme mucho, siempre surgían esas reuniones de trabajo, asuntos de papeleo, ir a ver a sus padres… pero jamás era su prioridad verme, ni siquiera para agradecer la larga espera.
Kiba no me quería y eso yo lo sabía. Pero al mismo tiempo, no me quería soltar.
Mis amigas trataban de llamar mi atención preocupadas, pero mi mente volaba muy alto en los torbellinos donde todo lo que pasaba era mi culpa.
Comencé a sudar frío y a sentir que me faltaba la respiración.
-C-chicas, por favor…váyanse.-
-P-pero…-
-¡Váyanse!- grité sin quererlo, las lágrimas salían a borbotones y mi estado mental estaba totalmente derruido otra vez. Ambas chicas salieron por la puerta y en cuanto pude, puse todos los seguros de ésta.
De repente, los pensamientos negativos me invadían otra vez. Me ví al espejo, llorosa y demacrada y me pregunté ¿Qué pasaría si rompo el espejo y con un fragmento…?
¡No!
Lloré más fuerte. No quería quitarme la vida, no quería de nuevo fallar en hacerlo.
Me arrastré a la cama y trepé hasta que estuve sobre ella. Me envolví completa con las sábanas y grité, no tan fuerte como para que me escucharan pero sí lo suficiente para escucharme yo misma.
Estaba perdiendo el control otra vez.
Me sentía tan sola y había echado de mi casa a las únicas dos posibles personas que me querían genuinamente aparte de mi familia. Pero nadie me entendía.
Ni Neji, ni mamá, ni hablar de papá… Nadie sabía que era estar en este hueco de oscuridad donde no ves más allá que la idea de liberación siendo cónyuge de la muerte.
Mi llanto cesó, al paso de los minutos, dejando solo enmutecidos sollozos. Me sentía cansada pero no lo suficiente, estaba dejando energías por si lo intentaba de nuevo.
No iba a hacerlo en mi hogar.
Con sigilo, abrí mi ventana y salí hacía el tejado. Jamás me había escapado de casa pero sí que había planeado cómo hacerlo, múltiples veces, desde la adolescencia.
Al inicio me aterró la altura pero cuidadosamente descendí, hasta poner mis pies en el jardín trasero. No había nadie vigilando.
Traté de caminar lo más suave posible para no llamar la atención de mis perros, lográndolo con éxito.
Trepé la cerca y salí fuera de mi residencia.
Empecé a caminar bajo la tenue luz que las farolas públicas proyectaban en el pavimento, y posteriormente a trotar. Quería irme lo más lejos que pudiera de mi hogar o de donde alguien me encontrara lo suficientemente rápido para "salvarme" otra vez; estaba decidida.
Cruzaba las calles sin precaución alguna, esperando que algún auto hiciera el trabajo sucio y hacerlo parecer un accidente, pero para mi mala suerte todo estaba desolado.
Llegué a un parque desconocido, exhausta por el recorrido. Me eché bajo las copas del árbol más grande que encontré, creo que ya había llegado lo suficientemente lejos.
¿Qué iban a pensar todos? La hija del gran Hiashi Hyuga fue encontrada sin vida, de seguro fue un homicidio; y si no lo fuera, mi padre lo manejaría así con los medios.
A quién no le daría vergüenza que su hijo se suicidase. Es la forma más cobarde de morir.
A pesar de eso, no creía que fuera cobarde. Sentía que hacía falta demasiada valentía para hacerte daño, para saber que te causarás algo doloroso para no existir, que no vales la pena ante nadie, ni siquiera para ti mismo.
Empecé a sollozar. No me quería morir, pero no soportaba vivir un día más con todo lo que pasaba dentro de mi cabeza, dentro de mi pecho cuando las emociones me oprimían.
Traté de espabilar pero el miedo me invadía cada vez más. ¿Cómo lo iba a hacer? No quería pensarlo, estaba muy asustada; quería que alguien me ayudara, que alguien me salvara.
No quería morirme así.
Mis sollozos se convirtieron en berridos mientras me abrazaba a mí misma debajo de ese gran árbol. Quería regresar a casa pero no quería causar más preocupación.
Tomé mi teléfono y marqué a un taxi para que me llevase a donde fuera. Podría fingir que todo lo que pasó fue que salí a dar una caminata.
En cuanto empezaron los tonos de espera de llamada, colgué. Tenía demasiado miedo como para irme en un taxi desconocido a ésta hora.
Reí burlona. ¿Qué acaso no quería morirme?
Removí los bolsillos de mi vestido en busca de algún pañuelo para secar mi nariz, pero lo único que obtuve fue un pedazo de cartón. Era la tarjeta del psiquiatra.
La observé detenidamente. ¿Qué iba a pensar mi nuevo psiquiatra si le llamaba pidiendo ayuda? Probablemente que estoy loca.
Sonreí con tristeza. Yo no estaba loca, los locos eran los que mataban, violaban y robaban. A mi cordura no me faltaba.
Me armé de valor y marqué el teléfono sobre la tarjeta. Uno, dos, tres tonos de espera.
-¿Hola?-
Pensé en colgar pero algo dentro de mí me detuvo. Sabía que era la única forma de salvarme y darme la oportunidad de actuar distinto de la última vez.
-S-soy Hinata.-
Mi voz salió en un suspiro entrecortado. Pasaron unos segundos de silencio donde me decidí que había sido una mala idea.
Corté la llamada.
¿Por qué creí que el doctor iba a ser mi salvador? Seguro ya estaba harto de ver tanta tragedia, y más una insignificante como la mía.
Un minuto después, mi teléfono comenzó a vibrar. Era el doctor.
Pensé en no contestar pero me aferré a la idea de la vida. Tal vez y solo tal vez, mi caso si le interesaba… o por lo menos le importaba moralmente no dejarme morir.
Contesté.
-¿Dónde estás? Voy en camino por ti.-
Aquellas palabras habían salido de su boca con desesperación. Me sentí estúpida por contactarlo, seguro que se había asustado.
-Mándame tu ubicación y no me cuelgues hasta que llegue por ti.-
-P-pero…-
-Házlo-dijo firme.-Por favor…- suavizó
Con mis manos temblorosas traté de usar mi teléfono pero mis dedos estaban sudando. Sequé mis manos sobre mi vestido y lo intenté otra vez, logrando mandar mi ubicación.
Ya no había vuelta atrás.
Escuché el motor rugir y las llantas rechinar mediante el teléfono. Me había metido en un gran lío y seguro me esperaba una buena regañiza.
Pero por un pequeño lado… estaba tranquila.
Dejé mi teléfono con la llamada en altavoz a un lado y me senté, abrazándome a mí misma de nuevo bajo la copa del árbol.
Después de algunos minutos, que parecieran horas, una luz deslumbrante y un ligero calor me hicieron deshacer mi abrazo. Frente a mí había un auto, y de él, estaba descendiendo una figura larguirucha y de vestimenta oscura.
Cuando aclaré mi visión, pude ver a mi psiquiatra, extendiéndome la mano.
-¿Puedes caminar?- preguntó alzando la voz para que yo le escuchase. Asentí y me puse de pie, ignorando su mano.
Frente a frente, lo único que veía era el pecho del doctor. Era muy alto.
Bajé la mirada hacia mis sandalias. Y comencé a llorar; toda la adrenalina que había tenido anteriormente ahora era pura y limpia tristeza.
Sentí una mano agarrándome fuerte el hombro, cosa que hizo que me sobresaltase. El doctor se había agachado a mi altura.
-Quiero que me escuches.- dijo, firmemente. Su tono de voz hizo que escalofríos recorrieran mi espalda.-Justo ahora estoy aquí para ti, y jamás lo dejaré de estar; jamás tienes que sentir que no tienes a nadie, porque yo existo y estoy hoy por ti. Soy tu médico, déjame ayudarte-
Lo vi perpleja, él se veía agitado, con dificultad para respirar. Mis cejas se fruncieron y comencé a llorar largo y tendido.
Era todo lo que alguna vez quise que me dijera, aquella persona que jamás iba a permitirme volver a ver. Y hoy lo escuchaba de este hombre que apenas conocía.
-N-no vale la pena…-
-¿El qué disculpa?- preguntó el joven, sin deshacer su agarre de mi fino hombro.
-N-no vale la pena morirse…p-por alguien a quien no le importas.-
El doctor sonrió, mostrando sus blancos y perfectos dientes. Se irguió deshaciendo el agarre y rió en voz alta.
Lo vi confundida.
-Lo único que vale la pena en esta injusta vida… es vivirla.-
Me otorgó una sonrisa. Se la devolví entre el llanto.
Lo vi caminar hacia su auto, con tristeza pensé que la intervención había terminado y ahora sí, tenía que llamar a un taxi.
Pero el doctor abrió la puerta de copiloto.
-Voy a llevarte a casa.- Me señaló con la palma de su mano el asiento, para que subiera.
Me sorprendí. Cualquier ser humano en la tierra me hubiese dejado ahí, pero me imaginaba que era una responsabilidad médica ayudar, la parte noble de la profesión.
Temerosa y aun sollozando, asentí. Caminé y me introduje al lujoso auto negro, era un Ford Challenger Hellcat; lo sabía porque el único nombre de hombre que jamás me había traicionado, era mi Ford Mustang.
Una vez dentro, abroché mi cinturón de seguridad y el doctor emprendió el camino. Dejó la radio encendida en la estación de música retro, sonaba "Hot Stuff" de Donna Summer, lo que hacía todo más incómodo.
A veces creía que la tristeza se debía "disfrutar", con música triste en un lugar oscuro. Pero cuando ese lugar oscuro era tu interior, ya no se disfrutaba tanto.
-Hinata- llamó la atención el joven, y lo miré. Él no despegaba la vista de la carretera, su perfil, de perfectas dimensiones, se hacía presente bajo la escasa luz del ambiente.
Murmuré un afirmativo para que supiera que lo había escuchado
-Acabas de tener una crisis, es muy importante que lo sepas. Una crisis en tu estado, es peligrosa y por lo tanto… una emergencia.-
Lo miré, ahora sí me observaba desde el asiento del piloto. No pude descifrar lo que había en su mirada, era totalmente neutral para un término tan serio.
¿No era un poco exagerada la palabra emergencia?
-Quiero pedirte un favor.-
Sus ojos oscuros y el claro de los míos se encontraron, pero mi mirada decidió seguir de largo a cualquier parte de su rostro menos sus orbes. Así que ahora veía su frente, iluminada por las luces rojas del semáforo.
-Quiero que la próxima vez que quieras huir de casa, me llames. Prometo ayudarte.-
-N-no quiero que sea condescendiente conmigo…-
Admití. Estaba ofendida pero, ¿por qué?
El doctor rió. Eso me irritó un poco más.
-Soy tu médico Hinata, tu psiquiatra. Es obvio que estas situaciones son de mi rama, soy especialista en urgencias psiquiátricas… ¿me explico?-
Mi enojo se convirtió en vergüenza
-M-muchas gracias…-
Me había costado tanto emitir esas palabras y se quedaron en el aire, volando, fusionándose con Your Love de The Outfield. Al doctor le gustaba la estación retro, y menos mal que, a mi también.
-¿Podrías darme la ubicación de tu casa? Es tarde, necesito llevarte.-
Le di mi dirección y en un par de minutos nos estábamos adentrando en el fraccionamiento. Si bien mi familia tenía buenos recursos, siempre nos habíamos mantenido al margen de ser recatados sobre eso… mi vecindario me daba un poco de vergüenza, los vecinos a veces pecaban de ostentosos.
El doctor se posicionó frente a mi hogar, sin apagar el motor del auto.
-Saca tu teléfono.-ordenó-quiero que tengas mi número personal.-
Esa frase me descolocó, ruborizándome hasta las orejas. Entre el manojo de nervios, saqué mi teléfono móvil y se lo extendí. Con un agarre seguro lo tomó y comenzó a escribir en él.
-¿H-hay algún m-motivo en particular?-
Externé. Que tonta, claro que lo había...era mi psiquiatra y yo un ente psicótico en emergencia.
-La verdad sí…- pausó-Me recuerdas mucho a alguien que solía conocer.-
Mis latidos retumbaron en mi caja torácica por la respuesta que no me esperaba para nada. Lo vi con los ojos abiertos como platos y balbuceé un par de monosílabos inentendibles.
Él sonrió y me regresó mi teléfono.
-En ese número contesto más rápido, puedes enviarme también un texto si te sientes mal. Nunca lo olvides, no estás sola.-
Agradecí nerviosamente y me bajé del auto, cerré la puerta suavemente para evitar dañar el precioso vehículo.
Inspiré.
Ya no estaba sola, y que mejor, tampoco estaba mal acompañada.
¿Acaso esa no era una buena razón para vivir?
¡Holaaaaaaaa bellos lectores!
Me dio mucho trabajo escribir este cap, por las responsabilidades académicas en línea sentí que estaba frustrada y tuve un bloqueo de autor, pero pude sacar el cap adelante (aunque aún me siento bloqueada) :(
Pero con todo y dificultades, aquí está.
No se me desesperen, es un longfic, y a veces son muy lentos (trataré de que no lo sea tanto) pero quiero que todo fluya de manera un poco más natural.
Gracias por su follows y favs a GraspFE, Halfblood085, HinataUchihaKurosaki, Karen Juliet, y maferr
También por su fav a cherrymarce
y respondiendo a reviews:
Cherrymarce: Sí! adivinaste! Es su psiquiatra...a mi también se me hizo raro poner a Itachi con Sakura pero es un buen comienzo de donde partir por el como se desarrollará el fic! mil gracias por tu review y te deseo excelente semana ;3;
Vchristell: Te amo Vane, gracias por leer!
Espero verlos pronto, los quiero!
C.D
